La Gran Comedia de “la vida” II

Otra extraordinaria marcha contra el aborto en la Argentina. ¿Alcanza?

 

En un artículo titulado “La Gran Comedia de “la Vida” publicado el 27 de febrero de este año expresé mis reservas a lo que creo es como mínimo un enfoque equivocado al desafío de las ideologías feministas, abortistas, de género, etc. En particular contra el aborto, cuando se anunciaba una marcha que resultó multitudinaria, extraordinaria y sorprendente, una marcha que demostró que el rechazo al aborto es muy fuerte en la sociedad argentina. Pudo haber sido leída como “fuego amigo” por muchos “provida”. Aclaro que así dicha marcha, como la del día 20 de mayo, Pentecostés, hubiesen sido un fracaso, mi intención es la misma. Lejos de entorpecer los esfuerzos que hacen tantas personas de bien para evitar que este horroroso crimen se legalice, mi modesta contribución apunta a poner el foco en las causas, no solo en combatir las consecuencias.

Allí decía cosas como estas que cito a continuación:

Los argumentos de orden natural contra el aborto pueden ser muy efectivos y evidentes en una sociedad que viva conforme al orden natural. No es el caso de la sociedad moderna. Si hay que explicar a las personas porqué no se debe matar a los niños en el vientre materno, los argumentos “desde el corazón y los sentimientos”, como gusta plantear Tucho Fernández, son eficaces solo para los convencidos previamente. Y además los privan de conocer los fundamentos religiosos, fuente de toda moral.

Por otro lado, lo que la gente necesita no es una andanada de manifestaciones, cantitos y bulla callejera. Precisa doctrina y virtud. Es decir, precisa que se les predique la verdad, que se los exhorte a vivir conforme a la Ley de Dios y que se los asista con los sacramentos. Lo otro puede ser un instrumento para evitar que cierta situación empeore. Nada más. Un parche, tanto más débil cuanto más confusos sean los que organizan y los que asisten a estas campañas. Y más temerosos de explicar los fundamentos católicos de sus argumentos, si acaso los conocen. Dios no bendice la tibieza, sino que la vomita de su boca.

Debo decir que sostengo esta opinión, con los matices que me propongo exponer a la paciencia del lector benévolo. Hoy estamos todos exultantes. Yo también. Nuevamente la Argentina se echó a la calle en más de mil (literalmente) actos de repudio al aborto en todo el territorio nacional. Millones de personas en total. (Ver texto completo)

La Argentina es un país muy raro, casi misterioso, porque tiene terribles miserias y notables reacciones. Me abstengo de dar ejemplos porque una de nuestras miserias es la confrontación permanente en bandos irreconciliables. Solo diré que el Congreso Eucarístico de 1934 fue el más grande de la historia y en esos días, según la acertada y poética frase del Dr. Gustavo Martínez Zuviría, uno de sus organizadores, “Buenos Aires estaba en gracia de Dios”.

El 20 de mayo se repitió el milagro, con gran disgusto del Establishment abortista, las ONG tentáculos de Soros, la manada de brujas (les cabe la caracterización) que blasfeman, profanan, destruyen todo lo católico, desde los templos a las personas que profesan la Fe, incluyendo a la jerarquía (muchos de los cuales no sabemos si todavía profesan la Fe). Los políticos empiezan a hacer cuentas. En especial el oficialismo, porque esos manifestantes en gran proporción le dieron el poder a Macri y ahora le reclaman que cumpla con su promesa de “defender la vida”. Es decir, esta presión política sirve para que humanamente se pongan obtáculos a este siniestro propósito.

Dios, que lee en su omniciencia los corazones de los hombres, verá si esto es suficiente para que se nos exima de caer como Nación en este pecado horrendo. Por eso muchos estamos exultantes, y damos le más cálida enhorabuena a los que se han consumido trabajando para dar sus testimonios, muchos brillantes, en las audiencias públicas de la Cámara de Diputados, y para organizar estos movimientos públicos. Absteniéndonos en este caso, para no empañar, de poner el foco en alguna organización oscura que aporta dinero y “know how”.

He sabido, con grata sorpresa, que además de Mons. Aguer, otros obispos movilizaron gente en cooperación con diversas instituciones, proveyeron medios materiales y aliento moral. También haciendo campaña casa por casa con muy buenos resultados. Las imágenes de un aborto horrorizan a cualquier persona que no sea un perverso. Para el aquí y ahora se trabaja bien.

Pero no puedo dejar de señalar que esta forma de lucha, aunque triunfara este año y bloqueara las iniciativas perversas, animara a los timoratos, que los hay muchos en la política personalmente opuestos al aborto pero no dispuestos a ponerse del lado de los perdedores… esta y otras batallas con que nos arrecia el Nuevo Orden Mundial, por llamarlo de un modo aceptado, seguirán en todos los frentes.

El primer frente será la destrucción de la familia. De los millones que participaron en la marcha, ¿cuántos están contestes con la doctrina de la Iglesia sobre el uso de anticonceptivos? ¿Cuántos saben que los anticonceptivos son, hoy por hoy, abortivos en altísimo porcentaje? ¿Marchan contra el aborto, pero luego abortan en la práctica, un niño o niña que no puede ser filmado mientras lo destrozan porque sencillamente se los mata por acción química?

De entre esos millones, ¿cuántos cuidan a sus hijos (y a ellos mismos) de la pornografía y la indecencia de películas, reuniones, lenguaje, etc.? ¿Cuántos de esos jóvenes entusiastas vive castamente su soltería y funda matrimonios fecundos en arreglo a la ley de Dios? ¿Cuántos de entre los católicos, que suman mucho en estas manifestaciones, están alertas sobre los derrapes doctrinales de Amoris Laetitia? ¿Cuántos no han recibido con alivio la legitimación de facto de sus uniones adúlteras? ¿Cuántos condenan la homosexualidad o más bien simplemente la consideran una opción que cada uno es libre de tomar?

El aborto, aunque suene mal lo que voy a decir, ha hecho un ruido poderoso asustando a muchas personas sobre es estado moral de la sociedad argentina. Es demasiado horrible, demasiado hipócrita, sus promotores demasiado grotescos y despreciables. No está mal que se haya oído. Lo que más preocupa es toda esta corrupción más silenciosa que pervierte a la sociedad “conservadora” argentina. ¿Por qué no se alzó en masa contra la parodia blasfema del “matrimonio igualitario”, como ahora. ¿Porque ha madurado espiritualmente? Lo dudo.

El aborto golpea la sensibilidad fieramente y es más fácil de poner ante los ojos en su monstruosa ejecución. Las píldoras, el sexo casual o las uniones ilícitas, la agenda LGBT (que mueve más a risa que a desafío) aunque ya ha impuesto una manea legal a los que quieran escaparle, ¿movería a tanta gente a la calle?

Son preguntas retóricas. La respuesta es obvia. Y de esa respuesta surge EL problema. Ese problema que la mayoría no ve o del que prefiere desentenderse.

Propongo un esquema sumarísimo que, si vale la pena se puede desarrollar:

Vivimos en una sociedad en pecado mortal habitual. Muchos argentinos ya ni siquiera están bautizados. La Iglesia jerárquica los ha abandonado porque juega a la política. El clero no sabe para qué está. Los sacramentos se abandonan o se ridiculizan en ceremonias blasfemas. Nadie se confiesa, ni los curas. Nadie reza, ni los curas. Nadie se santifica…

Admito que es una formulación extrema, pero ¿cuánto hay de verdad? Demasiado.

Si los argentinos quieren salvar su Patria, sus familias, su Fe católica deben volver al catolicismo tradicional. Deben volver a la Iglesia prísitina y pura, fuera de la cual no hay salvación. Aunque marchemos contra el aborto, enhorabuena. Lamento decirlo, pero esto no alcanza.

Tal vez festejemos, yo también, una victoria contra los endemoniados abortistas, pero ellos nos tienen sitiados y son pocos los que acuden a las armas.

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