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A los 444 años de la bula que fijó la Misa Romana

Quo Primum Tempore de San Pío V

QUO PRIMUM TEMPORE

PÍO V


Bula sobre el uso a perpetuidad de la Misa Tridentina


14 de Julio de 1570

Siervo de los siervos de Dios para perpetua memoria.

Desde el primer instante de nuestra elevación a la cima de la Jerarquía Eclesiástica Nos hemos dirigido con agrado todo nuestro ánimo y nuestras fuerzas, y nuestros pensamientos todos hacia aquellas cosas que por su naturaleza tiendan a conservar la pureza del culto de la Iglesia, y con la ayuda del mismo Dios Nos hemos esforzado en realizarlas en plenitud, poniendo en ello todo nuestro cuidado. Como entre otras decisiones del Santo Concilio de Trento, nos incumbe decidir la edición y reforma de los libros sagrados, el Catecismo, el Breviario, y el Misal, después de haber ya, gracias a Dios, editado el Catecismo, para la ilustración del pueblo y para que sean rendidas a Dios las alabanzas que le son debidas; corregido completamente el Breviario, para que el Misal corresponda al Breviario (lo que es normal y natural, ya que es sumamente conveniente que no haya en la Iglesia de Dios más que una sola manera de salmodiar, un solo rito para celebrar la Misa), Nos pareció necesario pensar lo más pronto posible en lo que faltaba por hacer en éste campo, a saber, editar el mismo Misal. Es por esto que Nos hemos estimado deber confiar éste cargo a sabios escogidos; y de hecho son ellos, quienes, después de haber reunido cuidadosamente todos los manuscritos, no solamente los antiguos de Nuestra Biblioteca Vaticana, sino también otros buscados en todas partes, corregidos y exentos de alteración, así como las decisiones de los Antiguos y los escritos de autores estimados que nos han dejado documentos relativos a la organización de esos mismos ritos, han restablecido el mismo Misal conforme a la regla y a los ritos de los Santos Padres.

Una vez éste revisado y corregido, después de madura reflexión para que todos aprovechen de ésta disposición y del trabajo que hemos emprendido, Nos hemos ordenado que fuese impreso en Roma lo más pronto posible, y que una vez impreso, fuese publicado, a fin de que los sacerdotes sepan con certeza que oraciones deben utilizar, cuáles son los ritos y cuáles las ceremonias que deben bajo obligación conservar en adelante en la celebración de las misas: para que todos acojan por todas partes y observen lo que les ha sido transmitido por la Iglesia Romana, Madre y Maestra de todas las otras iglesias y para que en adelante y para el tiempo futuro perpetuamente, en todas las iglesias, patriarcales, catedrales, colegiatas y parroquiales de todas las provincias de la Cristiandad, seculares o de no importa qué Ordenes monásticas, tanto de hombres como de mujeres, aun de Ordenes militares regulares y en las iglesias y capillas sin cargo de almas en las cuales la celebración de la Misa conventual en voz alta con el Coro, o en voz baja siguiendo el rito de la Iglesia romana es de costumbre u obligación, no se canten o no se reciten otras fórmulas que aquellas conformes al Misal que Nos hemos publicado, aun si éstas mismas iglesias han obtenido una dispensa cualquiera por un indulto de la Sede Apostólica, por el hecho de una costumbre, de un privilegio o de un juramento mismo, o por una confirmación apostólica, o están datados de otros permisos cualesquiera; a menos que después de la primera institución aprobada por la Sede Apostólica o después de que se hubiese establecido la costumbre, ésta última o la institución misma hayan sido observadas sin interrupción en éstas mismas iglesias por la celebración de misas durante más de doscientos años. En éste caso Nos no suprimimos a ninguna de esas iglesias su institución o costumbre de celebrar misa; pero si éste Misal que Nos hemos hecho publicar les agrada más, con la aprobación y consejo del Obispo o del Prelado, o del conjunto del Capítulo, Nos permitimos que, no obstando nada en contrario, ellas puedan celebrar la Misa siguiendo éste.

Pero ciertamente, al retirar a todas las iglesias antes mencionadas el uso de sus misales propios y dejarlos totalmente, determinados que a éste Misal justamente ahora publicado por Nos, nada se le añada, quite o cambie en ningún momento y en ésta forma Nos lo decretamos y Nos lo ordenamos a perpetuidad, bajo pena de nuestra indignación, en virtud de nuestra constitución. Nos hemos decidido rigurosamente para el conjunto y para cada una de las iglesias enumeradas arriba, para los Patriarcas, los Administradores y para todas las otras personas revestidas de alguna dignidad eclesiástica, sean ellos aun Cardenales de la Santa Iglesia Romana o tengan todo otro grado o preeminencia cualquiera, que ellos deberán en virtud de la santa obediencia abandonar en el futuro y enteramente todos los otros principios y ritos, por antiguos que sean provenientes de otros misales, los cuales han tenido el hábito de usar, y cantar o decir la Misa siguiendo el rito, la manera y la regla que Nos enseñamos por este Misal y que ellos no podrán permitirse añadir, en la celebración de la Misa, otras ceremonias o recitar otras oraciones que las contenidas en el Misal. Y aun, por las disposiciones de la presente y en nombre de Nuestra Autoridad Apostólica, Nos concedemos y acordamos que este mismo Misal podrá ser seguido en totalidad en la misa cantada o leída en todas las iglesias, sin ningún escrúpulo de conciencia y sin incurrir en ningún castigo, condenación o censura y que podrá válidamente usarse, libre y lícitamente y esto a perpetuidad. Y de una manera análoga, Nos hemos decidido y declaramos que los Superiores, Administradores, Canónigos, Capellanes y otros sacerdotes de cualquier nombre que sean designados o los religiosos de una Orden cualquiera, no pueden ser obligados a celebrar Misa de otra manera diferente a como Nos la hemos fijado y que jamás nadie, quienquiera que sea podrá contrariarles o forzarles a cambiar de misal o a anular la presente intrusión o a modificarla , sino que ella estará siempre en vigor y válida con toda su fuerza, no obstante las decisiones anteriores y las Constituciones Generales o Especiales emanadas de Concilios Provinciales y Generales, ni tampoco el uso de las iglesias antes mencionadas confirmadas por una regla muy antigua e inmemorial, pero que no se remonta a más de 200 años, ni las decisiones ni las costumbres contrarias cualesquiera que sean.

Nos queremos, al contrario, y Nos lo decretamos con la misma autoridad, que después de la publicación de Nuestra presente constitución así como del Misal, todos los sacerdotes que están presentes en la Curia Romana estén obligados a cantar o a decir Misa según este Misal dentro de un mes. Aquellos que están de este lado de los Alpes en un término de tres meses; y en fin, los que viven del otro lado de las montañas en un término de los seis meses o desde que puedan obtener este Misal. Y para que en todo lugar de la tierra él sea conservado sin corrupción y exento de faltas y de errores. Nos prohibimos igualmente por Nuestra Autoridad Apostólica y por el contenido de instrucciones semejantes a la presente, a todos los impresores domiciliados en el dominio sometido directa o indirectamente a Nuestra autoridad y a la Santa Iglesia Romana, bajo pena de confiscación de libros y de una multa de 200 ducados de oro pagaderos al Tesoro Apostólico; y a los otros, que vivan en cualquier lugar del mundo, bajo pena de excomunión (latae sententiae) y de otras sanciones en Nuestro poder, el tomarse la libertad en ninguna forma o arrogarse el derecho de imprimir este Misal o de ofrecerlo o de aceptarlo sin Nuestro permiso o un permiso especial de un Comisario Apostólico que esté encargado por Nos de este asunto y sin que este Comisario haya comparado con el Misal impreso en Roma, siguiendo la gran impresión, un original destinado al mismo impresor para servirle de modelo para aquellos que el dicho impresor deba imprimir ni sin que no se haya primeramente bien establecido que concuerda con el dicho Misal y no presenta absolutamente ninguna divergencia en relación con este.

Por consiguiente, como será difícil transmitir la presente carta a todos los lugares de la Cristiandad y llevarla en seguida al conocimiento de todos, Nos ordenamos publicarla y colocarla, siguiendo la costumbre, en la Basílica del Príncipe de los Apóstoles, etcétera. Que absolutamente nadie, por consiguiente, pueda anular esta página que expresa Nuestro permiso, Nuestra decisión, Nuestro mandamiento, Nuestro precepto, Nuestra concesión, Nuestro indulto, Nuestra declaración, Nuestro decreto y Nuestra prohibición ni ose temerariamente ir en contra de estar disposiciones. Si, sin embargo, alguien se permitiesen una tal alteración, sepa que incurre en la indignación de Dios Todopoderoso y sus bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo.

Dado en Roma, en San Pedro, el año mil quinientos setenta de la Encarnación del Señor la víspera de las Idas de Julio en el quinto año de nuestro pontificado.

Comentarios

hace algún tiempo, a causa de

hace algún tiempo, a causa de las canonizaciones de Juan XXIII y Juan Pablo II, se nos ocurrió estudiar los dos papas santos anteriores a los del 27 de abril. Porque nos resultaba curioso que en 450 años sólo habíamos tenido dos: San Pío V y San Pío X y ahora tenemos tantos. Si alguien está interesado en la cosa puede verlo en:
Canonización de dos papas (1) ]]>http://wp.me/p4fyiE-gJ]]>

 

"...determinados que a éste

"...determinados que a éste Misal justamente ahora publicado por Nos, nada se le añada, quite o cambie en ningún momento y en ésta forma Nos lo decretamos y Nos lo ordenamos a perpetuidad, bajo pena de nuestra indignación, en virtud de nuestra constitución."

Fueron varios los papas que modificaron el misal y sin embargo.... 

Un papa

Un papa no puede legislar sobre todos los papas futuros imposibilitándoles cambiar legislación. Distinto cuando proclama un dogma ya que no está legislando sino explicitando una verdad de fe.

En cuanto a la liturgia no puede prohibir un rito apostólico, pero sí cambiar lo reformable. TIene que leer lo que dijo el canonista Neri Capponi y tantos otros sobre esa frase de la bula. Lo mismo la famosa "perpetuidad". También fueron suprimidos a perpetuidad los jesuitas, pero esa perpetuidad duró 70 años.

Para hablar estas cosas hay que saber teología, historia de la Iglesia y derecho canónico como mínimo. Toda ley tiene sus principios de interpretación. La prohibición de cambiar o añadir nada no es para los papas que legislen con la misma autoridad de la bula sino para obispos, clérigos etc.

No todo es unívoco ni lineal.

Cuando un papa se pronuncia

Cuando un papa se pronuncia utilizando su carisma único de infalibilidad -sobre cuestiones de Fe y de Costumbres, sumado a la intención de definir- el pronunciamiento condiciona a todos los Papas posteriores sin excepción, pues forma parte del depósito irreformable de la Iglesia.

Si tiene forma de ley será una ley irreformable; si Declaración, declaración será para siempre y siempre así, siguiendo una regla jurídica que se llama "paralelismo de las formas y las competencias" pero que, en este particular sentido y caso, no permite volver para atrás sino únicamente avanzar ("avanzar para adelante", como dice un cura que yo oigo los domingos).

Si un Papa consideró que la promulgación de un determinado Misal era cuestión que afectaba la Fe y decidió protegerlo con la notable fórmula imprecatoria que contiene al final la Bula "Quo primum tempore..." para asegurar su irreformabilidad, ningún Papa futuro podría borrarlo ni modificarlo, pues pondría en crisis su propia autoridad. Es como el impresentable Congreso pseudo-argentino que primero sancionó -y el presidente de entonces lo promulgó- un par de de leyes que después anuló. No las derogó, como era su competencia y posibilidad hacerlo, sino que las A-NU-LÓ. Es decir, aniquiló su propia potestad legisferante por medio de una acción que ponía en crisis y contradecía la potestad del congreso de dictar siempre leyes verdaderas y lícitas, afirmando que el congreso "de antes" había dictado una ley sin valor de ley; lo que hacía prácticamente posible que las leyes "de ahora" también lo fueran. Esto no es posible hacerlo, salvo cuando una sentencia judicial dicta la nulidad de un acto porque descúbrese que no ha tenido causa, o la forma que es debida no se respetó, o no existió libertad en su dictado. Por eso ninguna autoridad tiene la facultad de anular sus propios actos, salvo cuando estuviesen notoriamente viciados de error, dolo o violencia.

Un Papa podría demostrar que es peronista de la primera hora intentando dejar sin efecto algo de lo que conforma el depósito -Benedicto XVI se ha referido a ello como "el tesoro"- de la Iglesia, es decir, la obra del Espíritu Santo sobre la Iglesia verdadera durante los últimos 20 siglos. Pero en ese mismo instante, habría serruchado la rama en la cual está sentado. Eso sí, podría arrinconar aquello que es irreformable y no le gusta -y no parece necesario porbar que es lo que ha sucedido en la Igleisa en los últimos 50 años- o podría también mandarlo a la buhardilla para "patearlo fuera de la cancha", expresado en ese lenguaje facilongo de tablón dominguero, tan grato a las actuales altísimas autoridades romanas. Pero no puede suprimirlo, porque no está ahí para suprimir, sino para custodiar.

Y además en cualquier momento aparecería un Benedicto XVI que le diría: "–¡Eso nunca fue derogado, no pudo ni puede ser derogado jamás porque es un tesoro de la Iglesia!" y hasta los muertos estarían en condiciones de hacer algo completamente irreformable: un papelón irreformable.

Así pues, ni tanto ni tan poco: Ni el Papa es infalible en cualquier cosa que diga ni está asistido por el Espíritu Santo todos los días para cualquier ocurrencia, ni puede tampoco reformarse aquello que ha sido sancionado en forma tan solemne con la autoridad del sucesor de Pedro, a lo cual se debe un respeto sobrenatural como que viene de Dios.

De paso y por si le viene a la mente la pregunta, se la respondo antes que la formule: La Misa Novus Ordo sí podría ser derogada porque: 1º nunca antes, hasta Summorum Pontificum, ha sido formalmente sancionada y promulgada como un rito ordinario de la Iglesia católica de rito romano. 2º El rito tradicional e histórico de la Iglesia jamás fue derogado, ni pudo serlo. 3º El rito nuevo no es la obra de Dios en la Tradición de la Iglesia sino pura creación de hombres, como expresamente declaraba S. S. Paulo VI en distintos discursos, declaraciones y documentos. Así pues, lejos de ser un "tesoro" de la Iglesia, es solamente un experimento que podría suprimirse en cualquier momento en que se viese la conveniencia de hacerlo, pues no supone la supresión de ningún depósito irreformable. Y 4º Nunca, ninguna autoridad de la Iglesia, concedió al Misal NO la protección e inmunidad de que goza el Rito Tradicional.

El Papa es, precisamente, el custodio de estos tesoros: casi podría decirse que su misión esencial es ser custodio de ellos porque han sido depositados por Cristo en la Iglesia a fin de mantener en paz, es decir: "apacentar", las ovejas que el Señor le ha dejado encomendadas, y que tienen por fin la salvación de las almas. Todo lo demás sí es reformable: los zapatos, los camauros, los solideos, la sotana blanca, la cara de hincha de fútbol de 4ª o de profesor tímido y apocado; el concilio vaticano 2º y hasta la Misa Nueva o los ritos nuevos de los Sacramentos, todo eso se puede mudar.

Pero los tesoros no se pueden tocar sobre todo los dos más importantes: la Doctrina y la Liturgia, que van de la mano porque han sido dados por Dios y no creados por el hombre.

Como tan bien explicaba el siempre acertado Castellani, cualquier otra cosa no es religión católica, sino "fetichismo africano".

L. de P.

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