Las apariciones privadas a Sor Lucía de Fátima

Como Fátima se inserta en la historia actual

La divina Providencia no había acabado la obra encargada a los pastorcitos. La Virgen dijo a Lucía que, «con el fin de prevenir la guerra, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora en los primeros sábados de mes». Recordemos, pues, las principales comunicaciones con que el Cielo pidió a Sor Lucía ambas cosas.

 

1º Difusión de la devoción reparadora
al Corazón Inmaculado de María

El 10 de diciembre de 1925, siendo Sor Lucía postulante en el Convento de las Doroteas en Pontevedra, se le apareció la Virgen con el Niño Jesús sobre una nube de luz. La Virgen puso su mano sobre el hombro de Lucía, mientras en la otra sostenía su Corazón rodeado de espinas. El Niño Jesús le dijo entonces:

«Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie que haga un acto de reparación para sacárselas».

Inmediatamente la Santísima Virgen agregó:

«Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas, que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme, y di que a todos los que durante cinco meses en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del Rosario con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación».

¿Por qué esta voluntad del Cielo de pedir la comunión reparadora de los cinco primeros sábados de mes? Nuestro Señor se lo manifestó a Sor Lucía el 29 de mayo de 1930, estando ella en Tuy:

«El motivo de los cinco sábados de mes es muy sencillo, y es que hay cinco clases de ofensas y blasfemias contra el Corazón Inmaculado de María:

1º las blasfemias contra su Inmaculada Concepción;

2º las blasfemias contra su Virginidad;

3º las blasfemias contra su divina Maternidad, negándose a la vez a reconocerla como Madre de los hombres;

4º las blasfemias de los que intentan infundir públicamente en el corazón de los niños la indiferencia, el desprecio y el odio contra esta Madre Inmaculada;

5º las ofensas de quienes ultrajan directamente su sagrada Imagen».

Varias veces volvió el Señor a manifestarle a Sor Lucía sus ardientes deseos de establecer en el mundo la devoción reparadora al Corazón de su Santísima Madre. Así lo hizo en marzo de 1939, en Tuy:

«Pide, insiste de nuevo, para que se recomiende la devoción de los primeros sábados del mes en honor al Corazón Inmaculado de María. Se acerca el momento en que el rigor de mi justicia castigará el crimen de muchas naciones».

Igualmente, en mayo de 1943, también en Tuy:

«Deseo ardientemente que se propague en el mundo el culto y la devoción al Corazón Inmaculado de María, porque este Corazón es el imán que atrae todas las almas a Mí, el fuego que irradia sobre la tierra el rayo de mi Luz y de mi Amor, y la fuente inagotable que hace brotar sobre la Tierra el agua viva de mi Misericordia».

Sor Lucía quedó tan aferrada a esta amable devoción, que, cumpliendo el encargo que le diera Nuestro Señor, no dejaba de recomendarla reiteradamente por carta a sus corresponsales. Así, por ejemplo:

«Querría que me diese usted el consuelo de adoptar una devoción que le es muy agradable a Dios, y que nuestra querida Madre del Cielo ha reclamado. La adopté desde que tuve conocimiento de ella, y deseo que todo el mundo la practique… Consiste en hacer lo que está escrito en esta pequeña estampa… Los quince minutos [de meditación] es tal vez lo que más podría costarle, pero es fácil. ¿Quién no sabría pensar en los misterios del Rosario…, permanecien­do en los santos pensamientos [que sugiere cada misterio] junto a la más tier­na de las madres?» (Carta a su madre María Rosa, 24 de julio de 1927).

«Espero que Jesús haga de ellos [el Canónigo Formigao y el Padre Rodrigues, que desean predicar esta devoción] dos ardientes apóstoles de la devoción reparadora al Corazón Inmaculado de María. No imagina Su Reverencia qué grande es mi alegría de pensar en el consuelo que van a recibir, por esta amable devoción, los Sacratísimos Corazones de Jesús [y de María], y en el gran número de almas que se salvarán por medio de ella. Digo que se salvarán, porque hace poco tiempo que Dios, en su infinita misericordia, me ha pedido ofrecer reparación, con mis oraciones y sacrificios, al Corazón Inmaculado de María, e implorar el perdón y la misericordia en favor de las almas que blasfeman contra Ella, porque a esas almas la divina Misericordia no quiere perdonarlas sin reparación» (Carta al Padre Aparicio, 31 de marzo de 1929).

2º El pedido de consagración de Rusia
al Corazón Inmaculado de María

Estrechamente vinculada a la devoción reparadora al Corazón de María está el pedido de que el Papa consagre Rusia a su Corazón Inmaculado. Este pedido vino a hacerlo María Santísima en Tuy el 13 de junio de 1929, en la célebre Teofanía Trinitaria, que Sor Lucía describió como sigue:

«De repente toda la Capilla [de las Hermanas Doroteas] se iluminó con una luz sobrenatural, y apareció sobre el altar una Cruz de luz que llegaba hasta el techo. En la claridad de la parte superior se podía ver el rostro de un hombre y su cuerpo hasta la cintura [Dios Padre]. En el pecho había una paloma de luz [el Espíritu Santo], y clavado en la Cruz estaba el cuerpo de otro hombre [Nuestro Señor Jesucristo]. Por encima de la cintura, suspendidos en el aire, podía ver un cáliz y una gran Hostia, en la cual caían gotas de sangre del rostro de Jesús crucificado y de la llaga de su costado. Estas gotas, escurriéndose sobre la Hostia, caían en el cáliz. Debajo del brazo derecho de la Cruz estaba Nuestra Señora. Era Nuestra Señora de Fátima, con su Corazón Inmaculado en su mano izquierda, sin espada ni rosas, pero con una corona de espinas y llamas. Debajo del brazo izquierdo de la Cruz había unas grandes letras, como si fuesen de agua cristalina, que corrían sobre el Altar formando estas palabras: Gracia y Misericordia. Entendí que se me mostraba entonces el Misterio de la Santísima Trinidad, y sobre este misterio recibí luces que no me es permitido revelar. La Virgen me dijo entonces: Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que, en unión con todos los Obispos del mundo, haga la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado, prometiendo salvarla por este medio».

A inicios del año 1930, Nuestro Señor manifestaba a Sor Lucía que los dos pedidos –de la consagración de Rusia y de la devoción de los primeros sábados de mes– debían ser transmitidos simultáneamente al Sumo Pontífice en Roma. Igualmente el 29 de mayo de 1930, después de explicarle a Sor Lucía los motivos de la devoción reparadora de los cinco primeros sábados, Nuestro Señor prometía poner fin a la persecución bolchevique contra la Iglesia católica si el Papa hacía y mandaba hacer a todos los Obispos del mundo un acto solemne y público de reparación y de consagración de Rusia a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, y prometía al mismo tiempo aprobar y recomendar la práctica de la devoción reparadora al Corazón Inmaculado de María.

Ante la indecisión del Papa Pío XI a cumplir los pedidos del Cielo, y su política diplomática de «Apertura al Este», Nuestro Señor le hacía a Sor Lucía, en agosto de 1931 en Rianjo, la siguiente confidencia:

«Mucho me consuelas pidiéndome la conversión de estas pobres naciones [Rusia, España y Portugal]. Pídesela también a mi Santísima Madre… Haz saber a mis ministros que, dado que siguen el ejemplo del rey de Francia, retrasando la ejecución de mi pedido, lo seguirán también en la desgracia. Como el rey de Francia, se arrepentirán y harán lo que Yo he pedido, pero ya será demasiado tar­de: Rusia habrá esparcido sus errores por el mundo, provocan­do guerras y persecuciones contra la Iglesia. El Santo Padre tendrá mucho que sufrir. Pero nunca será demasiado tarde para recurrir a Jesús y a María».

Sor Lucía volvió a menudo sobre este juicio terrible de Nuestro Señor, ratificado con una profecía firme pero angustiosa. Y en mayo de 1936, preguntándole a Nuestro Señor por qué no quería convertir a Rusia sin que el Papa la consagrara al Corazón de María, le contestó el Señor:

«Porque quiero que toda mi Iglesia reconozca esta consagración como un triunfo del Corazón Inmaculado de María, con el fin de extender luego su culto y colocar así, al lado de la devoción a mi Divino Corazón, la devoción a este Corazón Inmaculado».

A la exclamación de Sor Lucía: «¡Pero el Santo Padre nunca me creerá, Señor, si Tú no lo mueves con una especial inspiración!», respondió:

«¡El Santo Padre! ¡Ruega mucho por el Santo Padre! El hará esta consagración, pero ya será demasiado tarde. Sin embargo, el Corazón Inmaculado de María salvará a Rusia, que le ha sido confiada».

En este sentido Nuestro Señor decía a Sor Lucía, el 22 de octubre de 1940:

«Ruega por el Santo Padre; sacrifícate para que su corazón no sucumba a la amargura que lo oprime. Las persecuciones irán en aumento; castigaré a las naciones con la guerra y la escasez; la persecución contra mi Iglesia recaerá particularmente sobre mi Vicario en la Tierra. El Santo Padre podría obtener que estos días de tribulación se acortaran si cumpliera mi deseo de consagrar el mundo entero al Corazón Inmaculado de María, con mención especial de Rusia».

El PapaPío XII, el 31 de octubre de 1942, consagró el mundo al Corazón Inmaculado de María, pero sin hacer la mención especial de Rusia que el Señor había reclamado. Sor Lucía declaraba al año siguiente:

«El Señor ha aceptado la consagración del mundo en octubre de 1942 al Corazón Inmaculado de María, y promete poner rápido fin a la guerra. Mas, como fue incompleta según su pedido, la conversión de Rusia no ocurrirá por ahora».

El 15 de julio de 1946, en una entrevista al escritor americano William Thomas Walsh, Sor Lucía declaraba:

«Lo que Nuestra Señora quiere es que el Santo Padre y todos los obispos consagren Rusia a su Corazón Inmaculado, en una ceremonia especial. Si se hace esta consagración, la Santísima Virgen convertirá a Rusia, y la paz rei­nará en el mundo. Si no, los errores de Rusia se esparcirán por todas partes». (Ver adjunto al pie del artículo)

Y en mayo de 1952 la Santísima Virgen le decía a Sor Lucía:

«Haz saber al Santo Padre que sigo esperando la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado. Sin esta consagración, Rusia no se convertirá, ni el mun­do podrá gozar de paz».

Tampoco las dos consagraciones hechas por Juan Pablo II en Fátima, el 13 de mayo de 1982 y el 25 de marzo de 1984, cumplieron los deseos del cielo, por faltar en ellos la mención explícita de Rusia, y no haberse realizado en unión con todos los obispos del mundo en una ceremonia especial de desa­gravio; de modo que aun hoy está pendiente dicha consagración. Así lo hizo saber reiteradamente Sor Lucía a las personas que la visitaban en el Carmelo de Coímbra, a pesar de la reserva que le imponía la obediencia.



© Seminario Internacional Nuestra Señora Corredentora C. C. 308 – 1744 Moreno, Pcia. de Buenos Aires

Fotocópiame, Difúndeme, Pídeme: Hojitas de Fe. [email protected]

P. José María Mestre Roc[email protected]

La obra de William Thomas Walsh no es fácil de conseguir. Para quienes lean inglés, adjuntamos un archivo pdf con el texto que se puede descargar. El reconocimiento del texto no ha sido corregido, por lo que muchas palabras deben ser interpretadas, pero no dificulta mayormente la lectura. (Nota del Editor)
 

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Marcelo González

El siguiente texto es tan verdadero como verosímil el lector lo quiera considerar.

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Marcelo González

Retomamos el tema ya comenzado en un artículo anterior: “La Misa Nueva bien rezada vs. la Misa Tradicional”. El objeto, naturalmente, es establecer las diferencias del Novus Ordo con respecto a la Misa Tridentina, Gregoriana, Vetus Ordo o como se le quiera llamar.

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Ayer conocimos la noticia: el teólogo más importante de la Conferencia Episcopal de los EE.UU. envió a Francisco una carta demandando el cese de sus actos de confusión doctrinal y persecución a los católicos fieles. Naturalmente, tuvo que renunciar a su cargo. Tomamos el texto en español que publica Sandro Magister junto con sus comentarios.

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Pidiendo el papa León XIII a Dios que todos se acojan a su misericordia para ser un solo rebaño bajo un solo pastor, aclara que para ello deberán salir de la bruma de las falsas creencias, reconcililarse con la verdadera Fe, deponer el odio cismático y, en otro caso, dejarse bautizar por la sangre que contra sí reclamaron en el día de la Pasión de Cristo.