Cristo: el mayor de los "excluidos"

Francisco predica la inclusión, pero excluye a Cristo de su prédica

Francisco y la “exclusión” de Cristo

Francisco acaba de terminar una gira internacional en las vecindades de la Argentina: Ecuador, Bolivia y Paraguay. Realizó durante este paseo una cantidad de actos político-religiosos y otros meramente políticos. Ciertamente ha producido estupor entre los sectores más tradicionales de la Iglesia, pues parece tener una asombrosa capacidad para superarse a sí mismo, y fue más allá de lo que se había imaginado. Y también ha producido ira, no siempre bien encuadrada en razones doctrinales, porque así como él juega con las ideologías, muchas veces quienes lo critican se fundan en otras posiciones ideológicas que debilitan el valor de sus objeciones.

Que un papa visite países con gobiernos populistas filo marxistas no es malo en sí mismo. Por el contrario, podría ser un modo de contrarrestar la influencia de estos regímenes en el pueblo fiel, que en el caso de los visitados, en cierto modo, al menos por origen, es la inmensa mayoría.

Que hable sobre cuestiones políticas y sociales tampoco merece una objeción al hecho mismo. La doctrina católica tiene una clara proyección social: hay un reinado de Nuestro Señor Jesucristo, que según nos enseña la Iglesia, no es solo personal ni de puertas adentro de las iglesias o casas de los fieles. Hay un reinado social. Y Cristo reina siempre, por presencia, con sus bienes; o por ausencia, con los males que la sociedad padece por haber excluido a Aquel sin el cual “nada podéis hacer”.

Un papa puede, inclusive, dar traspiés en ese intento de llevar la doctrina al campo concreto; puede llegar a apartarse de lo prudente, ya sea interponiendo inadecuadamente su influencia al señalar errores o tendencias equivocadas, o buscando mediar en conflictos, en los cuales la Iglesia no siempre queda bien parada o tal vez no necesariamente apoye la causa más justa. Porque el acierto en estos campos depende del discernimiento del papa como gobernante y no de sus privilegios como Vicario de Cristo.

Acertada o desacertadamente en la práctica, un papa puede enfrentar un viaje pastoral -aceptando que los tiempos actuales piden la existencia de estos viajes- pero nunca puede hacerlo bajo otro signo que el de Cristo. Por eso no tiene sentido fundar las objeciones a su viaje en que “habló de política” o “se metió en cuestiones sociales”. Sino bajo qué signo y con qué enfoque lo hizo. Porque puede excusarse a un papa que se equivoque en sus actos gobierno, pero no es su orientación doctrinal.

Francisco pareció hablar bajo un signo doctrinal extraño a la doctrina católica, más cercano a un cristianismo neomarxista que al Evangelio

En este viaje, que resulta quizás el más definitorio de su pontificado, además del “baño de masas”, ha querido siempre mostrarse parcial. Aceptando el hecho indiscutible de que los pobres son la parte frágil del entramado social, y no pocas veces la parte más maltratada (aún si cometemos la ingenuidad de ignorar que hay muchos poderosos “partidos” de los pobres, no meramente personas en estado de carencia) en ningún momento podemos olvidar que la doctrina de la Iglesia concibe la sociedad como una unión concorde de las clases, y no admite que una sea más valiosa que otra, o más inocente. Menos que las clases deban estar en guerra entre sí buscando la mutua supresión o el mutuo sometimiento.

Francisco ha estimulado, a pesar de ello, una acción dialéctica entre dos polos más o menos indefinidos como son “los pobres” y “el sistema que no aguanta más”. No hace falta mucha imaginación para traducirlo a términos reales: esto tiene toda la fenomenología de una propuesta de enfrentamiento clasista marxista. Aunque curiosamente, los tres países visitados, o al menos dos de ellos, estén gobernados por regímenes que se definen como productos emergentes de “los pobres”, muy cercanos al marxismo, al menos en sus ideas básicas, aunque no hayan llegado a los extremos del bolchevismo.

Por otro lado, el marxismo bolchevista es casi una reliquia. Hoy se ha diluido en formas mucho más adecuadas a los tiempos: el populismo social demócrata, o el socialismo cristiano, el liberalismo extremo. Entre ellos hay matices, pero coinciden en lo básico: el desmantelamiento de los principios naturales de la sociedad; destrucción de la familia (las “nuevas familias”), la “ampliación de derechos” (“matrimonio gay”), la extrema permisividad de costumbres, el desprecio por todo cristiano y la efectiva persecución del cristianismo, aún contra sus formas heterodoxas pero apegadas a la moral bíblica, bajo el slogan universalmente aceptado de la “no discriminación”.

Podrán disentir sobre más o menos detalles del sistema económico, en lo demás tienen un campo común. Y desde el mundo capitalista liberal se financia generosamente la aventura ecologista e indigenista que apunta a destruir (no se sabe como lo piensa reemplazar) el sistema industrial occidental, contrariando lo que en apariencia los primeros quieren sostener.

Francisco ante los gobiernos de los países que visitó

En Ecuador, Francisco habló elípticamente de “personalismos” (casi una broma dicho por él), y se lo interpretó como una “crítica” al presidente Correa. Olvidó, por ejemplo, que este presidente ha impuesto la enseñanza del Corán en la educación pública.

Trató con extrema benevolencia al presidente de Bolivia, quien llegó a cometer la grosera torpeza de condecorar al papa con una orden que recuerda a un sacerdote “católico” marxista, y a regalarle un crucifijo diseñado sobre un martillo y una hoz, lo clásicos símbolos del comunismo. Evo Morales fue el niño mimado de la gira, aunque haya dicho repetidamente durante su gobierno que “la Iglesia Católica debe desaparecer”

En Ecuador, Francisco no tuvo palabras para un mártir del reinado social de Cristo, Ezequiel García Moreno, presidente constitucional asesinado por la Masonería. En Bolivia dio crédito a las leyendas negras del “genocidio” de los indígenas americanos, mientras estaba rodeado por millones de sus descendientes, en estado puro o mestizados.

Para promover su teoría de la “solidaridad” sustitutiva de la caridad, negó que la multiplicación de los peces que relata el Evangelio pormenorizadamente haya sido tal, lo cual sería “magia”, sino una invitación a compartir lo que cada uno tenía con los demás. Curiosa explicación de lo que tan claramente se puede leer en la Sagrada Escritura: “no tenemos más que cinco panes y dos peces”. Cristo-Dios que obra milagros para la conversión de las almas queda fuera, solo se acepta a un Cristo capaz de persuadir a la gente de un intercambio solidario.

Además de los gestos ya típicos de sus viajes, visitas a cárceles, lugares donde ocurrieron “tragedias” y diálogos con representantes de los “movimientos sociales” dio una definición de lo que para él viene a reemplazar la doctrina social de la Iglesia y sustituye el Reinado Social de Cristo: "¿Reconocemos que este sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza? Si es así, insisto, digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos? Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra, como decía San Francisco".

Este es el signo bajo el que Francisco quiere que el nuevo mundo se reforme: la lucha contra la “lógica de las ganancias”, que no sabemos si es la usura o el lucro justo. La “inclusión social”, que no llegamos a definir con un perfil claro, aunque no parece ser lo mismo que antes llamábamos “las obras de misericordia”, porque el propio Francisco ha despreciado la obra de sus correligionarios jesuitas avalando la teoría del genocidio, cuando estos durante siglos promovieron a millones de indígenas a ser incluidos en grados a veces refinadísimos de civilización.

Un “cambio de estructuras” (esa vieja expresión marxista) porque “este sistema ya no se aguanta” ni lo aguantan las personas (entre las que omitió mencionar a las que forman parte de las clases pudientes o acomodadas, como si fueran parte culpable del “sistema”) ni la “madre tierra”.

Un aval para cualquier aventura, desde la revolución indigenista, los delirios ecologístas, sistemáticamente unidos al aborto, a la contracepción y a la esterilización, sobre todo en estas regiones. Y una forma nueva de idolatría: la “madre tierra”, que ante las comunidades indígenas del Altiplano es una confirmación de sus cultos paganos de la Pachamama.

El signo de las acciones políticas que Francisco sugiere enfáticamente poner en práctica, es otro que el signo de Cristo. Puede parecerlo, como puede también parecer un crucifijo cualquier figura en la que se ponga por encima un esbozo humano de brazos extendidos, aunque lo sea sobre un martillo y una hoz.

El signo del viaje y de la propuesta papal es otro que el de la Fe Católica. Fue un tributo más para el sostenimiento de su prestigio personal de alcance mundial, que se afirma cuando Francisco reitera estas “exclusiones” de Cristo de la vida de la Iglesia.

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Tales afirmaciones se oponen al dogma que afirma que la religión católica es la única religión verdadera (cf. Syllabus, proposición 21). Se trata de un dogma, y lo que se le opone se llama herejía. Dios no puede contradecirse a sí mismo.

Marcelo González

En estos meses, desde su visita a Chile, Irlanda y con la publicación de los desastres morales que afloran en todas partes, curiosamente siempre relacionados con conocidos, protegidos o favorecedores de Francisco, su posición se ha vuelto sumamente delicada. Tal el caso de la impresionante protección que brindó a Mons. Zanchetta, ex obispo de Orán, Salta,cuyos detalles se pueden conocer en este artículo

Marcelo González

Henchidos de toda injusticia, malicia, codicia, maldad, llenos de envidia, homicidio, riña, dolos, malignidad; murmuradores, calumniadores, aborrecedores de Dios, indolentes, soberbios, fanfarrones, inventores de maldades, desobedientes a sus padres; insensatos, desleales, hombres sin amor y sin misericordia. Y si bien conocen que según lo establecido por Dios los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen en los que las practican.

Marcelo González

"Hoy, 25 de Noviembre, queremos salir a proclamar a Cristo como Rey de nuestras vidas y de nuestra sociedad. Frente a las numerosas negaciones e intentos de hacer desaparecer la Fe en Jesucristo, salimos hoy a las calles para cantar la Gloria de Nuestro Señor, para reconocerlo frente al mundo: Él es nuestro Salvador, Él es nuestro Señor, Él es nuestro Rey."

Marcelo González

La restauración católica será por la vía del culto y del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo. Dios ha resguardado el sacerdocio y el culto por medio de una obra minúscula en sus orígenes que hoy es de importancia crucial para el destino del catolicismo. La restauración que debemos realizar día a día se nutre del fruto de ese resguardo.

Editor y Responsable

Y 335º aniversario de la liberación de Viena del asedio turco: recordando la liberación de Viena.

Sofía González Calvo

la Peregrinación pone en lugar principal el conocimiento y amor a la misa tradicional. La misa se convierte en el centro de los tres días de peregrinación. Misa de campaña, rezada bajo la lluvia y el frío, sobre el suelo de barro. Acompañada de cánticos en latín y castellano que ayudan a la devoción. La devoción era otro elemento patente entre los caminantes.