Impresiones de la Conf. de Mons. Fellay en Canadá.

“El problema está en Roma, no en nosotros”

En primer lugar aclaro que no tengo a mano una versión escrita confiable, de modo que me guío por lo que retuve del audio y por versiones no confiables. En su larga charla de 1. 40 hs,. Mons. Fellay habló con su habitual estilo pausado en un inglés que puede ser bien comprendido a pesar de que no tiene un manejo perfecto del idioma.

Hizo un racconto de los hechos del último año y medio seleccionando temas: la crisis interna de la FSSPX, las relaciones con Roma, con rico anecdotario que va revelando a medida que se aleja de los hechos. Las perspectivas del futuro.

Habló del resultado de las discusiones doctrinales, que culminaron en un frustrante punto muerto. Los miembros de la comisión vaticana acusaron a la FSSPX de ser “protestantes” en tanto que la delegación de la FSSPX los calificó de “modernistas”.

Luego habló de su situación durante este período, en el cual no podía hacer públicos algunos datos por razones obvias. Identificó a un personaje muy cercano al papa que fue uno de sus interlocutores o corresponsales oficiosos, de los que lo animaron a no dejarse descorazonar por las respuestas oficiales. El secretario personal del papa, actual Arzobispo y futuro cardenal Georg  Gaenswein, Prefecto de la Casa Pontificia, uno de los hombres cercanos al Papa que salió fortalecido del episodio de los vatileaks.

Lo que más llama la atención por la insistencia y el énfasis de Mons. Fellay es su sorpresa al recibir de Roma por vías distintas mensajes tan contrarios. El papa (por interpósitas personas) pidiéndole que se mantuviera firme porque sería respaldado en su posición, y las declaraciones y documentos oficiales, en particular de la Secretaría de Estado, reiterando la aceptación acrítica del CVII y la nueva misa como condición indispensable para un reconocimiento canónico.

La posición de la FSSPX ha sido invariable

Mons. Fellay aclaró nuevamente que la FSSPX no sostiene un rechazo completo del Concilio en sus textos, porque en él se pueden encontrar todo tipo de afirmaciones: algunas tradicionales, otras que pueden ser entendidas ortodoxamente iuxta modum, y las imposibles de aceptar, o errores ya condenados por la propia Iglesia de un modo que no admite ambigüedades.

También insistió en que no acepta la palabra “licitud” aplicada a la misa nueva, puesto que en un sentido lo es y en otro no. Por eso siempre ha preferido definirla como una “misa mala” o maligna (evil). Luego aclaró que hace perder la Fe en la presencia real, y da estadísticas notables sobre el grado de adhesión al dogma que mantiene el clero de Alemania y de Sydney, Australia según encuestas recientes. En el primer caso el 80% y en otro más del 78% NO CREE en la presencia real. Irlanda, que hace 40 años supo dar miles de sacerdotes por año a la Iglesia hoy tiene apenas diez seminaristas.

Otro ejemplo impresionante de la decadencia del clero: este año en la Diócesis de Roma se ordenó un solo sacerdote. En Francia se está preparando una reducción drástica de diócesis y parroquias para los próximos años.

Los motivos del Papa

El papa, considera Mons. Fellay en un plano puramente especulativo, tenía la intención de otorgar la regularización sin condiciones. Tres fueron los grupos de presión que identificó como enemigos declarados de esta medida:

Los judíos –recordemos que el Gran Rabino de Roma ya había ya había declarado dirigiéndose al Papa “los lefebvristas o nosotros”,

Otro la Masonería, que en boca del Gran Maestre de Italia hizo saber que conocía (e hizo pública) la decisión de los cardenales antes de la reunión de mediados de marzo pasado, en la que se tomó la decisión de volver nuevamente el texto original del preámbulo doctrinal, y hasta en detalle:  todos votos afirmativos y una sola abstención de los cardenales consultados.

Finalmente, los modernistas, comenzando por la Asamblea Episcopal Alemana, que amenazó con una desobediencia pública y masiva al Papa en caso de regularización de los tradicionalistas, bajo la forma que fuese. Aquí cabe recordar también las presiones económicas que Alemania ejerce sobre la Santa Sede, y las de orden político, como quedó demostrado durante el  episodio previo al levantamiento de las excomuniones con declaraciones ]]>hasta de Angela Merkel]]>, Canciller alemana. También es notoria la elección del Mons. Müller en Doctrina de la Fe. El ha sido siempre un fuerte y declarado enemigo del tradicionalismo. A la vez que trató de balancear los cargo promoviendo al americano di Noia, más abierto a una solución canónica.

Los modernistas desean una nueva excomunión para los obispos de la FSSPX, pero Mons. Fellay no cree que eso pueda ocurrir mientras viva el Papa actual, al menos que será difícil.

En 2001 Mons. Fellay afirmó, y sigue repitiendo, e incluso lo dijo al Papa Benedicto en 2005 durante la audiencia concedida: son Uds. los que deben solucionar la situación de la Iglesia porque Uds. la han puesto en este predicamento.  Comenta Mons. Fellay que en la Santa Sede no niegan la crisis, pero no la atribuyen al Concilio ni a la Liturgia nueva.

No pueden decirnos, afirma Mons. Fellay, que porque la Iglesia no puede equivocarse, entonces no ocurre lo que ocurre. Habrá que buscar una explicación de las cosas, será difícil explicar esto, sin duda, pero la situación es la que es, el Concilio dijo lo que dijo y la nueva misa hace perder la Fe, es mala.

Los motivos de Benedicto XVI para insistir en esta regularización, especula Mons. Fellay, pueden ser algunos de estos:

  1. El temor a que la FSSPX se convierta efectivamente en un “cisma” exitoso. Desde el punto de vista de “ellos”, dice Mons. Fellay, ese riesgo existe.
  2. Las relaciones ecuménicas con los ortodoxos, que no ven con buenos ojos el maltrato o la exclusión de los tradicionalistas. Si esto hacen con los propios, cree Mons. Fellay, ¿cómo van a garantizarles algo a elloos? En este orden, los ortodoxos ven con recelo la guerra que el clero latino lleva contra la liturgia tradicional y sus defensores.

Considera también Mons. Fellay que la beatificación de Paulo VI es un escándalo. Da dos motivos: la tumba masónica de la madre de Paulo VI, que es un hecho muy significativo, y además el episodio por el cual fue expulsado de la curia bajo Pío XII: sus relaciones con los comunistas, denunciada por un pastor protestante y confirmada con documentos por un militar francés en su tiempo. (Ver en detalle la historia de Alighiero Tondi). Para Mons. Fellay es un intento de canonizar los cambios conciliares, canonizando a todos los papas conciliares.

Finalmente, Mons. Fellay, con una metáfora plantea su visión de la Iglesia. Estamos en el momento, dice el obispo, en que sobre el fin del invierno todo es hielo, ramas despojadas y viento gélido. Pero sin embargo ya se ven las yemas de las hojas que comienzan a hincharse. Es la generación post Vaticano II, en la que hay no solo sacerdotes sino también obispos muy preocupados por la situación que miran al tradicionalismo como una esperanza. Todavía no es tiempo de que broten, porque el frío las mataría. Pero en cuestión de un tiempo se verá claramente esta tendencia, a medida que los que detentan el poder, los “padres de la criatura” Vaticano II vayan muriendo.

Como ejemplo de esto comenta que después de la conferencia de un sacerdote de la congregación en Roma, cuatro obispos se acercaron a él pidiéndole que predicara retiros en sus seminarios, y siete otros, hispanoamericanos, africanos y asiáticos le pidieron que les enseñara a rezar la misa tradicional.

Anuncia, también, una consagración de la FSSPX a San José el próximo 19 de marzo e invita a los fieles a prepararse. La relaciona con la última aparición de Fátima, el 12 de octubre de 1917, cuando no solo la SSma. Virgen, sino también el Niño y San José bendijeron a la multitud en Portugal. Considera Mons. Fellay que Dios ha depositado en la Virgen el poder de llevar la paz al mundo y a los corazones por medio del Santo Rosario. Y a ese poder extraordinario concedido y declarado por la Virgen, se asocia también San José, Patriarca y Protector de la Iglesia Universal.

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Tales afirmaciones se oponen al dogma que afirma que la religión católica es la única religión verdadera (cf. Syllabus, proposición 21). Se trata de un dogma, y lo que se le opone se llama herejía. Dios no puede contradecirse a sí mismo.

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la Peregrinación pone en lugar principal el conocimiento y amor a la misa tradicional. La misa se convierte en el centro de los tres días de peregrinación. Misa de campaña, rezada bajo la lluvia y el frío, sobre el suelo de barro. Acompañada de cánticos en latín y castellano que ayudan a la devoción. La devoción era otro elemento patente entre los caminantes.