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La Política de Culto del Gobierno

Transcurridos los seis meses de gobierno, las nuevas autoridades en el área de Culto comienzan a mostrar hacia donde se dirigen. Según informa la prensa "Estos últimos días han sido de frecuente intercambio entre el país y la Santa Sede"

Escribe Carlos Benigni

Transcurridos los seis meses de gobierno, las nuevas autoridades en el área de Culto comienzan a mostrar hacia donde se dirigen. Según informa la prensa "Estos últimos días han sido de frecuente intercambio entre el país y la Santa Sede. Concluida hace dos semanas la visita a la Argentina del secretario del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, el arzobispo inglés Michael Fitzgerald, el secretario de Culto, Guillermo Olivieri, emprendió en Roma una serie de entrevistas para acordar una visita del canciller, Rafael Bielsa, al Vaticano en febrero o marzo. Y abrir paso a una posible audiencia para el presidente Kirchner más adelante." (La Nación, 1 de diciembre en nota firmada por Jorge Roullion)

Los hechos muestran claramente que –en lo interno- esta conducción busca apoyarse en los sectores más progresistas del arco religioso argentino.

De la mayor trascendencia en ese campo es la decisión de cambiar al actual embajador ante la Santa Sede Vicente Espeche Gil. Este último –miembro con licencia del Consejo de Redacción de la revista Criterio- respondía sin duda al ala progresista liberal del Club de San Isidro. Pero como hemos anunciado, el paso del tiempo y gruesos errores han mermado notablemente la importancia de este sector. Primero la falta de candidato expectable para ocupar alguna de las sedes episcopales de importancia. Luego de la pérdida en su apuesta a la arquidiócesis de Buenos Aires, en tiempos del Cardenal Quarraccino. Habiendo apostado demasiado a la candidatura de Mons. Bianchi di Carcano, su estrella comenzó a eclipsarse cuando el elegido fue Mons. Bergoglio Su "ala laical" jugó sus últimas cartas en el gobierno de De la Rúa, quien les entregó la embajada y la Secretaría de Culto, pero la estrepitosa caída de este último los desalojó de la última. La salida "delarruesca" de Mons. Santos y Abril, la llegada de Mons. Bernardini, marcó otro hito, y finalmente, la jubilación sin pena ni gloria de su mentor y principal operador vaticano el Cardenal Jorge Mejía, los han dejado con una sola carta de peso: Mons. Casaretto, que aún controla la estratégica presidencia de Caritas, pero a quien los graves problemas intradiocesanos, no lo dejan en buena posición para el ansiado ascenso a arzobispo.

Un nuevo embajador con antigua militancia

La carta jugada en esta ocasión es la promoción a la embajada ante la Santa Sede de Carlos Custer.

Este personaje de antigua militancia en la setentista "teología de la liberación" en los tiempos en que esa corriente a través del Mons. Pironio controlaba el CELAM, se distinguió en la conducción de la CLAT (Central Latinoamericana de Trabajadores) liderada por Emilio Máspero. Cuando a partir de la reunión de Puebla las cosas comenzaron a cambiar, Custer hábilmente se "recicló" inteligentemente junto con su amigo uruguayo Alberto Methol Ferré hacia una línea izquierdista que no confrontaba con las autoridades episcopales y romanas. Así continuó su militancia apoyado por los sectores izquierdistas de Comunión y Liberación, en torno a un vago socialismo cristiano. Así se lo vio participar en alguna de las Jornadas que a mediados de los ochenta celebraba la Comisión de Pastoral Social de la CEA.

En tiempos de De la Rúa, y siendo secretario de culto Norberto Padilla, hizo su primera incursión como asesor de dicho organismo.

Fuentes bien informadas, dicen que detrás de su promoción se encuentra el mismísimo Cardenal Primado Mons. Bergoglio con fluidas relaciones con el sector "prolijo" de la "teología de la liberación". Sin hacernos eco totalmente de esta versión, lo cierto es que no quedan demasiadas alternativas para explicar -localmente- la llegada de Custer a la embajada.

Que puede pasar

No es fácil hacer previsiones en estos tiempos. En primer lugar porque en la Curia romana se vive un larguísimo "final de reinado" en la cual los personajes claves toman sus decisiones en base a un doble estándar. Primero atendiendo a la situación actual dominada en gran medida por la fuerte figura del Secretario de Estado Cardenal Sodano,- quien si bien aprobó la llegada de Custer a la Comisión Justicia y Paz como señaló Página/12- no parece se un precisamente un promotor de lo que Custer representa.. Por otro lado, todos en la Curia hacen sus apuestas al futuro sucesor de Juan Pablo II. De allí las actitudes ambivalentes, las jugadas dobles, etc.

Los triunfantes candidatos de "izquierda" en Hispanoamérica (Lula, Lagos, y Kirchner principalmente) no están dispuestos a desperdiciar la importante cuota de poder que ser gobierno, para ayudar a sus socios "eclesiásticos. Saben que en medio del descreimiento general que el pueblo tiene respecto de la "democracia", el apoyo de Comunidades de Base, etc., puede resultarle crucial en ciertas instancias críticas. Véase sino la importancia de los cargos ostentados por los "teólogos de la liberación" en el gobierno de Lula en Brasil. Y por otra parte, están decididos a tratar de obtener el apoyo de la Iglesia en sus campañas políticas internas e internacionales, en especial buscan contar con el aval de la Santa Sede en los conflictos reales o hipotéticos que puedan tener con los EE.UU. y para ello promueven a sus socios "eclesiásticos" tanto cuanto pueden. Como se ve más allá de los discursos repudiando la "era constantiniana", la misma goza de excelente salud, al menos en su versión izquierdista hispanoamericana.

Aporías sin solución

La idea no parece mal planteada. Es sabido la preocupación de la Santa Sede por los efectos del "capitalismo salvaje" en todo el mundo, y en especial en nuestro subcontinente.

Pero pasa que uno de los puntos centrales de preocupación de la Iglesia –en medio del terrible crisis doctrinal posconciliar- , es la defensa de la vida desde su concepción, de la familia y de la moral sexual. Y aquí es donde las cosas se complican. Porque los gobiernos de izquierda hispanoamericanos, cuentan entre sus más firmes aliados a los promotores de cuanto proyecto antinatural y anticristiano se ha promovido entre nosotros en los últimos tiempos.

Bastaría averiguar cuál ha sido la posición del actual Secretario de Culto frente a los proyectos de "uniones civiles" en su paso por la Legislatura de Buenos Aires, o ver la actual controversia entre el gobierno de Lula y el Arzobispo Humes por las campañas a favor de la distribución de preservativos con ocasión de la lucha contra el SIDA.

Curioso el "antiimperialismo" de esta "izquierda" que lleva adelante los proyectos de control de la natalidad promovidos por los mismos que dicen combatir en materia económica..


De allí que no carezca de interés la referencia hecha por Roullion en la nota mencionada más arriba "En el diálogo de Olivieri con el subsecretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede -una suerte de vicecanciller-, monseñor Piero Porolin, se manifestó el interés con que se sigue allá la posición argentina en foros internacionales respecto de temas como el sostenimiento de la vida por nacer, en contra del aborto. Acentuada particularmente esa postura durante el gobierno de Carlos Menem, ha sido sin embargo una política en la que, a contrario sensu de otras cuestiones, la Argentina mantuvo por décadas una línea coherente a pesar de los cambios -a veces abruptos- de gobiernos"

Es claro que la Santa Sede seguirá con atención cualquier toma de posición o abstención de la Argentina en los candentes foros internacionales. Y parece claro luego de la última reunión plenaria de los obispos argentinos en San Miguel y del documento producido, que las instrucciones del nuevo Nuncio son bastante claras en la materia.

Colofón

Seguramente ante cualquier contraofensiva de la Iglesia en materia de familia, la primera actitud del gobierno será evitar la confrontación. Para ello nada mejor que una "operación distracción". ¿Cuál? Hacer concentrar a los obispos sobre la "cuestión social", tratar de involucrarlos a través de la Mesa de Diálogo, ofrecer generosas ayudas a Caritas, ponerlos como "mediadores" con los piqueteros, etc. En una palabra apoyar y alabar todo lo que la Iglesia haga en orden a lo que el viejo catecismo denominaba "obras de misericordia materiales". Que no queden ninguna energía católica para la defensa de la Fe, y de la Moral. Y que la que quede se disuelva en ecumenismo y diálogo interreligioso&hellip…

Cuidado, no se nos mal interprete. Dichas obras forman parte del deber de la Iglesia. La cuestión es plantearlas como la alternativa excluyente o preponderante olvidando el evangélico mandato "Buscad el Reino de Dios y Su Justicia y lo demás se os dará por añadidura"

Por otra parte, los ataques mediáticos en ascenso a la Iglesia (temas de corrupción del clero, profanaciones, el reciente fallo "expulsando a la Virgen de los tribunales) quieren funcionar como una suerte de mensaje sutil, respecto de cual es la alternativa si los obispos no "cooperan".

En el próximo año, temas como la educación sexual obligatoria en las escuelas católicas, proyectos de despenalización del aborto y otras cuestiones pondrán a la Iglesia y al Gobierno ante la trágica necesidad de elegir.