Los Días como Flechas…

Una lluvia de noticias penetrantes cae a diario, con el riesgo de atravesarnos el alma

Las cosas pasan en montón y a gran velocidad. Los días se suceden casi sin que los podamos contar. Gran excitación entre los que siguen los acontecimientos de la Iglesia en este Centenario cargado de esperanzas sobrenaturales frente a una realidad que destroza todas las esperanzas humanas.

Tienta el error de anticiparse a la Providencia.

Es lo que se ve a diario en Internet, o se habla con amigos y conocidos, se lee en los comentarios de los diarios. Todo el mundo parece que se anticipa a lo que la Providencia tiene dispuesto, y aún peor, la suple sin más. Todos sabemos qué es lo que conviene y qué no conviene. Qué es lo que marca la derrota definitiva de la Iglesia, la cual, digamos al pasar, no puede ser derrotada, según la promesa Divina.

La curiosidad nos mata, y el juicio propio nos enceguece. Por eso, en lugar de recurrir a la oración y a la reparación, como pide Fátima, recurrimos a Google y a los últimos rumores. Aquellos que hacemos esta tarea profesionalmente (aunque gratuita) deberíamos tener, podemos decir así, algunas gracias especiales. Hasta por allí, porque la gracia supone las disposiciones personales.

En principio no deberíamos caer en el juicio fácil, en la opinión indebida, en el crédito rápido a todo lo que se comenta. Hacer el sacrificio del silencio cuando hablar no coopera al bien. Pero la tentación está allí, si no se la compensa con el tiempo debido de meditación, descanso y sobre todo, descanso ante Dios y en Dios.

Estas reflexiones me parecen prudentes antes de tocar el tema que se va calentando en las redes y de allí contagia angustia y confusión a fieles y sacerdotes también, en el mundo tradicional o filotradicional católico.

Se han dibujado dos bandos, que no están en guerra sino más bien en polémica, respecto a una presunta ¿inminente? regularización canónica de la FSSPX. El modo en que forman estos bandos es muy curioso. Personas que han estado históricamente distantes de la obra de Mons. Lefebvre hoy advierten contra tal regularización: es una trampa o al menos un riesgo enorme para la continuidad de la institución. Otros, que han mostrado su simpatía por ella desde siempre, la instan a “aprovechar” esta oportunidad en la que la oferta es un regalo, (los maliciosos dirían “a precio de liquidación”).

No intentemos saber por qué Francisco sería el papa elegido para reparar esta injusticia. Tal vez la providencia se ría de nuestras especulaciones. Tal vez Bergoglio lleve bajo la sotana la daga traidora, y la daga lo acuchille a él mismo. O tal vez haga otro daño inmenso, porque la Iglesia tiene prometida la protección divina ante el Infierno desatado, pero la FSSPX no. O tal vez sí, en la medida en que sea el quicio sobre el cual Dios quiera sostener a la Iglesia en este momento.

Acabamos de ver la entrevista de Mons. Schneider a Rorate Caeli – Adelante la Fe. En los primeros minutos el obispo habla de la conveniencia de esta regularización (niega la palabra acuerdo, porque no se exige nada en su criterio ni se disputan cuestiones de Fe, solo jurídicas). Argumenta con una figura que ciertamente tiene su encanto: Mons. Lefebvre apeló la supresión canónica de su obra en 1975 y no fue oído. Esta es una reparación de aquella injusticia. Y a pesar de sugerir lo contrario, parece estar al tanto de detalles de último momento.

En sus consideraciones sobre la necesidad de esta regularización enumera el bien de la Iglesia, la necesidad de la vinculación mediante una forma canónica con la Santa Sede que impone la ley eclesiástica a todo instituto religioso católico. El reconocimiento ipso facto de todas las casas ya establecidas que ofrece la Prelatura y –el periodista es incisivo en sus preguntas- ante la posibilidad de que las nuevas fundaciones choquen con la oposición de los ordinarios de los distintos lugares, lo cual significa que en muchos no se podrá establecer, recurre a la Providencia. La forma de Prelatura no exime a la FSSPX de tal permiso a futuro. Y en tal caso quedaría atada como la FSSP, a la admisión de cada ordinario.

Y, si desde Roma quisieran torcer la identidad de la FSSPX forzándola a ser lo que ella no es, dice Mons. Schneider, está en sus autoridades, sacerdotes y fieles “resistir” las pretensiones injustas. Inclusive, si es necesario, renunciar a la Prelatura y volver a la situación actual. ¿Qué cambiaría?, se pregunta el obispo.

¿Qué cambiaría?

¿Qué cambiaría si no se siguiera en la situación actual, nos preguntamos nosotros? Porque si se llega a la Prelatura, cambiaría sencillamente el impacto dentro de la institución, donde se siente una gran desconfianza en las autoridades romanas, y cambiaría que ante una aceptación seguida de una renuncia a poco tiempo, el prestigio de la institución quedaría muy dañado. Esta es mi opinión, claro, y como tal debe valorarse.

Finalmente, el obispo Schneider concede de buena gana que el Concilio Vaticano II puede ser discutido y reformado en sus puntos controversiales y que la Fraternidad tiene la misión de llevar esa discusión. En una palabra, necesitamos obreros que edifiquen la Iglesia. Vengan ahora que los llaman.

Mons. Schneider invoca varias veces la necesidad de confiar en la Providencia y tomar los riesgos que la hora exige. Este es un punto a considerar.

En la vereda contraria, Michael Matt, (The Remnant) y el Prof. Roberto de Mattei alertan sobre el riesgo de confiar en un hombre (aunque sea el Papa) que ha dado tantas muestras de que no es leal. La lista es demasiado larga para dar ejemplos aquí.

Aclaro que creo en la sinceridad y buena intención de todos ellos, su amor por la Iglesia así como su deseo de reconstruir lo destruido por el neomodernismo.

Rumores

A la vez, en algunos sitios se afirma que ha habido recientemente un encuentro secreto entre Francisco y la FSSPX, representada por su Superior General, Mons. Fellay, por Mons. de Galarreta, el P. Nely, Primer Asistente y la madre superiora de las Hermanas de la Fraternidad, en Santa Marta. También que se estaría gestionando la compra de una casa en Roma, con la facilidad de una capilla que sería la sede de la futura Prelatura pontificia.

Como informamos recientemente, la posición de Mons. Fellay en sus declaraciones públicas es la de aceptar la regularización si se le ofrecen garantías de que el instituto seguirá siendo como es, como fue concebido por Mons. Lefebvre, con la misión de formar sacerdotes, promover la liturgia tradicional y defender la Fe y la moral. Que no se le exija silencio respecto a los errores del Concilio y sus derivaciones. Él mismo se pregunta ¿es éste un camino o solo una puerta? Si es un camino, ¿es seguro o nos están esperando a la vuelta para tendernos una trampa? Mientras no sepamos esto, no nos movemos.

Si fuera verdad lo de esta visita secreta (más bien, discreta) la presencia de Mons. de Galarreta sería muy significativa. Hace poco más de un año, en una conferencia que transcribimos en su momento, dejó bien en claro que él no desea un acuerdo, que prevé posible una regularización unilateral (a modo de conjetura en ese momento) y que si tal cosa viene –no si la buscan, pero si viene porque así lo permite la Providencia- habrá que tomar el riesgo con extrema precaución. Estamos en guerra y en la guerra hay muchos riesgos, ha dicho. Pero la Providencia nos protege.

En tanto, el jefe de la resistencia a Amoris Laetitia, el Card. Burke, fue destinado a presidir un juicio eclesiástico a la isla de Guam, a 12.000 kms. de Roma. Y persisten rumores sobre el futuro del Card. Prefecto de la Fe, ya escarmentado pero relapso. Le echaron a sus tres hombres de más confianza, él pareció doblar la cerviz en una entrevista televisiva, pero a poco reiteró su posición sobre A.L. Ahora mueve Francisco, y no parece que se lo vaya a perdonar.

Hay una gran investigación interna en la Curia en busca de los autores de un falso “L’Osservatore Romano” que publicó una tapa en tono burlón contra Francisco: “Ha respondido”. Esta “purga” no alienta sobre el estado emocional de Bergoglio. Ya no oculta su costado vengativo. Y los diarios del mundo dan soga a una supuesta conspiración de Trump para hacerle la vida difícil a Francisco. Naturalmente, en la cadena de culpables el Card. Burke está en primer lugar.

¡Qué situación tan extraña esta, donde los conservadores conciliaristas son perseguidos y tildados por la gran prensa de “Rad Cats” (Católicos Radicales) que desean imponer una “Church Militant” (¿?), etiqueta que inaugura una nueva categoría persecutoria, mientras que los enemigos declarados del Vaticano II, el ecumenismo, Asís, AL. Lutero, etc. son alentados a poner sus papeles en regla para que caiga definitivamente para ellos el rótulo de “cismáticos”!

Confusión demoníaca

Nada se entiende. La confusión es verdaderamente demoníaca, como ha dicho tantas veces Lucía de Fátima, hablando veladamente de los tiempos que profetiza el “tercer secreto”.

Como solía decir un viejo cura catequista de mi niñez, no entendemos muchas cosas de la vida porque vemos el revés y no la trama. Una comparación muy ilustrativa para quienes han visto como se teje o se borda un tapiz. Nuestra desventaja ante la Providencia, por decirlo con humorística hipérbole, es que Ella ve el tejido terminado, y lo ve de los dos lados. Y lo que no se entiende o parece confuso puede ser una maravilla del arte divino.

Por eso, volviendo al principio, necesitamos más horas de reparación al Corazón Inmaculado de María y menos horas de divagación en Google, uno de los instrumentos más eficaces de esta confusión entre los “buenos”, los que queremos ser fieles a todos los mandamientos, los que no vamos a abjurar de lo que la Iglesia ha dicho siempre, en todas partes y a todos.

Porque, hombres mejores que nosotros han caído. Orgullo, juicio propio ante todo, falta de recurso al cielo. Así, como ellos, o peor, podríamos caer nosotros si no escuchamos a quien nos avisó hace 100 años que esto iba a pasar.

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Marcelo González

Ningún lector regular de Panorama Católico puede dudar de mi posición ante Francisco, el papa Bergoglio. Y esto no lo digo porque mi opinión tenga alguna importancia, sino solo para orientar a quien tenga ganas de leer lo que sigue.

P. José María Mestre Roc FSSPX

La divina Providencia no había acabado la obra encargada a los pastorcitos. La Virgen dijo a Lucía que, «con el fin de prevenir la guerra, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora en los primeros sábados de mes». Recordemos, pues, las principales comunicaciones con que el Cielo pidió a Sor Lucía ambas cosas.

 

Marcelo González

Como en todo el orbe católico los grandes santuarios marianos convocan multitudes, se necesita al menos estar prevenido. Si el 13 de mayo próximo se reuniesen en Fátima dos millones de personas (en realidad no cabrían) eso no haría más verdaderas las apariciones, ni más urgentes los mensajes.

Editor y Responsable

La pequeña pieza retórica que sigue fue dedicada a su primera renuncia y guardada por prudencia, con la esperanza de que en su intención estuviese la de restituir el derecho y apoyar la buena causa. Pero como demostró más de lo mismo, creemos se puede, sin cargo de conciencia, condenar en vez de condonar su falta.

Marcelo González

Lo bueno de estar allí cuando hay poca gente y menos distracciones es percibir con impactante evidencia que no hay nada extraordinario que ver en orden a la naturaleza. Es un destino que defrauda a quien no va con espíritu sobrenatural. 

Marcelo González

Con un pie ya en el estribo para ira a visitar los lugares sagrados de Fátima, quisiera compartir con los amigos de Panorama Católico unos apuntes escritos a vuelo de pluma. Son reflexiones sobre la figura de Francisco Marto, el vidente varón de Fátima.

Editor y Responsable

Los que piensan que «han vencido» son los neomodernistas fieles a la línea (si así puede llamarse) de los padres fundadores de la «nouvelle théologie» o «nueva teología» y, especialmente, a la línea (tortuosa y oscura) trazada por el jesuita Henri de Lubac y por el ex-jesuita Hans Urs von Balthasar. «Se exaltan los exponentes de la nueva teología como si fueran ellos la piedra angular de la Iglesia» escribió con razón el pensador don Julio Meinvielle.