¿Limosna o acción social?

Las ayudas a la familia de parte del Estado “no son una forma de limosna sino una verdadera ‘deuda social’ respecto a la institución familiar, que tanto aporta al bien común de todos”, ha dicho Francisco.

La RAE misma, que últimamente tiende a definir las palabras con apego escaso a la doctrina cristiana dice, sin embargo, de la limosna, en primera acepción: Cosa que se da por amor de Dios para socorrer una necesidad.

Este es el sentido más cristiano: el socorro de un necesitado por amor a Dios, no meramente porque tal o cual situación afecta los sentimiento del donante o por convicción solidaria. Puesto que, como la misma RAE establece, la solidaridad es una Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros. Lejos del espíritu de la limosna

Antiguamente, bajo el orden político y social cristiano, aquellos que por minusvalía por entonces irremediable, como la ceguera, estaban condenados a la miseria, se ganaban la vida rezando por otros. Se les entregaba una limosna con cargo de rezar por una intención. Con envidiable buen sentido se los asistía a la vez materialmente y moralmente, porque se les daba una función en la vida. Y espiritualmente, porque esa función, hecha con buen espíritu, los santificaba. No era el caso de todos hacer bien este oficio, como aquel del ciego del “Lazarillo de Tormes”. Pero esa asistencia recíproca por la caridad estaba en el espíritu de la época, porque era cristiana.

(Hoy pocos entienden esta complementariedad y ayuda mutua que inspira el amor de Dios. Desde nuestras páginas hemos planteado muchas veces el ofrecimiento de un servicio, que es una información o una reflexión que sirva de guía para el esclarecimiento de las cuestiones urgentes de los católicos. A cambio de una limosna voluntaria. No es “fundrasing” disfrazado, es mendicación cristiana. Pero casi nadie lo ve así).

Tampoco se le da al necesitado o al mendicante por estricta justicia, ya que uno da al prójimo en justicia lo que le debe. Las deudas son personales. “Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. No hay pecado social, no hay deuda social, más allá de cierta peligrosa fraseología poética.

Lo de la “acción social” en estricta justicia porque es una “deuda social” no lo entendemos. No entendemos que cosa es la “acción social”, ni qué es la “deuda social”, por más que la observen desde la UCA con mucho interés.

Se da por amor a Dios, o se da por cualquiera otra razón que no tiene mérito sobrenatural, porque sin amor a Dios –caridad- nada de lo que hagamos resulta bueno. Estrictamente, nada de lo que hagamos puede ser enteramente bueno, porque está picado de otro amor que no es el de Dios.

Entendemos, sí, lo que es la justicia y por eso creemos que se necesita de la limosna, porque no todos merecemos en justicia, ni podemos alcanzar siempreo por nuestros medios, lo que necesitamos, y por eso recurrimos a la limosna y a la misericordia.

La primera está en manos de los pecadores, y sirve para borrar la multitud de sus pecados, lo que significa que dar limosna es tan grato a Dios que El decide aplicar la misericordia y no solo perdonar sino condonar a los limosneros sinceros las penas de sus culpas…

Pero insisto, de la acción social y de la deuda social no he leído nunca nada en el Evangelio.

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Marcelo González

Sin la pretensión de ser literal en las citas, quisiera resumir algunas de las palabras y conceptos que Mons. Bernard Fellay expresó en su extendida conferencia el domingo 8 de octubre, como culminación de una jornada celebratoria de los 40 años del viaje de Mons. Lefebvre a la Argentina.

Marcelo González

Hace algunos meses, en preparación de este año del Centenario de Fátima escribí un texto titulado “Francisco a Vuelo de Pluma”. Quisiera ahora reflejar en éste las impresiones que me ha causado una larga lectura de textos y trabajos dedicados a la mayor y más longeva de los videntes de la Cova da Iría en 1917.

El mensaje de Fátima es, sí, un mensaje de amor, pero a la vez y por lo mismo es un mensaje de rigor, de severidad, de seriedad. Después de la aparición, los pastorcitos de Fátima dejaron de jugar. Dejemos entonces de jugar.

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¿A quién se le ocurre convocar una jornada de oración a lo largo de toda su frontera, apenas 3000 kms.? ¿A quién se le ocurre anunciar que un millón de personas va a responder a ese llamado? 

Editor y Responsable

¿Es que perdió su rumbo
la nave de la Iglesia? ¿Es que a porfía
se nos ha puesto a andar de tumbo en tumbo
ebria y alzada la marinería?

Marcelo González

Lo único claro es la confusión.

Prof. Roberto de Mattei

La Correctio filialis no es sino la punta de un inmenso iceberg de descontento por la desorientación que impera actualmente en la Iglesia.