¿Es Francisco un papa hereje?

Material o formal. Herético o heretizante. Cuestiones que no siempre se comprenden

El Padre Gleize, profesor de uno de los seminarios de la FSSPX, escribió una serie de artículos de 9 partes sobre la herejía papal. Hace unos días, le realizamos una entrevista sobre la gran precisión teológica presentada en su extraordinario trabajo.

FSSPX EUA: ¿Podría resumir sus artículos para todos aquellos que no han tenido la oportunidad de leerlos?

P. Gleize: Lo que intenté hacer fue proporcionar varios elementos de una respuesta al grave problema planteado para las conciencias católicas por Amoris Laetitia, y además, hablando más generalmente, por toda la actitud del Papa Francisco. Está claro que el papa no es absolutamente infalible, fuera de las condiciones específicas indicadas en la revelación divina. Por lo tanto, puede estar sujeto a cometer errores. ¿Es posible que llegue a caer en la herejía? Y si eso sucediera, ¿perdería el pontificado? La respuesta a estas preguntas no es simple, porque involucra varias interpretaciones teológicas. Podemos decir que el papa puede caer en la herejía, pero que sólo Cristo tiene la autoridad sobre él para relevarlo de su cargo.

Bajo esas circunstancias, ¿se puede decir que el Papa Francisco se aventura en la herejía en Amoris Laetitia? La herejía es adoptar una postura teorética contraria al dogma; Francisco no niega el dogma en la teoría, pero autoriza una disciplina y una práctica contrarias a aquellas que normalmente se derivan de la doctrina de la Iglesia. Amoris Laetitia reafirma la indisolubilidad del matrimonio, pero afirma que es posible tratar a las personas divorciadas y vueltas a casar como si su actitud no constituyera una negación de la indisolubilidad. Es como decir: sí, crean en el dogma, pero en la práctica pueden comportarse como si el dogma no fuera cierto. Esa sería la "herejía" del Papa Francisco, si es que en verdad la hay. No se trata del clásico tipo de herejía analizada por los teólogos; es una nueva forma de herejía, la herejía práctica de la subversión en la Iglesia, mediante la cual se convierte a la gente al modernismo al hacerlos vivir de acuerdo con los presupuestos modernistas.
 

FSSPX EUA: ¿Usted cree que el pontificado del papa Francisco es la razón por la que este tipo de preguntas se han vuelto más frecuentes?

P. Gleize: Más bien digamos que el pontificado del Papa Francisco vuelve estas preguntas más urgentes y obvias. Anteriormente, con Juan Pablo II y Benedicto XVI, ya nos habíamos enfrentado a una teología muy mala que ocasionó graves consecuencias en la Iglesia. El origen de todo esto es el Concilio Vaticano II, cuya trilogía de errores se opuso a la Tradición católica: ecumenismo, colegialidad y libertad religiosa. El falso principio de la libertad religiosa contiene en pocas palabras toda la nueva ética relativista, esa ética circunstancial que se volvió explícita en Amoris Laetitia. Hasta ahora, esas consecuencias morales se encontraban en la fase embrionaria y, desde Paulo VI hasta Benedicto XVI, es decir, los papas que eran conservadores en cuestiones de moral, nadie había querido llegar tan lejos. Por ejemplo, la teología de Juan Pablo II, conserva las principales conclusiones de la moral tradicional (contra el divorcio y la cohabitación), aun cuando están basadas en falsos principios. Pero el papa Francisco ha demostrado ser más lógico que sus predecesores, y deduce las consecuencias de estos falsos principios: la primacía de la persona humana tiene como resultado la relativización de la moralidad, en todos los ámbitos.
 

FSSPX EUA: Hay quienes opinan que AL permite el adulterio (303) y que eso basta para afirmar que ese documento es hereje. ¿Qué opina usted al respecto?

P. Gleize: Se puede permitir el envenenamiento al decir que es bueno y legítimo envenenar a las personas. Igual que se puede permitir al afirmar que existe un grave deber de preservar la salud y evitar la distribución de alimentos envenenados, añadiendo al mismo tiempo que aquellos que pongan veneno en la sopa que venden tienen el derecho a ser respetados y no deben ser objeto de discriminación. Amoris Laetitia actúa de la segunda manera. El papa Francisco dice que la indisolubilidad del matrimonio es un deber grave, pero añade que los adúlteros no deben ser objeto de ningún tipo de discriminación. Eso equivale a prohibir el adulterio en la teoría y permitirlo en la práctica. El documento sería herético si permitiera el adulterio en la teoría. Si lo prohíbe teoréticamente, entonces no es herético. Pero como lo permite en la práctica, debemos decir que, sin ser herético, favorece la herejía. Esto resulta bastante sutil, pero el modernismo es sutil.
 

FSSPX EUA: ¿La Iglesia tiene la obligación de determinar la culpabilidad de aquellos que viven en pecado?

P. Gleize: En este punto tendríamos que hacer una distinción muy importante. Para que los pastores de la Iglesia puedan enseñar a los fieles sobre el pecado, tienen que determinar primero qué es un pecado y qué no lo es. Y a partir de ahí, deben determinar cuáles de esos pecados son graves en razón de su objeto moral. Algunos pecados pueden consistir no solamente en una acción pasajera (como el pecado de la fornicación o el adulterio), sino también en una situación objetiva regular (como la unión libre o la cohabitación), lo cual es un escándalo. A partir de esta perspectiva, los pastores tienen la obligación de explicar el valor moral, bueno o malo, de las acciones públicas, pues por el simple hecho de ser públicas, estas acciones se convierten en ejemplos y en una incitación al bien o al mal. Un buen pastor tiene la obligación de señalar a sus ovejas los caminos incorrectos que conducen al precipicio, y alejarlas de ellos. En este sentido, la Iglesia siempre tiene la obligación de decir que vivir en una relación adúltera o cohabitar con alguien es un pecado, aunque con esto no declare la culpabilidad formal de todos los que viven en ese estado.

La Iglesia también está representada por sus confesores, quienes son los encargados de administrar el sacramento de la penitencia. El ministro del sacramento de la penitencia es, antes que otra cosa, un juez, y el confesionario se considera un "tribunal". Juzgar no significa condenar; sino determinar si la persona que se acusa de sus pecados cumple con las disposiciones necesarias para poder obtener perdón de ellos. Después de lo anterior, el confesor ya no puede actuar como juez sino como doctor y padre, al perdonar y mostrar misericordia. Pero esta misericordia supone discernimiento y juicio. Dicho sea de paso, ésta es la razón por la que el confesor tiene la obigación de cuestionar al penitente, para poder discernir si cumple con las condiciones necesarias. Este discernimiento no consiste necesariamente en determinar la culpa pasada o presente del penitente, sin embargo, el sacerdote tiene la obligación de cerciorarse si la persona ha declarado todos los pecados mortales que ha cometido, si está verdaderamente arrepentida de ellos, y si está resuelta a no volver a cometerlos en el futuro. Por lo tanto, el sacerdote puede juzgar, al menos indirectamente, una posible culpabilidad, en caso de que la persona carezca de contrición o de un firme propósito de enmienda.

FSSPX EUA: La proposición 301 de AL dice: “Por lo tanto, ya no es posible decir que todos aquellos que se encuentren en alguna situación “irregular” viven en estado de pecado mortal y están privados de la gracia santificante."
¿No enseña el Concilio de Trento que Dios da gracia suficiente a todos? Y, por lo tanto, a la luz de esta enseñanza, ¿no es correcto abstenerse de este juicio, como lo hace AL? De otro modo, ¿no habría una contradicción al decir que las almas que viven en una situación irregular están privadas de la gracia y al mismo tiempo decir que Dios concede su gracia a todos?

P. Gleize: El Concilio de Trento (en el canon 17 sobre el Decreto de la Justificación) censura precisamente el error que afirma que Dios sólo concede sus gracias a los predestinados. Pero también declara en el capítulo 11 que Dios puede abandonar a aquellos que lo abandonan a Él, es decir, que su negativa a conceder su gracia es una posibilidad. Por lo tanto, debemos afirmar lo contrario a lo que enseña Amoris Laetitia, para mantener la coherencia con lo que declara el Concilio de Trento: Dios da su gracia a todos, pero no todos la reciben y, por consiguiente, algunos quedan privados de ella, porque la rechazan. Efectivamente, aquellos que viven en pecado están privados de la gracia, pero por su propia culpa, porque el estado de pecado es en sí mismo un rechazo a la gracia. No se puede cohabitar o vivir en adulterio, ni se puede vivir despreciando la ley de Dios sobre el matrimonio, y al mismo tiempo seguir viviendo en la amistad de Dios recibiendo su gracia. Es verdad que debido a un cierto grado de ignorancia, algunas de las personas que viven en situaciones irregulares no quedarán privadas de la gracia inmediatamente. Pero, sin embargo, hay que decir también que hay otras que sí están privadas de la gracia, porque no viven en la ignorancia. Y también hay que decir que la situación irregular, como tal, constituye una situación en la que normalmente las personas involucradas están privadas de la gracia, a menos que se compruebe la ignorancia invencible. Por lo tanto, el pasaje de AL es muy ambiguo y simplista. Ciertamente promueve una interpretación errónea.
 

FSSPX EUA: Usted dice que el Papa Francisco aplica una metodología en la que no quiere definir ni ser preciso, negándose así a hacer afirmaciones o negaciones, algo que ha sido un caso muy frecuente desde el Concilio. Pero Ludwig Ott dice: "Al decidir sobre el significado de un texto, la Iglesia no juzga la intención subjetiva del autor, sino el sentido objetivo del texto." ¿Podría explicar esto?

P. Gleize: Lo que dice el Padre Ott es correcto, y la conclusión que se saca de ello es que cuando se aborda con precisión el sentido objetivo de un texto, especialmente cuando este sentido está suficientemente claro, la intención subjetiva del autor no lo cambia absolutamente en nada. Por ejemplo, si Vaticano II nos enseña el derecho a la libertad de propagar errores públicamente, esto equivale claramente a conceder la libertad de propagar errores públicamente, puesto que este derecho negativo está basado necesariamente en un derecho positivo.Todos los obispos y teólogos del mundo pueden decir que, al promulgar y aplicar este documento, el papa no tenía la intención de autorizar la libertad para propagar el error, pero el hecho es que el documento autoriza objetivamente esta libertad, y la intención de Juan Pablo II o de Benedicto XVI no cambia en nada las cosas. Pero en este caso, con la proposición del Papa Francisco, no se trata del sentido objetivo de Amoris Laetitia; sino del valor o grado de autoridad del documento. Independientemente del sentido objetivo de un texto, el mismo texto con el mismo sentido objetivo puede ser presentado con valores muy distintos: como un dogma, como una opinión teológica o como una conclusión provisional y debatible. Por ejemplo, podemos decir que "Jesucristo es Dios"; el sentido objetivo de esta afirmación está perfectamente claro. Pero para un católico, esto es un dogma, mientras que para un protestante estricto sólo es una opinión, para un protestante liberal es una hipótesis que actualmente puede debatirse, para un modernista es una fórmula con utilidad práctica, y para los historiadores, es el estado de conciencia de una época determinada. Por consiguiente, en el caso de Amoris, el Papa Francisco efectivamente dice lo que dice y el sentido objetivo está claro; pero no sabemos si lo que dice es un acto Magistral, un acto de enseñanza de la jerarquía de la Iglesia, lo cual obligaría en conciencia a todos los fieles y anularía todas las enseñanzas previas que afirmen lo contrario. Todo lo anterior, son líneas de investigación para una reflexión cuyo objetivo sea eliminar todas las contradicciones. Porque, en realidad, Amoris afirma al mismo tiempo que el matrimonio es indisoluble y que los adúlteros ya no representan un problema.
 

FSSPX EUA: Usted también dice que "es posible evitar cualquier tipo de relación con un papa notoriamente herético, sin por ello considerarlo como destronado del papado." ¿Podría explicar lo que significa esto en la práctica?

P. Gleize: No significa nada, porque esto se refiere a una situación excepcional, una situación anormal, que un católico no puede prever por adelantado ni elegir por su propia libertad. Esto corresponde a una situación en la que la Divina Providencia nos coloca, y es casi la única en la que estamos obligados a colocarnos si queremos seguir siendo fieles. Actualmente, ésta es la situación de los católicos que, aunque reconocen (hasta que haya suficientes pruebas para demostrar lo contrario) que el papa es papa, se niegan legítimamente a obedecerlo en las cosas en las que él mismo desobedece a Nuestro Señor y a todos sus predecesores desde San Pedro. Reconocemos al papa como tal porque rezamos públicamente por él, durante la Visita al Santísimo Sacramento o al mencionar su nombre en el Canon de la Misa. Y por eso, seguimos pendientes a todas las iniciativas provenientes de la Santa Sede en Roma que nos conciernen, en vez de ignorarlas como si esta Sede no nos importara en lo más mínimo y no la consideráramos una autoridad.
 

FSSPX EUA: Su conclusión es que AL no es herética, sino que "más bien" favorece la herejía. ¿Puede explicar esta diferencia?

P. Gleize: Es la distinción entre una declaración de principio ("el matrimonio es indisoluble") y una forma de actuar en la práctica ("el matrimonio es indisoluble, pero no se debe discriminar a los adúlteros en la Iglesia"). Alguien que favorece la herejía, que admite en la práctica la herejía que aparentemente no admite en la teoría. Esta forma de hacer las cosas es característica de los católicos liberales, quienes no son católicos en la misma medida que son liberales en su forma de actuar.
 

FSSPX EUA: ¿Qué libros recomienda para estudiar el tema a mayor profundidad?

P. Gleize: Sobre el matrimonio, la encíclica Casti Connubii de Pío XI; sobre la subversión del matrimonio, que es la problemática del catolicismo liberal y del modernismo. Monseñor Lefebvre, en el prólogo de su libro Le Destronaron, dijo: "Si no leen, tarde o temprano se convertirán en traidores, porque no entenderán la raíz del mal." Por lo tanto, es necesario leer buenos libros que expliquen cómo lleva a cabo el liberalismo esta subversión y manipulación: Le Libéralisme est un péché [El Liberalismo es un Pecado] de Dom Salva y Sardany; Liberalismo y Catolicismo del clérigo Alfred Roussel. Todas las obras de Monseñor Lefebvre. ¡Y el Courrier de Rome!

Fuente: ]]>FSSPX News]]>

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