La Conspiración.
James McAvoy y Tom Wilkinson. Dirigida por Robert Redford.
Un filme centrado en la figura de Mary Surrat, madre de uno de los conspiradores que presuntamente participaron en el asesinato de Abraham Lincoln en el famoso atentado del teatro, en Washington. Un episodio poco conocido entre nosotros en detalle, que constituye uno de los acontecimientos centrales de la historia norteamericana. Ocurrido sobre finales de la Guerra de Secesión, produjo una convulsión política mayor. Hasta el mismo sucesor, el presidente Andrew Johnson, llegó a estar sospechado de complicidad en el delito, si bien el intento de homicidio se dirigió también contra él, naturalmente que en forma fallida.
Inmediatamente se dio con la pista del grupo conspirador, puesto que actor John Wilkes Booth, cerebro del atentado, tenía una bien conocida red de amistades sureñas. Uno de ellos era el hijo de Mary Surrat, dueña de una pensión en Washington, lugar donde los conspiradores realizaban sus reuniones. Según la versión oficial de la historia, John Surrat y su madre eran espías del bando confederado, aunque su ataque al presidente Lincoln fue iniciativa propia, en venganza por la derrota del sur la guerra, la cual prácticamente había terminado al momento del magnicidio.
Una visión más revisionista de los hechos –esto sí es bien conocido inclusive por la difusión que se ha dado al tema en diversas novelas y películas- muestra que los odios se habían exacerbado también y principalmente por los atropellos cometidos por las tropas de la Unión en la crudelísima guerra de secesión, que se ha considerado la primera guerra moderna por la magnitud de sus matanzas.
Yendo al filme en sí mismo, y a la figura de Mary Surrat tal cual la presenta Redford, digamos que adquiere un interés particular porque era católica y sureña, una combinación letal en una Unión ensañada con la Confederación y agitada por las pasiones previas y posteriores al asesinato.
La tesis del filme es que Mary Surrat fue sacrificada en sustitución de su hijo John, que logró escapar a Canadá, de hecho, varios días antes del aentado, por lo que quedan dudas sobre su voluntad de participar en el crimen y que, en la práctica, bastante tiempo después, cuando fue extraditado desde Europa, tras un proceso civil, quedó en libertad por falta de mérito.
Su madre no tuvo esa fortuna, porque fue juzgada por un tribunal militar, que combinaba la fiereza del estado de guerra con la presión política del nuevo gobierno, interesado en escarmentar al Sur y aventar sospechas de participación en el magnicidio.
Desde una óptica de izquierda liberal (recordemos la filiación política de Robert Redford) se presenta al espectador un proceso en el cual ni la sutileza procesal de los jueces ni la prescindencia del poder político fueron las notas dominantes. En algún sentido, la psicología del militar en campaña, potenciada por el fondo ideológico que caracterizó la guerra civil norteamericana nos trae remembranzas de los procedimientos que algunos regímenes militares hispanoamericanos utilizaron en la guerra antisubversiva. Solo que en el caso norteamericano hubo un juicio semi-público, con apariencia de legalidad, sin jurado popular, contrariando el sistema vigente en EE.UU. en la época. La necesidad política de encontrar culpables no es resulta muy propicia para la ecuanimidad de los juicios.
Según el filme, la Sra. Surrat fue inculpada por un espía sureño, cercano al grupo, que cambió su testimonio por indemnidad. Nada nuevo bajo el sol. El clamor popular pedía la muerte de alguien con el apellido vinculado al presunto conspirador, antes que una investigación lenta y cuidadosa que dirimiera responsabilidades. Según la visión del director, el gobierno hizo primar la “razón de Estado”: el castigo ejemplar para apaciguar los ánimos sureños. Razón que podría, bajo ciertas condiciones ser legítima. No obstante lo cual, y bajo la visión de defensor de los derechos civiles a ultranza de Redford, resulta inaceptable.
Pero el interés agregado al personaje y el relato lo hallamos en la condición de católica de Mary Surrat, condición que para la izquierda norteamericana forma parte del paisaje de las minorías perseguidas, y por lo tanto tiene algo de buena prensa. Claro que no tanta que deje de equilibrar la magnanimidad mostrada por el personaje de Mary Surrat, su profunda fe y resignación ante lo injusto, su sacrificio de madre, su foraleza y virtud, con la actitud mezquina de un sacerdote católico que la asiste espiritualmente en su prisión y ejecución, al cual se deja claramente vinculado al menos por razones de amistad, con los asesinos. La Sra. Surrat enfrenta la horca con gran entereza, lo que no puede decirse de los demás ejecutados, hombres todos ellos, según el filme. ¿Una nota feminista? Tal vez, pero no inverosímil, dadas las motivaciones profundas de la resignación de Mary Surrat.
Otro de los personajes centrales de la historia, el abogado defensor de Mary, es el capitán Frederick Aiken, quien apenas acaba de ser desmovilizado como voluntario en la guerra, cuando termina embarcado en esta causa digna de un verdadero caballero (porque además de perdida, es la defensa de una dama) un poco a regañadientes al comienzo, y un poco fascinado por la personalidad de esa joven madre de 40 años, entrampada en las desventuras políticas de su hijo. Finalmente, Tom Wilkinson interpreta a un senador sureño que desea defender a la acusada pero no tiene chances, a su ver, de favorecerla a causa de su filiación política. El es quien motiva a Aiken a aceptar la defensa, lo que le trae no pocos problemas políticos y personales.
Tampoco es fácil olvidar como se proyecta la figura de Aiken en la historia posterior de los EE.UU. lo cual queda referido al final del filme: fue editor del Washington Post, llegó a un cargo de prestigio en la justicia y gracias a su brillante defensa de Mary Surrat (su discurso final se considera uno de los más brillantes alegatos de la historia judicial americana) la Suprema Corte de los EE.UU. emitió una acordada prohibiendo el juzgamiento de civiles bajo cortes militares, en cualquier circunstancia. Prohibición que tememos no se haya respetado muy estrictamente bajo condiciones de agresión exterior, como en el caso reciente de las guerras de Irak y Afganistán.
El filme tiene interés histórico, está bien realizado y actuado, aunque por momentos la parcialidad de la corte militar se dibuja con trazos un poco gruesos. No hay escenas ni referencias de lenguaje ofensivas a las buenas costumbres, por el contrario, además de un inglés correctísimo y elegante, se muestra una sociedad en la que la caballerosidad era todavía un valor apreciado.
Recomendable para adolescentes y mayores. No hay escenas de violencia.
La conspiración, 2010. (The Conspirator)
Duración: 122 minutos.
Director: Robert Redford
Guionistas: James D. Solomon (guión cinematográfico), James D. Solomon (novela).
Actores principales: Robin Wright, James McAvoy and Tom Wilkinson
Origen: EE.UU.
Idioma: hablada en inglés.
Elenco de personajes
James McAvoy ... Frederick Aiken
Robin Wright ... Mary Surratt
Kevin Kline ... Edwin Stanton
Tom Wilkinson ... Reverdy Johnson
Evan Rachel Wood ... Anna Surratt
Johnny Simmons ... John Surratt
Toby Kebbell ... John Wilkes Booth
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Comentarios
Aportes provisionales
En efecto, la señora Surrat fue ejecutada aunque ninguna prueba de su participación en el asesinato de Lincoln fuera producida en el juicio. Existe abundantísima literatura sobre el hecho; inclusive, de parte de su propio hijo, el fugitivo al Canadá, quien luego de la vergonzosa exculpación posterior, escribió a favor de la inocencia de su madre en muchas oportunidades sin que nadie osara contradecirlo. Luego de su precipitada salida de su país, fue suavo pontificio y participó en la defensa de la Ciudad Eterna; supuestamente fue descubierta su identidad y hubo de fugarse nuevamente hasta que la amnistía general fue decretada en toda la Unión, decidiendo su retorno y casándose en EE. UU., donde tuvo 7 hijos y falleció de viejo en 1916.
Al mejor estilo yanki -puramente yanki, en este caso- el momento exigía una condena rápida y una ejecución ostentosa, a condición que fuese espectacularmente cruel y sin importar quien resultase perjudicado. Hoy mismo, se duda sobre la participación de los restantes ajusticiados -David Herold y George Atzerodt; Lewis Powell intentó matar al Secretario de Estado Seward- en la intentona de J. W. Booth, que de hecho, no requirió del auxilio de nadie para ponerle el pistoletazo fatal en la cabeza al fanático de Lincoln.
Que el conato alcanzaría también al vice-presidente Johnson y al secretario de Estado, no quedó nunca demostrado del todo; y de paso, se probó que no serían necesarios cómplices principales.
Pero la ejecución cumplió los requisitos exigidos por la espectacularidad; y si no fue filmada, es por que los hermanos Lumiere aún no llegaban a la adolescencia.
Yo no sé si Redford es decididamente un izquierdista; más bien me inclino a pensar que es un "redfordista". Dispone de plata para producir, una buena cabeza para elegir, buen ojo para lo visual y filma bien. No se libra completamente del virus yanki pero al menos no le da de comer, aunque come de él bastante seguido.
Y sabe elegir bien esos asuntos apestosos que no hacen sino decomisarle violentamente el nimbo de moralidad a sus compatriotas, para intentar adecentarlos un poco ante el mundo. Un mea culpa tardío, pues, es mejor que el que no se hace nunca. Sobre todo si lo único que se exige el tardío revisionismo, es confiarlo exclusivamente al celuloide, lugar habitual donde su país gana guerras, está habitado por caballeros andantes, trata bondadosamente a los vencidos y la mujeres y a los negros y, sobre todo, jamás miente, roba, viola o mata.
La historia de EE. UU. no es edificante; penosa es la ausencia de grandes gestos, generosos, amplios y cristianos y el exceso de episodios criminales. Es un país mal hecho, a pura arremetida oportunista y a fuerza de guerras de conquista contra sus vecinos, españoles, mexicanos ... o canadienses. Y más tarde, un expansionismo ladrón que es exactamente lo contrario de un Imperio cristiano, a los cuales sólo puede asemejarse en el tamaño, pero no en el espíritu. Sé que no faltará un "estudioso" "re"-revisionista, que aplique la misma decepción a todo lo verdaderamente grande que ha conocido el mundo; lo que seguro no se puede hacer, es una comparación que salga airosa. Así que no se hace y ya...
Este fue otro episodio "de esos". Misterioso, rápidamente silenciado por medio de la soga y redoblar a muerte de tambores, donde la única perjudicada fue la Verdad. No está mal, pues, estudiarlo con serenidad.
Pero mi estimado comentarista: el cine no parece un buen lugar para hacerlo.
I. C. J.
Claudio Mori
Lincoln
A mi me contaron una version que dice que el motivo del asesinato de Lincoln fue la emision de billetes de dolar por el gobierno y no por la Reserva Federal. Como es sabido en EEUU los billetes los imprime un banco privado ( La reserva Federal) que tiene el control de la masa monetaria. Esos billetes, los de Lincoln, fueron llamados green bucks. Hubo otro presidente que hizo lo mismo y cuyos billetes de dolar todavia circulan solo que en estos dice This is a US Goverment note en vez de Federal Reserve note. Ese fue Kennedy que ya saben como termino.Muy buena critica, tratare de verla.
Ricardo J. Siutti
Interesante teoría
Dolar
Decían por ahí que el dolar era hijo del "escudo" español de 10 pesetas.
Y que lo "inventó" Salomon Chase, que había sido gobernador de Ohío, si la memoria no me falla.
Y que por eso su rostro "engalana" los nunca vistos por mí billetes de u$a 1.000.-
Saludos, Félix Renée
Los famosos "grands"
¿Quien ha visto un billete de 1000 dólares?, digo parafraseando al epónimo General.
¡Muchas gracias!
Estos comentarios llenan un vacío lamentable desde que nos falta REDUCO.Si proviene de él, le agradezco también su regreso a este medio.
Félix Renée
Amigo Félix Renee
De nada. No viene de Reduco, sino de la misma modesta producción que siempre se hizo aquí. Y que ciertos problemas de fatiga nos fueron haciendo abandonar. Trataremos de retomarlos regularmente.
¡Gracias, Marcelo!
Ahora lo valoro más porque me doy cuenta de que no es una tarea sencilla.
Tal vez la fina susceptibilidad del amigo "Reduco" nos jugó a todos en contra y perdimos sus jugosos y esperados comentarios.
En fin...
Una pena.
Muchas gracias y un abrazo.
Son funciones distintas
La visión de nuestro amigo Flavio era más técnica y propia de un especialista. La nuestra es la de "censor" y comentarista. A veces podemos dar una opinión en el sentido técnico, pero no es lo que aquí se pretende.
Respecto a "ver cine" para recomendar, es bastante arduo, porque hay que dedicar tiempo y un entusiasmo que con la edad voy perdiendo. Por suerte existe internet, que me permite ahorrar dinero y tiempo.
Pero o me agradezca, por favor, porque es lo que justifica la existencia de este sitio. Presar algún servicio.
REDUCO?
¿QUE PASÓ CON REDUCO? Y ¿DONDE PUEDO CONEGUIR ESTA PELÍCULA?
La película se consigue actualmente
en la web... No se que pasó con Reduco, posiblemente la salud de Flavio Mateos le esté jugando mal.
Buena salud
Rechazo por improcedentes y maliciosas las declaraciones en contra de la salud del amigo Flavio, con quien he estado libando unos tintos en reciente feriado largo. A más de ingiriendo exquisiteces, sólidas en este caso. Y señalo que el sitio de marras ha sido actualizado recientemente. Con las habituales microcríticas del citado cinémano, claro.
Juan Ford.
Muchas gracias, Sr. Ford
Le agradezco las noticias que nos trae de manera tan gentil acerca del estado de salud del apreciado Sr. Mateos al que uno aprendió a estimar gracias a sus intervenciones en este generoso medio.
Y a tal punto que - me animo a decir sin exagerar- deploramos su larga ausencia.
Me permito envidiar sanamente la circunstancia por Ud. vivida en compañía de don Flavio.
Intuyo que conversando con él cualquier vinacho de bodegón se debe convertir en sabroso néctar.
Lo saluda Félix Renée
Estimado Sr. Félix: Visite
Estimado Sr. Félix:
Visite Ud. El sitio Reduco y verá allí la despedida de cierre de tan excelente sitio de cine - desde una visión católica - redactada por el propio Flavio Mateos. No obstante el sitio permanecerá disponible para ser consultado por quién lo desee.
Le saluda un amigo y padrino de Flavio
Carlos Pérez Agüero
Apreciado Sr. Carlos Pérez Agüero
Muchas gracias por su invitación a visitar el sitio Reduco.
Ignoro los motivos que han provocado el cierre tan excepcional tribuna de estudio e interpretación católica del cine que se nos ofrece.
Espero no se deba a problemas de salud o - peor- a flaquezas de ánimo.
Lamentaremos no contar en el futuro con sus atinados comentarios que hacían brillar la Luz de Cristo que nos orientaba en el oscuro mundo de lo que se llama "el espectáculo".
Reitero mi gratitud por su amable aviso y le pido haga llegar a Flavio Mateos mi pesar por el cierre junto a mi cordial saludo y agradecimiento.
Félix Renée de la Sainte-Croix