Carta Encíclica “Mediator Dei et Hominum“ (Parte IV)

Normas Pastorales

1. Se recomiendan calurosamente las otras formas de piedad no estrictamente litúrgicas

103. Aclaración sobre funciones litúrgicas y extralitúrgicas. Para alejar de la Iglesia los errores y las exageraciones de la verdad, de que hemos hablado más arriba, y para que los fieles puedan, guiados por las normas más seguras, practicar el apostolado litúrgico, con frutos abundantes, creemos oportuno, Venerables Hermanos, añadir algo para deducir consecuencias prácticas de la doctrina expuesta.

Cuando hablábamos de genuina y sincera piedad, hemos afirmado que no podía haber verdadera oposición entre la Sagrada Liturgia y los demás actos religiosos, si éstos se mantienen dentro del recto orden y tienden al justo fin: más aún, hay algunos ejercicios de piedad que la Iglesia mucho recomienda al Clero y a los Religiosos.

Pues bien, queremos que el pueblo cristiano no se mantenga ajeno a esos ejercicios. Estos son, por citar sólo los principales, las meditaciones espirituales, el diligente examen de conciencia, los santos retiros instituidos para meditar las verdades eternas, las piadosas visitas a los sagrarios eucarísticos, y aquellas particulares preces en honor de la Bienaventurada Virgen María, entre las cuales, como todos saben, sobresale el santo Rosario.

104. La acción del Espíritu Santo no les es ajena. Es imposible que la inspiración y la acción del Espíritu Santo permanezcan ajenas a estas variadas formas de piedad, pues se encaminan a que nuestras almas se conviertan y dirijan a Dios y expíen sus pecados, se exciten a alcanzar las virtudes, y se estimulen saludablemente a la sincera piedad, acostumbrándose a meditar las verdades eternas y haciéndose cada vez más aptas para contemplar los misterios de la naturaleza divina y humana de Jesucristo. Además, cuanto más intensamente alimentan en los fieles su vida espiritual, mejor los disponen a participar con mayor fruto en las funciones públicas evitando el peligro de que las preces litúrgicas se reduzcan a un rito vacío.

105. Errores de los que hay que prevenir a los fieles. Como corresponde, pues, a vuestra pastoral diligencia, no dejéis, Venerables Hermanos, de recomendar y fomentar tales ejercicios de piedad, de los cuales, sin duda ninguna, el pueblo que os está encomendado obtendrá óptimos frutos de santidad. Y sobre todo no permitáis -como que algunos defienden, engañados sin duda por cierto deseo de renovar la Liturgia o creyendo falsamente que sólo los ritos litúrgicos tienen dignidad y eficacia- que las templos estén cerrados en las horas no destinadas a los actos públicos, como ya ha sucedido en algunas regiones… no permitáis que se descuide la adoración del Augustísimo Sacramento y las piadosas vistias a los tabernáculos eucarísticos… que se disuada la confesión de los pecados cuando se hace sólo por devoción… y que de tal manera se relegue, sobre todo durante la juventud, el culto a la Virgen Madre de Dios -el cual, según el parecer de varones santos, es señal de predestinación- que poco a poco se entibie y languidezca. Tales modos de obrar como frutos venenosos, sumamente nocivos a la piedad cristiana, que brotan de ramas enfermas de un árbol sano… hay que cortarles, pues, para que la savia vital nutra sólo frutos suaves y óptimos.

2. Confesión frecuente, ejercicios espirituales y distribuciones sacramentales.

106. La Confesión Sacramental. Y ya que ciertas opiniones que algunos propalan sobre la frecuente confesión de los pecados son enteramente ajenas al Espíritu de Jesucristo y de su inmaculada Esposa, y realmente funestas para la vida espiritual, recordamos aquí lo que sobre ello escribimos con gran dolor en Nuestra Encíclica "Mystici Corporis", y una vez más insistimos en que, lo que allí expusimos con palabras gravísimas, lo hagáis meditar seriamente a vuestra grey y sobre todo a los aspirantes al sacerdocio y al clero joven, y lo hagáis dócilmente practicar.

107. Los Ejercicios y Retiros Espirituales. Mas procurad de modo especial que, no sólo el clero, sino el mayor número posible de seglares, sobre todo de los miembros de sociedades religiosas y de la Acción Católica, practique el retiro mensual y los ejercicios espirituales en determinados días para fomentar la piedad. Como dijimos arriba, tales ejercicios espirituales son muy útiles y aun necesarios para infundir en las almas una piedad sincera, y para formarlas en tal sentido de costumbres que puedan sacar de la Sagrada Liturgia más eficaces y abundantes frutos.

En cuanto a las diversas formas con que tales ejercicios piadosos suelen practicarse, tengan todos presente que en la Iglesia terrena no de otra suerte que en la celestial, hay muchas moradas[162], y que la ascética no puede ser monopolio de nadie. Uno sólo es el Espíritu, el cual, sin embargo, sopla donde quiere[163], y por varios dones y varios caminos dirige a la santidad las almas por él iluminadas. Téngase por algo sagrado su libertad y la acción sobrenatural del Espíritu Santo, que a nadie es lícito, por ningún título, perturbar o conculcar.

Sin embargo, es cosa probada que los Ejercicios Espirituales, que se practican según el método y la norma de San Ignacio, fueron por su admirable eficacia plenamente aprobados y vivamente recomendados por Nuestros Predecesores. Y también Nos, por la misma razón, los hemos aprobado y recomendado, y lo repetimos aquí de buen grado.

Es, con todo, enteramente necesario que aquella inspiración por la cual se sienten algunos movidos a peculiares ejercicios de devoción proceda del Padre de las luces, de quien desciende toda dádiva y todo don precioso[164], de lo cual ciertamente será señal la eficacia con que tales ejercicios alcancen el que el culto divino sea cada día más amado y más fomentado, y el que los cristianos se sientan movidos de un intenso deseo de recibir dignamente los Sacramentos y de practicar todos los actos sagrados con el debido respeto y el debido honor. Porque si, por el contrario, pusieren obstáculo a los principios y normas del culto divino, o los impidieren y estorbaren, entonces hay que creer sin duda que no están ordenados y dirigidos por un recto criterio ni por un celo prudente.

108. Otras prácticas no estrictamente litúrgicas. Hay, además, otras prácticas de piedad que, aunque en rigor de derecho no pertenecen a la Sagrada Liturgia, tienen, sin embargo, una especial importancia y dignidad, de modo que en cierto sentido se tienen por insertas en el ordenamiento litúrgico, y han sido aprobadas y alabadas una y otra vez por esta Sede Apostólica y por los Obispos. Entre ellas hay que contar las preces que durante el mes de mayo se dedican a la Virgen Santísima, o en el mes de junio al Sagrado Corazón… las novenas y triduos, el ejercicio del Via Crucis y otros semejantes.

Estas prácticas de piedad, incitando al pueblo ya a frecuentar asiduamente el Sacramento de la penitencia y a participar digna y piadosamente en el Sacrificio Eucarístico y en la Sagrada Mesa, ya también a meditar los misterios de nuestra Redención y a imitar los insignes ejemplos de los Santos, nos hacen así intervenir en el culto litúrgico, no sin gran provecho espiritual.

3. Prevención contra reformas exageradas.

109. Evitar los excesos litúrgicos y fomentar la Liturgia. Por eso haría algo pernicioso y totalmente erróneo quien con temeraria presunción se atreviera a reformar todos estos ejercicios de piedad, reduciéndolos a los solos esquemas y formas litúrgicas. Con todo, es necesario que el espíritu de la Sagrada Liturgia, de tal manera influya benéficamente sobre ellos, que no se introduzca nada inútil o indigno del decoro que se debe a la casa de Dios, o contrario a las sagradas funciones u opuestas a la sana piedad.

Procurad, pues, Venerables Hermanos, que esa genuina y sincera piedad visiblemente crezca más cada día, y que por todas partes florezca con mayor abundancia. Y, sobre todo, no os canséis de inculcar a todos que la vida cristiana no consiste en muchas y variadas preces y ejercicios de devoción, sino en que éstas contribuyan realmente al progreso espiritual de los fieles, y por lo mismo al incremento real de toda la Iglesia. Pues el Eterno Padre por Él mismo (Cristo) nos escogió antes de la creación del mundo, para ser santos y sin mancha en su presencia[165]. Por consiguiente, nuestras oraciones y nuestros ejercicios de piedad han de encaminarse sobre todo a que dirijan todas nuestras energías espirituales a la consecución de este supremo y nobilísimo fin.

II. Espíritu Litúrgico y apostolado litúrgico

1. El conocimiento litúrgico y las Artes Sagradas.

110. Los estudios litúrgicos. Os exhortamos, pues, encarecidamente, Venerables Hermano, a que, alejando cuanto sepa a error y falacia y reprobando cuanto se opone a la verdad y al orden, promováis las iniciativas que ponen al alcance del pueblo un conocimiento más profundo de la Sagrada Liturgia, de suerte que pueda más adecuada y fácilmente participar en los ritos divinos con la disposición propia de todo cristiano.

111. Obediencia a las disposiciones de la Iglesia. Sea vuestro primer esfuerzo que todos, con la debida reverencia y no menos debida fe, se atengan a cuantos decretos han publicado o el Concilio Tridentino, o los Romanos Pontífices, o la Sagrada Congregación de Ritos, y cumplan las normas que los libros litúrgicos han determinado en cuanto a la práctica externa del culto público.

En todo lo que atañe a la Liturgia, deben ante todo brillar estas tres virtudes, de las que habla Nuestro Predecesor Pío X, a saber: la santidad, del todo opuesta a novedades de sabor mundano… la dignidad en las imágenes y formas a cuya disposición y servicio deben estar las genuinas y elevadas artes… y el espíritu universalista que, sin contravenir en nada las legítimas modalidades y usos regionales, patentice la unidad de la Iglesia[166].

2. Formación litúrgica del clero y del pueblo.

112. Decoro en los sagrados edificios y sagrados altares. También es nuestro deseo recomendar el decoro que debe reinar en los sagrados templos y altares. Que cada uno se sienta animado por aquello: el celo de tu casa me tiene consumido[167]… y por eso esfuércese para que, aunque no llame la atención ni por la riqueza ni por su esplendor, sin embargo todo cuanto pertenezca a los edificios sagrados, a los ornamentos y a las cosas del servicio de la Liturgia, aparezca limpio y en consonancia con su fin, que es el culto a la Divina Majestad. Y si ya antes hemos reprobado el criterio erróneo de quienes, bajo la apariencia de volver a la antigüedad se oponen al uso de las imágenes sagradas en los templos, creemos que es Nuestro reprobar también aquí aquella piedad mal formada de los que sin razón suficiente llenan templos y altares con multitud de imágenes y efigies expuestas a la veneración de los fieles… de los que presentan reliquias desprovistas de las debidas auténticas[168] que las autoricen para el culto y de los que, preocupados en exigir minucias y particularidades, descuidan lo sustancial y necesario, exponiendo así a mofa la religión, y desprestigiando la gravedad del culto.

Con esta ocasión os recordamos el decreto sobre el no introducir nuevas formas de culto y devoción[169], cuyo fiel cumplimiento confiamos a vuestra vigilancia.

113. La música sagrada. En cuanto a la música, obsérvense escrupulosamente las fijas y claras normas promulgadas ya por esta Sede Apostólica. El canto gregoriano, que, siendo herencia recibida de antigua tradición, tan cuidadosamente tutelada durante siglos, la Iglesia romana considera como cosa suya y cuyo uso está recomendado al pueblo e incluso terminantemente prescripto en algunas partes de la Liturgia[170], no sólo proporciona decoro y solemnidad a la celebración de los sagrados Misterios, sino que contribuye a aumentar la fe y la piedad de los asistentes. A este efecto, Nuestro Predecesores de inmortal memoria Pío X y Pío XI decretaron -y también Nos ratificamos gustosos sus disposiciones con Nuestra autoridad- que en los Seminarios e Institutos Religiosos se cultive el canto gregoriano con esmerado estudio, y que, al menos en las iglesias más importantes, se restauren las antiguas "Schola Cantorum", cosa ya en varios sitios realizada con éxito feliz[171].

114. El canto gregoriano. Además, para que el pueblo tome parte más activa en el culto divino, se debe restablecer entre los fieles el uso del canto gregoriano, en la parte que corresponde. Evidentemente, apremia el que los fieles asistan a las sagradas ceremonias, no como meros espectadores mudos y extraños, sino profundamente penetrados por la belleza de la Liturgia: que alternen sus voces con la del sacerdote y coro. Si esto, por la bondad de Dios, se verificare, no ocurrirá que el pueblo responda a lo más con un ligero y tenue murmullo a las preces comunes rezadas en latín o en lengua vulgar[172]. La multitud que asiste atentamente al Sacrificio del altar, en el que Nuestro Salvador, juntamente con sus hijos redimidos con su sangre, canta el Epitalamio de su inmensa caridad, no podrá callar, ya que el cantar es propio de quien ama[173], o, como dice el viejo refrán: cantar bien es orar dos veces. Así resulta que la Iglesia militante, clero y pueblos juntos, une sus voces a los cantos de la Triunfante y de los coros Angélicos, y todos a una cantan un sublime y eterno himno de alabanza a la Santísima Trinidad, según aquello: y nosotros te rogamos que admitas nuestras voces mezcladas con las suyas[174].

115. El canto moderno. Esto no quiere decir que la música y el canto modernos hayan de ser excluidos en absoluto del culto católico. Más aún, si no tienen ningún sabor profano, ni desdicen de la santidad del sitio o de la acción sagrada, ni nacen de un prurito vacío de buscar algo raro y maravilloso, débenseles incluso abrir las puertas de nuestros templos, ya que pueden contribuir no poco a la esplendidez de los actos litúrgicos, a elevar más alto los corazones y a nutrir una sincera devoción.

116. El canto popular. Os exhortamos también, Venerables Hermanos, a que os esmeréis en promover el canto popular religioso y su cumplida ejecución llevada a cabo con la debida dignidad, cosa que puede servir para estimular y encender la fe y la piedad del pueblo cristiano. Suba al cielo el canto unísono y majestuoso de nuestra multitud como el fragor del resonante mar[175], expresión armoniosa y vibrante de un mismo corazón y una misma alma[176], como corresponde a hermanos e hijos del mismo padre.

117. Las otras artes en el culto litúrgico: la arquitectura, escultura y pintura. Y lo dicho de la música téngase poco más o menos como dicho de las demás artes nobles, en especial de la arquitectura, escultura y pintura. Las imágenes y formas modernas, efecto de la adaptación a los materiales de su confección, no deben despreciarse ni prohibirse en general por meros prejuicios, sino que es del todo necesario que, adoptando un equilibrado término medio entre un servil realismo y un exagerado simbolismo, con la mira puesta más en el provecho de la comunidad cristiana que en el gusto y criterio personales de los artistas, tenga libre campo el arte moderno para que también él sirva dentro de la reverencia y decoro debidos a los sitios y actos litúrgicos, y así pueda unir su voz a aquel maravilloso cántico de gloria que los genios de la humanidad han entonado a la fe católica en el rodar de los siglos.

118. Rechazo de exageraciones. Por otra parte, obligados por Nuestra conciencia y oficio, Nos sentimos precisados a tener que reprobar y condenar ciertas imágenes y formas últimamente introducidas por algunos, que, a su extravagancia y degeneración estética, unen el oponerse claramente más de una vez al decoro, a la piedad y a la modestia cristiana, y ofenden el mismo sentimiento religioso… todo eso debe alejarse y desterrarse en absoluto de nuestras iglesias, y en general de todo lo que desdice de la santidad del lugar[177].

119. Estímulo a los artistas y artes. Ateniéndoos, pues, Venerables Hermanos, a las normas y decretos de los Pontífices, iluminad y dirigid la mente y el espíritu de los artistas a los que se confíe el encargo de restaurar o reconstruir tantos templos o deshechos o devastados por el furor de la guerra… ojalá que puedan y quieran, bajo la inspiración de la Religión, encontrar modos y motivos artísticos que respondan y más digna y convenientemente a las exigencias del culto, así se obtendrá que las artes, como si viniesen del cielo, felizmente resplandezcan con serena luz, sean una valiosísima aportación a la cultura humana, y contribuyan a la gloria de Dios y santificación de las almas. Porque las artes están realmente conformes con la religión, cuando sirven como nobles doncellas al culto divino[178].

120. Es importante que el clero y el pueblo vivan la vida litúrgica. Pero todavía hay algo de mucha mayor importancia, Venerables Hermanos, que queremos recomendar con especial interés a vuestra diligencia y celo apostólico. Todo lo que se refiere al culto religioso externo tiene realmente su importancia… pero el alma de todo ello ha de s er que los cristianos vivan la vida de la Liturgia, nutriendo y fomantando su inspiración sobrenatural.

Poned, pues, todo empeño en que el joven clero, al dedicarse a los estudios ascéticos, teológicos, jurídicos y pastorales, se forme también armónicamente de tal manera que entienda las ceremonias religiosas, perciba su majestad y belleza, y aprenda con esmero las normas llamadas… y ello, no tan sólo por motivos culturales, ni únicamente para que el seminarista a su tiempo puda realizar los actos litúrgicos con el orden, el decoro y la dignidad debida, sino principalísimamente para que plasme a su espíritu en la unión y contacto con Cristo Sacerdote y resulte así un santo ministro de santidad.

Ni debéis omitir el que con toda diligencia y con cuantos medios y maneras vuestra prudencia juzgare más aptos para el caso, se unan a este efecto las mentes y los corazones de vuestro clero y pueblo… y así el pueblo fiel participe tan activamente en la Liturgia, que realmente sea una acción sagrada en la que el sacerdote que atiende a la cura de almas en la parroquia a él confiada, unido a la comunidad de sus feligreses, rinda al Señor el debido culto.

121. Los "Monaguillos" al servicio del altar. Para este fin será utilísimo escoger algunos niños piadosos, de todas las clases de la sociedad y bien instruidos, que con desinterés y buena voluntad sirvan devota y asiduamente al altar… misión que los padres, aunque sean de la más alta y más culta sociedad, deben tener a gran honra.

Si algún sacerdote tomase a su cuidado y vigilancia el que estos jovencitos bien instruidos cumpliesen tal oficio con reverencia y constancia a las horas establecidas, no sería difícil que de este núcleo surgiesen nuevas vocaciones para el sacerdocio, ni se daría ocasión para que el Clero -como ocurre demasiado aun en países muy católicos- se lamente de no hallar quienes respondan o ayuden en la celebración del Augusto Sacrificio.

122. Celo de los Pastores. Trabajad sobre todo por obtener con vuestro diligentísimo celo que ninguno de vuestros fieles deje de asistir al Sacrificio Eucarístico… y para que saquen todos de él frutos más copiosos de salvación, no les dejéis de exhortar encarecidamente a que participen en él con devoción de todas aquellas legítimas maneras arriba expuestas. Siendo el Augusto Sacrificio del altar el acto fundamental del culto divino, claro es que en él se ha de hallar necesariamente la fuente y el centro de la piedad cristiana. No creáis haber satisfecho completamente a vuestro celo apostólico en este punto, mientras no acudan a vuestros feligreses en gran número al celestial Banquete, que es Sacramento de piedad, signo de unidad y vínculo de caridad[179].

Y para que el pueblo cristiano logre conseguir estos bienes sobrenaturales cada vez más copiosamente, esmeraos en instruirlo sobre los tesoros de piedad que se hallan encerrados en la Sagrada Liturgia, por medio de oportunas predicaciones… pero, sobre todo, con discursos y conferencias periódicas, con semanas de estudio y con otras semejantes industrias. Para el logro de este fin podéis tener ciertamente a vuestra disposición los miembros de la Acción Católica, dispuestos siempre a colaborar con la Jerarquía para promover el Reino de Jesucristo.

3. Prevención contra errores y herejías.

123. Vigilancia contra los errores. Pero es absolutamente necesario que en todo esto estéis al mismo tiempo muy alerta, a fin de que no se introduzca el enemigo en el campo del Señor, para sembrar la cizaña en medio del trigo[180]… esto es, que no se infiltren en vuestra grey aquellos sutiles y perniciosos errores de un falso misticismo y de un quietismo perjudicial, errores, como sabéis, ya antes por Nos condenados[181]… asimismo que no seduzca a las almas un cierto peligroso humanismo, ni se introduzca aquella falaz doctrina que bastardea la noción misma de la fe católica… ni, finalmente, un excesivo arqueologismo en materia litúrgica. Con la misma diligencia débese evitar que no se difundan las aberraciones de los que creen y enseñan falsamente que la naturaleza humana de Cristo glorificada habita realmente y con su continua presencia en los justificados, o también que una única e idéntica gracia une a Cristo con los miembros de su Cuerpo.

No os arredren las dificultades que sobrevengan… ni decaiga un punto vuestra solicitud pastoral: Sonad la trompeta en Sión……, convocad a junta, congregad al pueblo, purificad toda la gente, reunid los ancianos, haced venir los párvulos y los niños de pecho[182], y procurad, con cuantos medios podáis, que en todas partes se multipliquen templos y altares para los cristianos, quienes, estando como miembros vivos, unidos a su Cabeza divina, sean restaurados con la gracia de los Sacramentos y, celebrando a una con Él y por Él el Augusto Sacrificio, ofrenden al Eterno Padre las debidas alabanzas.

Epílogo

124. Aprovechamiento de la Liturgia. Esto es, Venerables Hermanos, lo que os teníamos que participar… Nos ha movido a hacerlo el deseo de que los hijos Nuestros y vuestros comprendan mejor y estimen en más el tesoro preciosísimo que se encierra en la Sagrada Liturgia, a saber: el Sacrificio Eucarístico, que representa y renueva el Sacrificio de la Cruz… los Sacramentos, manantiales de la gracia y vida divinas, y el himno de alabanza que tierra y cielo la elevan diariamente al Señor.

De esperar es que estas Nuestras exhortaciones estimularán a los tibios y recalcitrantes, no sólo a un estudio más intenso y exacto de la Liturgia, sino también a traducir en la práctica de la vida su contenido sobrenatural, según aquello de San Pablo: No apaguéis el espíritu[183].

125. Elegir lo mejor y más apropiado. Y a aquellos, a quienes cierto afán desmedido arrastra a veces a hacer decir cosas que, bien a pesar Nuestro, Nos no podemos aprobar, les reiteramos el consejo de San Pablo: Examinad, sí, todas las cosas y ateneos a lo bueno[184]… y los amonestamos con ánimo paternal a que los principios con que deben regularse en su pensar y obrar no sean otros que los que se siguen de lo dispuesto por la inmaculada Esposa de Jesucristo y Madre de los Santos.

Traemos también a la memoria de todos que es menester en absoluto someterse con ánimo generoso y fiel a las prescripciones de los Sagrados Pastores, a quienes por derecho compete el oficio de regular toda la vida, en especial, la espiritual de la Iglesia: obedeced a vuestros prelados y estadles sumisos, ya que ellos velan, como que han de dar cuenta de vuestras almas, para que lo hagan con alegría y no penando[185].

Dios, a quien adoramos y que no…… es autor de desorden sino de paz[186], nos otorgue benigno a todos el que participemos de la Sagrada Liturgia con una sola mente y un solo corazón en el destierro de aquí abajo, que no debe ser sino como una preparación y preludio de aquella otra Liturgia del cielo en la cual, como es de esperar, a una con la excelsa Madre de Dios y dulcísima Madre nuestra, cantemos por fin: Al que está sentado en el Trono y al Cordero, bendición y honra y gloria y potestad por los siglos de los siglos[187].

126. Bendición Apostólica. Con esta felicísima esperanza, a todos y a cada uno de vosotros, Venerables Hermanos, y a la grey cuya vigilancia os ha sido confiada, como auspicio de los dones divinos y como prenda de Nuestra especial benevolencia, os damos con todo afecto Nuestra Apostólica bendición.

Dado en Castelgandolfo, junto a Roma, el 20 de noviembre del año 1947, noveno de Nuestro Pontificado.

PÍO PAPA XII.

162. Compárese con Juan, 14, 2.

163. San Juan, 3, 8.

164. Compárese con Santiago, 1, 17.

165. Efesios, 1, 4.

166. Cfr. Pío X, Carta Apostólica Motu Proprio, "Tra le sollecitudini", del 22 noviembre de 1903.

167. Salmo 68, 10… San Juan, 2, 17.

168. "Auténtica" significa aquí "la certificación de la identidad o legitimidad de una reliquia".

169. Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio: Decreto del 26 de mayo de 1937.

170. Cfr. Pío X, Carta Apostólica Motu Proprio, "Tra le sollecitudini", del 22 noviembre de 1903.

171. Cfr. Pío X, Carta Apostólica Motu Proprio, "Tra le sollecitudini", del 22 noviembre de 1903… Pío XI, Const. "Divini Cultus", del 20 de diciembre de 1928, II y IV.

172. Pío XI, Const. "Divini Cultus", IX.

173. San Agustín, Sermón 336, n º 1.

174. Misal Romano: Prefacio.

175. San Ambrosio, Hexámeron, 3, 5, 23.

176. Hechos, 4, 32.

177. C.I.C., canon 1178.

178. Pío XI, Const. "Divini Cultus".

179. San Agustín, Tract. 26 in Jn. 13.

180. San Mateo, 13, 24-25.

181. Carta Encíclica "Mystici Corporis", del 29 de junio de 1943.

182. Joel, 2, 15-16.

183. I Tesalonicenses, 5, 19.

184. I Tesalonicenses, 5, 21.

185. Hebreos, 13, 17.

186. I Corintios, 14, 33.

187. Apocalipsis, 5, 13.

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Marcelo González

El siguiente texto es tan verdadero como verosímil el lector lo quiera considerar.

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No es posible hablar de "las dos caras de Francisco", él ha superado largamente esta metáfora. Francisco tiene múltiples caras, y uno de los momentos en los que se pueden observar es cuando recibe a personas o los regalos que estas personas le ofrecen. Claro que es imposible establecer un juicio a partir de un gesto.

Marcelo González

Retomamos el tema ya comenzado en un artículo anterior: “La Misa Nueva bien rezada vs. la Misa Tradicional”. El objeto, naturalmente, es establecer las diferencias del Novus Ordo con respecto a la Misa Tridentina, Gregoriana, Vetus Ordo o como se le quiera llamar.

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Entrevista (audio) subtitulada en español. Breve y muy esclarecedora sobre la opinión del P. Malachi Martin, autor de novelas tan renombradas como "El Último Papa", "Vaticano", y otras obras sobre la crisis de la Iglesia tras el Concilio Vaticano II. El fue secretario del Card. Bea, en época de Juan XXIII y afirmó conocer el "Tercer Secreto de Fátima". Murió repentinamente en condiciones todavía no aclaradas, según sus amigos más cercanos.

Editor y Responsable

Ayer conocimos la noticia: el teólogo más importante de la Conferencia Episcopal de los EE.UU. envió a Francisco una carta demandando el cese de sus actos de confusión doctrinal y persecución a los católicos fieles. Naturalmente, tuvo que renunciar a su cargo. Tomamos el texto en español que publica Sandro Magister junto con sus comentarios.

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No temamos, amigos católicos, con esto de la celebración de Lutero y la Reforma Protestante. Todo es una broma. El 28 de diciembre próximo la Santa Sede enviará a las iglesias luteranas, a todas ellas, confederadas, disgregadas, re-reformadas y ultraevolucionadas; obispos, obispas y [email protected], clero LGBTetc. un telegrama oficial con el texto: “Que la inocencia les valga, Francisco”

Editor y Responsable

Pidiendo el papa León XIII a Dios que todos se acojan a su misericordia para ser un solo rebaño bajo un solo pastor, aclara que para ello deberán salir de la bruma de las falsas creencias, reconcililarse con la verdadera Fe, deponer el odio cismático y, en otro caso, dejarse bautizar por la sangre que contra sí reclamaron en el día de la Pasión de Cristo.