Lo que los europeos ahora van viendo

Y que los argentinos ya sabíamos

Sandro Magister, el más lúcido analista de la realidad vaticana hoy desarrolla un tema que tiene el mérito de ver con notable claridad. Francisco, como el tero, grita en un lado y pone los huevos en otro.

Y no es poco. Toda su gestualidad misericordiosa, sus sugerencias de "democratización" de la Iglesia, su derrame de amor hacia todos, en Buenos Aires resultaron muy distintos: un furioso ensañamiento contra sus "enemigos", una centralización increíble de las decisiones del poder, no solo en su arquidiócesis sino también en la Iglesia argentina toda, de la que tras varias maniobras políticas se adueñó con notable habilidad.

Y sobre todo, una memoria rencorosa: no perdona a sus adversarios. Se sienta a comer la cena bien fría de la revancha. Tarde o temprano, el momento llega.

Magister, vaticanista y por lo tanto hombre de las loggias romanas, no excede el lenguaje sutil del periodista de alto rango, pero se acerca a las periferias existenciales de dicho lenguaje, lo que es muy significativo. Significa que bajo la calma de su exposición parece haber una pasión contenida, una indignación disimulada. 

Resumo lo que el lector que lo desee podrá leer a continuación en la versión original de Magister: 

1) Francisco no está dispuesto a descentralizar la Iglesia, lo que, pese al manejo del poder que está haciendo, no deja de ser una buena noticia, afirmo yo. No les dará a las iglesias nacionales ningún poder, ni doctrinal ni mucho menos político. El es un autócrata. 

2) Juega con la ambigüedad de sus dichos, pero no traspasará a realidades sus implícitas promesas. No por amor a la ortodoxia doctrinal, sobre la cual se posiciona con notoria habilidad para parecer una cosa y lo contrario. Pero a la vez que deja creer que cambiará la doctrina sobre la indisolubilidad del matrimonio de alguna manera, pone el freno cuando las cosas pasan cierto límite.

3) Se apoya en personas de historial moral más que cuestionable. 

4) No olvida los "agravios". La CEI en un curioso comunicado saludó el 13 de marzo al nuevo papa, Angelo Scola. De este error se conjeturaron muchas cosas. Pero ahora lo importante es que cuando la Conferencia Episcopal Italiana tiene la posibilidad de elegir por votación a su presidente -porque Francisco se la ofrece- prefiere seguir dejando dicha elección en manos del Papa. "No gracias, Santidad, elija Ud.". Motivo: si se elige a la pesona equivocada lo pagaremos caro. Los italianos son rápidos para entender con quien tratan.

Desde aquí, Sandro Magister

Muy centralizador y poco colegial. Así lo ven los obispos

A pesar de las promesas de refuerzo de su papel, son tiempos difíciles para las conferencias episcopales. Francisco decide él solo. Su maestro de eclesiología: el jesuita De Lubac 


ROMA, 18 de diciembre de 2013 – En la entrevista al vaticanista y amigo Andrea Tornielli, en "La Stampa" de hace tres días, el Papa Francisco ha vuelto sobre dos puntos de la "Evangelii gaudium" que había suscitado animados comentarios tanto en pro como en contra.


El primer punto es la comunión a los divorciados vueltos a casar.  El papa ha querido precisar que no se referiría a ella cuando en la exhortación apostólica hablaba de la comunión no como "un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles".


Haciendo esto, Francisco ha querido aclarar su posición ante los que habían leído esas palabras como una enésima "apertura" y que se habían expresado públicamente en favor de la comunión. Entre los cuales, los últimos han sido el recién nombrado secretario del sínodo de los obispos, Lorenzo Baldisseri, y el cardenal Walter Kasper.


La segunda puntualización tiene que ver con su rechazo de la teoría económica del "derrame" – expresión traducida en italiano como "ricaduta favorevole" y en inglés "trickle-down" – según la cual "todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social".


El Papa Jorge Mario Bergoglio ha confirmado – "no como un experto" – que no cree en el fundamento de esta teoría. Y con ello ha rechazado las críticas que le habían sido dirigidas, en particular, por el teólogo neoconservador estadounidense Michael Novak, según el cual la desconfianza del Papa sería comprensible "en un sistema estático como Argentina, sin ningún mecanismo de movilidad social", pero no en los Estados Unidos y en otros países con capitalismo avanzado, donde "la riqueza surge desde abajo" y el crecimiento económico – si está sostenido por la tutela de los derechos básicos y el cuidado de los pobres típico de la tradición hebreo-cristiana – favorece el ascenso de los menos acomodados a los más altos niveles de vida.


*


De las dos puntualizaciones, la primera atañe a uno de los puntos cruciales de la "Evangelii gaudium", ese en el cual Francisco promete más colegialidad en el gobierno de la Iglesia, con mayores poderes atribuidos a las conferencias episcopales.


En un servicio precedente, www.chiesa resaltó la novedad de esta orientación expresada por el Papa Bergoglio respecto a la línea de sus predecesores Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger, ambos muy resueltos contrastando el riesgo de que la Iglesia se convierta en una "especie de federación de Iglesias nacionales":


]]>> La opción federal del obispo de Roma]]>


Algunos eclesiásticos de primer plano han ido más allá de lo que ha dicho y no ha dicho Bergoglio. Por ejemplo, el arzobispo Baldisseri – considerado un pupilo del Papa – ha dado ya por hecho que "Francisco quiere un sínodo dinámico y permanente, que sea osmosis entre el centro y la periferia".


La multiplicación en Alemania, por parte de obispos y cardenales de peso, de pronunciamientos que apoyan la comunión de los divorciados vueltos a casar – que será, de hecho, uno de los temas que se debatirán en el próximo sínodo – parece también ella respaldar esta novedad.


Hay por lo menos dos elementos en el Papa Bergoglio, que parecen orientarlo en dirección opuesta.


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El primero es la forma monocromática, centralizadora, con la cual Francisco está, de hecho, gobernando la Iglesia.
Los nombramientos más significativos de este inicio de pontificado, ya sea en la curia como fuera, han sido todos elecciones personales del Papa Bergoglio, a veces saltando los normales procesos de consulta u omitiendo la normativa en vigor.


Por ejemplo, a pesar de que las leyes fundamentales del gobernatorado de la Ciudad del Vaticano permiten que el secretario general sea un laico, el Papa no sólo ha promovido a esta función a un eclesiástico, el legionario de Cristo argentino Fernando Vérgez Alzaga, muy vinculado a su persona, sino que también lo ha consagrado obispo y le ha confiado la atención pastoral de los ciudadanos del pequeño Estado, quitándosela al cardenal Angelo Comastri, arcipreste de la basílica de San Pedro y  vicario general de la Ciudad del Vaticano.


En otros casos, Francisco ha nombrado a personas que son la negación viviente de su programa de limpieza y reforma de la curia. Y los ha mantenido en su puesto a pesar de todas las advertencias contrarias que se le han hecho, también por parte de eclesiásticos intachables y, ciertamente, de su confianza:


]]>> Ricca y Chaouqui, dos enemigos en casa]]>


Respecto a las conferencias episcopales, su autonomía y su peso no están en crecimiento, sino en declive. Entre las que se habían distinguido en la fase final del pontificado de Benedicto XVI, sólo la de los Estados Unidos sigue el mismo rumbo.
La italiana, más vinculada a la sede de Pedro, está desbandada. Francisco ha destituido al secretario general Mariano Crociata y lo ha confinado a Latina, una diócesis de tercera fila. Ha destituido al presidente, el cardenal Angelo Bagnasco, de su función de miembro de la congregación para los obispos, promoviendo en su lugar al arzobispo de Perugia Gualtiero Bassetti, uno de los tres vicepresidentes de la CEI, que resulta en cambio estar en las gracias del actual Papa. Y ahora, en breve, nombrará al nuevo secretario, que se convertirá de hecho en el número uno de la conferencia, dependiendo directamente del Papa.


Mientras tanto, Bergoglio ha solicitado a la CEI que decida si quiere ser ella quien elija a su futuro presidente o prefiere dejar el nombramiento al Papa, como sucede normalmente.


En 1983, en la única consulta al respecto que tuvieron sobre el tema, los obispos italianos fueron, en su mayoría, favorables a la elección.


Pero esta vez, por los rumores que circulan, parece que la mayor parte prefiere dejar esta incumbencia al Papa Bergoglio, con tal de evitar el riesgo de entrar en colisión con él.


En el cónclave del pasado marzo los vértices de la CEI se dedicaron a apoyar al cardenal Angelo Scola. Y poco después del "habemus papam" difundieron por error un comunicado de aplauso por la elección… del arzobispo de Milán. 
Temen todavía que quien salió elegido no les haya perdonado.


*


El segundo elemento que parece frenar al Papa Francisco del reforzamiento de las conferencias episcopales, en función de un gobierno de la Iglesia más "colegial", tiene que ver con la eclesiología.


"La Iglesia universal no puede ser concebida como la suma de las Iglesias particulares ni como una federación de Iglesias particulares. No es el resultado de la comunión de las Iglesias, sino que, en su esencial misterio, es una realidad ontológica y temporalmente previa a cada concreta Iglesia particular".


Así se expresaron Juan Pablo II y el entonces cardenal Ratzinger en una carta de 1992 de la congregación para la doctrina de la fe titulada "Communionis notio".


La carta estaba dirigida a los obispos y seguía así:


"En efecto, ontológicamente, la Iglesia-misterio, la Iglesia una y única según los Padres precede la creación, y da a luz a las Iglesias particulares como hijas, se expresa en ellas, es madre y no producto de las Iglesias particulares. De otra parte, temporalmente, la Iglesia se manifiesta el día de Pentecostés en la comunidad de los ciento veinte reunidos en torno a María y a los doce Apóstoles, representantes de la única Iglesia y futuros fundadores de las Iglesias locales, que tienen una misión orientada al mundo: ya entonces la Iglesia habla todas las lenguas.


"De ella, originada y manifestada universal, tomaron origen las diversas Iglesias locales, como realizaciones particulares de esa una y única Iglesia de Jesucristo. Naciendo en y a partir de la Iglesia universal, en ella y de ella tienen su propia eclesialidad. Así pues, la fórmula del Concilio Vaticano II: 'la Iglesia en y a partir de las Iglesias' (Ecclesia in et ex Ecclesiis), es inseparable de esta otra: 'Las Iglesias en y a partir de la Iglesia' (Ecclesiae in et ex Ecclesia). Es evidente la naturaleza mistérica de esta relación entre Iglesia universal e Iglesias particulares, que no es comparable a la del todo con las partes en cualquier grupo o sociedad meramente humana".


La carta daba forma oficial a la tesis sostenida por Ratzinger en la disputa que lo oponía al compañero teólogo alemán, Walter Kasper.


Kasper sostenía la simultaneidad originaria de la Iglesia universal y de las Iglesias particular y veía en la acción de Ratzinger "un intento de restauración teológica del centralismo romano". Y Ratzinger le reprochaba a Kasper la reducción de la Iglesia a una construcción sociológica, poniendo en peligro la unidad de la Iglesia y, en particular, el ministerio del Papa.


La disputa entre los dos cardenales teólogos continuó hasta 2001, con un ultimo intercambio de estocadas en la revista de los jesuitas de Nueva York, "America".


Elegido Papa, Ratzinger volvió a confirmar su tesis en la exhortación apostólica postsinodal "Ecclesia in Medio Oriente" del 2012:


"La Iglesia universal es una realidad antecedente a las Iglesias particulares, que nacen en y por la Iglesia universal. Esta verdad refleja fielmente la doctrina católica y, en particular, la del Concilio Vaticano II. Ella nos introduce en la comprensión de la dimensión «jerárquica» de la comunión eclesial, y permite que la rica y legítima diversidad de las Iglesias particulares se articule siempre en la unidad, como lugar donde los dones particulares se convierten en una auténtica riqueza para la universalidad de la Iglesia".


¿Y Bergoglio? Elegido a la cátedra de Pedro, dio inmediatamente la impresión de querer un gobierno de la Iglesia más colegial.


Y en su primer Ángelus en la plaza de San Pedro, el 17 de marzo, contó a la multitud haber leído con provecho un libro del cardenal Kasper, "un teólogo muy capaz, un buen teólogo".


Algunos asociaron ambas cosas, concluyendo que el Papa Francisco apoyaba las posiciones de Kasper en lo que respecta a la relación entre Iglesia universal e Iglesias locales.


Pero no era así. El libro de Kasper que el Papa había leído no concernía la eclesiología, sino a la misericordia de Dios.
Y en cuanto a la eclesiología, el teólogo que Bergoglio ha admirado y citado siempre es Henri De Lubac (1896-1991), jesuita y cardenal, autor en 1971 de un ensayo titulado "Les Églises particulières dans l'Église universelle" (“Las Iglesias particulares en la Iglesia universal”) que sostenía con veinte años de anticipación, y casi con las mismas palabras, la tesis de Ratzinger y de la "Communionis notio".


Según De Lubac "la Iglesia universal no es el resultado en un segundo momento de una suma de Iglesias particulares o de su federación". Ni la colegialidad episcopal debe traducirse en "nacionalismos eclesiales que suelen ir acompañados, también, de un nefasto pluralismo doctrinal", como tampoco en eliminar la autoridad del Papa.


En el capítulo quinto de "Les Églises particulières dans l'Église universelle", De Lubac aplica el análisis a las conferencias episcopales y les atribuye un fundamento no doctrinal sino simplemente pragmático, no de derecho divino sino sólo de derecho eclesiástico:


"La constitución conciliar 'Lumen gentium' es lo más clara posible a este propósito. No reconoce ninguna mediación de orden doctrinal entre la Iglesia particular y la Iglesia universal".


El Papa Bergoglio no es un teólogo, pero estos son sus maestros.

 

Fuente: ]]>Chiesa]]>

 

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