Cuarto año de Horror: mirando al futuro

El pontificado impredecible de un ítalo-argentino peronista

“Ya sabéis qué preceptos os he dado en nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación: que os abstengáis de la fornicación y sepa cada uno de vosotros poseer su cuerpo en santificación y honor, sin dejarse llevar por la pasión de concupiscencia, como los gentiles, que no conocen a Dios. Que nadie, en este punto, engañe o perjudique a su hermano: porque el Señor castiga todo ello, como ya os lo hemos dicho y protestado. Porque no nos llamó Dios a la inmundicia, sino a la santidad en Jesucristo Nuestro Señor nuestro.

San Pablo (I Tes. 2-6)

 

Con motivo de este cuarto aniversario de la elección de Francisco se ha reflexionado mucho y bien: todo lo que pueda decirse en un artículo periodístico sobre lo que ha significado para la Iglesia parece haberse dicho. No reviste interés para el lector que repitamos lo que, por mencionar algunos, se ha visto bien resumido ]]>aquí]]>, ]]>aquí]]>, aquí y aquí. Parece más provechoso mirar al futuro.

La primera impresión, impresión cada vez más difundida, es la de una catástrofe en vías de empeorar, si cabe esta posibilidad. No son ya solamente los católicos que militan en el así llamado “tradicionalismo” ni los que comúnmente se reconocen “conservadores”. Es notable ]]>el rumor nacido de los mismos aliados eclesiásticos de Bergoglio]]>, de los que lo llevaron al pontificado: ellos, se dice, temen por el futuro de la Iglesia. Claro que no por los mismos motivos que nosotros.

Se ha reflexionado sobre el porqué de un papa como Francisco. Para muchos era imposible. Había una venda sobre los ojos de muchos buenos católicos que ha caído pero, no del todo. Ellos enfocan todo el problema en él, como si fuese una anomalía que apareció de la nada. En su personalidad, en su psicología, en un enorme error de los cardenales que lo votaron engañados. Sí, algo de todo esto existió. El problema seguirá siendo imposible de comprender, sin embargo, si no se lo relaciona con las causas remotas y si no se hace la misma crítica que ahora se ha emprendido sobre él a los pontificados precedentes, inclusive a los preconciliares modernos. En la medida que corresponda en cada caso, naturalmente.

Bergoglio fue promovido a tan alto cargo por influencia de los poderes financieros mundiales para cumplir la misión que, resumidamente, podríamos describir como poner a la Iglesia completamente en línea con el Nuevo Orden Mundial. Para lograr un éxito tan rotundo contó con circunstancias internacionales muy propicias, y con las relaciones que Bergoglio supo cultivar durante años, mientras desgobernaba su arquidiócesis. Los años bergoglianos en Buenos Aires son un adviento, un ensayo general de lo que ha hecho a escala mundial. Un tema sobre el que se ha escrito y aún falta escribir largamente.

Bergoglio fue elegido por los poderes financieros, es claro hoy, lo ha confesado el propio anfitrión de la logia de Sant Gall, el Card. Danneels sin ruborizarse, para que la ya asendereada doctrina de la Iglesia se vuelque completamente a sus ideales de endiosamiento del hombre; porque la Iglesia es el obstáculo para la culminación del sus objetivos. La adopción de la agenda mundialista tuvo inicio en el Concilio Vaticano II. Según dijo en su momento el entonces teólogo perito Ratzinger, fue la “revolución francesa” dentro de la Iglesia. Su coronación, según parece, es el papado de Francisco.

Entre medio, un Juan Pablo II que se negaba tanto a renunciar como a morir retrasó los planes del Card. Martini, jefe por entonces de esa mafia; un cónclave para ellos fallido produjo a Benedicto XVI, un papa que hasta dio pasos hacia atrás en este camino]]>. Su misteriosa renuncia, en la que parece tuvo que ver la fracasada candidata a la presidencia de los EE.UU., Hillary Clinton, con el auspicio de Barack Obama]]>, acaba de ser señalada por un arzobispo italiano muy cercano a Benedicto. La nueva administración norteamericana bien podría exhumar los detalles de esta maniobra produciendo un efecto sísmico dentro de la Iglesia.

A quienes están promoviendo el NOM, como sabemos, no solo les interesa la riqueza, sino el poder que esa riqueza ofrece para realizar su proyecto mundial político-religioso. Este proyecto va mudando nombres y cambiando estrategias, y hasta ahora avanzó de un modo alarmante, salvo tropiezos que siempre caben en todo emprendimiento humano, que obligó a replantear algunas tácticas. Pero en saldo se van completando los objetivos cada vez con mayor velocidad.

Piedras en el camino: anticipadas en Fátima

El principal obstáculo es la Iglesia, aun infiltrada y arruinada como está. Ellos saben lo que la Iglesia es porque son la contra-iglesia. Bergoglio parece haber coronado sus aspiraciones, pero necesitan un tiempo más.

Otro tropiezo ha sido el resurgimiento de la Rusia cristiana como potencia mundial bajo un liderazgo que desafía la agenda mundialista. Y otro, más inesperado aún, potenciado por el primero, es la pérdida del manejo de la estructura política en los EE.UU. En ambos casos, sobre todo en el segundo, la ferocidad de los ataques pone en evidencia que la victoria de Trump, por razones que podemos conjeturar pero difícilmente conocer a fondo, ha sido un gran golpe a sus planes. Esto es una incógnita que todavía está por develarse.

La curiosa simpatía entre los jefes de las dos grandes potencias del mundo occidental es un hecho que no hay que perder de vista. Bajo el amparo de estas circunstancias políticas, otras naciones comienzan a mostrar su determinación de recuperar sus valores fundacionales. O al menos cierta independencia nacional, de sacudirse en alguna medida el yugo del mundialismo. Algunas de esas naciones son cristianas desde hace siglos, y no temen reconocerse como tales; se esfuerzan por reponer en sus leyes civiles la impronta de la ley natural, en particular allí donde ha sido más atacada en esta etapa final: la moral publica, la familia, la protección de la vida inocente. En otras, partidos de reacción parecen estar en los umbrales del poder o ser al menos fuerzas muy influyentes. La victoria de Trump los ha pontenciado peligrosamente para los objetivos de NOM.

Ahora los poderes mundiales están frente a una encrucijada que en principio han decidido resolver de un modo brutal: sublevar (esto en términos mediáticos y de “manejo de la calle”) a la opinión pública norteamericana, y alinear a los jefes de Estado contra la administración Trump para hacerle el gobierno inviable.

Francisco, un italo-argentino peronista es la suma de la habilidad política, el maquiavelismo y la capacidad de reconversión ideológica al servicio de su propio poder. Es un hombre astuto e impredecible. No una marioneta manejada por hilos.

Los que lo llevaron al poder tal vez no contaban con que Francisco-Bergoglio es un hombre que ama el poder más que nada en el mundo, según puede colegir un observador de su vida. Es un hombre que tiene muy poco aprecio por los compromisos pactados y una vez asentado en el poder puede ser un tirano feroz. Un tirano eficaz. O sea, que mientras sus acciones se alineen con los propósitos de sus mentores mundialistas, todo marchará bien para ellos, pero cuando sus pasiones personales, su temperamento vengativo y sus no siempre planificadas reacciones se aparten o pongan en riesgo el propósito por el que se lo elevó al pontificado, se hará necesario persuadirlo de que de un paso al costado. Pero él es capaz de dar volteretas increíbles para conservar su poder. Estas preocupaciones sobre la marcha de su gobierno y el estado en que quedará la Iglesia al fin de su pontificado, de durar algún tiempo más, ha puesto inquietud en los propios -por ahora- aliados de Bergoglio.

Ellos pretenden el control de la Iglesia, no su disolución. Una Iglesia implosionada no les sirve. Ellos quieren la continuidad estructural de la Iglesia como fachada moral de una religión mundialista, (el famoso “Panlatreuticón” que imaginó el P. Castellani en Su Majestad Dulcinea) y para esto necesitan que se mantenga la firmeza de las cadenas de mando, que es lo que está comenzando a flaquear.

La realidad muestra que se va en ese sentido: las divisiones y los desafíos a Francisco son cada vez más expresos y violentos. Y en este planteo dialéctico, Bergoglio ha logrado unir contra él fuerzas hasta ahora irreconciliables en su visión de los problemas de la Iglesia. Al menos en un punto, en una materia muy grave aunque no la más grave de todas, puesto que antes de llegar a este momento, para muchos previsible, otros papas derribaron fronteras sagradas, como la liturgia, ejercieron la communio in sacris con herejes y acatólicos, proveyéndoles inclusive templos católicos para sus ritos y tuvieron además una inexplicable tolerancia práctica a conductas inmorales gravísimas en el clero y entre los fieles. Promovieron o toleraron el vaciamiento de la Fe y del culto. Sin embargo, todo esto no logró la reacción amplia que sí está propiciando Bergoglio con su ataque terminal al matrimonio.

Parece importante ver las cosas con esta perspectiva: un Bergoglio cada vez más resistido, un contexto internacional fluctuante y favorable a ciertos cambios en un sentido más tradicional, bajo la protección de “imperios pro-cristianos”. Cierta reacción desmesurada de los poderes mundialistas, que solo se explica por un temor cierto de que sus adversarios se consoliden. Ahora mismo, sobre el cierre de este comentario, ]]>la queja pública de una importante facción de la comunidad judía]]>; Bergoglio bien podría llegar a ser un inesperado adversario de sus aliados actuales en determinado momento si se ve acorralado. Su capacidad para reconvertirse es bien conocida por los argentinos que lo han seguido atentamente.

Y los 100 años de Fátima. Una buena fecha para que se realice la consagración de Rusia tal como la pide la Virgen. ¿Podría alguien como Francisco, prevaricador de la doctrina, hacer lo que no hicieron papas como Pío XI o Pío XII? Parece inimaginable, nunca haría esa consagración… es pura fantasía, tendemos a pensar. ¿Y si la hiciera? Sabemos por fuentes fiables que Putin le habló del tema.

No me atrevería darlo por imposible, si sirve a sus propósitos. Llamémosle a esto “vaticano-ficción”. Ya hizo un amague que resultó un bluf. Como un boxeador del poder amenaza con dar ciertos golpes para encubrir otros que prepara. Pero no siempre son amenazas si ve provecho en convertirlos en reales. La cuestión es que después de un acto así, la historia seguiría un curso muy distinto, ya profetizado. Y lo que la Virgen pide es el acto público realizado por el Papa, más allá de su sinceridad o intenciones. En esto lo seguirían muchos obispos fieles a la Iglesia. Y aún otros por mero servilismo.

Recordemos que quienes realmente conducen la historia humana no son ni los Illuminatti ni el grupo Bilderberg, es Dios. Y Dios ha comprometido por boca de la Santísima Virgen un milagro extraordinario cuando se cumpla esta condición: dar al mundo un tiempo de paz.

Pero así todo esto termine siendo una fantasía, nuestra posición inconmovible como católicos debe ser la que señala el apóstol: “Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación”. El pone la gracia, nosotros las disposiciones. No hay nada que temer. Ni siquiera las condenas de rigorismo y adhesión farisea a los preceptos: porque, dice el apóstol, “Ya sabéis qué preceptos os he dado en nombre de Nuestro Señor Jesucristo”. Ahí está nuestra certeza.

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Así comenzaba una publicidad de no se qué en otros tiempos. “Pasan cosas lindas…”  Hagamos una breve crónica de lo que ha sucedido en los últimos días y tal vez encontremos alguna “cosa linda”.

Marcelo González

Los lectores de este sitio habrán notado poca actividad en los últimos tiempos. La causa de esta retracción de publicaciones es simple: no deseamos contribuir a la confusión general agregando más opiniones a las que ya circulan -en demasía-sobre la crisis de la Iglesia. Hay una gran ansiedad por “información”, un gran deseo de participar en la resistencia al neomodernismo que ha llevado a límites increíbles su tarea de destrucción

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Una de las más impresionantes jornadas de los días trece fue la del mes de julio. En ella la Virgen reveló “el secreto”, el mensaje que había de mantenerse en reserva hasta aviso del cielo a Lucía, quien lo expuso en tres partes, y reveló dos de ellas en los años ’40 a la vez que manifestó que la tercera parte (llamada comúnmente “Tercer Secreto”) se debía revelar en 1960 o tras su muerte, si ocurriera antes de esa fecha.

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Ciertamente no vamos a proponer a nadie que vaya a vivir a Siberia. Ni tampoco creemos en el mito del buen salvaje. Sin embargo, la gente retratada en este filme es un extraordinario ejemplo de la vida humana en la pre-modernidad.

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Parece necesario recordar este excelente artículo sobre las promesas del Sagrado Corazón (devoción de los nueve primeros viernes de mes) que ya hemos publicado. Y recordar también que junto con las promesas del Inmaculado Corazón de María (devoción de los cinco primeros sábados de mes) constituyen un mismo mensaje de Misericordia Divina a la humanidad descarriada.

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Las perspectivas de un fin exitoso del Pontificado de Francisco (según sus propios criterios de éxito) parecen complicarse mucho.

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Como es público, en los últimos meses ha habido una serie de debates dentro de la FSSPX. El tema es, más allá de ciertas cuestiones ocasionales, la diferencia de criterios sobre la legitimidad de aceptar una regularización canónica y sobre la oportunidad de hacerlo en este momento.