¿Crisis del papismo español?

Síntomas alentadores en la prensa católica española

El papa, cuando lo supo,
Al Cid ha descomulgado;
Oyéndolo Don Rodrigo,
ante el Papa se ha postrado,
si no me absolvéis, el Papa,
seríaos mal contado,
que de vuestras ricas ropas
cubriré yo mi caballo.
Romancero del Cid, romance VII

 

Francisco es sin duda un papa que está produciendo grandes cambios. Más bien culturales que administrativos o disciplinarios.

Desde que los papas conciliares decidieron irse de Roma, doctrinariamente hablando, y residir en la Avignon mariteneana, sede de la pluriformidad, el ecumenismo, el diálogo interreligioso, el sano laicismo y la hecatombe litúrgica, ha habido resistencia en los sectores católicos hoy llamados tradicionalistas. Pero también en los que estos llaman “de línea media” o también, más bien, “conservadores”.

“Línea media” significa poner el pie en el freno para ir a los cambios lo más lentamente posible, a la espera de otro papa que los derogue. Pero no frenar del todo. O  también, “aceptamos los cambios, pero lo menos posible”.

El paso del tiempo convirtió este fenómeno en algo dinámico. Los cambios aceptados hicieron perder de vista el punto de partida, de modo que aún con el pie acalambrado de tanto frenar, seguían moviéndose en la dirección no querida. Y el paso de las generaciones concurrió a que los hijos de los católicos “de línea media” se hicieran cada vez menos de línea media, aún creyendo serlo, cuando no del todo modernistas o redondamente ateos. ¡Y algunos hasta tradicionalistas!

Uno de los factores de esta reacción cultural, de este “freno, pero no freno” doctrinal y litúrgico es la tradición papista de ciertos pueblos. Casi consustancial al español, el más papista del mundo, produjo que personas notablemente bien formadas hicieran increíbles malabarismos para justificar o dar una lectura ortodoxa a hechos y dichos bien dudosos y para nada justificables en la Roma pre avignonesa. Que ha besao el Corán, hombre, pero con asco. Que puso un papelito en el muro de los lamentos, pero seguro con una puteaa. Y otros más doctrinalmente elaborados.

El papa Benedicto fue un remanso de paz para estas personas, no tanto porque su formación e ideas de fondo no fuesen “avignonesas”, cuanto por su bondad y notable apertura para con quienes nos hemos quedado en la vieja Roma. Todos lamentamos su renuncia.

Su sucesor, Francisco, en cambio, impuso una dinámica tal a los dichos y a los hechos, que hasta los más rancios avignoneses están algo preocupados. No digamos nada, porque va de suyo, de los viejos amigos habituados a vivir frenando. Quizás los menos angustiados sean los “tradis”, hoy llamados también “neopelagianos”, como si viviéramos en una de las novelas de Castellani.

Pero lo que cuenta aquí, para no alargar tanto, es el fenómeno español: los más papistas que el papa se están poniendo de punta. Todavía es algo en ciernes, pero no tanto que podamos pasarlo por alto. Cito tres casos a modo de prueba. El sutil pero agudísimo artículo de ]]>Juan Manuel de Prada]]>, que hemos reproducido. El de ]]>José Javier Esparza]]> que difundimos en nuestro twitter. Y los dichos del mismísimo don ]]>Paco Pepe Fernández de la Cigoña]]>, decano del periodismo de la “línea media” en España.

A pesar de que he sido socarrón con el bueno y respetable Paco Pepe, (y él conmigo) afirmo que esta referencia no tiene intención de burla ni mucho menos. Don Paco fue casi alevoso crítico de Bergoglio, y el día de su elección se pasó a sus huestes. ¿Traición, oportunismo? ¡No, españolismo! Un español es papista, ¡ostras! Nada que ver con esos franceses galicanos que están todo el día buscándole el mal aliento al pontífice. Pero cuando el fondo es católico (de la línea media o de 3 cuartos, poco importa) hay ciertos límites. Me alegra que haya indicios de una fuerte resolución de no pasarlos.

Así pues, el papa Francisco, al que criticamos con todas las letras por ser derecho de todo católico, siempre y cuando no vaya contra la utilidad y la caridad, ha logrado este milagro en ciernes, esperemos que no apenas “milagro por un día”.  Cual es, poner a unos cojonudos españoles ultrapapistas a preguntarle al papa cuándo dejará de decir tonteras.

‘Nhorabuena, y que aproveche.

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