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Coccopalmerio no se presentó, ni hubo respuestas

El Presidente de la Comisión Pontificia declaró, a través de delegados, que tenía otro compromiso

Como informáramos ayer, se generó una espectativa grande por el anuncio de la presentaciónde un libro sobre Amoris Laetitia, que -se decía- iba a ser la "respuesta" de las dubia. El Card. Coccopalemerio, portavoz presunto de estas respuestas, es el presidente de la Pontificia Comisión para la Interpretación de los Textos Legislativos. Es decir, un importante miembro de la Curia Romana. Las "dubia" de los cuatro cardenales se dirigieron al Papa y al Prefecto de la Fe: al primero como Pastor y Doctor Supremo de la Iglesia. Al segundo como su ministro asignado a la custodia de la pureza de la Fe. 

Por otro lado, Coccopalmiero anunciaría un libro de su pluma, pedido por Franciso, sobre Amoris Laetitia, que es algo bien diferente que responder a las dubia. Estas están formuladas como para que la única respuesta posible a cada pregunta sea "si" o "no". Una presentación de este tipo no parecía ni la forma ni su presentador el adecuado para dar satisfacción a las dudas que se han planteado al Santo Padre y que tienen en vilo a gran parte del clero y los fieles católicos. Era previsible que se tratara de una maniobra de distracción. 

Pero las cosas fueron más tragicómicas de lo que cualquiera de nosotros hubiera imaginado: el Cardenal Coccopalmiero no se presentó. Delegó en otros la incómoda función de justificar tal ausencia, lo que se hizo mediante la excusa de un choque de compromisos de agenda. Parece que el cardenal se había olvidado de una reunión agendada para esa misma hora en la Congregación de los Santos. Y evidentemente su presencia era vital.

Ironías aparte, ¿qué pudo haber producido este formidable papelón? Ayer mismo los nueve cardenales de la Comisión que fundó Francisco para asistirlo en el gobierno de la Iglesia comenzó su sesión haciendo una declaración de lealtad al Pontífice y a su Magisterio. No pocos han notado que esta declaración es más bien redundante. Primero porque se solapa con el juramento que prestan los cardenales, con el compromiso de derramar su sangre si es necesario en defensa de la Fe y el Pontificado. Y, podríamos decir, es el compromiso inmediato de los cardenales de mayor confianza, elegidos por el Papa mismo para aconsejarlo. ¿Para qué deberían declarar una fidelidad que nadie ha cuestionado?

Queda por verse ahora si habrá una publicación de la "corrección fraterna" presentada a Francisco por los cuatro cardenales de las dubia, según se da por cierto en Roma. Este "blooper" de Coccopalmerio podría acelerar los tiempos.

Roma es un tembladeral. Probablemente se desaten las iras de Francisco sobre algún sospechoso de dudosa lealtad. O sobre varios. El tirón de riendas de último momento para frenar la conferencia es un síntoma muy significativo, que lejos de poner en olvido las preguntas sin respuesta, las exacerban. Y el prestigio de Franciso se erosiona.

Por ahora, su más poderosa arma es la intimidación... Pero esa también se erosiona con el tiempo.

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Marcelo González

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