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¡El Horror!

De todos los candidatos impensables, Jorge Mario Bergoglio es quizás el peor. No porque profese abiertamente doctrinas contra la fe y la moral, sino porque, a juzgar por su actuación como arzobispo de Buenos Aires, la fe y la moral parecen haberle sido indiferentes.

Enemigo jurado de la misa tradicional, no ha permitido sino parodias en manos de enemigos declarados de la liturgia antigua.  Ha perseguido a todo sacerdote que se empeñó en usar sotana, predicar con solidez o que se haya interesado en la Summorum Pontificum.

Famoso por la inconsistencia (a veces ininteligibilidad de sus alocuciones y homilías), dado al uso de expresiones vulgares, demagógicas y ambiguas, su magisterio no puede decirse que sea heterodoxo sino inexistente por lo confuso.

Su entorno en la Curia de Buenos Aires, salvo algunos clérigos, no se ha caracterizado por la virtud de sus acciones. Muchos están gravemente sospechados de inconducta moral.

No ha perdido ocasión de realizar actos en los que cedió la catedral a judíos, protestantes, islámicos, e incluso a elementos sectarios en nombre de un diálogo interreligioso imposible e innecesario. Son famosas sus reuniones con los protestantes en el estado de espectáculos Luna Park, donde reiteradamente, junto con el predicador de la Casa Pontificia Cantalamessa, ha sido “bendecido” por pastores protestantes, en un acto de culto común donde en la práctica dio por válidos ciertos poderes sacramentales de los telepastores.

Esta elección es incomprensible: no es políglota, no tiene experiencia curial, no brilla por su santidad, es flojo en doctrina y liturgia, no ha combatido ni el aborto ni el matrimonio homosexual, no tiene modales para honrar el Solio Pontificio. Nunca se ha jugado por nada más allá de permanecer en posiciones de poder.

Realmente, no puede ser lo que Benedicto haya querido para la Iglesia. Y no parece tener ninguna de las condiciones para continuar su obra.

Dios ampare a la Iglesia. Nunca se puede descartar, por humanamente difícil que parezca, la posibilidad de una conversión... y sin embargo, el futuro nos causa terror.

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Marcelo González

En octubre de 1942, el papa reinante, Pío XII, realizó un acto de consagración del género humano al Corazón Inmaculado de María. Dicha consagración fue renovada el 8 de diciembre del mismo año. Estas consagraciones fueron los primeros “intentos” de cumplir con el pedido de Nuestra Señora a Sor Lucía: “vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado”. 

El Capítulo VIII del libro de San Agustín "La Bondad del Matrimonio" trata sobre la indisolubilidad del matrimonio de un modo tan contundente y magistral que se anticipa en la objeción del Capítulo VIII de Amoris Laetitia, la Exhortación apotólica de Francisco. 

Marcelo González

El enojo de los católicos “conservadores”, que venimos a ser casi todos -en el lenguaje inclusivo de Francisco- sube la temperatura. Hace tiempo vimos en la EWTN, “canal conservador” hasta por ahí (no precisamente un órgano de la crítica tradicionalista) un programa en el cual se criticó durísimamente a Francisco.no solo por errores doctrinales, sino por el maltrato al clero y fieles más conservadores.

P. José María Mestre Roc FSSPX

En vísperas del Centenario de las apariciones de Fátima, la FSSPX lanza una cruzada de rosarios y sacrificios con estas intenciones: para establecer en el mundo la devoción al Corázón Inmaculado de María, para acelerar el triunfo del Corazón Inmaculadoy para que el Papa, en unión con todos los obispos católicos del mundo, hagan la consagración de Rusia al Corazón doloroso e inmaculado de María.

Marcelo González

El difícil determinar cuales sean los músculos más importantes en las disciplinas olímpicas, pero a ojo de buen cubero, y según se ha visto muchas veces, multiplicado al infinito en Brasil, parecen ser los glúteos.

La noche del viernes, servidor vio más culos enteros que medios ambientes medios. Es lógico, los tributos a la madre tierra (la Pachamama, de Evo Morales ), de suyo madrastra y machihembrada, acaban siempre en bacanales...

Editor y Responsable

Francisco, superándose a sí mismo, dijo algo difícil de imaginar: existe una "violencia católica", que nos perdona denunciar, porque le sería moralmente obligatorio hacerlo si hablase de la "violencia islámica".