La desobediencia de los Neocatecumenales. Las leyendas negras sobre el cónclave. El boicot de las traducciones. Tres modos diferentes de oponerse al Papa.
Por Sandro Magister
Roma, 19 de enero de 2006. La primeras palabras de la primera encíclica de Benedicto XVI, casi el lait motiv de su pontificado, son Deus Caritas est. Dios es amor.
Pero no todo en los más altos niveles de la Iglesia está pletórico de amor y solidaridad con este nuevo papa. La resistencia a su conducción es tenaz y amplia, y en algunos lugares va en aumento. Y casi todos los que lo resisten se escudan bajo la protección del anonimato.
La única resistencia abierta y nominal es la del Camino Neocatecumenal, que se opuso a las directivas dadas en diciembre último, las cuales golpean fuertemente en uno de los principios fundamentales del movimiento.
El Camino, fundado y dirigido por Kiko Argüello y Carmen Hernández, ambos españoles, es hoy en día el más vigoroso de los nuevos movimientos que han emergido durante la segunda mitad del siglo pasado. Tiene presencia en 900 diócesis en todos los continentes habitados, y se precia de contar un millón de adherentes con un total de 20.000 comunidades, 3.000 sacerdotes y 5.000 religiosos. Posee una red internacional de 63 seminarios "Redemptoris Mater", los cuales hierven de vocaciones, en contraste con el vacío de muchos seminarios diocesanos.
Uno de los factores de su expansión numérica es el elevado número de niños que sus familias traen al mundo, llegando a ser diez, doce e incluso más. Cada año, muchas de estas familias van en misión a países lejanos. El pasado 12 de enero, 200 familias partieron todas a la vez, desde Roma, con la bendición personal de Benedicto XVI, quien las recibió en el Aula Nervi, abarrotada de gente y ebullendo de entusiasmo. Algunas de estas familias iban a la Patagonia o al Japón, pero otras se dirigían a los lugares más descristianizados de Europa, como Francia, Holanda, y la ex Alemania Oriental.
Con tal acopio de éxitos es natural que los neocatecumenales reciban un apoyo amplio de obispos y cardenales. Dos de estos protectores -el Cardenal Crecencio Sepe, Prefecto de la Congregación Vaticana para la Propagación de la Fe, y el Cardenal Theodore McCarrick, arzobispo de Washington- estaban allí, a su lado, en el Aula Nervi aquel 12 de enero. Aunque también han llovido las críticas sobre los neocatecumenales durante años, en especial contra su modo de hacerse un hueco para ellos solos en la Iglesia, por su catecismo secreto, sus rituales propios y su propia jerarquía paralela. Pero estas críticas siempre fueron superadas gracias al apoyo incondicional que les brindó Juan Pablo II.
Pero esto ya es así con el Papa Ratzinger. Hay una cosa de los neocatecumenales que el Papa no acepta, y que toca el corazón de la vida cristiana: el modo inusual en el que celebran la Misa.
En efecto, la Misa que cada una de las 20.000 comunidades del Camino celebra cada sábado -separadamente de las parroquias y de las comunidades hermanas- sigue de un modo mucho más observante los dictados del su fundador, Kiko Argüello que los cánones litúrgicos con validez universal de la Iglesia Católica.
En lugar de un altar en el ábside, una mesa de comedor grande y cuadrada en torno a la cual los neocatecumenales reciben la comunión sentados.
En lugar de formas u hostias, se prepara una gran tortilla de pan de trigo sin levadura, hecha dos tercios con harina blanca y un tercio con harina de trigo integral, la cual luego se divide en trozos y se manduca. El pan es horneado durante un cuarto de hora, siguiendo las instrucciones estrictas que ha establecido Kiko.
El vino se bebe en copas, también sentados.
La homilía es reemplazada por una secuencia de comentarios espontáneos de los asistentes, tanto antes como después de las lecturas del Evangelio, las Epístolas de San Pablo y el Antiguo Testamento.
Benedicto XVI ha determinado que todo esto tiene que cesar. Lo hizo por medio de una carta enviada a mediados de diciembre a los principales líderes del Camino: Kiko, Carmen y el sacerdote italiano Mario Pezzi. La carta fue firmada por el Cardenal Francis Arinze, prefecto vaticano de la Congregación de la liturgia, pero de su texto surge con toda claridad que "son decisiones del Santo Padre". Vienen luego seis órdenes que no dejan lugar a dudas.
Por ejemplo, en lo referente a la comunión, las disposiciones exactas de la carta son estas:
"Sobre el modo de recibir la Sagrada Comunión, se concede al Camino Neocatecumenal un período de transición (no mayor a dos años) a fin de pasar de la forma generalizada de recibir la comunión en su comunidad (sentados a una mesa cubierta con un mantel en el centro de la iglesia, en lugar de un altar dedicado en el presbiterio) al modo normal de recibir la comunión en toda la Iglesia. Esto significa que el Camino Neocatecumenal debe comenzar a adoptar el modo de distribuir el cuerpo y la sangre de Cristo que está previsto en los libros litúrgicos".
Cuando el analista de temas vaticanos Andrea Tornielli dio por primera vez a publicidad la noticia de las directivas papales, el vocero oficial y director del Camino Neocatecumenal en los Estados Unidos, Giuseppe Gennarini, manifestó que en realidad estas órdenes debían entenderse como una aprobación.
Cuando el 27 de diciembre, ]]>![cdata[www.chiessa]]>