Francisco, la FSSPX y Fátima

Francisco, el papa del Centenario de Fátima, nos guste o no

Ningún lector regular de Panorama Católico puede dudar de mi posición ante Francisco, el papa Bergoglio. Y esto no lo digo porque mi opinión tenga alguna importancia, sino solo para orientar a quien tenga ganas de leer lo que sigue.

Lo que sigue es esto: Francisco es el papa del Centenario de Fátima. Su condición de Sumo Pontífice no se puede discutir seriamente mientras no se pruebe alguna invalidez en la elección. O sea, sedevacantistas abstenerse, porque sus argumentos navegan en un mar de teorías a las que se opone otro mar de argumentos en contra, al menos tan grande o mayor. La Iglesia no ha establecido aún doctrina firme sobre este tema.

Si Francisco es el papa, entonces todos su actos públicos, buenos o malos, tienen un carácter oficial. Para bien o para mal. Va a canonizar a los pastorcitos de Fátima, cuya santidad es evidente y maravillosa. ¿Me encanta que los canonice Francisco? Todo lo contrario, me apena. ¿Ahora sí me parece indudable el procedimiento de canonización reformado por Juan Pablo II? No, tengo las mismas dudas sobre su valor. Lo cual es relevante cuando los candidatos tienen objeciones, y triste cuando son santos a la vista de todos, como el P. Pío de Pietrelcina. Porque merecen ir a los altares en un proceso que no pueda ser sospechado de lenidad probatoria de sus virtudes. O de ocultamiento o descuidada revisión de sus obras y opiniones.

Con lo cual, por más que no me guste, tendré que resignarme a ver a los santos niños Jacinta y Francisco, primeros no mártires en ser canonizados por sus virtudes heroicas habiendo muerto a tan corta edad, elevados a los altares en estas condiciones. Dios lo remediará. Respecto a las otras disposiciones de Francisco, siendo el papa, si no van contra la fe y las costumbres, no me meto en cuestiones jurídicas, deben ser consideradas válidas. Y si alguien se ve sometido contra derecho, que patalee. Desde aquí lo apoyaremos.

A propósito de esto, hace poco tiempo, por una disposición de la Comisión Ecclesia Dei Afflicta, a la FSSPX le fue concedida la jurisdicción regular para ser testigos calificados del consentimiento matrimonial, o sea, para administrar el sacramento del matrimonio. La FSSPX ha venido realizando matrimonios durante décadas. Algunos dudaban de su validez en razón de la falta de jurisdicción, que en este caso es de carácter episcopal. Como siempre, la congregación fundada por Mons. Lefebvre recurrió al “estado de necesidad” previsto en el Derecho Canónico cuando había impedimentos para realizar estos actos, dado que se le negaban las licencias habituales. Lo mismo ocurría antes de que esta jurisdicción fuese reconocida por Francisco para recibir confesiones.

Ahora bien, otorgadas las licencias, en el caso de los matrimonios por vía de procedimientos que aún no se han establecido en detalle en su parte práctica, el fiel que tenía algún escrúpulo no podrá ya invocarlo. Y los parientes o amigos que tantas veces se negaban a asistir a tales bodas, tampoco podrán dar ninguna razón de conciencia atendible, más allá de sus antipatías contra los tradicionalistas, que no son argumentos canónicos, como es obvio.

Por otro lado, los tradicionalistas, sacerdotes o laicos, no podrán, sin incurrir en una contradicción meridiana, rechazar las licencias que se les conceden. Es de justicia y es lo que desde Mons. Lefebvre hasta la actualidad ha sido el reclamo de la FSSPX en materia canónica (hay otros reclamos más importantes de materia doctrinal): que no se impida bajo penas injustas, sin fundamentos, el ejercicio de la cura de almas. Tal cosa sería como si ahora, la Argentina o España rechazaran la devolución de las Malvinas o del Peñón porque “algo se traerán los ingleses”. En realidad es peor, porque en un caso quienes detentan el poder lo hacen ilícitamente, como es el de estas usurpaciones, pero en el de Franciso, supuestas las condiciones arriba mencionadas, es la autoridad legítima. Y si se trae algo, no lo sabemos ni lo podemos remediar.

¿Porqué Francisco se contradice de este modo, persiguiendo a ciertos grupos conservadores y filotradicionalistas y beneficiando a quienes todavía muchos (EWTN por ejemplo) llaman a rechazar, en una especie de cruzada contra los cismáticos, es decir, a la FSSPX? El propio Santo Tomás de Aquino diría ante esto: “¿Y yo qué se?” Aunque en su sabiduría podría explicar que Dios obra como quiere y a veces los motivos y las intenciones humanas son instrumentos de sus designios aunque los hombres las hayan pergeñado y realizado con otros propósitos.

Como ya se ha dicho en otro lugar, si Francisco consagrara Rusia al Corazón Inmaculado de María el sábado 13 de mayo de 2017 u otro día posterior, ¿esta consagración sería inválida o ineficaz? La Virgen pidió que la hiciera el papa, Francisco es el papa hoy, y mientras lo sea será quien la Virgen señaló para hacerla. Si Donald Trump, Mariano Rajoy o Macron consagraran sus respectivas naciones al Corazón Inmaculado de María ¿sería un acto perverso y despreciable o por el contrario un gesto de culto público de las autoridades civiles? Más allá de los motivos. Esta distinción es fundamental para no caer en el absurdo.

Señores, cuando el Enemigo siembra la cizaña por sobre el trigo en los campos de Dueño de la Mies, sus celosos servidores quieren ir a arrancarla. Pero son impedidos por el mandato terminante de quien está por encima de la prudencia humana. “No sea que arranquéis el trigo creyendo ser cizaña”. Dios sabe quién es quién. Cuando los males son tan grandes, solo queda esperar y orar, dice San Agustín. Y hacer lo que se pueda para ayudar a las almas a salvarse. Ya llegará el tiempo de la cosecha, la separación y la quema de la mala hierba. Y no sea que nos apilen con los que van al fuego por dureza de corazón, que casi siempre es la base de la dureza de entendimiento.

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Marcelo González

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Marcelo González

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