Fátima, una ciudad tradicionalista

Por dos días, miles de peregrinos y un centenar y medio de sacerdotes transformaron Fátima

La peregrinación de la FSSPX a Fátima los días 19 y 20 de agosto fue tal vez la más numerosa de la historia de esta institución. Se estima que participaron unos 10.000 fieles. Más de 150 sacerdotes además de seminaristas, hermanos y religiosas. Esto fue un reto de organización, ya que cada día los sacerdotes rezan la misa, y no concelebran, porque es una práctica ajena al Rito Romano tradicional. De modo que salvo los celebrantes de las misas centrales, todos los demás rezaban sus misas a lo largo del día.

Por testimonios muy directos sé que se vivieron estas jornadas, tremendamente calurosas (hasta 40º c.) con mucha alegría. Algunas de estas personas me han referido el encuentro con una sobrina de la Hermana Lucía. La anciana les manifestó que su tía le ha asignado la tarea de cuidar la casa paterna de la familia Dos Santos y manifestar a los visitantes este testimonio de parte de la vidente mayor: “El infierno existe, yo lo vi”. Un encargo que la sobrina de Lucía sigue cumpliendo fielmente. Esa necesidad de recordar la existencia del infierno, tan propia de Fátima y fielmente realizada por Lucía durante toda su vida, es un acto de misericordia del Cielo, para mover a las almas a rezar por la salvación de los pecadores. “Muchos se condenan porque no hay nadie que rece por ellos”.

Otro testimonio juvenil sobre esos días: “Fátima parecía un pueblo tradicionalista”. En cierto modo, se concentró por pocas horas un porcentaje enorme de católicos a la vieja usanza. Otra joven, conmovida por el uso de la lengua universal de la Iglesia latina, en las oraciones y ritos, se sorprendía a la vez de la necesidad del predicador de expresarse en cinco idiomas para hacer comprender sus palabras dada la diversidad de precedencia de los peregrinos. Pero en el culto por excelencia, la liturgia, todos fueron uno.

Los obispos realizaron una consagración de Rusia al Corazón Inmaculado. Un gesto que manifiesta el deseo de cumplir con lo pedido por la Virgen, aunque la consagración que solicitó la Virgen deberá ser realizada por el Papa en unión con todos los obispos de la Iglesia. Esa será la consagración que desate el final de esta terrible crisis y reencamine a la jerarquía y a los fieles. Y también devuelva la paz al mundo por un tiempo.

Ahora viene la perseverancia en la oración y la mortificación. La perseverancia en la Fe y en los ritos de la Iglesia. El incremento de la Esperanza y de la Caridad. Hasta el cumplimiento final de las profecías: “Finalmente, mi Corazón Inmaculado triunfará”.

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Marcelo González

Signos del cielo y de la tierra: si los tiempos no se abreviasen hasta los justos perecerían

Mons. Bernard Fellay

Pretender hablar de conversión excluyendo que sea a la Iglesia católica, es burlarse de la gente. Dios, que es todopoderoso, ha puesto en las manos de María esta gracia, este poder de hacer milagros; no sólo el del sol, sino un milagro aún más asombroso: la conversión de un país entero mediante una sencilla consagración hecha por el Santo Padre, al que se unirían los obispos del mundo entero. Ese país, desde ese momento, quedará entregado a la Santísima Virgen.

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Continuemos la lucha con todas nuestras fuerzas como siervos inútiles que somos, pero pongamos nuestra esperanza, más que nunca, en la todopoderosa intercesión de Santa María, la Madre de Dios siempre Virgen, pues es ella quien, una vez más, vencerá la herejía.

Editor y Responsable

Cuando ahora leo en el Nuevo Testamento esas escenas tan encantadoras del paso del Señor por Palestina, recuerdo éstas que, tan niña todavía el Señor me hizo presenciar en esos pobres caminos y carreteras de Aljustrel a Fátima y a Cova de Iría. 

Jorge Ferro

La persona de Lefebvre es remansada, acogedora. No estamos frente a un energúmeno. Bastaba mirar sus ojos, a los que veo todavía hoy como claros y serenos. Una voz tranquila, no declamatoria, sensata. Su palabra mesurada y esperanzadora. 

Editor y Responsable

Los otomanos avanzaban sobre Europa. Juan (Jan III) Sobieski, rey de Polonia, decidió liderar la coalición, abandonando su patria marchó al mando del ejército. Al llegar a Viena los turcos doblaban a los cristianos. El enviado papal, Marco D’Aviano, consiguió unir a todo el ejército bajo el mando del rey polaco.

Marcelo González

Recientemente hizo algo de ruido una pastoral del obispo de Mercedes-Luján, Mons. Radrizzani, que es un personaje muy pintoresco. Su rol mediático más reciente tuvo lugar cuando cierto ex funcionario público decidió esconder unos 10 millones de dólares en billetes en cierto convento bajo su jurisdicción.