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Concilio Real y Concilio Virtual, dice el Papa

En parte confirma lo afirmado por el tradicionalismo

El Santo Padre renunciante habla del Concilio, como tantas veces, pero de un modo algo distinto. De un modo inusual. Santo Magister hace un competente resumen, del cual  nos aplicamos a la parte novedosa (en boca de un pontífice) puesto que ha sido tratada muchas veces en distintas obras tradicionalistas sobre el tema. Dice Magister:

 

ROMA, 15 de febrero de 2013 – A los sacerdotes de su diócesis, con quienes se ha encontrado ayer por última vez antes de su abandono del cargo, Benedicto XVI quiso entregarles "una pequeña conversación sobre el Concilio Vaticano II, tal como yo lo he visto".

En realidad, la "pequeña conversación" se prolongó por casi 40 minutos, con el auditorio siempre atento al extremo.

Joseph Ratzinger habló improvisando sus palabras, sin arrojar en ningún momento una mirada a sus apuntes.

Procedió por grandes capítulos, cada uno de ellos dedicado a las mayores cuestiones afrontadas una tras otra por el Concilio: la liturgia, la Iglesia, la Revelación, el ecumenismo, la libertad religiosa, la relación con el judaísmo y las otras religiones.

De cada uno de estos temas detalló lo que estaba en juego y contó cómo los padres conciliares confrontaron en ellos. Con pasajes de gran interés sobre el concepto de Pueblo de Dios y sobre la relación entre Escritura y Tradición.

Pero a todo ello le agregó una premisa y un final que impresionaron particularmente a los presentes. 


LA PREMISA

Benedicto XVI comenzó con una anécdota, relatando el momento en el que el cardenal Frings lo invitó a él, joven teólogo, a escribirle el esbozo de una conferencia que tenía que pronunciar en Génova, a pedido del cardenal Siri, sobre el tema “El Concilio y el pensamiento moderno”.

Al cardenal le gustó tanto el esbozo que lo leyó tal cual el joven Ratzinger lo había escrito. Pero lo lindo vino después: 

"Poco después el papa Juan llamó a Frings, quien estaba lleno de temor porque quizás había dicho algo que no era correcto, falso, y que habría de ser interrogado para una reprimenda, quizás también para quitarle la púrpura… Efectivamente, cuando su secretario lo estaba vistiendo para la audiencia con el Papa, él dijo: 'quizás ahora llevo por última vez estas cosas'. Luego entró. El papa Juan fue a su encuentro, lo abrazó y dijo: 'Gracias, eminencia, usted dijo las cosas que yo quería decir, pero no había encontrado las palabras'. Así, el cardenal supo que estaba en la senda correcta, y me invitó a ir con él al Concilio, primero como su experto personal, y luego también como perito oficial". (...) Entre los obispos de todo el mundo, los que tenían intenciones más definidas de entrada eran los episcopados francés, alemán, belga, holandés, la llamada “Alianza renana”. En la primera parte del Concilio "fueron ellos los que marcaron el camino, pero después se extendió velozmente la actividad y cada vez más todos participaron en la creatividad de la asamblea".


Luego, lo que el periodistas llama El Final, altamente significativo:

Al final de la conversación, Benedicto XVI sometió a crítica la relación que se ha instaurado entre el "verdadero Concilio" y el "Concilio de los medios de comunicación", entre el Concilio real y el virtual.

Aquí es bueno confiar en la transcripción literal e íntegra de sus palabras:

"Ahora quisiera agregar también un punto: fue el Concilio de los Padres – el verdadero Concilio –, pero fue también el Concilio de los medios de comunicación. Fue casi un Concilio en sí mismo, y el mundo percibió al Concilio a través de éstos, a través de los medios de comunicación.

"En consecuencia, el Concilio inmediatamente eficiente que llegó al pueblo fue el de los medios de comunicación, no el de los Padres. Y mientras el Concilio de los Padres se realizaba en lo interno de la fe, y era un Concilio de la fe que buscaba el ‘intelectus’, que buscaba comprenderse y buscaba comprender los signos de Dios en ese momento, que buscaba responder al desafío de Dios en ese momento y de encontrar en la Palabra de Dios la palabra para hoy y mañana, mientras todo el Concilio – como he dicho – se movía en lo interno de la fe, como 'fides quaerens intellectum', el Concilio de los periodistas no se realizó, naturalmente, en lo interno de la fe, sino en lo interno de las categorías de los medios de comunicación de hoy, es decir, fuera de la fe, con una hermenéutica diferente.

"Fue una hermenéutica política. Para los medios de comunicación, el Concilio fue una lucha política, una lucha de poder entre diferentes corrientes en el interior de la Iglesia. Fue obvio que los medios de comunicación tomaron posición por esa parte que a ellos les parecía la más adecuada con su mundo. Fueron los que buscaron la descentralización de la Iglesia, el poder para los obispos y también, a través de la frase ‘pueblo de Dios’, el poder del pueblo, de los laicos. Plantearon esta triple cuestión: el poder del Papa, después transferido al poder de los obispos y al poder de todos, soberanía popular. Naturalmente, para ellos fue ésta la parte que había que aprobar, que promulgar y que favorecer.

"Lo mismo ocurrió también con la liturgia: no interesó la liturgia como acto de la fe, sino como algo donde se hacen cosas comprensibles, como algo que es actividad de la comunidad, una cosa profana. Y sabemos que hubo una tendencia, la cual se fundamentó también históricamente, que decía: la sacralidad es algo pagano, eventualmente también del Antiguo Testamento, pero en el Nuevo Testamento vale sólo que Cristo murió afuera: es decir, fuera de las puertas, es decir, en el mundo profano. Se debe poner fin a la sacralidad, la profanidad vale también para el culto: éste no es culto, sino un acto del conjunto, de la participación común, y así también participación como actividad.

"Estas traducciones, como banalizaciones de la idea del Concilio, fueron virulentas en la praxis de la aplicación de la reforma litúrgica; nacieron en una visión del Concilio fuera de su propia clave, fuera de la fe. Lo mismo se planteó también en la cuestión de la Escritura: la Escritura es un libro histórico, que hay que tratar históricamente y nada más, etc.

"Sabemos cómo este Concilio de los medios de comunicación fue accesible a todos. En consecuencia, éste fue el dominante, el más eficiente, y el que ha creado tantas calamidades, tantos problemas, realmente tantas miserias: seminarios cerrados, conventos cerrados, una liturgia banalizada… El verdadero Concilio ha tenido dificultades para concretizarse, para realizarse; el Concilio virtual fue más fuerte que el Concilio real.
 
Luego el Pontífice renueva su fe en el "concilio real". Pero en medio de esta renovación no omite destacar que "El Concilio virtual se rompe y se pierde". Dice el papa que el "concilio real aparece con toda su fuerza espiritual". Bueno, habrá de verse.
 
Y sin embargo, en medio de esa aparición con toda la fuerza del Concilio real, el papa renuncia....
 
 
Comentario Druídico: Por algo Pío XII se negó a todo trance a realizar un concilio, bajo el argumento de que sería inmanejable, que se ha demostrado profético. Dice el papa Benedicto que la Iglesia antes del Concilio era vigorosa. Miren lo que ha quedado, sin que todavía veamos (ni veremos) los frutos vigorosos del Concilio Vaticano II que el Papa (padre de la obra) tiene la esperanza de ver. Más bien lo contrario.
 

Comentarios

¿AHORA RESULTA QUE LA CULPA LA TUVO EL PERIODISMO?

La alocución de SS Benedicto XVI con los sacerdotes de Roma, el 14 de febrero de 2013 demuestra que el Santo Padre NUNCA VIO (O NUNCA QUISO VER) DONDE ESTUVO EL PROBLEMA. Como dice benévolamente un comentarista, buena descripción de los efectos, exageración de las causas. Ni siquiera eso. NO FUE EL PERIODISMO LA CAUSA DE LA DEBACLE DE LA IGLESIA POSCONCILIAR. Con solo estudiar honestamente lo que ocurrió, se sabe perfectamente que existieron GOLPES DE ESTADO que se dieron en ese Concilio que tiraron a la basura todos los esquemas conciliares preparatorios excepto el de la liturgia (porque se veía que ya estaba inficionado por el Movimiento Litúrgico desviado). Notemos que Benedicto XVI casi dice con alegría que “los cardenales del Rin” impusieron sus criterios.

¿Qué tuvo que ver el periodismo con la intervención de los cardenales que acosaron a Juan XXIII para que “barajara y diera de nuevo” en las comisiones? ¿Qué tuvo que ver el periodismo en la desastrosa redacción de la colegialidad, que obligó a la Nota Previa de Paulo VI para tratar de minimizar los daños? ¿Qué tuvo que ver el periodismo en la redacción del esquema de Liturgia QUE NI SIQUIERA TIENE UNA DEFINICION DE MISA y que desarrolla machaconamente la sospechosamente herética teoría del Misterio Pascual. ¿Qué tuvo que ver en el ecumenismo del diálogo en reemplazo del ecumenismo de retorno? ¿Qué tuvo que ver en la ambigüedad sin límites de sus textos, en la desaparición de la precisión escolástica, en la falta de condena de los errores modernos? Todo eso ya está planteado en el nefasto discurso inaugural de Juan XXIII. Podría admitirse ALGO DE INFLUENCIA periodística en espantosos documentos como la Declaración Nostra Aetate, en la Unitatis Redintegratio o en el último de todos y clave en la destrucción del Estado Católico en todo el mundo, la Declaración sobre la Libertad Religiosa Dignitatis Humanae. Podría admitirse repito ALGO DE INFLUENCIA, pero son los mismos padres conciliares los responsables de su redacción y de sus errores. ESO SI, por supuesto, INFLUIDOS DIRECTAMENTE POR EL GRUPO DEL RIN Y LOS “MODERADOS” DE SIEMPRE. Esto lo sabe cualquiera que ha estudiado sin prejuicios lo que ocurrió. Y si hablamos de periodismo, fue precisamente un periodista el que dio una de las demostraciones más acabadas de objetividad y buen periodismo: el conocido libro “El Rin desemboca en el Tiber”  del Padre Ralph M.Wiltgen (de la Sociedad del Verbo Divino) y que describe perfectamente cómo los cardenales del Rin coparon la asamblea conciliar¿Acaso Benedicto XVI nunca lo leyó?

No se niega que los periodistas, las “Elizabetas Piqué” de esos días, contribuyeron a la confusión, pero la confusión ya estaba PROVOCADA Y BUSCADA por los OBISPOS MODERNISTAS. Todavía se recuerda el rapto de sinceridad de uno de los herejes notorios como el dominico P. Scheleebeeckx cuando habló de las “bombas de relojería” del Concilio refiriéndose a esas palabras tan equívocas y ambiguas buscadas a propósito, colocadas en lugares estratégicos de los textos conciliares, para poder después interpretarlas a su antojo. ¿O no estamos todavía discutiendo el famoso “subsistit” (que, por cierto, dicen que fue el joven perito Ratzinger el que se lo sugirió al cardenal Frings).

El Papa continua encerrado en su pensamiento dialéctico. Esto  lo confirma. ¿Por qué no atiende a los trabajos de De Mattei, o Gherardini o Romano Amerio, o Barsoti o Ravasi? ¿Nada de lo que dijeron es cierto? ¿Son todas erradas las críticas que se hicieron a los textos mismos del Concilio? Si Benedicto XVI mismo se ha quejado de los que quieren transformar el concilio Vaticano II en un SUPERDOGMA, ¿por qué no hay pizca de autocrítica alguna en sus comentarios sobre los textos o las actitudes de los mismos padres conciliares, descargando ahora la responsabilidad de la hermenéutica de la ruptura sobre los periodistas? Todos los errores, ambigüedades, equívocos, que por doquier pueblan los farragosos textos conciliares no han recibido jamás una sola crítica aguda del que es considerado una de las mentes teológicas más brillantes de todo el siglo XX (y XXI).

Y en un tema que lo ha preocupado vivamente al Santo Padre (porque tuvo un brillante maestro como fue el P. Gamber), ¿acaso tiene la culpa el periodismo del desastre litúrgico? ¿Qué tuvo que ver el periodismo con la designación de Bugnini por parte de Paulo VI? O con la desaparición del latín, o con el circo litúrgico que le siguió. ¿Acaso vamos a creer que los plumíferos de la década del 60 fueron a los responsables de la Reforma litúrgica más desastrosa de la historia de la Iglesia y les dijeron: “den vuelta el altar”, “eliminen la noción de sacrificio”, “dejen de hablar del infierno”, “hagan del sacerdote un presidente”, “no hablen de transubstanciación”, etc, etc. Los modernistas no necesitaban a los periodistas para saber cómo destruir la liturgia romana. Solo tenían que seguir las herejías que había tratado de “parar” Pío XII con Mediator Dei o que estaban descriptas en la encíclica Humani Generis.

Lo menos que debe decirse sobre esta intervención de Benedicto XVI es que nuevamente confirma que él ha sido parte del problema y no de la solución. Le agradecemos lo que ha hecho por la Misa de siempre al rescatarla de la virtual prohibición de Paulo VI. Por haber levantado las excomuniones de los obispos de la HSSPX, por intentar tapar algunos agujeros de la Barca de Pedro por las que hace agua (por ejemplo, el P. Maciel y cía). Podemos sospechar por supuesto las enormes presiones e insidias que lo rodearon y que terminaron forzándolo a tomar esta determinación sorpresiva. Pero al terminar de leer su alocución, me vino inmediatmente a la mente aquel dicho que sintetiza una terrible incoherencia como es el de  LEVANTAR MONUMENTOS A LOS PRINCIPIOS Y CADALSOS A LAS CONCLUSIONES. Los principios los han establecido hace décadas los modernistas y masones dentro de la Iglesia, y las desastrosas conclusiones las hemos sufrido todos aquellos que amamos a la Iglesia Católica y la queremos ver de nuevo de pie afirmando la fe de siempre.

Recemos por lo que viene, siempre teniendo en cuenta lo de la Virgen en Fátima: “Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará”.

Augusto del Río

Bien por el Papa. Pero de

Bien por el Papa. Pero de todas formas, me parece un intento de salvaguardar un Concilio que, con o sin "versión virtual" de por medio, hace agua por todas partes.

Muchos de los errores que posteriormente se fundamentaron en las decisiones del Concilio, no fueron decisiones tomadas por el periodismo o por "algunos obispos", sino por el propio sucesor de Juan XXIII, como la misma reforma litúrgica esto es, decisiones de la Iglesia.

La descripción de los efectos parece atinada; la de las causas, un poco exagerada.

Losiano de Persia

Las ultimas alocuciones

Don Marcelo:

En un papa como Benedicto, que segun se dice "no da puntada sin hilo" y otorga mucha importancia a cada gesto, a cada palabra, etc... lo que diga y haga en estos ultimos días de pontificado serán como sus intenciones principales y los temas que considera más importantes.

Evidentemente la tematica del Concilio, sus interpretaciones, sus consecuencias es uno de ellos.

Juancho.

 

 

 

 

Estamos en el horno...

Podemos llamarlo "virtual" a pedido del Santo Padre, pero el mismo Santo Padre afirma que es este concilio el que se aplicó. Es decir, dicho por el Sucesor de Pedro, estuvimos y estamos en el horno...

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