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El Cuarto Secreto de Fátima (parte II final)

Culminando el interesantísimo artículo de John Venari publicado en su primera parte en la edición anterior cumplimos con el compromiso de dar una reseña completa de este libro excepcional, salpicada, es verdad, por la opiniones personales del periodista. Su estilo franco y directo no desmerece, por el contrario, el valor de su testimonio. Venari, justamente, proviene de una posición doctrinal mucho más dura que la de Socci, el autor del libro.

(Para ver la primera parte del artículo, presione este vínculo)

Esta evidencia al rojo vivo, publicada por vez primera en el libro del Sr. Socci, es la primera en la que un alto funcionario vaticano, si bien uno ya retirado, admitió que sí, existe un –para decirlo en las palabras de Socci- “Cuarto Secreto, o por mejor decir, una segunda parte del Tercer Secreto (evidentemente una continuación de las palabras de Nuestra Señora interrumpidas por el ‘etc.’), que aún no ha sido revelado, y que fue por otro camino dentro de los muros del Vaticano”.

Los católicos que durante los últimos seis años han sufrido el ridículo y el desprecio por insistir en que el Vaticano no había revelado el Secreto completo, que insistían en que había dos textos, son reivindicados por los hallazgos que publica el Sr. Socci en “El Cuarto Secreto de Fátima”.

Otra discrepancia: “Expresiones en Dialecto Portugués”

En el mismo capítulo, Socci pone en el tapete otros puntos que sugieren don textos diferentes del Secreto. Uno de los más impactantes concierne a las así referidas “expresiones en dialecto portugués” que el Secreto contiene.

Socci nota que el Cardenal Ottaviani había dicho que cuando Juan XXIII abrió el sobre [conteniendo el Secreto] y lo leyó, entendió perfectamente, aunque estaba escrito en portugués. Sin embargo, el Hermano Michel de la Sainte Trinité, autor de “Toda la Verdad sobre Fátima”, señala que el Papa había requerido la asistencia de un cierto Mons. Tavares para ayudarlo a entender algunas expresiones portuguesas. El Arzobispo Capovilla también testimonia que, puesto que el texto contiene expresiones de dialecto portugués, “se llamó a un sacerdote de nombre Mons. Tavares”.

Socci insiste en que esta discrepancia solo puede ser entendida si hay dos textos del Secreto, uno que Juan XXIII podía leer sin ayuda de Mons. Tavares, y otro que requería de su asistencia.

Socci probó su teoría consultando a Mariagrazio Russo, una experta en lengua portuguesa, quien dirigió un análisis muy preciso de la visión del Secreto dada a publicidad por el Vaticano en 2000. No solo concluyó Russo en que hay muchas inexactitudes en la traducción oficial del texto portugués de cuatro páginas de la Hermana Lucía (lo que resulta curioso en un documento de tal importancia), sino que ella no encontró ningún tipo de “expresión regional ni dialectal”. Esto solo puede significar que lo que el Vaticano reveló es diferente de lo que leyó Juan XXIII, en lo cual había “expresiones dialectales”, por lo cual debió requerir de un asistente portugués.

¿Como pudo haber ocurrido?

Socci plantea una hipótesis de lo que puede haber pasado en 2000 tras los muros vaticanos. Afirma que Juan Pablo II y el Card. Ratzinger querían revelar el Tercer Secreto en su totalidad, pero que el Card. Sodano, por entonces Secretario de Estado, se opuso a la idea. La oposición del Secretario de Estado significa una presión formidable.

Se llegó, pues a una solución de compromiso que lamentablemente no revela la existencia de virtudes heroicas en ninguno de los actores.

La visión del “Obispo vestido de blanco” que está reproducida en las cuatro páginas escritas por la Hermana Lucía sería revelada inicialmente por el Card. Sodano, en conjunto con su absurda interpretación de que el Secreto no es nada más que una predicción del intento de asesinato del Papa Juan Pablo II en 1981.

Al mismo tiempo, el 13 de mayo de 2000, durante la ceremonia de beatificación de Jacinta y Francisco, el Papa Juan Pablo II “revelaría” la otra parte, la “terrorífica”, del Tercer Secreto oblicuamente, en su sermón. Es por eso que Juan Pablo II habló en su sermón del Apocalipsis: “Otro portento apareció en el Cielo; un gran dragón” (Ap. 12, 3). Estas palabras tomadas de la primera lectura de la Misa nos hacen pensar sobre una gran batalla entre el bien y el mal, mostrándonos como, cuando el hombre deja de lado a Dios, no puede alcanzar la felicidad, sino que termina destruyéndose a sí mismo… El mensaje de Fátima es una llamada a la conversión, una alerta a la humanidad para que no tenga relación alguna con el “dragón”, cuya “cola barrió un tercio de las estrellas del Cielo, y las precipitó a la tierra”. (Ap. 12:4).

Los Padre de la Iglesia han interpretado siempre a “las estrellas del cielo” como el clero, y las estrellas barridas por la cola del dragón indican un gran números de miembros del clero que caen bajo la influencia del Demonio. Este fue el modo en que Juan Pablo explicó que el Tercer Secreto también predice una gran apostasía.

Fue una revelación implícita del secreto. Así, el Vaticano, y el Papa mismo, no podrían ser acusados de mentir ante la pregunta directa: “¿Se ha revelado completamente el Tercer Secreto”? Respuesta: “Si, ha sido completamente revelado”.

Algunos podrán juzgar esta hipótesis traída de los pelos. Las personas normales, se podría objetar, no actúan de esta manera. Yo, sin embargo, la encuentro perfectamente plausible.

Primero, tenemos el testimonio de Mons. Williamson, de la FSSPX que relata que un sacerdote austríaco de su amistad le dijo que el Card. Ratizinger le había confiado (al sacerdote austríaco) que tenía dos pesos en su conciencia. Uno era el mal manejo del Mensaje de Fátima del 26 de junio, el otro el del problema con Mons. Lefebvre en 1988. “Me equivoqué”, habría dicho con respecto a Mons. Lefebvre. “Me torcieron la mano”, respecto a Fátima. La hipótesis de Socci es coherente con la confesión atribuida al Card. Ratzinger de haberse dejado “torcer la mano”.

En segundo lugar, cualquier que conozca la “romanita” vaticana no tendrá dificultad alguna en aceptar la probabilidad del procedimiento que plantea la hipótesis.

El Vaticano es una burocracia romana que está en posesión del lugar desde los tiempos de Carlomagno. Puede ser extremadamente prudente y sutil cuando actúa por derecha, y evasiva y astuta cuando lo hace por siniestra. Es experta en escurrirse de las situaciones embarazosas. Ni afirma ni niega. Responde a la preguntas con otras preguntas. Se evade con un delicioso encanto.

Como estamos viviendo el período en el que el “humo de Satanás ha entrado en la Iglesia”, debemos admitir con dolor que el Vaticano posconciliar, en muchas ocasiones, ha abandonado el dictado evangélico “Que tu sí sea sí, y que tu no sea no”. (Mt. 5:37). Esta es una de las razones del impacto de la publicación tradicionalista Si si, no no, dado que obtener un Si o un No directos de los funcionarios vaticanos actuales –descubrir los que realmente piensan- puede llegar a ser un tarea imposible.

Dos ejemplos pueden ilustrar

El Papa Juan Pablo II presentó su “Pedido de perdón Papal” el 12 de marzo de 2000 como parte de año jubilar del milenio. Le pidió al Card. Ratzinger que preparara una defensa teológica del programa de “Pedido de Perdón” con el fin de ser editado por Doctrina de la Fe.

El Card. Ratzinger, que ciertamente es un hombre de pensamiento progresista, no aprobaba sin embargo este pedido de perdón. Así fue, pues como el manejó la comisión: según relata el vaticanista Sandro Magíster, uno de los periodistas más ratzingerianos de Roma, el cardenal redactó argumentos contra el programa de Pedido de Perdón con gran firmeza y precisión. Luego construyó las respuestas a estos argumentos de un modo poco riguroso y débil. Fue su modo de afirmar, indirectamente, que el programa papal era indefendible teológicamente.

Sin embargo no se atrevió a decirlo abiertamente. Nadie, sin una extraordinaria clarividencia capaz de leer la mente del cardenal podría decir cual ha sido su intención. Pero, finalmente, lo que el católico de a pie asumió fue “Memoria y Reconciliación”, uno de los documentos doctrinariamente más insensatos y ridículos producidos por el Vaticano posconciliar, un delirio producto de un estado de postración. Sin embargo, este documento vino del hombre cuya función primordial era defender la integridad de la doctrina.

De nuevo, nadie podría acusar al cardenal de poseer virtudes heroicas, pero esto nos pinta un cuadro sobre el modo en que el Vaticano se maneja. En nombre de la obediencia, o al menos de un cierto compromiso con la obediencia, el Card. Ratzinger publicó un documento sobre materia doctrinal que confundió a millones de fieles católicos.

Hay otro triste ejemplo de una menos admirable integridad sobre el Vaticano de hoy que yo he experimentado de primera mano.

¡Obedezcan!

Años atrás yo pertenecía a una comunidad de Misa Tridentina que después de 1988 había buscado la posibilidad de una regularización. En enero de 1994 dos de nosotros viajamos a la oficina de Ecclesia Dei en Roma para considerar esta posibilidad. En cuanto a la “regularización” el viaje fue una pérdida de tiempo: pero en lo que respecta a las duras lecciones y el “how’s how” de la operatoria vaticana, fue un viaje invalorable.

En un punto de nuestra entrevista, el P. Arthur B. Caulkins de la oficina vaticana de Ecclesia Dei nos dijo que nuestro deber ¡era obedecer! Y si lo que se manda está mal, la culpa no es de quien obedece, sino en quien manda.

El P. Caulkins hablaba en serio

Yo no podía creer a mis propios oídos. Este modo de obediencia ciega, propuesto por el funcionario vaticano, significa que el clero católico, los religiosos –inclusive los funcionarios vaticanos- obedecerán órdenes verdaderamente dañosas para las almas y para la Fe, mientras se dicen a sí mismos que no incurren en ninguna responsabilidad personal puesto que “Yo solo obedezco órdenes”: “Es la responsabilidad de mi superior, no la mía”. La nueva misa, la monaguillas, la comunión en la mano, las jornadas de la juventud al ritmo del rock’n’roll, encuentros panreligiosos con paganos, todas estas afrentas a la Fe católica se realizan en nombre de una “obediencia”; que no es tal sino cobardía y servidumbre.

Si el Vaticano actualmente opera bajo estos principios como política habitual, lo cual significa una perversión de la piedad filial que el católico debe a sus superiores religiosos, entonces no hay que sorprenderse de la estampida de anomalías y delitos que campea en el mundo católico. Esto también ayuda a comprender la hipótesis de Socci sobre una “revelación de compromiso” del Tercer Secreto.

Principales revisiones

El libro de Socci contiene muchos otros puntos demasiado numerosos como para enumerar aquí. Habla del menosprecio de Juan XXIII y Paulo VI hacia la Hermana Lucía; del hecho de que la parte oculta del Secreto predice una grave crisis de Fe y posiblemente contenga advertencias sobre el Concilio Vaticano II; de la absurda entrevista a puertas cerradas entre el Card. Bertone y la Hermana Lucía de noviembre de 2001 tras la cual él afirmó que la religiosa concordaba con todo lo dicho en el documento del 26 de junio, incluso aunque el documento minaba el mensaje de Fátima tan duramente que hasta los titulares de diarios seculares como “Los Angeles Times” lo reflejaban: “Los máximos teólogos vaticanos sutilmente desacreditan el culto a Fátima”.

Socci dice además que la parte no publicada del texto del Secreto muy probablemente contenga advertencias sobre catástrofes naturales inmensas.

En cuanto a la consagración de Rusia, Socci concluye que no ha sido realizada. Esto se comprueba simplemente observando el estado de decadencia de Rusia. No podemos sino aplaudir el sentido común de Socci. Solo comentaristas completamente irreligiosos o descerebrados pueden insistir en que la Rusia de hoy, atiborrada de divorcio, aborto, cultos y perversiones sexuales testimonia el triunfo del Corazón Inmaculado.

Hay mucho más en este libro de 255 páginas. Y ha sido publicado por una casa editora de primer nivel en Italia, lo cual probablemente asegure su circulación y genere mucha discusión. Un contacto de la CFN nos dice que el libro ha recibido críticas de primer nivel en los diarios italianos más importantes, (incluyendo el Corriere della Sera, La Stampa, Libero e Il Giornale) y parece estar causando una buena turbulencia dentro del Vaticano.

No podemos sino desear que el libro sea publicado en inglés y en los otros principales idiomas, lo más pronto posible.

Fuente: ]]>Catholic Family News]]>

 


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