Dos testigos de la ruptura litúrgica

El Cardenal Antonelli y Mons. André Rose, miembros del Consilium

 “Podría decir muchas cosas de este hombre –Bugnini-. Debo añadir que siempre ha sido apoyado por Pablo VI. No quisiera equivocarme, pero la laguna más notable en el P. Bugnini es su falta de formación y de sensibilidad teológica…” Card. Fernando Antonelli, miembro del Consilium, organismo que reformó la liturgia después del Concilio durante toda su vigencia. Escuchemos su excepcional testimonio... 

 

El año 2005 aparecía la traducción española[1] de un libro que había sido publicado en Italia pocos años antes y cuyo valor testimonial deriva del hecho de contener numerosas notas extraídas del Diario personal del Cardenal Ferdinando Antonelli OFM (1896–1993) que fue miembro de Consilium ad exequendam Constitutionem de Sacra Liturgia durante todo el tiempo que este organismo estuvo en vigor. El Consilium ad exequendam Constitutionem de Sacra Liturgia, generalmente llamado simplemente El Consilium, fue instituido por Pablo VI el 13 de enero de 1964 en orden a la puesta en práctica de la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium sobre la Liturgia, promulgada solemnemente pocas semanas antes. El interés del testimonio del Cardenal Antonelli –y del de Mons. André Rose que ofreceremos a continuación– nace del hecho de que el Consilium elaboró el Novus Ordo Missae y los rituales para el resto de los Sacramentos así como el Breviario u Oficio Divino que a partir de entonces pasó a llamarse Liturgia de las Horas. Presidente del Consilium  fue nombrado el Cardenal Giacomo Lercaro (1891-1976) y el P.Annibale Bugnini C.M. (1912-1982) sería Secretario del mismo. Lo integraban una cuarentena de miembros propiamente dichos –la mayoría cardenales u obispos– que tenían voz deliberativa. Luego estaba el grupo de los consultores encargados de preparar el trabajo. El número de miembros aumentó  posteriormente hasta 51, quienes constituían casi 30 grupos que se ocupaban de los diversos temas. Y así funcionó desde el 3 de marzo de 1964 hasta el 9 de abril de 1970 cuando el Consilium fue transformado  en Sagrada Congregación para el Culto Divino. 

No fue éste, sin embargo, ni el primero ni el único de los cargos confiados a Fray Ferdinando Antonelli en la Curia Romana. Citemos algunos de ellos: relator de la sección histórica de los Ritos creada por Pío XI, miembro desde 1948 a 1960 de la Comisión Pontificia para la Reforma Litúrgica instituida por Pío XII, Promotor general de la Fe desde 1959 en la Sag. Cong. de Ritos y perito y secretario de la Comisión de la Sag. Liturgia en el Conc. Vaticano II.

Importa también subrayar que no era en absoluto alguien  adverso a la reforma litúrgica. Entre otras muestras de esta disposición suya podemos citar aquí la que consigna en su Diario el 4 de diciembre de 1963 cuando Pablo VI promulgó  la Constitución conciliar sobre la Liturgia:”Los huesos de San Pío X habrán exultado. La Constitución de la Liturgia no es más que el fruto precioso de una pequeña semilla puesta por él”[2].

Pero poco después de la creación del Consilium -el 3 de marzo de 1964- manifiesta una duda, que sería la primera después del entusiasmo inicial, referida a una cuestión podríamos decir de procedimiento y que será compartida por otras personas. La expresa así en la página 227: “Se le ha pedido al Consilium ad exequendam Constitutionem de Sacra Liturgia la aplicación de la Constitución litúrgica. Ahora bien, mientras no se pruebe lo contrario, el órgano de gobierno es la Cong. de Ritos; si se crea otro órgano de gobierno se originará una confusión”.

Confusión de la que él mismo va a ser víctima como aparece algunos meses después –8 de septiembre de 1964– cuando se pregunta si aquel momento concreto es el oportuno para llevar a cabo una reforma litúrgica de tal envergadura y responde: “No lo sé…,quizás algunas cosas tenían necesidad de ulterior maduración…”[3].

Y ya en pleno trabajo del Consilium Antonelli hace multitud de observaciones en su Diario. No es posible recogerlas todas. Por su especial interés ofrezco estas. 1) “No estoy entusiasmado con los trabajos -escribe tras la segunda sesión–.  Una reagrupación de personas, muchas incompetentes –así define Antonelli al Consilium– más en la línea de la novedad. Discusiones muy rápidas…, votaciones caóticas…. dirección débil” [4].

2) “Todas las cosas aquí presentadas pasan –escribe a propósito de la misma segunda sesión-…, hay prisa por avanzar y no hay tiempo de reflexionar…, el texto ha sido distribuido e inmediatamente ha comenzado el examen sin que uno haya tenido tiempo de reflexionar. No debería haber tanta prisa pero los ánimos están agitados y quieren avanzar”[5].

3) Y refiriéndose a la quinta sesión del Consilium: “Todo un estudio de racionalidad en la Liturgia y ninguna preocupación por la verdadera piedad”[6]. Pero no sólo la piedad está en juego, porque cuando en la VII sesión se discute sobre el rito de las ordenaciones sacerdotales el franciscano nota con sorpresa que entre las funciones del sacerdote no se cita su obligación principal “sacrificium eucharisticum offerre”. Pedirá explicaciones al respecto y las recibirá, pero sólo en parte le resultarán satisfactorias[7].

Y quizás lo que voy a leer a continuación no sea lo más importante, pero sí me ha impresionado hasta el punto de que de no haberlo visto –negro sobre blanco en el libro sobre el Cardenal–, no lo hubiera creído posible. “El Cardenal Lercaro no es hombre para dirigir una discusión. El P. Bugnini sólo tiene un interés: avanzar y terminar. Peor es el sistema de las votaciones [8]. Ordinariamente se hacen a mano alzada, pero nadie cuenta quién la alza y quién no; y nadie dice cuántos aprueban y cuántos no. Una verdadera vergüenza. En segundo lugar, no se ha podido nunca saber, y la cuestión ha sido planteada muchas veces, qué mayoría es necesaria: si de dos tercios o la absoluta. (…) Otra falta grave es la inexistencia de actas de las reuniones;  al menos no se ha hablado nunca de ellas y ciertamente no han sido leídas nunca”[9].

Esto lo escribe el 23 de abril de 1967,  a los tres años del arranque de las actividades del Consilium.

En fin…por supuesto que dice más cosas del ambiente y procedimientos del Consilium pero creo que esto baste para hacernos una idea.

Sólo dos detalles para concluir. ¿Cómo se explica que un organismo con una finalidad de tantísima importancia y presentando tales carencias pudiera funcionar desde el 3 de marzo de 1964 hasta el 9 de abril de 1970,  en que tiene lugar la primera sesión de la nueva Congregación del Culto Divino, de la que Bugnini será secretario mientras que Antonelli va a ocupar el mismo cargo pero en la también nueva Congregación para las Causas de los Santos, desglosada de la anterior, con lo cual el franciscano quedó así excluido de la escena de la reforma litúrgica?

Pues creo que bastará para responder a esto leer lo que dice en su Diario: “Podría decir muchas cosas de este hombre –Bugnini-. Debo añadir que siempre ha sido apoyado por Pablo VI. No quisiera equivocarme, pero la laguna más notable en el P. Bugnini es su falta de formación y de sensibilidad teológica…”[10].

Es decir que, según el testigo que seguimos, fue el apoyo constante de Pablo VI lo que explica la perduración del Consilium.

* * *  

 Canónigo André Rose: Miembro del Capítulo Catedralicio de Namur (Bélgica),  poco antes de fallecer concedió una entrevista[11] que se le solicitó con vistas a la elaboración de un estudio histórico sobre la reforma litúrgica. Fue teólogo y liturgista con el acento puesto en el Oficio Divino y varias obras publicadas al respecto, aunque en el Consilium se ocupó también de lo referente a las lecturas bíblicas, oraciones y prefacios. Fue miembro del Consilium todo el tiempo que éste funcionó como tal desde el 3 de marzo de 1964 hasta el 9 de abril de 1970, en que tiene lugar la primera sesión de la nueva Congregación del Culto Divino. Ahora bien, ya dentro de esa sesión se planteó el asunto de la multiplicación de las plegarias eucarísticas por obra de las Conferencias episcopales. Entonces tanto Rose como Martimort se opusieron. Veamos cómo describen el incidente Bugnini en sus memorias y el propio Rose en la entrevista. Así como las previsibles consecuencias.

Dice Bugnini: “Lamentablemente, los consultores de la minoría, que además estaban aislados, no se resignaron. Se distribuyó en todas partes un opúsculo anónimo titulado Observationes de opportunitate an inopportunitate Preces Eucharisticas novas conficiendas. Fue enviado a representantes de la Curia y a miembros de la Congregación. El cardenal de Berlín contestó enviando a todos los miembros su voto contrario a la introducción de nuevas plegarias eucarísticas. De las nunciaturas de Bonn y de Holanda llovieron manifestaciones de preocupación. Los consultores Rose y Martimort enviaron su voto contrario a la Congregación para la Doctrina de la Fe. Esto –concluye Bugnini-  se convirtió para ella en un arma de combate y causó grave daño a la Congregación para el Culto Divino”[12]. Y dice Rose: “Además de la supresión del ofertorio se multiplican las preces eucarísticas. Mire la plegaria n.º 2; no puede estar más adulterada. ¡Y aún les parecía poco! Fue por eso por lo que dije “no”; lo que me valió que me pusieran de patitas en la calle”.

Estas expresiones espontáneas del Canónigo no le impiden ser prudente a lo largo de la entrevista cuando se trata de temas que no le constan con plena seguridad. Aunque tampoco los niega, precisamente. Así, por ejemplo, cuando le preguntan sobre la filiación masónica de Bugnini y la contribución efectiva de los observadores protestantes.

Veamos, para no alargarnos, algunas coincidencias con  el testigo anterior, en concreto sobre la persona de Bugnini y sobre el papel de Pablo VI en la perduración y resultados del Consilium.

Así, cuando le preguntan cuál era la “fuerza motriz” que impulsaba una máquina tan compleja como el Consilium, responde simplemente: “¡Bugnini!”

Y poco después añade: “Bugnini carecía de profundidad de pensamiento. Fue grave nombrar a un veleta como él en el puesto que desempeñaba. ¡Que la gestión de la Liturgia estuviera en manos de un hombre semejante, de un superficial…!”.

Y cuando el entrevistador alude a la posible intervención moderadora de Pablo VI, que se sabe seguía en persona el desarrollo de los trabajos del Consilium, Rose responde: “Es verdad. Pero Bugnini siempre estaba con él dándole explicaciones”. Y añade esta sabrosa anécdota: “Un día estaba yo con el P. Dumas en la plaza de San Pedro (era al principio, cuando los problemas aún no se habían agravado mucho). Nos encontramos con Bugnini, quien nos señaló las ventanas de los aposentos de Pablo VI diciendo: “¡Rueguen, rueguen para que conservemos a este Papa!”. Lo decía porque manipulaba a Pablo VI: iba a informarle pero le contaba las cosas a su sabor. Luego volvía diciendo:“El Sto. Padre desea esto, el Sto. Padre desea aquello”; pero era él quien, por debajo de la cuerda…”

Y para concluir esta referencia al testimonio de Rose sobre Bugnini diremos algo que nos puede servir para valorar con objetividad el libro de éste que citamos en la nota n.º 12: “Escribió después libros enteros para justificar su reforma, pero cuando llegaba yo a Roma e iba a saludar a Martimort, éste me contaba todos los manejos de Bugnini para lograr que se aprobara todo lo que quería”.

Yendo más allá de las anécdotas, ¿en qué medida influyó lo antes dicho en la reforma litúrgica y, como veremos, en la crisis eclesial? Pues ya nos ha dicho que la plegaria eucarística II[13] No puede estar más adulterada. ¡Y aún les parecía poco!” Pero hay más. Refiriéndose al ofertorio de la  Misa Tradicional dice textualmente: “Se pasó el cepillo sobre el ofertorio. Dom Capelle no quería ni oír hablar de él. Decía que en él se habla como si el sacrificio ya se hubiera consumado, se corre el riesgo de creer que todo ha terminado ya. No se daba cuenta de que todas las liturgias presentan tal anticipación. En el ofertorio se coloca uno ya en la perspectiva de la consumación”.

Esto con respecto al ofertorio. Con respecto a la mención de Satanás en la Liturgia declara lo siguiente: “No creían ya en el diablo; por lo menos algunos. Pero las cabezas dirigentes se pusieron de acuerdo para que no se notasen mucho tales cambios. Dichas supresiones no se mencionaron en los criterios de revisión. Pero está claro que algunos del Consilium no creían ya en el diablo”.

Con respecto al papel moderador que habrían podido ejercer en el Consilium los únicos miembros del mismo en sentido estricto, que eran los obispos, los únicos que tenían derecho al voto, dice los siguiente: “Los obispos que tenían sus sesiones en el Consilium no eran nada del otro mundo. Sólo dos me dejaron cierto recuerdo: Mons. Isnard, de Nueva Friburgo (Brasil), y Mons. Jenny, de Cambray. Los expertos, en cambio, eran competentísimos. Su orientación era harina de otro costal, pero eran competentes. Eran ellos los que hacían el trabajo”.

CONCLUSIÓN

         Y finalmente, ¿qué relación tienen la crisis de la Iglesia y la crisis litúrgica entendiendo por liturgia la que salió del organismo de que estamos hablando? Así lo explica Fray Ferdinando: “En la Liturgia toda palabra, todo gesto, traduce una idea, que es una idea teológica. Dado que hoy día se impugna la teología en su totalidad, las teorías corrientes en los teólogos vanguardistas se ceban en la fórmula y en el rito, con esta consecuencia gravísima: que la discusión teológica permanece en el alto nivel de los hombres de cultura, pero, una vez bajada hasta la fórmula y el rito, lleva camino de divulgarse entre el pueblo” [14]

         Por su parte, concluyamos con esta cita de Mons. André Rose: “Hay que salir de esta situación lo antes posible. Se impone revisarlo todo. ¿Pero dónde se hallarán los competentes? Sería menester que no llamasen de nuevo a personas como las causantes de la catástrofe que hemos sufrido”.

 

[1] NICOLA GIAMPIETRO, El Cardenal Ferdinando Antonelli y la reforma litúrgica, Ediciones Cristiandad,  Madrid, 2005.

[2]  O.c., pág. 210.

[3] O.c., pág. 214.

[4] O.c., pág. 237.

[5] O.c., pág. 238.

[6] O.c., pág. 243.

[7] O.c., pág. 247–247.

[8] Los subrayados son míos.

[9] O.c., pág. 248.

[10] O.c., pág. 279.

[11] Puede verse la entrevista completa en:  ]]>Si Si No No]]>

[12] ANNIBALE BUGNINI,  La Reforma de la Liturgia (1948-1975), BAC maior, Madrid 1999, pág. 414 nota al pie.

[13] La que comienza por las frases : Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad. Santifica estos dones…

[14] NICOLA GIAMPIETRO, El Cardenal Ferdinando Antonelli y la reforma litúrgica, Ediciones Cristiandad,  Madrid 2005, pág. 272

 

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