Apologética

¿Tiene sentido que dos religiones absolutas se encuentren en una suerte de congreso o acto exposición común de sus creencias?

Hoy en día, con mucha frecuencia, se acepta y elogia la música de ciertos cantantes cuando tocan canciones "piadosas" haciendo abstracción del tipo de música que habitualmente han cantado. ¿Es esto saludable para la espiritualidad de los fieles? Dejemos de lado el tema, por obvio, de la música apta para la liturgia. Solamente ciñámonos a la cuestión: ¿es cristiana, espiritualmente sana, grata a Dios, este tipo de música, cantada por estos personajes de tan desastrada vida? 

La dimensión literaria de Chesterton es suficientemente ancha como para amparar acercamientos opuestos a los del catequista apresurado. No hay duda de que la obra apologética del brillante converso londinense ofrece antídotos de insuperable ingenio contra las herejías de la modernidad –incluyendo el capitalismo–, y no en vano se ha llegado a solicitar su promoción a la dignidad canónica de Doctor de la Iglesia. Pero yo creo que va siendo hora de liberar a Chesterton de la pesada misión del apóstol y reivindicar gozosamente el peculiar esplendor de su estricta envergadura literaria.

Indudablemente los Padres de la Iglesia no conocieron la televisión, sin embargo, como instrumento portador de imágenes que llegan al ojo del hombre y se introducen en su corazón, la televisión queda comprendida dentro de las reflexiones que estos profundos psicólogos nos dejaron acerca de la conducta humana.

Como dice San Juan en su primera carta, cap. IV, “DIOS ES AMOR” y en Cristo y por Él ama en particular a todos los que son miembros del cuerpo místico de su santísimo Hijo. Por eso puédese decir que Dios es el novio de las humanas criaturas que con Él – previa purificación – se habrán de desposar en la visión beatífica.
Dice San Agustín: “Una  lágrima por un difunto se evapora: Una flor sobre su tumba se marchita. Una  oración por su alma, la recoge  Dios”. En este mes de noviembre, pidamos todos  los días por ellos y por todos los fieles difuntos. Son hermanos nuestros en  Nuestro Señor Jesucristo. Es la primera lección del mes de los difuntos.

En comentarios hago esta cita del Syllabus (índice de proposiciones condenadas por el Magisterio): 

"Todo hombre es libre de abrazar y profesar la religión, que guiado por la luz de su razón juzgue verdadera". (Condenado)

Inevitable que se acabe fuera de la Ortodoxia de la Iglesia católica, aunque se esté dentro o entre las estructuras eclesiásticas, si se acepta como Credo un punto de partida y llegada laico, profano, sin metade sobrenaturalización, sin sacralidad. Siempre ha sido así y lo seguirá siendo, como ya fue manifiesto en el hereje Marción de Sínope, así conocido por la localidad del Ponto helenista (hoy en Turquía) donde por el año 95 de nuestra era había nacido. 

Vamos a recurrir a una aventurada analogía para dar a entender el problema que tiene el tradi cuando presenta su Fe a los que no practican. Caso muy distinto y quizás más arduo es aquel en que se trata de presentar las objeciones contra "la familia" a los propios miembros de la familia. Nos ocuparemos de eso más adelantes. Por ahora lea, si gusta, el visitante de esta web esta analogía y sépala interpretar salvando la proposición del prójimo, que yo haré otro tanto con los comentarios. Vale.
La Iglesia nunca ha estado contra el progreso, como algunos maliciosamente sostienen, por el contrario ha sido la impulsora de él, y la principal en ciertos periodos de la historia.La Iglesia no se aferra a un jumento o un caballo cuando hay autos o aviones. El problema es que con ese eslogan de "modernización" se le ha desvirtuado en muchas partes y es precisamente la juventud, la que notando esa falta de genuinidad de muchos, se aleja de Ella, pasado el momento inicial y eufórico de la dizque "modernización".
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