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¡El Horror!

De todos los candidatos impensables, Jorge Mario Bergoglio es quizás el peor. No porque profese abiertamente doctrinas contra la fe y la moral, sino porque, a juzgar por su actuación como arzobispo de Buenos Aires, la fe y la moral parecen haberle sido indiferentes.

Enemigo jurado de la misa tradicional, no ha permitido sino parodias en manos de enemigos declarados de la liturgia antigua.  Ha perseguido a todo sacerdote que se empeñó en usar sotana, predicar con solidez o que se haya interesado en la Summorum Pontificum.

Famoso por la inconsistencia (a veces ininteligibilidad de sus alocuciones y homilías), dado al uso de expresiones vulgares, demagógicas y ambiguas, su magisterio no puede decirse que sea heterodoxo sino inexistente por lo confuso.

Su entorno en la Curia de Buenos Aires, salvo algunos clérigos, no se ha caracterizado por la virtud de sus acciones. Muchos están gravemente sospechados de inconducta moral.

No ha perdido ocasión de realizar actos en los que cedió la catedral a judíos, protestantes, islámicos, e incluso a elementos sectarios en nombre de un diálogo interreligioso imposible e innecesario. Son famosas sus reuniones con los protestantes en el estado de espectáculos Luna Park, donde reiteradamente, junto con el predicador de la Casa Pontificia Cantalamessa, ha sido “bendecido” por pastores protestantes, en un acto de culto común donde en la práctica dio por válidos ciertos poderes sacramentales de los telepastores.

Esta elección es incomprensible: no es políglota, no tiene experiencia curial, no brilla por su santidad, es flojo en doctrina y liturgia, no ha combatido ni el aborto ni el matrimonio homosexual, no tiene modales para honrar el Solio Pontificio. Nunca se ha jugado por nada más allá de permanecer en posiciones de poder.

Realmente, no puede ser lo que Benedicto haya querido para la Iglesia. Y no parece tener ninguna de las condiciones para continuar su obra.

Dios ampare a la Iglesia. Nunca se puede descartar, por humanamente difícil que parezca, la posibilidad de una conversión... y sin embargo, el futuro nos causa terror.

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S.S. Pío XII

Las obligaciones fundamentales de la ley moral están basadas en la esencia, en la naturaleza del hombre y en sus relaciones esenciales, y valen, por consiguiente, en todas partes donde se encuentre el hombre; las obligaciones fundamentales de la ley cristiana, por lo mismo que sobrepasan a las de la ley natural, están basadas sobre la esencia del orden sobrenatural constituido por el divino Redentor.

Editor y Responsable

Detallada revisión de la Amoris Laetitia de Christopher Ferrara, columnista de The Remnant. 

Editor y Responsable

Todo comenzó cuando la era moderna nacía. Un tal Martín Lutero, muy homenajeado en estos tiempos, hombre teatral, con excelentes condiciones para hacer carrera política en el Conurbano bonaerense, decidió que los votos -religiosos, aclaremos- en especial el de castidad, resultan demasiado gravosos. 

Editor y Responsable

Nadie puede ser condenado para siempre, porque esa no es la lógica del Evangelio. No me refiero sólo a los divorciados en nueva unión sino a todos, en cualquier situación en que se encuentren”. Amoris Laetitia parágrafo 298 

Editor y Responsable

Bajo este título publicamos hace dos años una breve síntesis del Cisma de Occidente, período durante el cual hubo en la Iglesia hasta tres cortes pontificias con sendos "papas". Complejísimo y grave problema en el que no solo se debatió una cuestión jurídica, sino que dio lugar al desarrollo de doctrinas heterodoxas. -con la sana intención de resolver el problema- como la hoy reflotada del "conciliarismo" heterodoxas y luego formalmente condenadas por el Magisterio. 

Editor y Responsable

Es un placer leerlo. Lo único que en estos días de recorrer notas y documentos me ha causado verdadero gozo espiritual. Es un artículo estupendo, tanto para entender con ejemplos la revolución que trae esta exhortación como que quien no lo haya leído aún, conozca a un magnífico novelista inglés, converso al catolicismo, Evelyn Waugh. 

Mons. Bernard Fellay

Esta exhortación es el resumen de los dos sínodos sobre el matrimonio. Es muy larga y muchas cosas allí son correctas, bellas, pero después de la construcción,, se diría, de un hermoso edificio, un hermoso barco, el Soberano Pontífice perforó un agujero en el casco bajo la línea de flotación… todos saben lo que sucederá luego.