El Doctor Sacro, a 26 años de la muerte de Leonardo Castellani

Dable es señalar el que Castellani no sólo predijo, sino que profetizó todo lo que hoy nuestra Argentina padece. Por no haber hecho caso a sus advertencias, hoy estamos así. Una sola afirmación dicha hace cuarenta años, es suficiente si queremos dar una muestra de lo que afirmamos. Dijo el Sacerdote: “¡Pobre Argentina, tan lejos de Dios, y tan cerca de los Estados Unidos!”. Y también ironizó afirmando: “En este país, para ser personaje, no basta con ser imbécil, además, hay que ser solemne”.

Por Carlos Eduardo Gaít

(1899 – 1981)

En la antigua población llamada San Jerónimo del Rey, hoy ciudad de Reconquista, en pleno chaco santafecino, el 16 de noviembre del año 1899, nació la inteligencia más preclara que hemos tenido a lo largo de la historia. En la parroquia de origen, fue bautizado el 25 de diciembre siguiente. Por nombre le fue dado el de LEONARDO LUIS. Sus padres: Luis Castellani y Catalina Contepomi. Fue el primer hijo de los cuatro hermanos que integraron tal familia cristiana. Y la Fe cristiana fue la vida, la pasión, la muerte, el sentido y la significación primera y última del hombre que ejerciendo su oficio de tal, lo hizo desde la diáfana argentinidad.

Todo lo que pueda decirse de este hombre de Dios, es pobre y poco puesto que su sola presencia rebasa cualquier pretensión, habida y habiente. No obstante, y porque estamos debidos a Dios que nos lo regaló, es justicia referirnos a él. Lo hacemos entregando algunos datos de su fecunda vida.

La escuela primaria la hizo en su pueblo natal. En el año de 1906, la policía democrática, asesinó a su padre. En 1913, ingresa como alumno pupilo en el Colegio La Inmaculada de los padres jesuitas, en la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz. Con las más altas calificaciones egresa Bachiller en 1917. En 1918, el 27 de julio, ingresa al noviciado de la Compañía de Jesús, en Córdoba. Profundiza además sus conocimientos literarios. En 1924 ya enseña en el Colegio del Salvador de Buenos Aires. En la revista de tal colegio aparecen las fábulas que más tarde conformarán su primer libro “Camperas”. En ese entonces, HUGO WAST, lo “descubre” como escritor, y predice la grandeza que manifestará más adelante Castellani.

En 1928 inicia sus estudios teológicos. Dada la excelencia, los superiores, al vislumbrarla, deciden enviarlo a Roma. A mediados de 1929, ingresa a la Pontificia Universidad Gregoriana. Hombres de la talla de Luis Cardenal BILLOT, y Charles BOYER –s.j.-, fueron algunos de sus maestros. El 27 de julio de 1931, el Cardenal MARCHETTI-SELVAGGIANI, lo ordena sacerdote, en Roma, y en la Iglesia de San Ignacio.

En 1932, sobrepasando todas las pruebas, y superando el “Examen ad Gradum”, obtiene el Doctorado en Teología. Con las notas más sobresalientes, obtuvo EL TÍTULO MÁS ALTO QUE LA IGLESIA OTORGA A LOS MÁS SABIOS ENTRES SUS DOCTORES, con Diploma bulado que lleva como protocolización el mismo sello de plomo de las bulas pontificias.

En el Diploma bulado, PÍO, Papa XI y el Prepósito General de la Compañía de Jesús, Padre Wladimiro Ledóchowsky, acreditan con sus firmas que Leonardo Luis Castellani es DOCTOR SACRO UNIVERSAL, Cum Licentia ubique docendi. Caso único en la Historia de la América Hispana. Nunca nadie antes, había logrado tal conquista. Sólo Castellani, el sin parangón atleta intelectual, lo obtuvo. Aún hasta hoy. Consta en el eterno saber de Dios, y está registrado en la memoria de los que aman la Verdad y sometidos a la Sabiduría están.

En julio de 1932 parte para Francia. Permanece allí, estudiando y durante tres años. La Universidad de La Sorbona lo tiene como alumno. Al final obtuvo el título de “Estudios Superiores de Filosofía, Sección Psicología”. Luego, pasa a Alemania donde durante seis meses, estudia filosofía y lengua germana, a más de especializarse en atender a retardados mentales. A principios de 1935, regresa a nuestra Patria.

Y en nuestra Patria fue perseguido. Su inteligencia superior lo explica todo. Pero, no justifica las tropelías contra él cometidas. Aún así, los frutos de su trabajo, o efectos de su inteligencia, son tan seguros como los de San Agustín, profundos como los de Tomás de Aquino, encantadores como los de Fray Luis de León, atrapantes como los de San Juan de la Cruz, puros como los de Santa Teresa de Jesús, precisos como los de San Pablo, y, en un todo, obedientes al mandato de su único Señor: Jesucristo.

No hubo género que Castellani no haya abordado, y agotado si se quiere. Por ello el Cardenal QUARRACINO lo llamó “género único”. Todo lo abordado, fue bien hecho. Fábulas, cuentos, novelas, poesías, ensayos, teatros, biografías, filosofía, psicología, Teología, fueron concebidas en su mente soberana alimentada por el Bautismo, y efectuadas en obra única en lo que a la historia argentina se refiere, y una de las pocas en lo que a la historia universal toca. Más de cincuenta libros mantienen vivo su pensamiento. Y, este hombre que dominó nueve idiomas, deslumbró sobremanera cuando a los sesenta años reaprendió griego con el sólo fin de traducir y comentar el más difícil de los libros de la Sagrada Escritura: El Apocalipsis. Toda la exégesis apocalíptica está en el libro “El Apokalypsis de San Juan” de Castellani. Todos los contenidos de la Fe a título de Fin, allí están dichos. Y, el Dogma confirmado, si es que cabe la expresión.

Jacques MARITAIN, filósofo cristiano, comentando un artículo del Padre Castellani, lo recomienda, y llama al autor “excelente”. Es para tenerlo presente. Y, el filósofo contemporáneo, Sergio SARTI, lo califica como “un religioso sensible al misterio y abierto a las sugestiones místicas”. No es poco. Aúnque sobresale lo de Maritain puesto que llama a Castellani “mi amigo”.

Algunas revistas como: Estudios, Criterio, Nueva Política, Cabildo, Mayoría, Continente, Dinámica Social, lo tuvieron como colaborador. Sobresale, sin embargo, JAUJA, obra prácticamente sólo suya, que publicó durante tres años seguidos (1967 a 1969). Diarios como “La Nación”, “La Prensa”, “Tribuna” tuvieron el privilegio de publicar artículos del Genio Leonardo Castellani.

¿Qué decir de su labor como enseñante, docente? ENSEÑÓ SIEMPRE. Era Sacerdote Católico. Y sabía de su misión. Y cumplió con su misión. Enseñó siempre acerca de Dios, y acerca de la Patria, que se intelige desde Dios. Algunas instituciones que se beneficiaron particularmente de la Sabiduría viniente a través del Sacerdote Castellani fueron: Colegio del Salvador, Colegio Máximo de San Miguel, Seminario Metropolitano de Devoto, Instituto Nacional del Profesorado Secundario; todos sitos en Buenos Aires. Algún tiempo, enseñó también en Salta, en la Escuela Normal allí situada. En el curso del año 1975, la Universidad Nacional de Buenos Aires le otorgó el grado de “Doctor Honoris Causa” y en reconocimiento a su labor intelectual. Tal reconocimiento también lo hizo el Gobierno Nacional cuando el 30/12/1975 le entregó el premio Consagración Nacional”.

Sólo indico algunos de sus libros. A más de los señalados, cuentan: “Los papeles de Benjamín Benavides”; “El Libro de las Oraciones”; “Psicología Humana”; “San Agustín y Nosotros”; “El Evangelio de Jesucristo”; “El Nuevo Gobierno de Sancho”; “Su Majestad Dulcinea”...

Como su nombre lo indica, fue un León. Aúnque género único, tan León como el Magno: orante y pensante. Vivió ajustado a Dios y siempre dijo lo que Dios le mandó decir. Su alpinismo intelectual, lo repetimos, no tiene parangón. Y más sobresale su calidad si tenemos en cuenta que cuando sólo contaba con nueve años de edad, a raíz de un accidente perdió el ojo izquierdo. Lo que nunca perdió, eso sí, fue la visión intelectual, iluminada por la Raíz que lo sostenía: “la FE que no se movió un jeme” según su propia expresión.

Un solo Amor: Dios, y en consuno la Patria, a la que amó como creatura de Dios. Una sola fidelidad: a la Verdad. Un solo Fin: alcanzar la Vida Eterna, haciendo así, que, otros la alcancen. Dios nos lo regaló, y este país bautizado se encarga de ignorarlo, ensalzando en cambio a sofistas y fariseos que fueron combatidos por Castellani. Los combatió y derrotó con la espada de la Fe y el escudo de la Verdad. Fue posible porque Leonardo Castellani fue un Singular, un Contento, un Santo de Dios, y un héroe de la Patria.

Dable es señalar el que Castellani no sólo predijo, sino que profetizó todo lo que hoy nuestra Argentina padece. Por no haber hecho caso a sus advertencias, hoy estamos así. Una sola afirmación dicha hace cuarenta años, es suficiente si queremos dar una muestra de lo que afirmamos. Dijo el Sacerdote: “¡Pobre Argentina, tan lejos de Dios, y tan cerca de los Estados Unidos!”. Y también ironizó afirmando: “En este país, para ser personaje, no basta con ser imbécil, además, hay que ser solemne”.

Para los hombres de Fe, y patriotas, el Sacerdote y Profeta, sigue vivo. Y seguirá, porque resucitando es el Verbo. El mismo Verbo que lo recibió en el Reino de los Cielos aquél 15 de marzo de 1981, que fue cuando definitivamente se rindió Castellani, ajustado a Principio porque a Fin.

En horas de desaciertos eclesiásticos, y en que la herejía, gana terreno dentro de la Iglesia, y en que la Patria Argentina sufre intensos dolores, volvamos los ojos a Dios a través de la mediación de su siervo Castellani. Que por su intercesión, Dios nos ayude a mantener viva la Fe y a recuperar la argentinidad.

Por todo ello, poéticamente decimos:
“Cantamos con honor a la excelencia
que teniendo oficiaste, Doctor Sacro.
Logos de Dios, y de Patria-Argentina.
Leonardo Castellani, hoy te aclamamos”.

Fuente: Diario Formosa de julio de 2003.

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