El Arzobispo de Ciudad Gótica

La realidad de la Iglesia Hispanoamericana

Entremés en tres cuadros y una salida elegante.

Escribe el Editor y Responsable

Cuadro Uno: La Ofensa

En uno de los salones del palacio episcopal de Ciudad Gótica, el Sr. Arzobispo, Mons. Añamengüí (basko de pura cepa) lee y relee textos sobre el eneagrama tratando de descifrar los arcanos de esta ciencia que -le impresiona- va a revolucionar la concepción del hombre. Sin embargo, los símbolos se hacen esquivos a su mente formada en las rígidas premisas aristotélico-tomistas. Su vicario general, el Padre Patricio (familiarmente llamado "Pato") lo observa con el rabillo del ojo buscando la oportunidad de prestar un favor que allane el camino a la sotana ribeteada de morado -para usar solo en las grandes ocasiones, naturalmente, alguna audiencia en el Vaticano o reunión interreligiosa-. A los efectos de la información del espectador, deberá dejársele en claro que al Padre Pato, que es el Vicario General, el clero y lo más granado de la feligresía lo moteja a sus espaldas "Pato Vica".

Mons. Añá: No me entra.

Pato Vica: No me parece que haya engordado, Monseñor.

Mons. Añá: No me entran las nociones básicas del eneagrama. No puedo entender. Siento que hay algo grandioso aquí, pero no me entra.

Pato Vica: Monseñor, es muy simple. El Eneagrama es una filosofía y técnica que estudia el comportamiento humano y las relaciones interpersonales. Dicha técnica observa y agrupa las conductas humanas con el fin de comprender mejor nuestra naturaleza y buscar así establecer relaciones individuales y sociales más armónicas, productivas y tolerantes.

Mons. Añá: No, te equivocás. Eso es un documento del Concilio... la declaración... ¡ay!, ¿cual es? Esa en latín... Novorum... algo...

Pato Vica: Disculpe, Monseñor, no quiero contradecirlo pero esta es la definición del eneragrama. No le niego que tiene un aire, pero esta no es del Concilio...

Mons. Añá: Che, Pato Vi...

La gélida mirada del Vicario interrumpió al prelado, que advirtiendo la gaffe trató de patear la pelota al corner. Pero ya era tarde. Solo una cosa irritaba más al Vicario General que lo llamaran Pato Vica, y era que lo llamara así el Arzobispo. Con la hiel hirviendo y la sangre helada, disimuló su disgusto mientras juraba venganza en su fuero interno. Esta vez no la dejaría pasar.

Pato Vica: Hable, Excelencia, su servidor lo escucha.

Mons. Añá temió lo peor, pero ya era tarde y convenía cambiar de tema cuanto antes. Así que fue directo al grano.

Mons. Añá: Padre Vicario, necesito uno o dos asesores que me expliquen este intríngulis del eneagrama porque se está enseñando en todas mis parroquias y yo todavía no sé bien de qué se trata.

Los ojos serpentiles del Vicario se iluminaron con un fulgor preternatural.

Pato Vica: Monseñor, pierda cuidado. Tengo dos expertos que lo van a asesorar de modo que no solo lo va a entender sino que además se va a convertir en un especialista en el tema. El Padre Quito Lamerde y Mons. Inciso.

Sería injusto decir que Mons. Añá no sospechó alguna suerte de truco maligno en la propuesta. Pero prefería caer en esto antes que la venganza de Pato Vica llegara al límite de deslizar intimidades curiales a un periodista del Daily Gotic que en la columna de chismes religiosos siempre tenía lugar para ventilar asuntos de discreto tratamiento. De modo que poniendo su mejor cara de nada, asintió, dejando los detalles del encuentro en manos del Vicario General.

Cuadro Dos: la Venganza

El plan de Pato Vica era sencillo. Iba a reunir al canonista de la Arquidiócesis, Monseñor Segundo Inciso, que tenía bajo estudio un libro de memorias del cura Quito Lamerde, y estaba tratando de pasarle la papa caliente a alguien que no fuera él, dado el evidente desinterés del Arzobispo por el tema. Al autor de libro, temía un proceso por sus declaraciones escandalosas y su inconducta pública, porque aunque era un descarado, no quería perder su canonjía. Ambos se presentarían al Sr. Arzobispo, sin decirle claramente a ninguno (Arzobispo incluído) el motivo de la reunión, el cual cada parte daría por descontado.

Lo tuyo es realmente preternatural, Patito, (así se llamaba a sí mismo, cariñosamente) ¡preternatural! Se dijo el vicario sotto voce empalagado por su propia astucia.

Cuadro Tres: Babel rediviva.

A la hora señalada del día señalado, en el salón de reuniones íntimas del palacio, Pato Vica acompañó a los visitantes y les indicó sus respectivos asientos. Mons. Añá. miró al vacío con aire mayestático mientras el Vicario daba la puntada inicial de la conversación que sobrevendría.

Pato Vica: Monseñor, todas las partes están debidamente informadas del tema en cuestión, dijo, haciendo un ostensible ademán de retirarse, el cual fue detenido por un gesto de invitación del Arzobispo a formar parte del cónclave.

Mons. Añá: Gracias, Padre Vicario. Uds. ya saben de que se trata todo esto...

Asentimiento solemne de Mons. Inciso, cínico del P. Lamerde y risueño de Pato Vica.

Mons. Añá: ¿Vale la pera andar con preámbulos?

Todos: ¡Noooooo! (Notablemente la respuesta fue unánime, pero ninguno pensaba lo mismo que el otro ni tenía el mismo propósito).

Mons. Añá: A ver, Padre Lamerde, Ud. -según me han dicho- es un experto en esto. Empiece con los siete tipos.

Mons. Inciso: Excelencia, ¿no podríamos dejar el asunto de lo tipos para después? Empecemos con lo de las tipas, que ya tiene bastante miga...

P. Lamerde: Mire, obispo, tengo la conciencia limpia. Hice lo que sentía así que me da lo mismo empezar con los tipos o con las tipas.

Mons. Añá: ¡No sabía que había tipas en el asunto! ¿Son siete también?

P. Lamerde: Bueno, si voy a hablar sin tapujos creo que son muchas más... aunque no las tengo contadas.

Mons. Añá: Padre, no se vaya por las ramas. No es cuestión de esconder su erudición en el tema. Me interesa todo...

P. Lamerde: Pero si yo no escondo nada. Hasta lo tengo publicado. (Con orgullo) ¡Siempre he hablado sin tapujos!

Mons. Añá: Eso, eso. Hable sin tapujos. ¿Cual es su tipo...? ¿Lunar, saturnino, venusino, jovial...?

Mons. Inciso: Por lo que he leído todos le vienen bien...

P. Lamerde: Oiga, canonista, no se meta en esto. A mí no me va a venir a decir Ud. cuál es mi tipo.

Mons. Añá: Calma, señores. El tema es complejo. He leído que este estudio analiza conductas humanas y ciertos rasgos físicos en los individuos, y los estudia bajo siete tipologías base. No es fácil quedarse con un solo tipo. Tienden a entremezclarse.

P. Lamerde: Si lo sabré yo...

Mons. Inciso: Esa parte del libro yo no la leí. ¡Me han ocultado capítulos! Exijo que se me muestre todo el material...

Mons. Añá: Monseñor Inciso, no se sulfure. Puede ser que Ud. haya tenido más relación con Gurdjieff, y el P. Lamerde con Collin.

Mons. Inciso: ¡Yo no tuve relación con nadie...!

Mons. Añá: Me extraña, me dijeron que Ud. sabía mucho del tema...

Mons. Inciso: Bueno, en razón de mi oficio he tenido que ver demasiadas cosas... Pero desde lejos, como juez, naturalmente.

Mons. Añá: (decepcionado del canonista) ¿Y Ud. qué nos dice, Padre Lamerde?

P. Lamerde: No me pida nombres... a lo sumo iniciales. Como hice en mi libro.

Mons. Inciso: Eso, vamos a lo importante, al libro del P. Lamerde, aquí presente.

Mons. Añá: ¡Ah, pillo! Tenía un libro escrito y no me lo mandó...

P. Lamerde: (sorprendido y alagado) Bueno, reconozco que quizás haya cometido una descortesía... pero se vende en todas la librerías y es un gran éxito. ¿Le puedo firmar uno, Monseñor?

Mons. Segundo Inciso está color verde. No puede articular palabras...

Mons. Añá: ¿Y cuál de los métodos ha seguido, el Numérico o el de Esencias?

P. Lamerde: (desconcertado, tratando de entender a qué se refiere el obispo) Mire, la verdad, no le hago asco a nada.

Mons. Inciso: (tomando coraje) Monseñor, creo que esto tiene que tener una salida decorosa. No puede ser que el P. Lamerde ande por ahí contando lo del tipo... ni firmando libros...

Mons. Añá: Pero si para eso estamos acá... Cuente, padre, cuente...

P. Lamerde: (indeciso) ¿Para qué, si ya está todo escrito?

Mons. Añá: Insisto en que cuente hasta el último detalle...

P. Lamerde: (por lo bajo, al arzobispo aludiendo a Segundo Inciso) Es que este me va a botonear... hay cosas que no las puse.

Mons. Añá: ¿Y con qué derecho se reserva para Ud. una experiencia que puede ser útil a mi comunidad eclesial?

Mons. Inciso: Pero, monseñor, ¿no le parece que convendría bajar un poco el tono a las experiencias del P. Lamerde?

Mons. Añá: De ninguna manera. Yo mismo me propongo ser un experto en el tema, ¿verdad Padre Canciller? (guiñando un ojo). Yo mismo voy a hacer experiencias en todas las parroquias con mi tipo más adecuado, para edificar a mi comunidad eclesial...

Profundo silencio.

El gesto broncíneo de Mons. Añá. quedó petrificado en el aire. Ninguno de los tres asistentes a tan magistral declaración se animó a mirar a los demás. Sin embargo se adivinaban sobre sus hombros inclinados, casi prosternados, las agitaciones de una suave convulsión. Nadie podría discernir si se trataba de una risa ahogada, un sollozo a punto de estallar o el sofocón de una sorpresa inconcebible.

Pasaron helados segundos como horas, hasta que el P. Vicario, recobrando su compostura logró decir.

Hablando de edificar, tenemos al arquitecto esperando. Vamos a tener que postergar la reunión para otro día. Hoy nos trae el croquis de la nueva iglesia... la que tiene forma de huevo duro...

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