La dimensión literaria de Chesterton es suficientemente ancha como para amparar acercamientos opuestos a los del catequista apresurado. No hay duda de que la obra apologética del brillante converso londinense ofrece antídotos de insuperable ingenio contra las herejías de la modernidad –incluyendo el capitalismo–, y no en vano se ha llegado a solicitar su promoción a la dignidad canónica de Doctor de la Iglesia. Pero yo creo que va siendo hora de liberar a Chesterton de la pesada misión del apóstol y reivindicar gozosamente el peculiar esplendor de su estricta envergadura literaria. Chesterton legó una poética autosuficiente, no un abrevadero de citas para adornar homilías.
“Los católicos exaltan a Chesterton, los librepensadores lo niegan. Como todo escritor que profesa un credo, Chesterton es juzgado por él, es reprobado o aclamado por él”, deploró Borges, para quien la teología era una rama especialmente sofisticada de la literatura fantástica. Borges, precisamente, que confesó: “La literatura es una de las formas de felicidad, y quizá ningún escritor me haya deparado tantas horas felices como Chesterton”. Borges, precisamente, que rompió a escribir cuentos perfectos amenazado por el avance cegador de la septicemia y consolado por la fórmula minuciosamente exquisita de su narrador más admirado. Borges, a quien la crítica académica debe en buena medida el descubrimiento y la canonización sin ambages de Gilbert Keith Chesterton no por las milagrosas filas del santoral sino por la historia universal de la literatura, que es la de la infamia.
Borges, sin ser creyente, acaso ha sido el mejor lector que ha tenido Chesterton, entre tantos otros. Quizá al obeso polemista le habría apenado comprobar que su alegre refutación del agnosticismo no movió a la fe al argentino, pero no podría disimular la obvia empatía de dos espíritus irremediablemente emparentados por la pasión del estilo: “Pienso que Chesterton es uno de los primeros escritores de nuestro tiempo, y ello no sólo por su venturosa invención, por su imaginación visual y por la felicidad pueril o divina que traslucen todas sus páginas, sino por sus virtudes retóricas, por sus puros méritos de destreza... La limpidez y el orden son constantes en las publicaciones de Chesterton”, escribió.
Al escrupuloso autor de Ficciones no le parecía sino otra de ellas cualquier ensayo en que el inglés defiende la ortodoxia católica, tan seductoramente presentado como cualquier relato de la saga del padre Brown o El hombre que fue jueves. “Fue un incomparable inventor de cuentos fantásticos. Desgraciadamente, procuraba educirles una moral y rebajarlos de ese modo a meras parábolas. Felizmente, nunca lo conseguía del todo”, apostilla malévolamente Borges, que valoraba la inteligencia como primer mérito literario y descreía por convicción esteticista de toda función ideológica, política o religiosa de la escritura.
Borges adora en Chesterton el mecanismo de reloj de la trama, el fraseo restallante, el manejo abracadabrante de la paradoja, la premisa fantasiosa y el final redondo, la lógica autónoma y soberbia del relato, en definitiva. Y es que Chesterton, ciertamente, se comporta como un sofista impecable cuya lógica paradójica reacciona contra la lógica establecida por la intelectualidad racionalista de su tiempo, devota de la fe cientista –“Cuando el hombre deja de creer en Dios, acaba creyendo en cualquier cosa”, es una de sus sentencias más terriblemente lúcidas– y arrogante en su pretendida superioridad. Borges, racionalista hasta en los amores casi administrativos que le cupieron, no puede compartir la mirada franciscana de su maestro, cuyos ojos se vuelven de continuo hacia la sencillez popular, pues el sabio argentino es un ciego encerrado en el laberinto especular de una biblioteca. A él parece dirigirse el indesmoralizable Chesterton cuando justifica la presencia de la desgracia en la vida de los hombres porque sin ella no podríamos caer en la cuenta de lo maravilloso que es el mundo en calma: “Si quiere usted percibir una felicidad ilimitada, póngase límites aunque sólo sea por un momento. Si quiere reparar en la magnífica visión de todas las cosas visibles, guiñe un ojo”. El destino obligó a Borges a guiñar los dos, prematura e irreversiblemente.
Por eso quizá, a pesar de la equivalencia borgiana entre literatura y felicidad, puede que alguna forma de justicia ética se cobrara su precio estético en vida del escéptico argentino, como en la novela de Wilde. Eso parece expresar el celebérrimo soneto borgiano titulado “El remordimiento”:
He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.
Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.
Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.
Chesterton inventó un estilo que consagraba la paradoja como formato sintáctico de la imaginación creadora: como manantial de sentido propio, capaz –según probó Borges– de procurar placer literario al margen de la fe de sus lectores. Fue un hombre feliz. Borges compartió y recreó esa poética del juego intelectual, la sofisticó y le amputó una dimensión trascendente que en todo caso juzgaba forzada, ancilar, en la literatura chestertoniana, y se aplicó “a las simétricas porfías del arte, que entreteje naderías”. Murió en la más negra de las cegueras.
Pero ya sabemos lo que opinaban uno y otro acerca de las alegorías.
Fuente: ]]>![cdata[S]]>![cdata[]]>![cdata[umacultural]]>

Comentarios
¿Acaso tiene algún mérito, el infame cipayo autor de...
... la infamísima "Oda a Inglaterra" ?
Méritos literarios sin duda
Méritos literarios sin duda los tenía. ¿Cuál es la "Oda a Inglaterra"? ¿La tiene a mano?
Un literato en serio no acartona taitas y matreros, Marcelo.
El Manco de L´Espanto sí había tenido calle, por eso no acartonaba sus personajes, forzándolos de puro impresionismo. Me extraña, querido Marcelo, que Vd. repita cuentos del mismo tipo que los treinta mil, los seis millones, o la genialidad del despeinao de Princeton. La Oda, repelente exponente del más abyecto cipayaje, la publicó en La Cifra, 1981, pero era conocida desde tiempo antes. Tal vez por eso, cuando en el Museo de la Casa de Gobierno el 23/9/1977 se pronunció públicamente sobre lo nacional diciendo "Hoy sus versos" (los del Martín Fierro) "están en la memoria de todos los argentinos. A pesar de eso, creo que no podemos sentirnos representados por un desertor y un asesino como Martín Fierro", el Presidente de la Nación electo por el Proceso Cívico-Militar de Organización Nacional, Tte- Gral. Jorge R. Videla, lo saludó con aquellas inolvidables zalameras palabras: "Vengo a sumar mi respeto de argentino a quien nos ha representado y nos representa genuinamente en nuestro pensamiento argentino"
En cuanto a la oda, su título, "A cierta isla", no se refiere ni a Soledad ni a Gran Malvina:
"¿Cómo invocarte, delicada Inglaterra?
Es evidente que no debo ensayar
la pompa y el estrépito de la oda,
ajena a tu pudor.
No hablaré de tus mares, que son el Mar,
ni del imperio que te impuso, isla íntima,
el desafío de los otros.
Mencionaré en voz baja unos símbolos:
Alicia, que fue un sueño del Rey Rojo,
que fue un sueño de Carroll, que soy un sueño,
el sabor del té y de los dulces,
un laberinto en el jardín,
un reloj de sol,
un hombre que extraña (y que a nadie dice que extraña)
el Oriente y las soledades glaciales
que Coleridge no vio
y que cifró en palabras precisas,
el ruido de la lluvia, que no cambia,
la nieve en la mejilla,
la sombra de la estatua de Samuel Johnson,
el eco de un laúd que perdura
aunque ya nadie pueda oírlo,
el cristal de un espejo que ha reflejado
la mirada ciega de Milton,
la constante vigilia de una brújula,
el Libro de los Mártires,
la crónica de oscuras generaciones
en las últimas páginas de una Biblia,
el polvo bajo el mármol,
el sigilo del alba.
Aquí estamos los dos, isla secreta.
Nadie nos oye.
Entre los dos crepúsculos
compartiremos en silencio cosas queridas."
Seguramente, Marcelo, Vd. no ha leído en la Antología rota estos versos de otro poeta, León Felipe:
«Inglaterra / eres la vieja Raposa avarienta / que tiene parada la Historia de Occidente hace más de tres siglos / y encadenado a Don Quijote / Cuando acabe tu vida / y vengas ante la Historia grande / donde te aguardo yo, / ¿qué vas a decir? / ¿Qué astucia nueva vas a inventar entonces para engañar a Dios?... A la larga, la Historia es mía / porque yo soy el Hombre / y tú eres sólo un trust de mercaderes».
Patriotismo
Al señor del post anti-cipayo, anti borgeano, le deseo que no sea cultor del whisky -scotch, que no bourbon-, ni del gin-tonic, ni del martini dry (mejoramiento del prodotto italiano), ni del brandy (usurpación imperialista del coñac -término malsonante- por los Osborne y Byass -también malsonante, con perdón- contra los gabachos Domecq), ni de los vodkas de grain filtrados en cobre (menos aún si es en un Bloody Mary anticatólico -vade retro-). Caña quemada Carlos Gardel, o Legui (para qué le habrán puesto caballos dice el cerdo inglés), eso sí.
¿Cómo se le ocurre tenerme por temulento?
Eso sí que es enanismo: no entiende nada del tema, ni de qué significa la Patria, y a quien no prueba alcohol le espeta lo primero que se le viene a mientes... Tan caritativo como enjundioso su comentario, veo.
Vea, Inglaterra es enemiga política de la Argentina
y tenemos muchos agravios por los que reclamar. Pero, por cierto, ha sido una nación cristiana durante muchos siglos, "La Isla de los Santos".
Borges era en parte descendiente de ingleses. Y lo que dice de Inglaterra no es inmerecido. La verdad es anterior al patriotismo y no pude haber un verdadero patriotismo sin respetar la verdad.
Borges es un hombre de letras muy talentoso. Sus ideas están bien descaminadas, pero ha dado obras magníficas. Sería bueno separar una cosa de la otra. Yo, a mis alumnos, nunca les recomiendo leer a Borges antes de tener un amplio criterio literario y una buena formación doctrinal, porque la belleza de las formas es muy seductora. Como decía un viejo maestro mío, "es veneno puro", por sus ideas agnósticas y por sus formas tan atractivas.
Podría citarle aquí bellísimos poemas, pero lo dejamos para otra polémica. Creo que lo que dice el autor del artículo contiene suficiente crítica de la buena al Borges literato. Por lo demás, tengamos compasión de su alma, porque el daño que se hace por escrito es muy difícil de reparar.
Profesor
Marcelo, ¿usted es profesor?
Sí, pero no me pregunte
Sí, pero no me pregunte donde.
la asignatura
Profesor de cachiporra, ha'i ser.
Ya te via agarrar con la
Ya te via agarrar con la misma...
Profesor
De Les Luthiers:
Rabinovich: Muchas veces mis alumnos me preguntan si la hermenéutica telúrica incaica transtrueca la peripatética anotrética de la filosofía aristotélica, por la inicuidad fáctica de los diálogos socráticos no dogmáticos. Yo siempre les respondo que no.
Núñez Cortés: ¿Que no qué?
R: Que no sé.
NC: Perdón, ¿se puede saber alumnos de qué?
R: Basketball.
Por qué
De acuerdo. No le pregunto dónde, pero sí por qué no puedo preguntarle dónde.
No me pregunte porqué no
No me pregunte porqué no puede preguntarme dónde.
Un post digno del orgulloso
Un post digno del orgulloso enanismo argentino. Es de esos que se relamen en pronunciar la palabra cipayo y que ignoran las culturas milenarias plasmadas por el cristianismo, con frutos admirables que ni siquiera la reforma ni tampoco las voluntarias negaciones pueden anular. Por estas orillas (las del plata), la idiosincracia criolla, después de quinientos años de herencia legada por otra cultura cristiana milenaria, y con el patético nacionalismo anti-cipayo incluido, lo único que ha logrado parir es la mola del peronismo. Así nos va, señor. ¡Viva la patria caracho! (Pronúnciese con un dejo de falso acento criollo, acentuando fuertemente la a de patria).
¿Quién fue el argentino que expresó esto?
(Tome nota el cipayo derrotista y portavoz del enanismo, que nos quiso hacer psyching out...):
En la vida de todo pueblo pueden suceder muchas catástrofes. Un pueblo puede ser derrotado, robado, vilipendiado y ridiculizado. Puede caer tan bajo, que cada uno de sus integrantes se avergüence de su situación. Pero todo esto no será nunca decisivo. Ese pueblo podrá volver a levantarse mientras por las venas de los individuos corra la misma sangre que una vez lo hiciera grande y respetado.
Fue un gran ministro y un gran argentino, ¿no?
Ricardito Oscar Gualterio, si mal no recuerdo sus nombres de pila, aunque usaba sobre todo el último. ¡Y cómo le gustaba Gardel! Era ministro cuando lo de Medellín, y lloraba. Permítame estas remembranzas, nomás pa´ mostrarle que no lo saqué del gugle.
... hay que tener cierta comprensión para este tilingo...
... por que es el fruto de una educación en cuya base está la autodenigración como zoncera sistematizada...
(Esto no lo escribí yo, sino un bitacorero que murió hace cuatro décadas. ¿Alguno recuerda el apellido?)
Tilinguería, cipayismo, zonceras
Son términos del argot de la generación que parió la mola actual, al punto que el implícito citado por el señor Anónimo tiene el irónico honor de que Aníbal Fernández le escriba una continuación a su obra. Así es la cosa. Y al otro (u otra) Anónimo que defiende el grito sagrado guerrero bástele pensar que puede escribir su mensaje electrónico porque no le cupo el honor de dejar la sangre en el campo de batalla o de dejarla de a gotas en el único lugar digno de esta Argentina que son las cárceles de nuestros soldados. Puede escribir entonces en pantuflas (o chancletas) en su escritorio tomándose unos amargos con bizcochitos de grasa, como criollísimo patriota que es. Mientras tanto se guarda el grito con el facón entre los dientes para la próxima guerra de almohadas que tenga con sus nietos cuando vayan de visita a dormir a casa de los abuelitos.
¿Qué significa "caracho"? (Y no es un "post" sino un comentario)
Porque la Patria nos la pone Dios, y yo agradezco todos los días que me haya dado nuestra tierra, nuestras tradiciones, nuestra disciplina y nuestros ancestros para construir un mundo mejor en base a tamañas riquezas.
¿Vd. no las ve? Su prédica desmoralizante quiere ser una profecía que se autocumple, pero no lo ha logrado. Claro, lo que vale no será televisado. Pero eso no brinda derecho a añadir "caracho" a su hipócrita "Viva la Patria". Eso sólo lo podemos agregar en el fragor de la batalla. No sea cobarde, caracho.