Entrevista al Padre Salvatore Bussu

A principios de febrero llegó a la Argentina el sacerdote italiano padre Salvatore Bussu, para la presentación de su libro "Martiri senza altare" ahora traducido al castellano bajo el titulo "Mártires sin altar" por el prof. Miguel Antonio Barriola quien en la actualidad se desempeña como profesor de Teología en el Seminario Mayor de Córdoba y es, al mismo tiempo, miembro de la Comisión Bíblica en Roma. El libro es una biografía histórica de los llamados mártires del Zenta, el párroco de Jujuy don Pedro Ortiz de Zárate, el padre jesuita italiano Juan Antonio Solinas y 18 laicos martirizados por los indios en 1683.

Fue presentado, por soliditud de los respectivos obispos, en algunas ciudades del noroeste argentino: el 4 de marzo en Salta, el 6 en Orán y el 27 en Jujuy.

Aprovechando la presencia en Orán del autor del libro, padre Salvatore Bussu, Panorama Católico ha querido entrevistarlo para conocer más en profundidad su obra.

Padre Salvatore, ¿como nació su interés por la historia de estos mártires y como es que escribió este libro?

Fue por casualidad. Tenía unas pocas noticias sobre padre Solinas que habia nacido en la parroquia de Oliena, en la diócesis de Nuoro, en Cerdeña (Italia) donde fui, cuando era joven, por varios años párroco, mientras que de los demás mártires no sabía nada. Fue el año 1995 que, finalizado mi largo servicio como director responsable del semanario diocesano de Nuoro "L'…Ortobene", fui invitado por los sacerdotes, padre Diego Calvisi y padre Andrés Buttu, "fidei donum" en Orán, para hacer una breve experiencia misionera en Argentina. El verdadero motivo sin embargo, para mi en aquel momento desconocido, fue encargarme escribir la vida de esos mártires.

Al pedido insistente de los dos padre se unió el de mons. Mario Antonio Cargnello, en aquel entonces obispo de Orán. Me asusté. Acepté después que insistieron mucho. Y fue un trabajo muy pesado. Fui, con el padre Andrés, a muchas ciudades argentinas (Jujuy, Salta, Córdoba, Buenos Aires) y bolivianas (Tarija y Sucre) en busca de documentos históricos en los respectivos archivos. Y, vuelto a Europa, permanecí unos días en Sevilla (España) para buscar noticias de los mártires en el Archivo de Indias y del Arzobispado de esa ciudad. Asimismo, busqué documentación en Roma en el Archivo de los Jesuitas. En el año 1997 publiqué el libro con el titulo "Martiri senza altare" y tuvo mucho éxito. En pocos meses fueron vendidas cuatro mil ejemplares. Para la presentación en Oliena, patria del padre Solinas, estuvo presente el entonces obispo de la Diócesis de Orán, mons Cargnello.

Descríbanos su libro

Es una obra muy amplia, casi 500 paginas. Está precedido por la presentación del obispo de Nuoro, Mons. Pietro Meloni, y del ya mencionado Mons. Cargnello, y además por un trabajo preliminar del famoso jesuita padre Giuseppe Pittau, en aquel tiempo rector de la Pontificia Universidad Gregoriana, actualmente Arzobispo, Prefecto de la Pontificia Congregación de la Educación Católica. El trabajo está dividido en tres partes más un largo apéndice documental.

¿Cuáles son esas partes?

En la primera parte escribí la biografía del padre Juan Antonio Solinas, a través de referencias de sus contemporáneos, los padres jesuitas Francisco Jarque y Antonio Machoni, y con lo que fue escrito en aquel tiempo en la Argentina y en Italia. De esta manera pude reconstruir su vida.

El Padre Solinas nació en Oliena en el año 1643, tuvo la suerte de conocer desde su infancia los jesuitas presentes en aquella localidad, en su colegio fundado en los años previos a su nacimiento. Después de los estudios secundarios en este colegio, ingresó en la Compañía de Jesús en Cagliari y, terminados los estudios, viajó a España donde fue ordenado sacerdote en Sevilla en el año 1673. De ahí marchó al Nuevo Mundo. Llegó a Buenos Aires en el mes de abril del año siguiente.

Ejerció su ministerio en algunas famosas Reducciones de los Jesuitas. Finalmente fue enviado a la misión del Chaco donde fue martirizado. El Solinas que sale a la luz después de mi búsqueda, que creo muy detallada, es un hombre fantástico y fantasioso, volitivo, de arrastre, enérgico, y como sacerdote una figura armoniosa y pura, con una vida interior muy intensa, totalmente dedicada a Dios y a la gente, sobre todo a los pobres y a los indios. Escribió un historiador contemporáneo, Machoni que el padre Solinas «era ayuda para los pobres, a los que proveía sustento y vestido… medico para los enfermos, que curaba con gran delicadeza, y universal remedio de todos los males del cuerpo. Por eso los indios lo veneraban con afecto de hijos ». Entonces él me pareció casi un segundo san Luis Gonzaga. Un cofrade jesuita, el padre Jiménez, que fue su compañero en casi todas las misiones, podía escribir que estaba admirado y orgulloso de él. Lo presentó a los superiores como "un gran hijo de la Compañía".

En la segunda parte, suponemos, habla de don Pedro...

Por supuesto. Escribir sobre él ha sido más fácil, porque existen muchos documentos. Es muy conocida la biografía escrita por Vergara que tiene como titulo "Don Pedro Ortiz de Zárate - Jujuy, tierra de mártires". Fue un gran personaje aun en lo civil. No habiéndose encontrado el Libro de su Bautismo, por algunas noticias aisladas suponemos que nació en el año 1622 o 23. Ordenado sacerdote después de haber sido administrador de su ciudad, y después de haber quedado viudo por la trágica muerte de la mujer que lo dejó con dos niños, fue un hombre de primer plano también en la diócesis. Fue párroco por muchos años en Jujuy. Don pedro tuvo desde su adolescencia un gran amor por los pobres, en especial por los indios. Él, que era rico encomendero, gastó casi todas sus riquezas para llevarlos a Cristo. Por un testimonio del obispo de Tucumán, entonces su obispo, Mons. Fray Nicolás Ulloa, aparece claro todo el amor de don Pedro por los indios y su deseo de convertirlos a la fe con la sola arma de la persuasión. Mientras algunos españoles habrían querido sujetarlos con las armas, tal vez exterminándolos si hubiese sido necesario, él, junto con los padres jesuitas, quiso ir a ellos con la mansedumbre del Divino Maestro, para predicar su mensaje de amor, pronto también a morir.

¿De qué habla la tercera parte?

De la gran misión en el Chaco y del martirio. Organizada en todos los detalles, de acuerdo don Pedro con los jesuitas, la misión ha sido relatada, casi día por día, en una carta del padre Diego Ruiz, compañero de Solinas. Lamentablemente, cuando parecía dar óptimos frutos, la misión terminó en la forma más desastrosa. Rodeados por más de 500 indios, mientras muchos integrantes de la misión pudieron escapar, don Pedro, el padre Solinas y 18 laicos fueron muertos con flechas y decapitados.

El martirio tuvo lugar en la tarde del miércoles 27 de octubre de 1683, vigilia de la fiesta de los santos apóstoles Simón y Judas Tadeo. El duelo fue grandísimo. Mientras don Pedro fue sepultado en la Catedral de Jujuy, el padre Solinas fue sepultado en la iglesia, actualmente demolida, de los jesuitas en Salta.

¿Qué fue lo que más le impresionó de este martirio?

Sobre todo su crueldad: tuvo lugar en el Valle del Zenta, actual territorio de la diócesis de Orán. Dice un historiador contemporáneo a los hechos, el jesuita Francisco Jarque que los jefes de los indios tobas y mocovíes, inspirados por los hechiceros, sordos a los misterios de nuestra santa fe y por odio de la ley de Dios que los dos sacerdotes les predicaban, «los agredieron con gran griterío y los mataron con los dardos y claves y los decapitaron. Y después mataron también a otras dieciocho personas (dos españoles, un negro, un mulato, Y dos niñas, una mujer y once varones indios) que estaban junto a los dos misioneros en Santa Maria. Los desnudaron a todos y, después de haberles cortado la cabeza, traspasaron sus cuerpos con un dardo ». Los indios después escaparon con aquellas cabezas en señal de triunfo y hicieron fiesta usando los cráneos como copas para beber hasta caer ebrios, según el uso de aquellas tribus.

¿Como se recuperaron los cuerpos?

Esta es una parte de la historia que me ha conmovido mucho. El descubrimiento de los cadáveres lo hizo el padre Diego Ruiz, el día de Los Santos, el 1 ° de noviembre. Encontró el cuerpo de don Pedro en la puerta de la Capilla de Santa Maria, parte hacia adentro y parte hacia a fuera. Pudo ser identificado porque no había sido devorado por los caracas y los cuervos, que ya habían descarnado a los otros, cuyos huesos estaban alrededor de la capilla. El cadáver del padre Solinas estaba un poco mas lejos hacia el límite del bosque. Pudo ser identificado porque junto con los huesos estaban la faja con el rosario enlazado, su gorro empapado de sangre y la ultima carta que el padre Ruiz le había escrito algunos dias antes. «Mientras acomodaba su cuerpo en un cajón -escriben las "Litterae Annuae" de la Compañía de Jesús-, el padre Ruiz, vencido por la tristeza y el desconsuelo, que ya se puede imaginar, se volvió atrás y lloró largamente... ».

Usted ha escrito la vida de los mártires para la causa de beatificación de ellos. ¿Ha sido esa introducida?

A partir del día de la muerte de don Pedro, del padre Solinas y de los 18 laicos, muy pronto las autoridades civiles y eclesiásticas se propusieron pedir a la Iglesia un reconocimiento oficial sobre el martirio y, por tanto, la beatificación de los misioneros. Como escribió el historiador Cayetano Bruno, lo mismo pedían la Provincia de Álava y también Carlos II con la carta oficial del 1 de abril 1691 desde Madrid al obispo y al Gobernador del Tucumán... Pero, por la prolongada sede vacante, el asunto del cambio de la catedral de Córdoba y, sobre todo, la escasez de personal experto en Jujuy para una comisión, la practica no tuvo nunca continuación.

En estos últimos años, especialmente por iniciativa de la diócesis de San Ramón de la Nueva Orán, en cuyo territorio se realizó el martirio, la causa va dando muchos pasos adelante. Está ya el decreto del "nihil obstat" de la Santa Sede para iniciar la causa diocesana. Ahora se procede en la recolección de todos los documentos relacionados con los mártires, siervos de Dios, para enviarlos a la Congregación de los Santos en Roma.

La vida de los mártires padre Solinas, don Pedro Ortiz de Zárate y los 18 cristianos laicos, ¿que mensaje pueden ofrecer a la Iglesia y a los laicos de nuestro tiempo?

Ante todo se trata de una muestra acabada de la catolicidad y unidad de la Iglesia, pues entre ellos se cuentan españoles, criollos, mulatos, negros y aborígenes, niños, adultos, mujeres y varones, que ofrendaron su sangre para que Cristo sea conocido. Entonces hablan bien a las claras de diferencias raciales y culturales, que en nada han obstado a realizar una estrecha unidad de la gran familia de Dios en esta región norteña. Así que muchos hermanos de hoy por los ejemplos de los mártires puedan descubrir su dignidad y vivir en la gloriosa libertad de lo hijos de Dios.

A los jóvenes ofrecen también un mensaje misionero: el padre Solinas no se quedó tranquilo entre lo bellos parajes de su tierra natal, sino que, cual otro Pablo o Francisco Javier, se lanzó a tierras desconocidas, recién descubiertas para la Palabra de Dios. Y así don Pedro. En él lucharon su íntimo deseo de estarse a solas con Dios y el inextinguible ardor misionero. Pero empujado por esto deseo misionero, haciéndose cargo de los indios infieles, él movió cielo y tierra para conseguir el objetivo de poder entrar en el Valle del Zenta para su conversión. Relativamente también a los 18 mártires laicos, ellos son un estímulo para los laicos de toda la Argentina de hoy por el testimonio de estos compañeros de los misioneros que rezaban con ellos, celebraban, hacían de intérpretes, acompañaban a los aborígenes, y no descuidaban servicio de la misión.

Anexo: El brindis de fray Salvador de Oliena

El fraile que vio milagrosamente el martirio de Zenta

En el mismo instante del martirio, la noticia de la muerte de padre Juan Antonio Solinas llegó de modo sobrenatural a Cerdeña. En el convento de los capuchinos de Bitti (en la actualidad en la diócesis de Nuoro) vivía un viejo y santo hermano coadjutor de Oliena, llamado por su santidad y su continuo silencio "Fray Silenciario". Él tuvo una visión en la que vio la "escena" del martirio. Esta visión es mencionada en casi todas la fuentes, tanto de los jesuitas como de los capuchinos. En estas últimas se cuenta de manera muy vívida e impresionante, tanto que parece que se ve la secuencia de las imágines atroces de un film del horror. En el necrologio del padre Solinas, ciertamente escrito por sus hermanos de religión a muy breve distancia de su martirio, es así recordada: «Pretiosam viri religiosissimi mortem eodem momento indicavit Numen viro a sanctitatis fama celebri, e sacra Minorum capucinorum familia in Sardinia, ut postea collata testimonia fidem facere(nt) authenticam » (Dios reveló la gloriosa muerte de este hombre religiosíssmo a un religioso célebre por su santidad, de la sagrada familia de los Menores Capuchinos en Cerdeña, a fin de que la recolección de testimonios sirviera después de confirmación auténtica).

Así las cronicas de la Provincia de Cagliari de los Capuchinos cuentan el hecho: «Fray Salvador de Oliena fue llamado el Silenciario por su característica virtud del silencio (...). Solo una vez, después de tantos años, habló para dar a conocer una sorprendente manifestación (celestial). El 27 de octubre de 1683 se estaba en el refetorio en Bitti y se consumía la frugal cena en recogido silencio. De improviso fray Salvador pidió al Superior para hablar. Todos quedaron extremamente maravillados por el pedido. "Padre Superior, él dijo, ¿permite que haga un brindis?". Jamás había alguien escuchado su voz en refectorio, dicen la crónicas… además, sentir hablar de un brindis en él, modelo de modestia y recogimento, era verdaderamente una cosa extraordinaria. Obtenido el permiso, fray Salvador continuó: "Yo mando mis congratulaciones a mi copaisano, el padre Juan Antonio Solinas, misionero de la Compañía de Jesús, que en este momento sufre el más cruel martirio por mano de los salvajes de la América Meridional. Justo ahora ha sido preso de una horda de antropófagos… ahora mismo le han despedazado el abdomen y el pecho, le han extirpado el corazón y el hígado para devorarlos lo más calientes y sangrantes. En este momento hay quien le chupa los ojos y el cerebro… y quien con la hoja afilada del cuchillo le corta las orejas y las mejillas. Ahora se le corta la cabeza y gruñendo le muerden la piel y se disputan el cráneo para hacer de él una taza para beber. Finalmente de su cuerpo descuartizado cada uno arranca un pedazo de carne, uno tira para sí una pierna, el otro un brazo, para saciarse... Pero la cosa que más urge hacer conocer para gloria de Dios y que trae a mi corazón un enfable consolación es que su alma ha volado directamente al cielo entre los beatos que ven a Dios cara a cara". Dicho esto, fray Salvador, entre la atención conmovida de los hermanos de religión, estalló en un copioso llanto ».

En seguida, después de haberlo hecho confirmar con juramento todo lo que había afirmado, en la presencia de los padres del convento, lo cuales estaban bien enterados de tantos favores que el Cielo reservaba a aquel religoso, el Superior hizo una relación escrita y con las firmas de todos la envió al padre rector del colegio en Oliena, hasta que llegase la confirmación de aquella noticia con la cartas de los jesuitas de la Provincia del Paraguay, a cuyo cuidado estaba la misión del Chaco.

Informado tempestivamente de la visión de fray Salvador, el Provincial de los jesuitas recibió pronto la noticia detallada de Paraguay y confirmó que el martirio del padre Solinas se había desarrollado en el modo descrito por fray Salvador en la circustancias mas detalladas vistas y relatadas por él.

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