La Proyección Política del Mensaje de Fátima

Es sabido que la forma en que se organiza la sociedad civil es una ayuda o, por el contrario, un obstáculo para la salvación de la almas. Por eso la Iglesia ha predicado siempre – con la excepción de los años posconciliares- la unión de la Iglesia y el Estado y el reinado social de Nuestro Señor Jesucristo. De este modo (que trasciende la forma jurídica, sea monárquica, republicana o mixta, en que se organiza cada Estado) el gobierno civil debe velar por el bien común material y espiritual de los ciudadanos, en el segundo caso, imponiendo leyes y promoviendo costumbres conformes a la Ley de Dios.

Un aspecto del mensaje de Fátima al que se le ha prestado escasa atención es, precisamente, su proyección política. En el mensaje, que se fue revelando con el paso del tiempo, queda claro que la jerarquía de la Iglesia está llamada a cumplir los deseos del Cielo para evitar graves males, muchos de naturaleza política. Esos pedidos eran:

- La promoción de la devoción al Corazón Inmaculado de María, penitencia, oración y la Consagración de Rusia, en determinadas condiciones.

El fin, que el mundo evite males o los abrevie y por sobre todo para que Dios se digne hacer efectivo el triunfo del Corazón Inmaculado, es decir, su reconocimiento como ejemplo por excelencia de las virtudes cristianas, así como el privilegio de la Mediación Universal de las Gracias por el misterio de la Corredención.

“Dios quiere establecer en el mundo la devoción a Mi Corazón Inmaculado”. Así de simple. Los medios: devoción de los cinco primeros sábados, según las condiciones establecidas y que la jerarquía se tomó demasiado tiempo en aprobar y promover. Luego, la Consagración de Rusia. Que se dio a conocer omitiendo en el texto la mención de esa nación para no tener roces, primero con los soviéticos y luego con las potencias “democráticas”. Las diversas consagraciones que han tenido lugar no cumplen lo requerido por la Virgen, que expresa la voluntad de su Divino Hijo. Esto no se ha realizado.

Pero allí donde la jerarquía fue más dócil, y los pueblos más devotos, se impidieron grandes males y se suavizaron o abreviaron los castigos. Portugal, fidelísimo, tuvo su milagro propio y escapó de la guerra. España, más remisa, padeció la guerra contra el bolchevismo, pero logró derrotarlo. Ambos escaparon de la Segunda Guerra Mundial. Luego, más reaciamente que el episcopado portugués, que fue unánime, el español atendió casi sin excepciones a los pedidos de penitencia y oración de la Virgen. Hitler no invadió España ni Portugal cuando ya tenía día y hora de comienzo de las acciones militares.

Francia, bajo el gobierno del Mariscal Petain tuvo un enorme florecimiento espiritual mariano y nacional, que nunca fue obstaculizado por los ocupantes alemanes. En cambio sí fue perseguido por los comunistas tras la liberación, en alianza con los “demócratas cristianos”. No cayó, sin embargo, bajo las garras del comunismo tras la guerra, aunque pagó un terrible precio de sangre en venganzas.

El cumplimiento parcial de los pedidos dio resultados parciales, aunque importantísimos en el orden civil. Y un milagro posibilitó otro. En Portugal Oliveira Salazar fue el instrumento de Dios para el resurgimiento de la nación, y a su vez el protector del fervor católico que lo posibilitó. Otro tanto puede decirse de Franco en España. Y esto más allá de las virtudes de cada uno o sus defectos y errores. Años, décadas de paz y reconstrucción social y política. Pequeños brotes de Cristiandad.

El mundo no alcanzará la paz, no será posible quitar el poder a los enemigos de la Iglesia y de la concordia humana fundada en la Caridad de Cristo si la Iglesia, al menos la parte de ella que permanece fiel, no cumple con los deseos de la Virgen: penitencia, oración, consagración de Rusia.

Para recordar los efectos políticos y sociales, las gracias extraordinarias recibidas por los pueblos fieles vinculamos al pie dos artículos publicados ya en Panorama en 2006. Son una detallada crónica de la relación causa-efecto entre el cumplimiento –al menos parcial- de los deseos del Cielo y sus efectos en el orden civil.

Qué esto nos mueva a retomar el camino único posible para restaurar la Cristiandad según la promesa de la Virgen: “le será dado al mundo un tiempo de paz” de la mano de la conversión de Rusia.

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Triple milagro de Nuestra Señora de Fátima en Portugal II

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