Se ha divulgado en Internet el facsímil de la carta enviada por un padre a su hijo homosexual. Es una respuesta al llamado telefónico en el cual el hijo confesó su condición, y por el contexto surge que lo hizo con ocasión de su cumpleaños.
La carta del padre de James, el hijo homosexual, es breve y terminante. La transcribimos para hacer luego algunos comentarios.

James: esta es una carta difícil, pero necesaria carta de escribir.
Espero que el llamado telefónico no haya sido para recibir mi bendición por tu degradado estilo de vida. Tengo buenos recuerdos de nuestros tiempos juntos, pero eso ya es cosa del pasado.
No esperes más conversaciones conmigo, ni ningún tipo de comunicación en absoluto. No te visitaré, ni te quiero en mi casa.
Has hecho tu elección, por equivocada que sea. Dios no quería para ti este estilo antinatural de vivir.
Si decides no asistir a mi funeral, mis amigos y la familia lo entenderán.
Que tengas un buen cumpleaños y una buena vida. No aceptaré ningún intercambio de regalos.
Adiós.
Papá
Lo primero que destaca en esta respuesta es un dolor sereno y una determinación: romper toda relación con su hijo por la forma de vida degradada que ha elegido. No hay violencia en el texto, no hay ira ostensible. Surge de las palabras, cortas y filosas como un cuchillo, que se ha cortado en el padre el lazo que los unía. Tal vez la relación ya estuviese deteriorada, tal vez el padre tuviese ya alguna sospecha de esta situación.
No parece estar sorprendido, ni airado, ni escandalizado: parece estar cumpliendo un doloroso deber, casi como enterrándolo. No es natural que los padres entierren a sus hijos. Es un dolor mucho más profundo. Lo que anuncia la carta es un entierro en vida, una sepultura moral.
Sin duda muchos se preguntarán si la caridad cristiana no obliga a dejar algún puente tendido. Pensamos en una santa Mónica siguiendo a su hijo por el mundo para recordarle con sus lágrimas, sus oraciones y sus reconvenciones, que Dios lo esperaba con una recepción tan espléndida como la que tuvo el Hijo Pródigo, después de arrepentirse.
Verdaderamente es casi imposible valorar si la decisión paterna en este caso ha sido la correcta. Pero la serenidad dolida del padre nos hace presumir que no lo ha abandonado, sino que le ha puesto un cauterio en la parte más sensible de su alma.
Es evidente que entre ese padre y ese hijo existió una relación de respeto, y que ese padre transmitió a su hijo otros principios morales y tal vez religiosos, como surge de la mención de la voluntad de Dios.
Cada padre deberá decidir si el camino del hijo pródigo se allana con la mansedumbre rigurosa, en la seguridad de que cuando la conciencia clame, el hijo se volverá a quien tuvo el coraje moral de cortar ostensiblemente toda relación para que no quede ni sombra de duda de la desaprobación. O si ese corte supone cercenar la última cuerda que podrá rescatarlo cuando el pecador decida asirse a ella.
La inmoralidad ha venido como un tsunami sobre los hogares católicos arrasando toda norma de buena crianza. La mayoría de los padres eligen ponerse del lado de los hijos, muchas veces forzando sus propias convicciones morales. Los consejeros espirituales con mucha frecuencia tienden a la laxitud cuando no a la aprobación misma. Los hijos suelen justificarse con los clásicos: “¿Y qué tiene de malo? Nos queremos?” Y allí se acaba toda norma objetiva de moral.
El sentimentalismo es la tumba de la recta conciencia.
Puede discutirse en cada caso qué conviene más para el rescate de esas almas descaminadas tan mal. Pero una cosa no debe ser nunca puesta en entredicho, que es a saber, la objetividad del bien y del mal. No hay ni un “para mí”… ni un “nos queremos”, ni mucho menos un “¿Qué tiene de malo? que valga. Si se cede en eso, se cede en todo.
Puede haber un distinto tratamiento prudencial de los casos, pero la condena moral del hecho y el reproche expreso (no necesariamente violento ni airado, pero sí claro e inequívoco) debe estar siempre presidiendo cada decisión.
El padre de James, cuya carta fue difundida por su hijo, probablemente buscando la condena a la intolerancia del padre, nos deja una lección: la condena del hecho, la referencia a una ley moral objetiva no negociable, dada por Dios, y una severidad sin la cual nunca podremos encender una luz en las tinieblas morales en las que se debaten estos desgraciados pecadores.
Queda en los naúfragos volver a la nave. La luz se mantiene encendida, la soga tendida. No condenar sus acciones sería apagar la luz y retirar el único cabo que humanamente se puede acercar a quien se ha lanzado a los abismos morales.
Y queda el recurso de Santa Mónica, que fue el faro de Agustín. Lo mismo que se mantienen vigentes la palabras de San Ambrosio cuando conoció el caso: “No puede condenarse el hijo de tantas lágrimas”.
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Comentarios
Comprendo a ese padre
Estimado amigo, lectores y todos aquellos que han expresado su opinión respecto de la carta: comprendo plenamente a ese padre. Qué dolor tan grande habrá sentido al conocer la homosexualidad de su hijo, dolor que conozco puesto que yo misma lo padezco.
Acaso no deseamos que nuestros hijos vayan por la buena senda?, no es para eso que los educamos? y no es por ellos por quienes mucho rezamos?
Por caridad, por obligación, esto es: en cumplimiento de su deber como padre, no puede menos que hacerle saber a su hijo que reprueba su conducta. No porque al padre le disguste, sino porque a Dios le disgusta.
Es una verdad, y nosotros sólo somos los depositarios de ella. Como tales es que tenemos la responsabilidad de transmitirla.
El vínculo parental se quiebra, es casi inevitable que ello ocurra. El hijo desea una aceptación que los padres católicos no pueden darle porque significaría ni más ni menos que pecar.
¿Que la actitud de ese padre es dura? sí, la sociedad actual diría que lo es, pero es también la única que puede asumir si no quiere que se pierda su propia alma.
Los progenitores que nos encontramos en casos como éste aumentamos nuestras oraciones para que ese hijo perdido vuelva al buen camino y, si eso no sucediera, rezamos pidiendo resignación y misericordia.
Mi corazón está partido de dolor, tal parece que mis ojos no cesarán de llorar. Pero pienso en los dolores de Ntra. Madre del Cielo, los de ella fueron mayores. Pienso en los de mi Sta. Patrona Mónica y tengo la esperanza de que ocurra el milagro y me repito la frase de San Ambrosio "No puede condenarse el hijo de tantas lágrimas", no por las mías, por las de la Virgen a quien mi hijo fue consagrado al nacer, luego de su bautismo.
Mónica
Mala idea
Mala idea, contraproducente, hasta parece un chantaje emocional más propio de un adolescente. Más aún si eso obedece a un desorden del cuerpo que el asume como natural e inevitable.
Hace tiempo me puse en esa eventualidad. No podría dejar de querer a mi hijo ni de recibirlo en mi casa, pero tendría que hacerle ver mi posición y ponerle ciertos límites, como no aceptar q me visite con su "pareja". Si yo tengo que tolerar su "opción", como mínimo el tendría que tolerar la mía. Siguiendo el camino de la carta no haría más que confirmar la caricatura de los católicos como bestias inhumanas.
No, no es un chantaje
Un chantaje es pedir algo a cambio de algo. El padre no le pide al hijo que cambie, asume que lo que el hijo le dice es verdadero y serio, y actua en consecuencia. Que doloroso debe ser, no solo tener un hijo homosexual, sino a toda la sociedad en contra, una sociedad que en realidad es una masa de cerebros lavados.Covita
Mi padre siempre nos decía:
"Solo les echaría de casa por maricas o ladrones".
Nunca tuvo que hacerlo, pero que lo cumplía de ser así, ni dudas cabía.
A mis hijos les digo lo mismo, pero aun no me entienden; son muy chiquitos. Pero para que les vayan entrando las ideas, cada tanto se los tiro.
No es frecuente leer una
No es frecuente leer una carta de un padre heterosexual perverso, lo cual no autoriza a pensar que no existen. A su vez, frecuetemente gozan de la complicidad de una madre. Y curiosamente en estos casos un hijo suele permanecer en silencio.
¿Qué habita en ese hombre-padre de un hijo homosexual?
Un hijo es efecto, aún no se conocen seres humanos autoengendrados, menos aún productos de un repollo
Magdalena.
¿Por qué perverso?
Un hijo es producto de su naturaleza, su educación y su libre decisión...
Estimado: no creo ni en el
Estimado: no creo ni en el corte brusco ni en la admisión. Creo que hay que explicarle al hijo que puede tener tal tendecia pecadora, pero que significa ello. El catecismo de la Iglesia habla de algún tipo de perturbación psicológica, si es así, no hay plena responsabilidad en el pecador. Por ello lo aconcejable es hacer entender que puede ser manco pero eso no lo autoriza a no trabajar. Puede tener tendencia homosexual, pero ello no lo autoriza a pecar.
Recuerdo los grados de amor a la Cruz: aceptarle, amarla y ayudar a otros a llevarla.
Obviamente, aceptarla implica decir: "tengo una falla". Amarla no es consumarla, sino decir de entre todas las cruces, esta es la más liviana. Y ayudar a otros a llevarla es claro.
Cada uno debe llevar su Cruz, distinta en cada caso. El mismo Jesús debió cargar su Cruz y cayó tres veces y debió ser auxiliado a llevarla.
¿Este padre ayudó a su hijo a llevar su cruz?. En mi opinión: no.
La Cruz, que todos debemos llevar por obra del pecado original, sea cual fuere, es una encrucijada. O nos salvamos con ella y por ella o con ella nos condenamos.
Antiguamente, en las encrucijadas, punto de reunión de las brujas para inducir al error, se levantaba una ermita o al menos una cruz, para ayudar al caminante a optar bien.
El padre debe, como esa ermita, ayudar al hijo a optar bien, a entender la cruz, asumirla y saber que es lo que gana con ella y que es lo que pierde.
Si el niño fue bien educado en la Fe, seguramente, optara por el bien, aunque deba ser ayudado. Incluso nate las caídas.
juan.
juan; eso se reflexiona
juan; eso se reflexiona cuando se mezcla la psicología, -ciencia miasmatica si las hay-, con lo elevado de los Designios de Dios. Empezamos con el relativismo, nos negamos a creer que Dios pone reglas claras, que son para nuestro bien ,aunque nos cuesten, las tenemos que cumplir, y caemos en el positivismo, la dialéctica, y un largo etc hacia abajo. Un padre educa y el chico rebelde no quiere saber nada, no ve más allá. nosotros los padres sí.
Usted, amigo, debe ser cura,
Usted, amigo, debe ser cura, por que de paternidad no entiende una jota.
Al pobre tipo le debe haber costado toda la sangre del alma, la más dolorosa de todas, despachar a su hijo con una carta como esa; carta que, si en el hijo queda algo de lo bueno que indudablemente su padre le dió, obrará como un revulsivo y, tal vez, algún día vuelva.
Yo conozco un señor de por aquí que hizo lo mismo con su hijo cura cuando el chiquilín, arruinado por el seminario y la vida de "compromiso", se fugó con una chiquilina y dejó de seña a sus parroquianos; llegó a vivir en la calle, pero no se quiso arrepentir ni pedir perdón a nadie. Y su padre lo dejó en la calle, nomás.
Y eso que el padre no era practicante y hasta le desagradó que su hijo entrara al seminario; pero era rectísimo: si alguien se comprometía con algo, debía hacerlo costara lo que costase.
¡Qué padres aquellos, Dios bendito!
Un amigo
Comentario al margen
Si fuera cura, debería entender muchísimo de paternidad. Por algo los llamamos "padres". Todo hombre está llamado a la paternidad y toda mujer a la maternidad. Todos. Los que no a la biológica a la espiritual, que es más alto estado y más perfecto, como dice San Pablo.
"Si fuera cura, debería
"Si fuera cura, debería entender muchísimo de paternidad...". Sí señor: ¡debería! Eso, lo concedo. Que de hecho lo entiendan, no lo concedo nada.
Un comentarista dice que es clara la inmoralidad de la homosexualidad, pero que no lo es tanto la causa, y se pregunta cuál será la causa de la "atracción" antinatural por el mismo sexo. Por aquí mismo alguien escribió no hace mucho, no sé si no fué Ud. Moderador, que la sodomía es hija directa de la apostasía, como está en un texto de San Pablo en la carta a los Romanos. Me impresionó saberlo y enterarme que la más repugnante desviación del orden natural no es otra cosa que la consecuencia más necesaria de la desviación en la fe verdadera. Y entonces, uno se pone a pensar mucho y a mirar alrededor....
Mantengo mis trece: el buen padre del putillo de James no debe haber visto otra solución que patearlo duramente allí mismo donde su vástago aposentaba su pecado. Y para eso hace falta coraje; coraje de padre, no coraje de madre, a ver si me entienden. Lo que yo no comprendo son todas las excusas que leo por aquí, por que a menos que nuestros hermanos ....no, separados no: mejor decir dados vuelta, hayan comenzado a frecuentar esta página, no entiendo los comentarios. No es que no los comparta, por que para no compartir algo hay que entenderlo. Yo no los entiendo, por que son de un desafecto espantoso, y dejan al pobre hijo mariconcete vivir su vida repugnante de pecado sin una reprimenda a medida. El padre lo echa y le explica porqué, pero firma la carta "Papá". ¡Dios mío, es emocionante! El tipo debe ser un carácter.
Y otro lector por ahí pregunta dónde está esta clase de Padre tan duro en las sagradas escrituras, por que él no lo encuentra. ¿Y la excomunión de la Iglesia qué es sino una separación violenta, una excomunicación, un corte en las comunicaciones o sea, una expulsión violenta...? ¿Alguien duda que si el hijo se arrepiente el padre de James no va a volver a abrazarlo? ¿O el tilingo que me cita la Parábola del Hijo Pródigo se cree que el padre de la historia que contó N. Señor salió corriendo a buscar al hijo pecador y perdulario, en lugar de salir corriendo a abrazar al hijo que ya volvía arrepentido? La diferencia que yo veo es grandota y es el arrepentimiento, puesto que se castiga y a veces con mucha dureza, el pecado, pero se espera y se ama pacientemente al pecador.
Eso es lo que yo veo en la carta del papá de James: lo que su hijo no puede ver porque es un trolo reblandecido: justamente el producto de una apostasía. El padre encarna el Amor verdadero y sacrificado, no una pasión carnal innoble. Por eso escribe que es una carta "difícil pero necesaria".
Parece que algunos no entienden nada o confunden las cosas y pretenden que hay que perdonar al cóso ése sin que se arrepienta de nada y siga siendo un trolo a todo lo que da, es decir, consintiéndole tácita o expresamente sus horrendas faltas. Están locos y son ... tercermundistas.
Gracias por su tiempo.
Igualito ....
Igualito al padre de la parábola (no de ninguna carta !) de Lc. 15, 11-32.
Decime donde ánda ese padre para salir corriendo para el lado contrario...
Agustín S.
La moral (o lo inmoral de los
La moral (o lo inmoral de los actos homosexuales) es clara. Lo que no es claro es el origen de la atracción. En todo caso y según algunos estudios recientes, el padre no sería ajeno a la homosexualidad del hijo, sea por su ausencia afectiva o por su omisión en promoverle ciertas actividades propias de su sexo. El resultado es una cruz muy sui generis, porque el homosexual es el único que no elige su estado: el heterosexual lo hace (y muchas veces se equivoca y ahí se le complica y la castidad que antes pedía para otros ahora ya no le resulta fácil), el sacerdote mismo elige su vocación renunciando voluntariamente al sexo. Y por otro lado "no es bueno que el hombre esté solo". Claro, Dios le puso una mujer y no otro varón, pero convengamos que no es fácil.
¿No es fácil?
Con todo respeto, me parece más bien fácil que difícil. Si a ciertas personas no les resulta fácil tener la atracción natural por el sexo opuesto, han de ser una minoría a la que se debe tratar médica y espiritualmente. Pero esto viene impuesto por la propaganda y la presión.
Me parece evidente que hoy en día la homosexualidad está promovida en todo el mundo por mandato de los organismos internacionales. La perspectiva de género, toda la parafernalia "antidiscriminatoria", la concesión de leyes que amparan estas uniones, y hasta les dan rango de "matrimonio"... vienen de la mano de las presiones internacionales. El lobby homosexual es poderosísimo, incomprensiblemente poderoso.
Hemos visto hace días el desfile de homosexuales que cerró las olimpíadas de Londres, por poner un ejemplo reciente a nivel internacional. La máxima autoridad política de la Argentina no pierde oportunidad de alardear de su respeto por "todos y todas". El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires hace días mandó a su jefe de gabinete a fotografiarse con los padres (los dos "papás") de un niño nacido en vientre alquilado. Y en la publicidad oficial de la Ciudad de Buenos Aires (que es "gay friendly") dos lesbianas dicen esa es su ciudad porque nadie les cuestiona su modo de vivir.
Y todos los días avanza más la literatura escolar que promueve la homosexualidad hasta en el jardín de infantes.
No nos engañemos: estas perversiones están siendo impuestas por una minoría increíblemente poderosa.
El demonio mismo está detrás de todo esto, como en Sodoma. Y Dios, cuya ley ya nada vale para la mayoría, deja hacer, porque en dejarlos hacer está el castigo mismo de las sociedades que han permitido estas aberraciones o las toman con indiferencia.
estimados
Veo que hay una confusión de asuntos. Una cosa es el pecado y otra el pecador.
El pecado es inaceptable, debe ser condenado porque es aberrante. Eso es claro en el Antiguo Testamento.
Tambien es claro que hoy se fomenta tras el Nuevo Orden para reducir población. No tengo dudas que el diablo está detrás de todo esto. Y aún no se si no hay en los homosexuales cierto grado de posesión.
Fijado esto, veamos al pecador.
Habeis observado que Jesús perdona todos los pecado morales?. Obvio, debe haber arrepentimiento y propósito de enmienda. Pero solo condena la herejía de los fariseos. porque la herejía no tiene posibilidades de retorno. El hereje tiene un corazón duro y pertinaz
Veo que las aguas se dividen en como tratar al hijo pecador. Lo coaccionamos con nuestro quitarle el amor paterno o le hablamos y hacemos entender su problema para que entendiendose, se enmiende.
Al Sr x que me trato de sacerdote como si fuese un mal habito y de no entender un comino de paternidad, veo que su corazón esta seco amigo. No soy sacerdote y si soy padre, y de hijos heteros. Pero un pecado grave de éste tipo no lo buscaria enmendar con un baño de acido, sino con el amor de una paternidad que debe explicar a su hijo que tiene una falla, que tiene responsabilidad sobre ella y las consecuencias de ello.
Acepto que Ud. o Uds no coincidan con mi remedio. De acuerdo. Midan con su vara, asi tambien los mediran. Pero de ahí a tratarme de mal padre, sr. , creo sin mucho error a equivocarme que su corazón ha dejado de sangrar hace tiempo y se ha secado. Disculpeme, pero como me ofendió publicamente, le respondo sin ofensa pero con mucha pena.
Compare Ud. amigo u otros, las reacciones de Jesús y los fariseos ante el pecado y verá, que diferencia hay. Es cierto, Jesús actuó hasta violentamente, pero solo ante el fariseísmo.
Un abrazo en Xto y Maria. Juan
Si me permite terciar
estimado Juan, le diría que la explicación que Ud. propone tiene un límite. También se puede ser pertinaz en el pecado de la carne, en el vicio y la perversión.
La Iglesia da ejemplo sobre el modo de tratar a los pecadores, a todos, porque también los heréticos tienen la posibilidad del arrepentimiento.
1) Un llamado amoroso al arrepentimiento, junto con la oración y el sacrificio para lograr la conversión.
2) Un remedio más duro si la prudencia lo exige o el escándalo lo pide. Cortar relaciones, y hasta negar el saludo, como dice el apóstol.
El modo de aplicación de estos remedios es prudencial. Hay que pensar en el alma del pecador, y en todas las almas que se pueden ver escandalizadas o confundidas.
Me parece que la distinción que Ud. hace no es del todo clara a la luz de los textos evangélicos. Nuestro Señor también fue misericordioso con Nicodemo, con José de Arimatea y tal vez muchos otros. Es verdad que los pecados contra la Fe son más graves, y el fariseísmo está entre ellos.
Y sin embargo, lo que moviliza el perdón y la misericordia de Dios es el arrepentimiento, no la categoría o gravedad del pecado. Perdonó al buen ladrón, pero no (que sepamos) al malo. Perdonó a Saulo de Tarso pero no (que quede testimonio) a Caifás.
Estimado terceador
Ya hemos deslindado en la conversación el pecado del pecador. Bien. Ahora deberíamos analizar cual es el camino para que el pecador alcance el arrepentimiento.
En tal sentido coincido con Ud. en que, de lo que aqui se trata es de prudencia.
Mi viejo parroco solía decir, que ante la duda, debería pensar como hubiese obrado Jesús.
Recuerdo en éste momento, entonces, aquel pasaje en que la pecadora era corrida por la turba para emparedarla y Jesús inteponiéndose, le hace notar a todos y cada uno que nadie esta libre de pecado, por lo que no deben lapidar a esta mujer. Cuando todos se van, a ella le dice, vete y no peques mas.
Si hubiesemos traspolado la actitud de éste padre a la escena en que Jesús abre una nueva opción al pecador, creo que con la forma de resolver de este hombre, "Jesús" hubiese sido el primero en arrojar la piedra más pesada y a la nuca y con major punteria posible
Luego, creo que tal padre actuó de tal modo con el hijo, por falta de amor. O al menos fue un imprudente absoluto.
Me preguntó, cuando el hijo le comunica al padre la relación con su amigo y le dice "nos amamos" ( lo cual me parece aberrante ) ¿no le estará diciendo ( a pesar que alguno pueda rasgar sus vestiduras ) no encontre quien lo haga?. Y cuando el hijo muestra a todos la respuesta de su padre, no estará diciendo ¿ven que no me ama?.
Percibo que el padre no echa a su hijo por dolor, creo que lo hace por orgullo. No hubo intento de convertir al hijo, de hacerlo retrotraer de su opción, de llevarlo al arrepentimiento, por lo que no veo amor. Jugó de guapo y se amo a sí, sin importarle la perdición de su hijo. Incluso su imprudencia es tal, que no percibe que la perdición de su hijo lo involucra también a él.
En fin, hay quienes aman esos gestos altisonantes, yo creo que el verdadero santo, como el heroe, escapa a tales gestos y balandronadas vacias de guapo de cartón.
Obviamente, el mal se difunde y hay que ponerle limites. Pero es otro tema.
Cordialmente.