Eramos pocos y… habló Lombardi…

Como hemos dicho ya otras veces, un jesuita interpretando a otro jesuita puede hacer prodigios. Tanto como desmentir lo dicho por Francisco en el famoso vuelo de regreso del viaje mejicano en sus partes más comprometedoras. De hecho trató de hacerlo en lo referido a Donald Trump.

Pero esta vez el prodigio esperado fue inverso: con un lenguaje mucho más sibilino, a la vez que mejor elaborado, el P. Lombardi, vocero pontificio, confirmó que Francisco hablaba de una eventual utilización lícita de la contracepción y uso de preservativos cuando se respondió la pregunta sobre los riesgos del virus Zika.

Uno, acostumbrado al oficio, esperaba la increíble interpretación inversa, con perdón de la frase. Pero tuvimos que sufrir la alarmente confirmación. Aquí el texto, cuyo original italiano dejamos vinculado al pie:

Pregunta: Respecto a la estrategia para enfrentar la difusión del virus Zika, promovida por la OMS, el Papa Francisco ha reafirmado que el aborto es un crimen, un mal absoluto. Los medios hablan hoy de una apertura del Papa a la contracepción. ¿Qué puede decir sobre esto?

Respuesta: El aspecto fundamental me parece que ya se ha entendido, y es que el Papa habla de la inaceptabilidad del aborto como solución. En estos casos, por el contrario, lamentablemente, ha habido tomas de posición o declaraciones que parecen andar más bien en esta dirección de facilitar el aborto, cosa que para nosotros es absolutamente inaceptable. El Papa distingue entonces netamente la radicalidad del mal del aborto, como supresión de una vida humana y a la vez la posibilidad de un recurso a la contracepción o el preservativo por cuanto puede resguardar en caso de emergencia o de situaciones particulares, en lo cuales no se suprime una vida humana, sino que se evita un embarazo.

Ahora, no es que él dice que se vaya a aceptar y usar este recurso sin ningún discernimiento, más bien ha dicho claramente que puede ser tenido en consideración en casos particulares de emergencia.

El ejemplo que ha dado es el de Paulo VI y la autorización de la píldora para las religiosas que estaban en riesgo gravísimo y continuo de violencia de parte de los rebeldes del Congo, en tiempos de la trágica guerra del Congo hace pensar que no es una situación normal aquella en la que esto se pondría en consideración.

Y también, recordemos por ejemplo, la discusión que sucedió al libro-entrevista de Benedicto XVI, “Luz del Mundo”, en el que él hablaba del uso del preservativo en situaciones de contagio, por ejemplo, del SIDA.

Ahora bien, la contracepción o el preservativo en caso de particular emergencia y gravedad pueden también ser objeto de discernimiento de consciencia. Esto dice el Papa. Mientras que sobre el aborto no hay lugar alguno para consideraciones.

Por lo tanto el Papa ha insistido en que es necesario buscar el desarrollo de toda la investigación científica a fin de evitar el riesgo del virus del Zika, que produce tanta preocupación. Pero es necesario que no se caiga en el pánico ni en la toma de orientaciones ni decisiones que no está proporcionadas con la realidad del problema (…) ahora una conciencia bien formada puede ver si existe la posibilidad o la necesidad de recurrir a los no abortivos para impedir los embarazos.”

Fuente: ]]>News.va]]> Agencia oficial de Noticias del Vaticano

Todo este texto declarado por el vocero pontificio en un sitio oficial de la Santa Sede para “aclarar” lo que dijo Francisco en el trasero del avión de regreso a Roma es una tremenda tragedia, mayor que la guerra del Congo.

No hay recurso lícito posible a la contracepción en ningún caso

Desde la ]]>Arcanum Divinae Sapientiae]]>, en la que con casto lenguaje León XIII repite la enseñanza de la Iglesia sobre los fines del matrimonio. Y asegura el beneficio de la institución para los cónyuges y la sociedad “siempre que sean conformes a la naturaleza y estén de acuerdo con los consejos de Dios”. En esa época el lenguaje magisterial usaba giros más elípticos por razones de pudor, pero el sentido es claro.

El uso del matrimonio según la naturaleza y los consejos de Dios fue nuevamente puesto en cuestión cuando los anglicanos aprobaron la contracepción. La respuesta católica fue la siguiente:

No hay recurso lícito a la contracepción

Lo dijo entonces Pío XI en su fundamental encíclica Casti Connubii: Ningún motivo, sin embargo, aun cuando sea gravísimo, puede hacer que lo que va intrínsecamente contra la naturaleza sea honesto y conforme a la misma naturaleza; y estando destinado el acto conyugal, por su misma naturaleza, a la generación de los hijos, los que en el ejercicio del mismo lo destituyen adrede de su naturaleza y virtud, obran contra la naturaleza y cometen una acción torpe e intrínsecamente deshonesta.” ]]>Casti connubii]]>, nº 20

¡No es lícito, ni aun por razones gravísimas, hacer el mal para conseguir el bien”

Con el revuelo del Vaticano II, la cosa brotó entre los católicos con fuerza. Fue el mismo Papa que envió a los obispos un formulario de consulta sobre el tema, y obtuvo como resultado respuestas sorprendentes: muchos de los católicos, tanto fieles como miembros del clero, opinaban a favor de la licitud de la contracepción, pese a las reiteradas definiciones del Magisterio.

Tal fue la inquietud del Papa Montini que decidió darle a su documento una fuerza poco común a la acostumbrada a partir del Concilio Vaticano II. Allí se inauguró un “magisterio de diálogo”, lo que al decir de no pocos hace dudar sobre la obligación que imponen estos textos allí donde se apartan de lo ya definido anteriormente. No hay una afirmación obligatoria ya que sus autores no asumen la autoridad que para escribirlos les ha sido conferida. Es decir, renuncian a imponer como mandado por la Iglesia, en nombre de Dios, sobre el fundamento de la Revelación y la Tradición. La Humanae Vitae, en líneas generales, fue un documento excepcional dentro de esa línea posconciliar.

Paulo VI, asimismo, injustamente imputado de haber dado permiso para hacer lo que luego él mismo condenó con firmeza, afirmó allí:

“Hay que excluir igualmente, como el Magisterio de la Iglesia ha declarado muchas veces, la esterilización directa, perpetua o temporal, tanto del hombre como de la mujer ; queda además excluida toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación.

Tampoco se pueden invocar como razones válidas, para justificar los actos conyugales intencionalmente infecundos, el mal menor o el hecho de que tales actos constituirían un todo con los actos fecundos anteriores o que seguirán después y que por tanto compartirían la única e idéntica bondad moral. En verdad, si es lícito alguna vez tolerar un mal moral menor a fin de evitar un mal mayor o de promover un bien más grande, no es lícito, ni aun por razones gravísimas, hacer el mal para conseguir el bien, es decir, hacer objeto de un acto positivo de voluntad lo que es intrínsecamente desordenado y por lo mismo indigno de la persona humana, aunque con ello se quisiese salvaguardar o promover el bien individual, familiar o social. Es por tanto un error pensar que un acto conyugal, hecho voluntariamente infecundo, y por esto intrínsecamente deshonesto, pueda ser cohonestado por el conjunto de una vida conyugal fecunda.” Encíclica ]]>Humanae Vitae]]> 14

Más adelante en la encíclica, Paulo VI anticipa lo que en verdad ocurrió: la concesión en el fuero personal de licitud a la contracepción como un “bien” por parte de los individuos será usado luego por los Estados para “legitimar” políticas de regulación de la natalidad y manipulación de los hijos. En la falta el castigo.

Según Lombardi, es lícito el uso de anticonceptivos y otros medios de contracepción siempre que no sean abortivos

Las palabras de Francisco, reafirmadas por Federico Lombardi, su vocero, e interpretadas por él son una legitimación de la contracepción, aunque se pongan condiciones como la de su uso por una “consciencia bien formada”. Pues, una consciencia bien formada lo puede estar solamente si acepta lo que ha dicho siempre el Magisterio, de un modo formal e irreformable, no los devaneos de una entrevista periodística aunque sea al papa, o los dichos de su vocero.

El daño moral es terrible y lo afirmado falso: falso el episodio de las monjas, falso que el Magisterio, en cuanto tal, haya considerado la posibilidad de excepciones. Falso que lo dicho al voleo por un Papa en una situación cualquiera sea Magisterio.

Este episodio tiene, sin embargo, una consecuencia buena: pone en evidencia el problema de la validez del así llamado “magisterio posconciliar”. Sus documentos revisten un carácter y un tono que parece explícita renuncia a lo que es esencial al Magisterio: enseñar con fuerza de obligación, aunque no todo documento magisterial tenga la misma fuerza u obligue de la misma manera.

Sobre este punto invito a los lectores a buscar buena literatura e informarse en fuentes seguras. En especial allí donde la Iglesia define y explicita la naturaleza, las condiciones y el alcance del Magisterio.

A modo de epílogo:

1) Paulo VI nunca dio tal permiso a las religiosas del Congo ni a ninguna otra para usar anticonceptivos. La crisis tuvo lugar bajo el reinado de Juan XXIII y duró hasta 1965. Luego el Papa Montini visitó esa nación, en 1968. Esta afirmación es una patraña que ahora. Francisco ha dado por verdadera y su vocero confirma.

2) El caso del que habló Benedicto en su entrevista-libro dio lugar muchas especulaciones. Lo cierto es que no se refirió a actos siquiera potencialmente fecundos, porque habló de relaciones homosexuales, las cuales son siempre desordenadas, más allá de las circunstancias.

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