Enemistades Seculares

Declaración conjunta Ruso-Polaca

Declaración firmada por  en Varsovia por el patriarca de Moscú y el presidente de los obispos polacos. Para iniciar un camino común tras siglos de hostilidades.  
 
  ROMA, 22 de agosto de 2012 – Las noticias sobre Rusia enviadas por los corresponsales a mediados de agosto han estado monopolizadas por el proceso a las Pussy Riots, las tres jóvenes reas de haber ridiculizado al presidente Putin y de haber cantado bromas contra Dios y la Iglesia en la catedral de Moscú.
 
  Sin embargo, en los mismos días, ha sucedido en el este de Europa "un acontecimiento que suscita esperanza para el futuro".
 
  Así ha definido Benedicto XVI el domingo pasado, en el Ángelus, la declaración común firmada el viernes 17 de agosto, en el castillo real de Varsovia, por el patriarca de Moscú y de todas las Rusias, Kirill, y por el presidente de la conferencia episcopal polaca, el arzobispo Józef Michalik.
 
  El Papa Joseph Ratzinger non ha definido este acontecimiento como "histórico", pero poco ha faltado. Basta pensar que la visita del patriarca Kirill ha sido la primera en absoluto de un jefe de la Iglesia ortodoxa rusa a Polonia. Y que, viceversa, Juan Pablo II no consiguió jamás ir a Moscú precisamente por el peso invencible de las seculares hostilidades entre Rusia y su nación natal, Polonia.
 
  En 1965, otro documento de reconciliación, esa vez entre las Iglesias católicas de Polonia y de Alemania, fue firmado conjuntamente por los líderes de ambas. Y precisamente ese documento es recordado como un cambio histórico.
 
  Pero el de hoy tiene seguramente una importancia aún mayor.
 
  Los conflictos políticos y religiosos que se quieren resanar no se limitan a los últimos decenios, sino que cubren siglos enteros: desde los combates entre el ejército polaco-lituano y el ejército del zar en el siglo XVII, a la masacre de Katyn en 1943, cuando la policía secreta soviética hizo matar salvajemente a 22.000 prisioneros de guerra polacos.
 
  Además, quien suscribe este documento con espíritu fraterno son los representantes de dos Iglesias separadas por un cisma milenario: la católica y la ortodoxa.
 
  Y, más aún, se trata de un mensaje con proyección de futuro, que traza un camino común entre las dos Iglesias y los dos pueblos tanto en el terreno de la evangelización, como en el de la resistencia a los desafíos de la cultura secularista, especialmente el aborto, la eutanasia, la familia. En estos pasajes el documento recuerda de cerca el magisterio de Benedicto XVI: enésimo signo de cuanto han mejorado, con el actual pontífice, las relaciones entre las Iglesias de Roma y de Moscú.
 
  El documento – que no es fácil encontrar en las lenguas occidentales – ]]>se reproduce íntegro a aquí. ]]>

Fuente: ]]>Chiesa]]>

Comentario druídido: Enemistades seculares puede leerse de dos maneras: enemistades que llevan siglos, o enemistades por temas seculares, es decir, no sagrados, profanos. 

El documento firmado por ambos jerarcas eclesiásticos tiene sentido si se interpreta el título de la segunda manera (que no necesariamente niega la primera, porque puede haber enemistades seculares que llevan siglos de existencia). Quiero decir, si el tema religioso no está en el centro de la cuestión. Porque los rusos, con todo el respeto que me merecen estos cismáticos tan simpáticos, son eso, cismáticos. Son los que la Virgen en Fátima pide que se conviertan. ¿Convertirse a qué...? al catolicismo. 

Ahora bien, el catolicismo, inclusive el polaco, que es vigoroso, está tan impregnado de heterodoxias que en algún punto casi son más ortodoxos los ortodoxos... 

Entonces, si lo que rusos y polacos han firmado es un camino de amistad que ponga en olvido mutuos agravios seculares, bienvenido sea. Pero si el camino es religioso... no entiendo cuál pueda ser.  Porque ni el fervor polaco ni su veneración por el santo súbito y su obra, ni los errores rusos, por más que hayan conservado tan celosamente cosas que la Iglesia latina tiró por la borda y algunos pocos estamos luchando por recuperar, pueden erigirse en representantes de la verdad de Cristo sin un mea culpa previo muy profundo y concienzudo.

Recemos por la conversión de Rusia por mediación del Corazón Inmaculado de María. Ahí no nos equivocaremos.

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Adelante la Fe

¿No fue durante ese pontificado que notorios y confesos homosexuales a quienes Montini conocía personalmente fueron elevados al episcopado, circunstancia que llevaría a incluso un circunspecto neocón poco sospechoso de cualquier integrismo como George Weigel a reconocer el desgobierno y absoluta incuria a la hora de nombrar a obispos ineptos moralmente durante ese pontificado?

Marcelo González

Uno tiene la impresión, al leer la declaración final y habiendo repasado las entrevistas y los resúmenes de las conferencias, que estos clérigos quieren dar un paso adelante con el pie derecho en la restauración de la Iglesia. Pero a la vez se pisan el zapato con el pie izquierdo.

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Hoy 7 de abril ha tenido lugar en Roma la muy esperada conferencia “Iglesia Católica, ¿adónde vas?”. La conferencia fue inspirada por el cardenal Carlo Caffarra (uno de los cuatro cardenales de las dubia), que falleció el pasado septiembre. Al final de la conferencia se publicó una Declaración Final en el nombre de los participantes, religiosos y seglares.

Marcelo González

No que sea un descubrimiento, sino más bien una verdad que cada tanto se nos impone con una evidencia que aplasta. Nos consideramos buenos cristianos y con razón. Porque en un tiempo de persecución y apostasía estamos del lado de la Iglesia y tratamos de ser fieles a Cristo.

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Margarita Barrientos, nacida en Añatuya, Santiago del Estero, la diócesis más pobre del país, expresa estas sorprendentes impresiones. Su educación, en el interior profundo de la Argentina, la muestra heredera de la Fe tradicional y asoma en su modo de expresarse. Pero también es importante recordar quienes fueron los obispos de su ciudad, cabeza del obispado, durante su vida.

 

Juan Lagalaye

La primera Misa en el actual territorio argentino fue celebrada en el Domingo de Ramos del 1520, circunstancia litúrgica que entonces asignaba de manera peculiar el reconocimiento de la Realeza de Nuestro Señor Jesucristo.

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- Vamos a manifestarnos por los que no tienen voz.- A elevar nuestra súplica y nuestros cantos por los que no pueden hacerlo aún.- No vamos a pedir un debate, ni a simplemente hacer número para que se tenga en cuenta.- Vamos como católicos, apostólicos y romanos, a plantar bandera y rezar a Dios Nuestro Señor para que ilumine o a nuestros gobernantes.