Fátima: el fruto sólo por la Fe

Crónicas de una peregrinación. Primera entrega.

Al llegar a Fátima, a pesar de que aún es una ciudad pequeña, lo primero que se percibe es el fenómeno de los todos los grandes santuarios: hoteles, tiendas, movimiento turístico. En temporada baja, que es cuando hice mi experiencia, todo está muy atenuado, pero en estos días de mayo el lleno es completo y las multitudes circulan por las calles y en particular se agolpan en la enorme plaza de la basílica.

Las grandes multitudes movilizan los sentimientos. Miles y miles de personas aclamando a Nuestra Señora, en una procesión nocturna alumbrada con velas ha de ser una conmoción. En todo caso, el espíritu que predomine en ese acto de piedad estará muy ligado a los tiempos. La vestimenta de los visitantes, su gestos de piedad, la familiaridad con las posturas de reverencia debidos a los lugares consagrados… Es evidente que no todos llegan con espíritu de peregrinos, aunque tal vez algunos de estos vuelvan algo más peregrinos de lo que llegaron.

Lo bueno de estar allí cuando hay poca gente y menos distracciones es percibir con impactante evidencia que no hay nada extraordinario que ver en orden a la naturaleza. Es un destino que defrauda a quien no va con espíritu sobrenatural. La descripción de la Serra do Ayre, que el P. Alonso nos deja en sus obras (1) refleja el tiempo en que los pastorcitos vivieron y fueron testigos privilegiados de las apariciones del cielo. Y aunque es evidente la reverencia y piedad de la gente del lugar, en particular en Aljustrel, aldea natal de los niños, de donde proceden las dos familias (dos Santos y Marto), y aunque sigue siendo una aldea, ya no es aquella aldea ni predomina aquel espíritu. Es algo inevitable.

Por eso, el peregrino debe ir con espíritu de tal, no contaminado por los intereses del turista, ni siquiera por los más elevados de simple viajero.

 Hace unos días leía un artículo periodístico escrito para la ocasión: “La canonización de los pastorcitos confirma la veracidad de las apariciones”. Nada más alejado del espíritu de Fátima. La veracidad de las apariciones fue confirmada por la Santísima Virgen cuando profetizó los sucesos mundiales de los siguientes cien años y quizás muchos más. Y para garantizarlos antes de su cumplimiento realizó, con el poder de Dios, un milagro cósmico contra el cual solo puede argumentarse con el silencio y el ocultamiento. (2)

Vista de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima

Fátima es, fuera de la Encarnación y sus consecuencias, posiblemente la intervención sobrenatural en la historia más extraordinaria y grandiosa. No es meramente una “revelación privada”. Es casi absurdo afirmar algo así. De hecho los teólogos marianos hablan de una categoría particular. Ciertamente, la Revelación pública se cerró con el último Apóstol. Ciertamente Dios ha intervenido en la historia muchas veces por medio de mensajes y apariciones. Pero estas en las que el curso de la misma historia humana está tan implicado, van más allá de la categoría de “privadas”. En ellas el papel de la Iglesia se limita a certificar que no existe error doctrinal en el mensaje y autorizar su culto. Fátima profetiza lo que hará la propia jerarquía de la Iglesia y sus consecuencias en las décadas venideras. Y aún queda por develar el final, misteriosamente esperanzador. (3)

Para ver lo que las profecías auguraban en orden a la Iglesia, basta recorrer la gran plaza hacia el extremo opuesta a la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima y su impresionante columnata. Veremos allí, hundida en una depresión del suelo, con una forma exterior de estadio de fútbol la sub-basílica de la Santísima Trinidad. Vista de frente, ostenta a su izquierda un “crucifijo” tan impresionante como grotesco. Estar ante él conmueve, pero no en el sentido de la piedad cristiana. También una estatua de Juan Pablo II, que parece realizada por quienes hubiesen querido agraviarlo.

Entrar a la monstruosa construcción por alguna de sus puertas gigantescas, observar la inversión de los niveles (un gran declive que conduce a un altar hundido en la tierra, mientras que los asistentes se sientan en más de 9000 butacas elevadas, como de teatro o estadio; alumbrados por una luminosidad misteriosa que procede de la techumbre acanalada (obra de ingenio arquitectónico digna de admiración y cierto pavor), es un experiencia religiosa, pero no cristiana. Es un monumento al hombre, diseñado según el espíritu de la nueva liturgia. En la basílica tradicional, que no ha sobrevivido intacta a los cambios litúrgicos, se ven claramente los injertos del engendro de Bugnini, la nueva liturgia. En este monstruoso edificio, todo está pensado, hasta en los menores detalles, para exaltar el culto del hombre, inspirado en las consecuencias últimas de esta neoliturgia. Nada puede ser más contrario a Fátima.

Vista de la sub-basílica de la Santísima Trinidad

 

Y allí donde se marca el lugar de las apariciones, en la Capelhina, donde se venera la imagen de la Virgen, impresiona que los bancos destinados a los que desean orar de un modo particular o durante las misas que se celebran, aunque no es imposible como en el caso de la sub-basílica, arrodillarse no está muy facilitado. Todo empuja al peregrino a estar sentado o de pie, posiciones que los pastorcitos nunca adoptaron ante la Virgen. Siempre de rodillas.

Naturalmente, el Rosario está presente en todas partes, y la gente lo reza ante la imagen, frente a las tumbas de los videntes, en el crucero de la Basílica, y en el camino de los Valhinos, donde la piedad de los húngaros construyó un vía crucis pidiendo la liberación de su patria de la opresión comunista. Coronado luego por una estación nueva, a mediados de los años 1990, la resurrección, como testimonio del cumplimiento de la gracia pedida. Allí todo está pensado para la oración y la contemplación. Al fin del recorrido, siguiendo el orden de las estaciones, se llega a las puertas de Aljustrel a pocos metros de las casas de los pastores.

El P. de Marchi con los padres de Francisco y Jacinta

De hecho este es el camino que habitualmente realizaban para llevar sus rebaños. También están señalados los lugares de las apariciones del Ángel de Portugal, la Losa do Ango. Esta toponimia es exacta ya que la realizó personalmente la hermana Lucía en su última visita a Fátima antes de cambiar de las doroteas a la orden carmelita. En la ocasión fue acompañada por el padre De Marchi, un sacerdote estadounidense que dedicó tres años de su vida a investigar y tomar testimonio de las apariciones, viviendo todo el tiempo en el lugar. (4)

La visita a las casas de los videntes confirma, situándose en el tiempo, que no eran pobres ni vivían en la miseria, como fue el caso de la niña vidente de Lourdes, Bernardette Soubirous. Tenían ellos ciertas “comodidades” y amplitud en sus viviendas. Poseían prados propios con huerta, ganado, olivares y viña. La pobreza de estos niños, que no habían sido escolarizados aún, era del más puro cuño evangélico. Almas piadosas, limpias, fervorosas, como eran las de la mayoría de los países católicos en esos tiempos. En particular, los que vivían en naciones tan marianas como la bella Portugal y en los ámbitos rurales, más religiosos.

Y aquí otro desafío para quienes tenemos la convicción firme sobre las promesas de Fátima: “En Portugal no se perderá nunca el dogma de la Fe”. (5) Esta Portugal de hoy, amable, gentil, hospitalaria, tiene sin embargo, un presente eclesiástico muy pobre. Conserva sus iglesias y monumentos cristianos, como los ha conservado también España, pero parece haber un gran vacío espiritual. El corazón católico de Portugal hoy sigue siendo Fátima. Allí se dan cita los cristianos, más allá de todas las confusiones que puedan sufrir. Pero fuera de Fátima, la decadencia parece igual a la de Europa, aunque tal vez más lenta.

Ciertamente, hay que recorrer todos estos lugares, detenerse a orar en los sitios bendecidos por la presencia sobrenatural, ante la imagen de Nuestra Señora, ante la tumba de los santos pastores, movidos más que nada por la Fe. La emoción puede cooperar y a veces puede ser inevitable. Pero la falta de emoción, la contemplación seca de los lugares santificados, la unión espiritual con los pedidos de la Virgen y aquella parte personal en la que uno pone ante la intercesión de la Señora y de sus elegidos las intenciones que ha llevado en su corazón, quizás edifique mucho más el espíritu del peregrino que los sentimientos. En particular si está prevenido de lo que los mensajes anticiparon y que sin duda ocurre en el tiempo actual. No solo en el mundo, sino dentro de la Iglesia, que es el faro del mundo. Hoy aparentemente apagado.

Notas

(1) Ver, por ejemplo, “Fátima, escuela de Oración”, de RP Joaquín María Alonso, que es quizás el mayor experto en Fátima.

(2) Milagro del Sol. 13 de octubre de 1917.

(3) “Finalmente, Mi Corazón Inmaculado Triunfará… le será dado al mundo un tiempo de paz”.

(4) Fruto de su trabajo es el “best-seller” más grande de la literatura sobre Fátima, “Era una Señora más brillante que el Sol”, que se ha vendido por millones de ejemplares en muchísimos idiomas.

(5) Parte final del segundo secreto. Tercera memoria de la Hermana Lucía.

 

Ver segunda entrega

Twittet

Marcelo González

El siguiente texto es tan verdadero como verosímil el lector lo quiera considerar.

Editor y Responsable

No es posible hablar de "las dos caras de Francisco", él ha superado largamente esta metáfora. Francisco tiene múltiples caras, y uno de los momentos en los que se pueden observar es cuando recibe a personas o los regalos que estas personas le ofrecen. Claro que es imposible establecer un juicio a partir de un gesto.

Marcelo González

Retomamos el tema ya comenzado en un artículo anterior: “La Misa Nueva bien rezada vs. la Misa Tradicional”. El objeto, naturalmente, es establecer las diferencias del Novus Ordo con respecto a la Misa Tridentina, Gregoriana, Vetus Ordo o como se le quiera llamar.

Editor y Responsable

Entrevista (audio) subtitulada en español. Breve y muy esclarecedora sobre la opinión del P. Malachi Martin, autor de novelas tan renombradas como "El Último Papa", "Vaticano", y otras obras sobre la crisis de la Iglesia tras el Concilio Vaticano II. El fue secretario del Card. Bea, en época de Juan XXIII y afirmó conocer el "Tercer Secreto de Fátima". Murió repentinamente en condiciones todavía no aclaradas, según sus amigos más cercanos.

Editor y Responsable

Ayer conocimos la noticia: el teólogo más importante de la Conferencia Episcopal de los EE.UU. envió a Francisco una carta demandando el cese de sus actos de confusión doctrinal y persecución a los católicos fieles. Naturalmente, tuvo que renunciar a su cargo. Tomamos el texto en español que publica Sandro Magister junto con sus comentarios.

Editor y Responsable

No temamos, amigos católicos, con esto de la celebración de Lutero y la Reforma Protestante. Todo es una broma. El 28 de diciembre próximo la Santa Sede enviará a las iglesias luteranas, a todas ellas, confederadas, disgregadas, re-reformadas y ultraevolucionadas; obispos, obispas y [email protected], clero LGBTetc. un telegrama oficial con el texto: “Que la inocencia les valga, Francisco”

Editor y Responsable

Pidiendo el papa León XIII a Dios que todos se acojan a su misericordia para ser un solo rebaño bajo un solo pastor, aclara que para ello deberán salir de la bruma de las falsas creencias, reconcililarse con la verdadera Fe, deponer el odio cismático y, en otro caso, dejarse bautizar por la sangre que contra sí reclamaron en el día de la Pasión de Cristo.