Ha sonado la hora del poder militar

Una lección sobre el espíritu

Cuanto más sencillamente lo contemos, será mejor. Contaremos la más bella hazaña de Don Rodrigo. Don Rodrigo vive en una casa desmantelada. No cuelgan las paredes tapices ni cubren alcatifas el suelo. Muebles hay pocos: una cama, tres o cuatro sillas y un arca. El criado que asiste a Don Rodrigo duerme en un duro cañizo. Es tan viejo como su amo. Don Rodrigo ha peleado en Flandes y en Italia. Pretendió un hábito; pero no se lo dieron. Fue muchas veces, hace años, a los patios de Palacio con un papel de sus servicios; pero no encontró valedores. Desengañado, se retiró del trato humano. Mora en una callejuela apartada, y su único amigo es un espadero de la ciudad. El espadero  conoce la pobreza del hidalgo. Sabe que muchos días transcurren sin que amo y criado prueben un bocado de pan. Pero amo y criado salen de casa todos los días, enhiestos, dignos, con las espadas que levantan por detrás un poquito la capa. El caballero marcha delante, y obra de algunos pasos sigue el criado. En esta forma llegan todos los días, a la misma hora, hasta la tienda del espadero. Don Rodrigo entra en la tienda y el criado se marcha. No se sabe adónde el escudero dirige sus pasos. Tal vez a la portería de un convento, o acaso al tinelo de un palacio donde cuenta con amigos. Cuando vuelve a casa por la noche, este buen servidor trae debajo de la capa, sobarcado, un fardelito.

En la tiendecilla del espadero ha entrado, como todos los días, Don Rodrigo. La espada del caballero ha sufrido cierto menoscabo en la guarnición. La espada es magnífica. Fue labrada primorosamente en Milán. No posee riquezas el caballero; pero esta espada – adquirida en tiempos bonancibles – bien vale un tesoro. No habrá como ella dos en la ciudad. La espada ha acompañado desde mozo al caballero. Con ella ha reñido en Italia y en Flandes. El espadero la conoce; fácilmente la restaurará. Don Rodrigo la deja en la tiendecilla. Al día siguiente por la mañana entra en la tienda un cliente del espadero. Es un mozo alto, apuesto, y en su pecho brilla una venera de diamantes. Tenía el espadero en la mano la espada de Don Rodrigo. El mozo la examina. Discuten el espadero y el galán. Y éste muestra deseos de adquirir la primorosa espada.

Ha sonado la hora de la visita del caballero. Por la callejuela se lo divisa a lo lejos. Delante marcha erguido y sereno el caballero. En la tiendecilla el maestro ha cogido a Don Rodrigo y se lo ha llevado a un rincón. Cuchichean los dos. Don Rodrigo se pone pálido y mira a la bella espada que está sobre una mesa. Y de pronto se aparta del armero, coge la espada y, en silencio, dignamente, más altivo que nunca, sale de la tiendecilla sin despedirse…

La vida militar es espíritu. Los factores más formidables en la guerra son los espirituales. El poder militar de España ha sido grande cuando sus ejércitos, sus generales, sus soldados, sentían entusiasmo por un ideal: un ideal que podía sintetizarse en gestos pequeños como el del caballero de la espada. A fines del siglo XVI el poder, la fuerza, el entusiasmo, han pasado ya a un nuevo mundo, más allá de los mares.

Azorín: "El Poder Militar", del libro Una Hora de España.

Comentario Druídico: ¿Habrá en la Argentina una decena de Rodrigos dispuestos a afrontar el hambre antes que vender su espada? ¿Habrá en la Argentina una decena de obispos como Don Rodrigo, dispuestos a sufrir el escarnio antes que mancillar su palabra? ¿Habrá en la Argentina una decena jueces dispuestos a servir a la justicia, aunque les valga el desafuero?

Si la respuesta es sí, tal vez nos salvemos...

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Tales afirmaciones se oponen al dogma que afirma que la religión católica es la única religión verdadera (cf. Syllabus, proposición 21). Se trata de un dogma, y lo que se le opone se llama herejía. Dios no puede contradecirse a sí mismo.

Marcelo González

En estos meses, desde su visita a Chile, Irlanda y con la publicación de los desastres morales que afloran en todas partes, curiosamente siempre relacionados con conocidos, protegidos o favorecedores de Francisco, su posición se ha vuelto sumamente delicada. Tal el caso de la impresionante protección que brindó a Mons. Zanchetta, ex obispo de Orán, Salta,cuyos detalles se pueden conocer en este artículo

Marcelo González

Henchidos de toda injusticia, malicia, codicia, maldad, llenos de envidia, homicidio, riña, dolos, malignidad; murmuradores, calumniadores, aborrecedores de Dios, indolentes, soberbios, fanfarrones, inventores de maldades, desobedientes a sus padres; insensatos, desleales, hombres sin amor y sin misericordia. Y si bien conocen que según lo establecido por Dios los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen en los que las practican.

Marcelo González

"Hoy, 25 de Noviembre, queremos salir a proclamar a Cristo como Rey de nuestras vidas y de nuestra sociedad. Frente a las numerosas negaciones e intentos de hacer desaparecer la Fe en Jesucristo, salimos hoy a las calles para cantar la Gloria de Nuestro Señor, para reconocerlo frente al mundo: Él es nuestro Salvador, Él es nuestro Señor, Él es nuestro Rey."

Marcelo González

La restauración católica será por la vía del culto y del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo. Dios ha resguardado el sacerdocio y el culto por medio de una obra minúscula en sus orígenes que hoy es de importancia crucial para el destino del catolicismo. La restauración que debemos realizar día a día se nutre del fruto de ese resguardo.

Editor y Responsable

Y 335º aniversario de la liberación de Viena del asedio turco: recordando la liberación de Viena.

Sofía González Calvo

la Peregrinación pone en lugar principal el conocimiento y amor a la misa tradicional. La misa se convierte en el centro de los tres días de peregrinación. Misa de campaña, rezada bajo la lluvia y el frío, sobre el suelo de barro. Acompañada de cánticos en latín y castellano que ayudan a la devoción. La devoción era otro elemento patente entre los caminantes.