Cosme Beccar Varela: ¿Dónde está el Pueblo?

Hemos recibido la última novela histórica de Cosme Beccar Varela, en la que intercalando un estilo narrativo de ficción con crónicas históricas de la época dibuja un retrato detallado de los orígenes de la Revolución de Mayo.

Cosme Beccar Varela
¿Dónde está el Pueblo?

Ediciones Pasco
Buenos Aires, 2005
380 páginas

El autor relata, de un modo novelado, hilvanando los hechos en torno a la figura de don Santiago de Liniers y del personaje Francisco de Ezpeleta, un joven oficial de la máxima confianza del reconquistador de Buenos Aires. El período histórico que desarrolla abarca la forja de los hechos que comenzaron con las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807 y desembocaron en la Semana de Mayo y en la desgraciada Expedición Auxiliadora que Moreno enviara al Norte para sembrar sus ideales jacobinos. Es decir, fines de 1811.

Es un relato ameno, minucioso pero entretenido. El entramado revolucionario, curiosamente disparado por un acto de heroísmo cual fue la reconquista y defensa de Buenos Aires contra las tropas británicas, es imposible de entender sin conocer la acción de las logias y la penetración profunda de los ideales de la revolución francesa en la clase ilustrada y el clero. 

Funcionarios, abogados, párrocos y canónigos armaron el tejido que sirvió para encarnar los hechos, detonados luego con la asistencia política, militar y financiera británica, cuyo comercio se resentía por una disposición del Virrey Cisneros que expulsaba a los comerciantes ingleses del Río de la Plata. Dicha orden tenía como término de ejecución el 19 de mayo. Los revolucionarios, aprovechando las noticias de la caída de la Junta de Cadiz oportunamente traída por los británicos, en una semana pusieron a Buenos Aires en estado de asamblea, manejada por un minúsculo grupo de "piqueteros" de aquellos tiempos, la "Legión Infernal" dirigida por French y con la astucia y pasión de Moreno trabajando febrilmente para engañar a una burguesía ingenua en temas políticos y poco formada intelectual y religiosamente.

Es notable como la simple adhesión a la tradición católica, aún su defensa heroica frente a un enemigo militar declarado no basta para resistir el ataque ideológico cuando la doctrina de los militantes no es sólida y las virtudes cristianas están opacadas. Muchos de los que resistieron a los "herejes ingleses" con las armas no vieron el peligro de las logias por ellos patrocinadas y no dudaron en dar su nombre e incluso apoyar actos revolucionarios más que sospechosos.

Un punto interesantísimo del relato es el protagonismo de los clérigos. Buena parte de la población dio, al inicio, su aprobación pasiva a los hechos revolucionarios, que bajo la "mascara de Fernando VII" avalaron respetables clérigos. Sin embargo, los ideales liberales y masónicos no fueron advertidos por un pueblo acostumbrado a aceptar la palabra de los sacerdotes en forma acrítica, aún cuando el sentido de la Fe les debería haber sugerido claramente que esas novedades no eran de buena doctrina.

Así, con mentiras, engaños, presiones y luego terror y saqueo, profanaciones y fusilamientos, la llama revolucionaria impuso su etapa jacobina en el Virreynato, hasta la salida de Moreno seguida de su muerte en alta mar. Liberales moderados como Saavedra, Martín Rodríguez o Belgrano, hombres que sin duda no hubiesen promovido hechos criminales, no opusieron resistencia a ninguno de estos atropellos. Incluso rubricaron decretos como la muerte oprobiosa del héroe de la Reconquista y su Estado Mayor, en un desolado, en pavoroso anticipo del estilo soviético.

El Dr. Beccar Varela, reconstruye en el movimiento liderado por Francisco de Ezpeleta, lo que juzga hubiese sido una oportunidad histórica para lograr la independencia -justificada por los abusos administrativos coloniales- pero en una línea de continuidad histórica con la tradición hispánica y católica. Llegado el momento de la restauración borbónica quizás hubiera habido una guerra, pero de carácter político y, si acaso ideológico, contra las ideas liberales del rey "deseado", tan ingrato con los heroicos españoles como abusivo con los españoles americanos.

Pero la masonería era ya una hiedra que se había abrazado demasiado fuertemente en los espíritus más resueltos. Faltó determinación en los buenos, como Liniers, y claridad en los ciudadanos más respetados, que no vieron el peligro de aquellas ideas. A partir de allí la patria se desangró por décadas y de hecho no hemos logrado aún encontrar nuestro destino, ni siquiera de grandeza material, aún con todos los recursos naturales a nuestro favor.

En definitiva, el libro refleja una visión de la historia que se espeja con la realidad de hoy, la interpreta y la esclarece. Por eso vale la pena leerlo y debatirlo.

¿Dónde está el Pueblo?, de Cosme Beccar Varela. $30.

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