FSSPX: se van conociendo detalles de las tratativas

Distintos referentes van explicando qué fue lo que sucedió en los últimos meses

 

Las personas que más protagonismo han tenido en las discusiones doctrinales y en las tratativas con la Santa Sede van dando a conocer detalles de estos sucesos.

Ellos fueron el P. Schmidberger, Mons. Tissier, Mons. de Galarreta y Mons. Fellay - este último en dos oportunidades bien recientes, con motivo de la fiesta de Todos los Santos, en la homilía (aniversario de la fundación de la FSSPX por Mons. Lefebvre) y en la fiesta de San Martín de Tours, domingo 24 de Pentecostés-.

Este material puede leerse en ]]>inglés]]>  y ]]>francés]]>. ]]>Aquí la del 11 de noviembre]]>. Como es habitual, la traducción al castellano llega tarde y no pocas veces recortada, con lo que los interesados en conocer esta información quedan habitualmente en desventaja si no manejan con corrección las otras lenguas.

Pero, además de las versiones desgrabadas, resulta interesante ]]>oír las de audio]]>, porque allí los tonos, énfasis y otros matices verbales contribuyen mucho a comprender mejor el sentido de las cosas.

Quisiera hacer un breve comentario sobre los dos sermones de Mons. Fellay ya publicados en versión desgrabada pero también accesibles en archivo de voz ]]>del 1°]]> y del 11 de noviembre.

La argumentación del superior general de la FSSPX es la misma, aunque en la homilía del 11 en St. Nicholas de Chardonnet alude por vez primera a la expulsión de Mons. Williamson. Respecto a él, dice Mons. Fellay que su conducta estaba en cuestión desde hace mucho tiempo. No ha sido la serie de tratativas la causa de su rebeldía, sino solo la excusa, afirma en su sermón.

En puntos resumidos:

  1.  - Después del fin de las conversaciones doctrinales quedó claro que no había acuerdo posible sobre el Vaticano II y su derivados.
  2. La Santa Sede envía entonces una propuesta bajo forma de Preámbulo Doctrinal ofreciendo el reconocimiento canónico. Este texto fue rechazado.
  3.  - Por vía de cardenales y personas cercanas al Papa que Mons. Fellay no identifica, recibe mensajes de que el Papa ofrecerá esta regularización sin condiciones, como lo hizo con el levantamiento de las excomuniones.  Relativizan, estos mensajeros, el texto del preámbulo doctrinal y piden confianza en el Santo Padre, que tiene como una de las prioridades –dicen- de su pontificado, regularizar la situación de la obra de Mons. Lefebvre.
  4.  - A lo largo de los meses se va puliendo el texto que la FSSPX estaría dispuesta a firmar, una declaración.
  5. Para mayo la situación se empantana, porque desde Ecclesia Dei siguen las exigencias que el Papa, por medio de sus enviados informales dice no hará valer. Es más, en un momento el mensaje es: “si desde la Curia se les pretende imponer la firma de estos textos ya rechazados, el Papa hará lo necesario para remover ese obstáculo.
  6.  - Entretanto, crece la inquietud y el malestar dentro de la FSSPX. Mons. Fellay no puede dar a conocer estos detalles sino muy vagamente.
  7.  - Se produce la crisis previa al capítulo con la publicación de la carta privada de los tres obispos a Mons. Fellay. (Hoy se sabe que la filtración fue obra de Mons. Williamson).
  8.  - El doble mensaje es un gran obstáculo para la paz interna de la FSSPX y Mons. Fellay decide escribir personalmente al Papa para requerir su definición en el tema. El Papa apoya la exigencia de aceptación del Vaticano II como magisterio auténtico y de la licitud de la nueva misa.
  9.  - Mons. Fellay explica que ni una ni otra cosa puede aceptar la FSSPX. Lo primero porque, aunque no hay todavía una doctrina firme sobre los problemas planteados por estas contradicciones, los hechos demuestran claramente la discontinuidad del Magisterio.
  10. Se rechaza el concepto de “tradición viva”, que es, dice Mons. Fellay, renegar de los contenidos de la tradición apostólica que la Iglesia siempre ha tenido por formulaciones doctrinales y redefinir la tradición como un acumulado evolutivo de ideas.
  11.  - Las cosas vuelven a fojas cero. Estamos, dice Mons. Fellay, en esta materia como en 1974.

La anterior puntualización surge de los dichos de Mons. Fellay. Un punto interesante de las alternativas que se barajaron fue la pregunta de Mons. Fellay al Papa: si quería otorgar la regularización dejando para otro momento la discusión sobre el Vaticano II. El superior general pregunta al Papa si él desea hacerlo así, y cita como antecedente histórico la disputa doctrinal con los orientales sobre el tema de la infidelidad como causal de nulidad matrimonial, doctrina que la Iglesia Católica no acepta pero sobre la que se prefirió no discutir más por el momento durante el concilio de Florencia a fin de atraer al conglomerado de iglesias orientales, privilegiando el bien pastoral inmediato y posponiendo el punto doctrinal para otro momento.

La respuesta del papa fue definitiva: sin la aceptación de estos conceptos no hay regularización. La respuesta de la FSSPX es la negativa a firmar.

Otro tema que aclara Mons. Fellay aunque un poco de puntillas, es el de los dichos de Doctrina de la Fe sobre la presunta falta de respuesta. Dice el obispo que no entiende porqué se habla de una falta de respuesta cuando la respuesta negativa fue bien clara.

Cabe interpretar que en un lenguaje diplomático, Mons. Fellay alude a cierto oportunismo de Ecclesia Dei a fin de generar desconfianza entre sacerdotes y fieles de la FSSPX.

Cuando es expulsado Mons. Williamson, Ecclesia Dei da a conocer una nota antedatada que sugiere que dicha expulsión era la condición para retomar negociaciones. Es decir, al ver la grieta meten una cuña. Mons. Fellay y los demás referentes de la FSSPX han afirmado ya reiteradamente que toda tratativa con la Santa Sede por este tema está cerrada, y en algún caso hasta se pudo fecha: mientras dure este pontificado.

Es decir, la carta del Papa a Mons. Fellay aniquiló la confianza que se había ido construyendo con la publicación del Motu Proprio Summorum Pontificum y con el levantamiento de las excomuniones, y con más el año y medio de discusiones doctrinales.

Las discusiones no condujeron a ningún acuerdo, pero permitieron aislar los temas centrales de otros que se suelen mezclar cuando estas discusiones se dan no con los representantes de la máxima autoridad doctrinal de la Iglesia, es decir el Papa, sino a modo de publicaciones, conferencias, polémicas, etc.

Son temas complejos y se les ha sacado punta fina. Pero igualmente, precisadas las posiciones, resultaron irreconciliables.

Por otro lado, Summorum Pontificum ha sido un bien muy grande para la Iglesia. Mons. Fellay relata inclusive una experiencia de “conversión” de un sacerdote en la Argentina, de la que fue testigo. Al asistir por primera vez a la misa tradicional, testimonió dicho sacerdote, se dio cuenta de que había sido víctima de una estafa doctrinal. Que sus formadores y pastores nunca le habían hablado de la misa de todos los tiempos. Y los casos no solo se repiten y repican, sino que el ritmo de crecimiento es muy alentador. Son sacerdotes que redescubren la Misa tradicional y se replanten todo su sacerdocio, encontrando finalmente su identidad profunda.

Así pues, el saldo de todas estas discusiones y tratativas resulta agridulce. Por un lado, los temblores y remezones dentro de la FSSPX que han tenido consecuencias sobre personas concretas. Por otro, un esclarecimiento de las posiciones de la FSSPX y sus asociados en la defensa del concepto de tradición y magisterio que la Iglesia ha sostenido hasta el C.V.II. Mayor difusión en todo el mundo católico de las razones profundas de esta lucha, y a la vez, por penoso que sea, los que se han desgajado confirman el rumbo establecido por el fundador: reconocimiento y respeto de la jerarquía de la Iglesia, resistencia a las novedades, formación sacerdotal y cura de almas, denuncia de los errores doctrinales. 

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Tales afirmaciones se oponen al dogma que afirma que la religión católica es la única religión verdadera (cf. Syllabus, proposición 21). Se trata de un dogma, y lo que se le opone se llama herejía. Dios no puede contradecirse a sí mismo.

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Henchidos de toda injusticia, malicia, codicia, maldad, llenos de envidia, homicidio, riña, dolos, malignidad; murmuradores, calumniadores, aborrecedores de Dios, indolentes, soberbios, fanfarrones, inventores de maldades, desobedientes a sus padres; insensatos, desleales, hombres sin amor y sin misericordia. Y si bien conocen que según lo establecido por Dios los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen en los que las practican.

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Marcelo González

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Sofía González Calvo

la Peregrinación pone en lugar principal el conocimiento y amor a la misa tradicional. La misa se convierte en el centro de los tres días de peregrinación. Misa de campaña, rezada bajo la lluvia y el frío, sobre el suelo de barro. Acompañada de cánticos en latín y castellano que ayudan a la devoción. La devoción era otro elemento patente entre los caminantes.