Finalmente, ¿se puede acusar al papa?

La Corrección Fraterna a Francisco, bajo acusación de siete proposiciones heréticas

El fin de semana se hizo público un documento que circulaba de modo reservado desde hace algún tiempo. Se trata de una “corrección filial” escrita por un conjunto de teólogos, con el aporte de diversos catedráticos de buena parte de Europa y América. (]]>Puede leerse en este vínculo]]>).

El documento formula una acusación al Papa Francisco. Se lo acusa de sostener y difundir siete proposiciones heréticas (para el caso es suficiente). Técnicamente, herética es la doctrina que se opone a una verdad de Fe ya establecida por la Iglesia de un modo definitivo. La corrección fue enviada a Francisco en privado hace un par de meses (16 de julio de 2017) y –fiel a su costumbre- no contestó nada, ni de modo privado ni de modo público. Es decir, calló. Y como el que calla otorga o concede, callar es un signo de admisión de la culpa. La corrección se hizo, siguiendo el precepto evangélico (Mt. 18,15), primero de modo personal o privado. Y luego, ante su silencio, se manifestó a todos los católicos.

Herejía material y herejía formal

Desde el Concilio Vaticano II los papas, y el propio Concilio también, refrendado por dos papas, han afirmado puntos de doctrina contrarios a los sostenidos por el Magisterio tradicional de la Iglesia. Esto de “Magisterio tradicional” es un neologismo para explicar que a partir de cierto momento, los papas comenzaron a predicar algunas doctrinas no acordes con el Magisterio, formulando un “nuevo nagisterio”, mezclado y confuso. Algo que es la esencia de lo anti-magisterial: la confusión. Peor aún cuando la confusión cierne sobre lo que ya estaba claro.

Muchos teólogos, la mayoría del llamado “movimiento tradicionalista” han estudiado y objetado estos puntos. Recuérdese la pintoresca forma en que el P. de Nantes llegó a presentar sus famosos “Liber Accusationis”, contra Paulo VI y contra Juan Pablo II, cuando se negaban a recibirlo, mucho menos a contestarlo. Y de un modo más académico, la obra de Romano Amerio, (]]>ver Iota Unum aquí]]>) que puntillosamente puso en evidencia las contradicciones de este “nuevo magisterio” con El Magisterio.

Puntos que constituyen en muchos casos “herejías materiales”, no meramente ambigüedades. Para los olvidadizos, herejías materiales son aquellas que se sostienen por ignorancia, confusión, torpeza, sin voluntad de apartarse de la doctrina ortodoxa de la Iglesia. Recordemos también a cierto obispo que sí enfrentó, no de un modo meramente académico, sino formulando correcciones fraternales, a dos papas y terminó excomulgado. Efectivamente, San Atanasio.

En esos tiempos, y hasta hace muy poco, buena parte de los que hoy firman esta “corrección filial” no hubiesen imaginado posible hacer tal corrección. Este irónico detalle lo argumenta uno de los defensores de Francisco. Un defensor por “izquierda”, o sea, un progresista liberal, que confronta a los acusadores de hoy con este razonamiento: ¿No era que no se puede acusar al Papa? Hiriendo así, con maliciosa agudeza a los que defendían la doctrina de la Iglesia con el simple argumento de autoridad: lo dijo el papa (por ponerlo en términos muy simples). Es decir, que no prestaban atención, aunque deberían haberlo hecho, ni a la historia ni a la doctrina que sostiene que no todos los dichos o escritos de un papa son magisteriales y aún siéndolo, no tienen el mismo grado de autoridad. Y que un papa puede caer en herejía, por raro que sea.

¡Estás contra el Papa!

Yo recuerdo, en mi larga vida de tradicionalista, haber escuchado muchas veces este reproche: ¿cómo te vas a oponer a algo que ha dicho el papa? O el Concilio, cuando el Concilio era dogmático de facto. Algo que parece también dejó de ser para los conservadores. Claro que los conservadores no pretendían argumentar contra doctrinas heréticas en nuestro caso (como la negación de presencia real en la Eucaristía, por ejemplo, o sacerdocio femenino) sino contra nuestro obstinado señalamiento de que muchas de estas doctrinas “nuevas” eran contrarias a La Doctrina . Pero les resultaba muy cómodo hacerlo así, por vía de autoridad. Aunque el fundamento fuese muy poco sólido. Era más fácil decir “estás contra el Papa” que explicar por qué esas doctrinas nuevas no contradicen a La Doctrina.

Fue el recurso preferido contra los tradicionalistas. Lo dice el Concilio, lo dice Paulo VI, lo dice Juan Pablo II, etc. O sea, es infalible. Aunque ahora estas personas, enhorabuena y me congratulo por el paso dado, se enfrentan a la bestia que crearon: es decir, a la justificación papolátrica a ultranza de todo lo que se hizo durante y después del Concilio con la firma de un papa. Es decir, se enfrentan a la situación de tener que acusar a un papa, aunque sea de un modo filial, del siguiente cargo: ir contra Cristo. Lo hacen porque se ha llegado a “un extremo”, según parece, que es negar en la práctica algunos mandamientos, hacer apología de los herejes protestantes, comenzando por Lutero, y también de sus doctrinas. Si duda es espantoso.

Uno se pregunta, si además de espantoso, esto es novedoso. O tal vez ya había ocurrido antes. Y creo que muchos nos respondemos que sí, había ocurrido antes, negando la Realeza Social de Cristo, propagando un vergonzoso “ecumenismo”, ya condenado por el Magisterio de la Iglesia (ver encíclica Mortalium Animos). Propagando y forzando a los fieles a aceptar una liturgia heretizante, como la Nueva Misa. Los encuentros de Asís, el beso al Corán (libro blasfemo), los pedidos de perdón, la negación del espíritu misionero… y un millón de cosas más. ¿No constituían, acaso, actos heréticos o heretizantes? ¿Habría que haber realizado una “corrección filial” a Paulo VI? ¿Habría que haber resistido estas doctrinas “en la cara”, como Pablo a Pedro cuando quiso judaizar (Gal 2, 11-21)?

¿Qué sentido tiene esta corrección filial? Ciertamente determinar si las herejías de Francisco son materiales o formales. Es decir, si las propaga por X razón, pero al ser advertido se retractará, o bien insistirá contumazmente en ellas. Y en tal caso dichas herejías pasarán a ser “formales”. O sea… tendremos un papa indisputadamente herético, porque fue advertido y corregido de sus errores fundándose en la autoridad del Magisterio y de la Revelación y no se retractó. Esta constatación es la que se espera ahora de parte de un conjunto de prelados, cardenales seguramente. Acusación que solo unos pocos se atrevieron a hacer ante Paulo VI, Juan Pablo II o el propio Benedicto XVI, con todo el aprecio que le tengo. ¿Qué se hace con un papa formalmente herético? Aquí empieza otro baile, pero al menos llegamos a un lugar concreto y firme.

Hemos dado un paso gigantesco. Han caído, al menos para muchísimos, los argumentos de autoridad y la defensa ciega de los errores para “no dañar” la autoridad papal. Se comprende que el prestigio de la Cátedra de Pedro haya paralizado a muchos. Pero solo en los tiempos modernos se ha llegado a confundir la santidad del oficio petrino con la impecabilidad o infalibilidad absoluta de sus sucesivos representantes.

Tal vez sea reiterativo, pero el ejemplo es tan didáctico que vale la pena el riesgo. Al asumir Pío XII, pidió disculpas al embajador de España ante la Santa Sede por las vacilaciones de su antecesor cuando los rojos comenzaron a perseguir a la Iglesia. Pío XI no quería apoyar a “la derecha” española y mucho menos a Franco, ni se fiaba de los informes calamitosos que le llegaban. Pío XII consideró que el papa anterior había obrado muy mal en esta materia y en calidad de papa, él ahora deseaba reparar de algún modo esa negligencia. La respuesta del embajador define de un modo impecable la papolatría:

- No le permito, el papa nunca se equivoca.

El papa sí se equivoca, con mucha frecuencia. Pero lo que es peor, aunque no tan frecuente, es cuando se equivoca al profesar una doctrina herética. Juan XXII lo hizo y los católicos, los académicos y teólogos, lo acusaron sin remilgos. Su doctrina errónea, comparada con lo que se dice hoy parece una niñería. Murió retractado, el bueno de Juan XXII. Y salvó su alma.

Seguramente esta corrección salvará muchas almas. Tal vez, Dios quiera, la de Francisco.

Nota: Yo firmé la petición, e invito a todos a firmarla. ]]>Hagan click aquí]]>.

 

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Primera entrevista al nuevo Superior General de la FSSPX, don Davide Pagliarani.

Marcelo González

Don Davide (con acento en la a), o sea el P. Pagliarani, es el nuevo Superior General de la FSSPX. Mucha gente se pregunta de dónde salió. ¿Qué significa esta promoción inesperada de un cura raso a la máxima jerarquía? Otros, menos informados todavía, señalan un desorden inaceptable: ¿desde cuándo un simple presbítero va a ser superior de obispos? Estos lefebristas están todos locos.

Marcelo González

Se percibe un cierto temblor de mitras. El optimismo y la componenda comienzan a desdibujarse. Parece que no alcanza con dejarles el campo libre y ponerse a un costado. Cuando ocupen el campo vendrán a degollar a los que estén mirando resignados al discurrir inevitable de los tiempos. Es de manual: los tibios le venden la soga a los revolucionarios, que los van a linchar con esa misma soga (Lenin dixit).

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En pocas palabras: Pilatos era un pagano, o sea que había en él semillas de verdad, y de hecho se interesó en el tema, porque le preguntó a Jesús “¿qué es la verdad?” Y Jesús no le contestó. No le contestó… no quiero criticar, pero… Encima después lo amenazó con mandarle no se cuántas legiones de ángeles. Tampoco Pilatos podía dejar que atropellen así como así su autoridad. El tema es complejo. Jesús no se dejó ayudar, puso peros todo el tiempo.

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Pagaba poco porque era una fija. El caballo del comisario. Sorprende por sabido. Muchos no terminaban de creer que este personaje, abismalmente por debajo de los requisitos básicos para ocupar el cargo, podría finalmente ser elevado a esta dignidad. Una verdadera indignidad. Aguer, a su lado, es San Pío X. No es una comparación exagerada. Lo sería si le quitáramos “a su lado”.

El líder cocalero Evo Morales, presidente -con aspiraciones a la eternidad- de la República de Bolivia acaba de felicitar el neocardenal designado por Francisco, nacido, criado y ejercido en esa tierra altiplana. Se trata de Mons. Toribo Ticona, retirado ya y gozando de la paz familiar con su esposa, hijos y nietos.

Prof. Roberto de Mattei

Querer convertir a aquella Iglesia valerosa, dispuesta siempre a vivir al pie del cañón, en una sociedad de cobardes que viven escondidos por vergüenza o por pusilanimidad, sería un ultraje a su virtud. Eran plenamente conscientes de su deber de conquistar el mundo para Cristo, de transformar según la doctrina y la ley del Divino Salvador la vida privada y la pública, donde debía nacer una nueva civilización, surgir otra Roma sobre los sepulcros de los dos Príncipes de los Apóstoles. Y lograron su objetivo.