Ducadelia y Francisco: una tentación periodística

Un buen amigo mío publica un interesante artículo en el que parangona aspectos de los dichos y hábitos de Bergoglio-Francisco con un personaje del P. Castellani, Ducadelia, en su novela fantástica Juan XXIII (XXIV) Una Fantasía. Nada más impertinente. Se lo he dicho en privado y ahora se lo digo en público.

Yo creo que se ha dejado tentar por un material que tiene atractivo periodístico. Si se tratase de cualquier otra materia no pensaría ni un minuto en contestar sus afirmaciones, porque cada uno es libre de fantasear,  pero en este caso no hay parvedad de materia fantaseada. La materia es grave, al menos potencialmente. No porque Carmelo López Arias Montenegro, el autor del artículo, le atribuya a los hechos demasiada importancia, sino porque creo que involuntariamente contribuye a cimentar una imagen equivocada del Papa Francisco que está teniendo éxito en el ambiente neocon católico internacional.

Parece que Bergoglio, superior provincial de los jesuitas tuvo algún contacto con el P. Catellani, ex jesuita, expulsado de la orden en 1949 y suspendido a divinis. Parece que ha leído algunas de sus obras. Sería sorprendente que no hubiese ocurrido, siendo en la Argentina, en particular en el catolicismo y en los núcleos de pensamiento tradicional una figura venerada.

Pero los lectores, discípulos y aún amigos del P. Castellani han seguido derroteros muy diversos. Rodolfo Walsh, por ejemplo, terminó como miembro del servicio de inteligencia de Montoneros, muriendo en un tiroteo en las calles de Buenos Aires. El P. Mejía, después de traicionarlo arteramente como peaje de una carrera eclesiástica lucida, terminó cardenal y reside en Roma, ya muy anciano. De hecho Francisco lo ha visitado en su lecho de dolor a poco de asumir. Mejía ha sido uno de los “agitadores” progresistas del Concilio Vaticano II, (Ver el testimonio de Ralph Wiltgen en “El Rihn Desemboca en el Tiber”). Y es también uno de los miembros claves del lobby gay que Francisco ha mencionado recientemente. Lo mismo que Mons. Maccarone, el cual, cuando fue sorprendido y videograbado en las peores circunstancias imaginables en compañía de un chofer de autos de alquiler, recibió el apoyo acrítico de la mesa ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina, presidida por Bergoglio. No me imagino ni a Ducadelia ni a Castellani en tales compañías.

Derroteros diversos, ninguno fiel a las enseñanzas de Castellani.

También es cierto lo que menciona el autor sobre el pasado “derechista peronista” de Bergoglio, así como lo es su conversión a una versión “light” de la Teología de la Liberación, llamada algo así como Teología de la Pobreza. Por perseguir a la segunda pasó de Superior Provincial a portero de una casa de la orden en Córdoba. Era la época en que la línea teológica fundada por Gustavo Gutiérrez tenía fuerte predicamento en la Compañía.

Luego Bergoglio se reconvirtió y adquirió inmunidad. Los mismos que sufrieron su persecución o fueron excluidos de su consideración por militar en esta zona de la izquierda eclesiástica en otros tiempos, ahora niegan tal persecución y lo defienden, entre ellos el ex fraile Leonardo Boff.  Otro ejemplo de esta reconversión desmemoriada es el fraile Puigjané, guerrillero partícipe del crudelísimo ataque al regimiento militar de La Tablada en 1989, el cual, después de cumplir condena, fue reintegrado a la vida religiosa y acogido por Bergoglio, sin aparente arrepentimiento ni “autocrítica”.

Lo mismo podemos decir del ex obispo de Avellaneda,  Jerónimo Podestá, y su “esposa”, Clelia Luro. El primero murió sin arrepentimiento público, absuelto por Bergoglio y la segunda goza de los llamados telefónicos solidarios del actual Papa, también irrepenta.

De modo que un contacto, incluso estrecho y hasta de amistad personal o discipulado no garantiza nada, menos en las décadas en que ocurrieron estos hechos, donde todo pasó a estar patas para arriba en pocos años.

Juan XXIII, la novela y el papa

En 1964 el P. Castellani dedica al papa Juan XXIII una novela que titula así: Juan XXIII, (XXIV), una Fantasía.  El texto de la dedicatoria reza: “Al Papa que me devolvió la misa”. Acto que ha de haber ocurrido antes de la muerte del papa Roncalli, en 1963. Pero la restitución total de las licencias sacerdotales del P. Castellani se concedio en 1966, bajo Paulo VI. Lo cual significa que Juan XXIII dio un paso importante, no completo, en la reivindicación del sacerdote Castellani. El permiso para celebrar, aunque con restricciones.

El agradecimiento fue tal que, sin que parezca haber una relación temática, nombró la fantasía del papa Ducadelia con el nombre del Papa Roncalli, y hasta su fotografía ilustró las tapas de los libros. Gesto muy propio del P. Castellani, hombre de bien.

El P. Castellani había vivido un calvario en la orden de San Ignacio, en gran medida a causa de su temperamento. Los defectos que vio y denunció dentro de la orden fueron reales. El modo de hacerlo, ingenuo y temerario. Había, (Dios nos la devolviera para estos tiempos en que hasta eso escasea) una mediocridad intelectual que para un hombre de los quilates y la formación de Castellani ha de haber sido un sufrimiento difícil de sobrellevar. Su modo de referirse a estos personajes  de poco vuelo no perdonó ironías ni sarcasmos. La envidia de algunos de los afectados, por otro lado, hizo lo propio, porque el P. Castellani tenía un talento extraordinario y originalísimo como teólogo, escritor, apologista, narrador... Pero su modo de proceder era casi pueril, y sirvió en bandeja argumentos a sus enemigos.

Tímido hasta lo patológico, cuando era citado a hacer descargos, Castellani casi no decía palabra, pero apenas salía de esas convocatorias donde se le daba la oportunidad de defenderse de las acusaciones, escribía diatribas furibundas a modo de cartas a sus superiores o artículos públicos. En la estructura y en los hábitos de la Iglesia preconciliar (y en la actual también, como en cualquier burocracia) lo que está escrito pesa mucho más que lo dicho. Sus enemigos supieron incriminarlo sin dejar sus huellas en las maniobras. El no se supo defender, y dejó todos los dedos marcados en cada denuncia. El final no podía ser muy distinto.

Castellani y el fariseísmo

¿Fue víctima del fariseísmo? No hay duda, pero más de su propia intemperancia como escritor o polemista. Y de su ingenua manera de presentar los hechos, al suponer o exigir que todos sus lectores o interlocutores tuviesen el sentido del humor o la amplitud mental como para celebrar sus ocurrencias. Cuando fue acusado de reunirse en una famosa confitería de la calle Florida, en Buenos Aires, a horas más que decentes, a tomar el te con una dama joven, que era su penitente y lectora hubo de hacer un descargo. Le fue señalada la inmodestia del encuentro para un religioso –jesuita para más- en aquellos tiempos. Respondió que la Iglesia no le permitía tener esposa, pero nada le impedía tener novia.

Era un chiste y una forma de sarcasmo. Lo crucificaron.

El fariseísmo es un modo de actuar según el cual se sostiene la doctrina correcta pero se vive conforme a un espíritu distinto del evangélico. Así, los fariseos que acusaron a Nuestro Señor invocaron la ley, pero lo juzgaron y condenaron contra lo mandado por la Ley. (Ver La Asamblea que Condenó a Cristo”). La envidia, el odio, la hipocresía, la adhesión verbal a la verdad, pero su falta de respeto por ella en los hechos. Eso es el fariseísmo.

Lo que predomina en la Iglesia actual no es tanto el fariseísmo per se, como la heterodoxia, a la cual se suma, además, el viejo defecto clerical del fariseísmo. Catellani no luchaba tanto contra heterodoxos en su orden, sino contra mediocres y gente apoltronada en una cierta piadosa mundanidad. También supo marcar, es bien cierto, los orígenes del neomodernismo, particularmente en el orden intelectual. Pero su lucha cotidiana se dirigió a los liberales, amigos del poder, acomodaticios y carreristas.

¿Usa el Papa Francisco la temática de Castellani en su programa de homilías y alocuciones? Es difícil decir que no haya coincidencias. Pero es más difícil aún decir que se trate de un programa inspirado en el pensamiento y menos en la obra de ficción de Castellani. 

El autor cita a Juan Manuel de Prada, meritorio “descubridor” de Castellani en España.  Y de Prada es un literato, un novelista que está en camino de su conversión completa a la doctrina tradicional. Sigue teniendo algunas cosas recién tragadas en el buche, en maceración.

"Juan XXIII (XXIV) es una novela que, como toda la obra de Castellani, debe ser interpretada en clave escatológica”, nos explica Prada: “La Iglesia que aquí comparece es una Iglesia que se aproxima a los últimos tiempos: las guerras y rumores de guerra son su trasfondo constante; el Papa ha sido desalojado del Vaticano y se ha refugiado en San Juan de Letrán, el asedio masónico a la Iglesia (y hasta su infiltración en la propia Iglesia) es constante. Aquella visión que empujó a León XIII a escribir la oración a San Miguel Arcángel que se rezaba antaño al final de la misa parece una referencia evidente en la trama de la novela”, cita el autor del artículo.

Nada que objetar, salvo la aplicación al Papa Francisco. Los mismos que en la novela persiguen al papa Ducadelia, en la realidad felicitan al Papa Francisco.  Por primera vez en la historia las logias se congratulan públicamente de una elección papal.

Literariamente, Juan XXIII no es la mejor obra de Castellani, es más bien un producto de su extrema sensibilidad herida, sus años de ostracismo y la esperanza que generó en él el Concilio Vaticano II, esperanza que murió a poco de cerrar el propio Concilio.  Es fácil para un temperamento sensible y aniñado como el de Castellani abrazar la causa del papa que le devolvió la misa. Y es también inevitable, para una cabeza lúcida y un corazón amante de la verdad, reconocer el desastroso  resultado de sus ilusiones.

Yo creo que Juan XXIII es como Utopía de Tomás Moro, una fantasía, una ironía, un divertimento. Algo que el P. Castellani no habría sostenido como teólogo en sus aparentes propuestas más radicales.  Es un desahogo literario, y como ejemplar de ese género debe ser leída. Si Ducadelia viaja en subte (o metro) y el Cardenal Bergoglio lo mismo, será porque ambos vivieron en Buenos Aires, donde se va mucho mejor por abajo que por arriba. 

Si Castellani elogia a Santa Teresa por no ceñirse a su mundo monjil para fundar la reforma de su orden (imposible sin las poderosas ayudas que recibió de damas nobles, jerarcas eclesiásticos, etc. no por eso estamos autorizados a analogar esta actitud a lo que propone Francisco cuando habla de salir de la Iglesia (o de la iglesia, por mejor decir), que no tiene nada de novedoso, porque eso es el apostolado. Porque Francisco habla de esto en sentido material y también filosófico (aunque no sepamos bien que significa) cuando recomienda ir a las periferias existenciales. Castellani no era aficionado al tango, y esto suena a letra de tango, como si dijera, (no se sorprendan de que lo haga en estos días) “la vida es una herida absurda, y burda… sin Cristo”.

Yo encontraría una coincidencia en el fútbol. Castellani lo elogia como un deporte jerárquico, viril, que estimula la generosidad… Francisco es hincha de San Lorenzo.  No, tampoco en esto. Castellani no era “hincha”, sino observador de la realidad sociológica, es decir, que miraba con distancia, todo lo contrario del  “hincha”.

Ducadelia huye del papacio pontificio porque está en manos de sus enemigos. Francisco lo deja vacío para ir a vivir a un hotel…

Ducadelia prohibe a los eclesiásticos tener valores tales como activos financieros.  Francisco habla de reformas en el IOR, que aún no han ocurrido. Materia de especulación.

Castellani era amigo de muchos judíos, yo he conocido a algunos. El decía que eran verdaderos israelitas en los que no el dolo no existía, parafraseando a Nuestro Señor en su elogio de Natanael-Bartolomé. Bergoglio, en cambio, es elogiado por el Sanedrín. Finalmente, al P. Castellani lo han llamado siempre “antisemita”.  No, que yo sepa, a Bergoglio.  Ducadelia puede haber ido de visita a Israel. A Castellani no lo hubieran dejado pasar la frontera. El creía en la conversión de los judiós que profetizó San Pablo es dogma de Fe. No creía en lo que hoy se llama “diálogo interreligioso.

Respecto a la forma de gobernar, Bergoglio-Francisco sigue los dictados de una de las frases preferidas de Perón: “si quieres que no se haga nada, crea una comisión”.  Los cardenales notables no tendrán nunca el poder porque Bergoglio es hombre de poder, nacido para la monarquía, aunque desprecie el protocolo. Es más bien un monarca sin corona, un populista al estilo Kirchner, si a la hora de analizar su estilo de mando tenemos que hacer una comparación.  Olviden toda forma de colegiatura o poder compartido, porque Francisco dejará que los otros deliberen y él tomará las decisiones.

Por último, el P. Castellani nunca abandonó la misa tradicional. No del todo, al menos. Y cuando tuvo oportunidad de reunirse con Mons. Lefebvre en la Argentina, dos veces, salió de la reunión diciendo: “Yo no sé si es un santo, pero… (parece)”. No creo que sea la opinión del Papa Francisco sobre el fundador de los restauracionistas pelagianos.

Los que quieran l]]>eer el artículo original pueden hacerlo en este vínculo.]]> Que se diviertan.

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