Francisco, la Summorum Pontificum y la FSSPX

¿Será abolida la Summorum Pontificum? Rumores y conjeturas sobre los próximos pasos del papa Bergoglio.

Como dijimos en un comentario previo, el décimo aniversario de esta Exhortación Apostólica que liberó el rezo de la Misa del Rito Latino tal como nos viene de San Pedro, San Gregorio Magno y San Pío V, se celebró en todo el mundo. La opinión mayoritaria de los sectores tradicionales es que ha sido un paso hacia la restauración de la Iglesia, quizás el primero desde el Concilio Vaticano II. Otros, en cambio, menos numerosos, consideran que el documento es dañino, porque pone en pie de igualdad la liturgia apostólica con un rito “inventado” por un grupo de neomodernistas con el fin de neutralizar el principal obstáculo del ecumenismo moderno: el Santo Sacrificio de la Misa, la Presencia Real de Nuestro Señor en las especies eucarísticas consagradas.

Las opiniones sobre a este documento, de un modo general, podrían ser reducidas a tres.

1) El rechazo o la indiferencia: los sectores liberales modernistas, y algunos más conservadores en materia moral que no ven ningún problema litúrgico o lo atribuyen a meros abusos. Otros, también, fascinados por la “creatividad litúrgica”.

2) El entusiasmo: sectores “pro misa latina”, o “tradicionales oficiales” que arrancaron su combate por la libertad del Rito apenas se anunció el Novus Ordo, pero no han llevado esa lucha a las raíces del problema, es decir, a las orientaciones heterodoxas surgidas del Concilio Vaticano II ni se han enfrentado con la jerarquía.

3) La bienvenida con reservas: sectores más propiamente “tradicionalistas”, que han sostenido la lucha por la Misa Tradicional en conjunto con la crítica a los puntos desviados y ambiguos de los documentos del Concilio Vaticano II y las orientaciones eclesiásticas posteriores, sufriendo por ello distintas sanciones canónicas. La mayoría de ellos considera la nueva misa válida pero inconveniente para la Fe.

Entre estos últimos, sobre todo en los primeros años de la vigencia de Summorum, un sector denostaba el documento porque pone el pie de igualdad “ambas formas del Rito Latino”, como las definió Benedicto. Otros, aún reconociendo cierta confusión y puntos de compromiso en la exhortación, valoraron mucho más el esclarecimiento de la cuestión central de la petición formulada al papa: la Misa Tradicional nunca fue abrogada ni puede serlo. Summorum no es un permiso para celebrarla, sino la confirmación de que nadie la puede prohibir.

Prohibición de hecho y prohibición de derecho

Hasta ahora la jerarquía nunca ha emitido ningún documento formal prohibiendo el Rito Tradicional, sino que la censura fue principalmente de orden práctico. Es verdad que muchos obispos y sacerdotes argumentaban que “ha sido prohibido”, y haciendo abuso de su autoridad la mayoría de los obispos y párrocos han rechazado durante años los pedidos de los fieles. Pero esta afirmación no se sostiene. Summorum tuvo el mérito de aclarar por boca de Supremo Pontífice esta cuestión. No toda la jerarquía, sin embargo, persiguió siempre el rito tradicional. El propio Paulo VI, responsable de una reforma litúrgica, llegó a reconocer públicamente que al permitir la lengua vernácula se sacrificaba un tesoro invalorable. Y al recibir un pedido de “indulto”, accedió a él.

La primera excepción fue precisamente la sancionada por el papa Montini, el famoso “indulto Agatha Christie” obtenido por los católicos, cuyas curiosísimas circunstancias de aprobación sería largo referir aquí, aunque vale recordar que lo concedió contra la voluntad del P. Bugnini, en ese entonces omnipotente asesor del papa en materia litúrgica, y casi por un capricho personal.

Años después, con Juan Pablo II, se fueron percibiendo algunos atisbos de libertad mediante los “indultos”, librados a la voluntad de los obispos de cada lugar. En la práctica, la mayoría de ellos respondía con negativas directas, gestiones interminables o propuestas absurdas de horarios y lugares. El mismo sistema de bloqueo utilizado contra el indulto de Paulo VI en Inglaterra y Gales, y que se repitió luego, cuando Summorum Pontificum quitó a los obispos la potestad de decidir. Lo hemos vivido personalmente y lo oímos relatado con gracia por un joven dirigente británico del movimiento Pro Misa Latina: los obispos proponían horarios insólitos, a las 5 de la mañana, los sextos miércoles de mes… (The Remnant, ]]>video en inglés sin subtítulos]]>)

Misa Tradicional en la Argentina

En la Argentina, el primer indulto fue concedido por Mons. Galán en la Arquidiócesis de La Plata y sostenido por su sucesor, Mons. Aguer hasta 2007, cuando Summorum Pontificum hizo innecesaria (en los papeles) la autorización, porque los sacerdotes, confirma el documento benedictino, tienen el derecho de rezar la misa según este Rito (o “forma del rito”) sin más. Hay que hacer justicia también a Mons. Antonio Baseotto, obispo castrense, en su momento depuesto por el gobierno de Kirchner, que rezó él mismo la misa tradicional en su iglesia catedral, impulsando notablemente a muchos católicos indecisos antes de Summorum Pontificum y que aún lo hace donde se lo solicitan. El Card. Bergoglio, fiel a su estilo, "autorizó" dos lugares. En uno de ellos el sacerdote la rezaba sin respetar la rúbricas y además predicaba en contra de la liturgia tradicional. 

A pesar de la guerra sorda de la mayoría de los obispos, hostiles o desinteresados en la liturgia tradicional, el crecimiento de estas misas ha sido exponencial y los horarios cada vez más razonables y aptos para cumplir el precepto dominical.

Este progreso, sin embargo no ha hecho cesar la polémica sobre los puntos oscuros del documento de Benedicto según la mirada tradicionalista. La equiparación de ambos rituales como formas equivalentes de un mismo rito (ordinaria y extraordinaria) y la sugerencia de que con el tiempo se debe producir una síntesis de ambos, que será fruto de un “mutuo enriquecimiento” abren inquietantes especulaciones. A esto se lo llamó “Reforma de la Reforma”. Hace apenas unos días el Card. Sarah ha vuelto sobre este tema, planteándolo en términos idénticos a los de Benedicto y usando el mismo nombre.

Distinciones necesarias

Por un acto de ceguera u obstinación, muchos defensores de la Misa Tradicional se han negado a reconocer que Summorum Pontificum fue el resultado de un pedido de la FSSPX al papa Benedicto. Esto es tan indiscutible que asombra ver a gente culta y bien formada negar o ignorar el hecho. Sin embargo, dentro de la misma FSSPX el documento no fue bien recibido por todos. Si bien con el paso del tiempo la mayoría de los objetores ha reconocido los beneficios que trajo a la Iglesia, pese a sus puntos polémicos. De hecho, el instituto formado por Mons. Lefebvre no tenía necesidad de un documento para rezar la Misa en la que fue formado y siempre mantuvo. El beneficio era para el resto de la Iglesia. Pero la forma de redacción y los puntos de compromiso (que parecían inevitables ante la generalizada hostilidad de los episcopados) no dejan de ser motivo de controversia.

¿Realmente Benedicto cree o creyó en su momento que ambas “forma del rito” debían “enriquecerse mutuamente”? Parece que sí, porque en eso estaba empeñado cuando renunció inesperadamente. Y sus discípulos, como el actual Prefecto del Culto Divino antes citado, continúan argumentando en ese sentido. Además, la crítica al Novus Ordo parece centrarse más en los “abusos” que ha permitido que en su objetivo radical: neutralizar las partes de la misa rechazadas por los protestantes.

Es cierto que esta “Reforma de la Reforma” apunta a recuperar el silencio, la centralidad de Dios, desviada hacia la asamblea en el Nuevo Rito, a poner el Sagrario en el centro y orientar al sacerdote y a los fieles hacia él, devolviendo a la Misa su carácter de acto de culto y no de ágape celebratorio de los fieles. Y aunque esto parece muy insuficiente para reparar los efectos destructores de la Fe propios del Novus Ordo, son pasos en el buen camino. Aunque, sin hacer demasiado análisis se ve a las claras que estas medidas son un regreso al Antiguo Rito. Hay es ello un “enriquecimiento” del Novus Ordo, por limitado que sea.

Pero, a la inversa, ¿cuáles serían los puntos en los que el rito de Paulo VI – Bugnini enriquecerían el Rito de San Gregorio y San Pío V? Lo que tiene de católico en Nuevo Rito es lo que se ha conservado del Rito Tradicional. El resto es protestante.

Se nos ocurren que algunas cuestiones menores, como las lecturas en lengua vernácula, lo cual en casi todas las celebraciones de Rito Tradicional realizan hoy para las misas rezadas, aunque se vuelve imposible en las cantadas y solemnes. Lo cual puede, de ser necesario, remediarse durante la homilía. O simplemente con un folleto con el propio del domingo o la fiesta, una práctica generalizada desde hace décadas, ya que sin mayor esfuerzo estas partes se pueden proveer mediante un sencillo impreso. Y además son cada vez más numerosas las ediciones nuevas de los misales bilingües según la forma vigente en la Iglesia latina en 1962, último “retoque” del rito que consistió en la inclusión de San José en el canon y detalles mínimos.

¿Es la Reforma de la Reforma un peligro?

Caben aquí, me parece, dos consideraciones que distinguir. Una, la que potencialmente parecía amenazar bajo el reinado de Benedicto: que se buscara reformar el Rito Tradicional en un sentido novusordista: lengua vernácula, presentación de ofrendas, participación de mujeres en las ceremonias… Otra, la necesidad de tener una liturgia de transición con miras a una restauración de la forma tradicional del rito en un futuro entre mediano y lejano. Es tan profunda la destrucción cultural que ha producido el Novus Ordo que aún contando con la buena voluntad de los obispos y sacerdotes, reimplantarlo de un modo general llevaría mucho tiempo, salvo milagro. Un medida de restauración litúrgica prudente podría ser definida como un “enriquecimiento” del Novus Ordo (o depuración de sus defectos más dañinos) restableciendo partes del Rito Latino Tradicional, de un modo gradual, hasta reeducar a la gran masa de católicos que siguieran a un papa con esta orientación, y que no serían todos los que actualmente se llaman católicos, sin duda.

Un futuro imaginario “Pío XIII” no podría reimplantar el Rito Tradicional por decreto. Se trata de una obra de reconstrucción. De haberse hecho esto bajo Benedicto y su sucesor, en este sentido, la Reforma de la Reforma sería algo necesario y prudente. Los fieles, (y el propio clero joven) devastados culturalmente en materia litúrgica, necesitan varios escalones para llegar a lo que hace 50 años conocía y amaba todo el pueblo cristiano, hasta los más sencillos.

En principio Francisco no es una amenaza en este sentido...

Pero la realidad hoy es que Francisco no solo niega la posibilidad de un trabajo en ese sentido, como lo demuestra la persecución sin precedentes que han sufrido institutos religiosos de rito tradicional, y hasta el Card. Sarah, su propio Prefecto para la liturgia sino que, según rumores insistentes aunque difíciles de valorar aún, está trabajando con asesores de su más estricta confianza en la derogación de la Summorum Pontificum.

Una fuente que resume este presunto proceso en marcha (]]>Life Site News]]>) reproduce la opinión de personas que dicen tener información de lo que se comenta en las propias loggias vaticanas. Y también cita un conocido y comentado artículo de ]]>La Croix]]>, en el que se refieren declaraciones del liturgista Andrea Grillo, conocido enemigo de la liturgia tradicional, bien acreditado ante Francisco. Grillo afirma que el papa Bergoglio tiene la intención de dejar vigente la forma tradicional de la Misa solo para la FSSPX, después de cerrada una regularización canónica. Por lo tanto prohibirla para el resto de la Iglesia latina.

Se afirma también en el artículo que el paso final de este acuerdo canónico fue torpedeado por el Card. Müller motu proprio, al volver a exigir condiciones inaceptables para el instituto tradicionalista. Su intención habría sido anticiparse a Francisco para evitar la maniobra contra Summorum Pontificum, por lo cual Müller habría sido expulsado del Vaticano más que por sus reservas sobre Amoris Laetita. El antes olvidadizo sitio IP5, descree de estas versiones en su último comentario sobre el tema. ]]>Según la perspectiva de Steve Kojec]]>, su editor, la FSSPX no aceptaría nunca –ni ha intentado jamás- “secuestrar” la Misa Latina Tradicional, la cual pidió a Benedicto como una de las precondiciones de un diálogo doctrinal con la Santa Sede en 2001. Y ese pedido fue para toda la Iglesia Universal. Bien por Steve, ha reparado ]]>el fallo de memoria de su artículo-cocktail]]> celebratorio de Summorum Pontificum. ¡Enhorabuena!

... pero, con Francisco todo es posible

Conociendo la obstinación del personaje en sus propósitos y su asombrosa astucia podríamos atribuir cierta verosimilitud a este argumento traído por Life Site News, y la explicación de porqué, mientras persigue a otros y censura la “rigidez de los jóvenes” que se acercan a la misa de siempre, parece favorecer a quienes la han defendido con uñas y dientes, y se niegan a aceptar la misa nueva por corrosiva para la Fe.

También es cierto, el Card. Müller no ha sido nunca un amigo de la FSSPX ni favorecedor de la liturgia tradicional. Su acercamiento a ella parecía más bien una maniobra táctica para consolidar su frente conservador. Y sus objetivos principales parecían vinculados a neutralizar los efectos de Amoris Laetitia antes que proteger el Rito Litúrgico. ¿Para qué sacrificarse a lo bonzo en una maniobra vidriosa y de eficacia incierta?

No podemos saber cuánto de esto es cierto, apenas conjeturar. Esta conjetura es razonable y explica cosas incomprensibles hasta ahora, si bien no deja de ser conjetura con puntos débiles. Aunque no es prudente apegarse a estas especulaciones, tampoco lo es quitarles toda verosimilitud, al menos hasta que los hechos demuestren lo que está ocurriendo realmente.

Y mientras eso sucede, a no perder el sueño. Dios lo tiene todo bajo control.

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