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Los Fines de la Misa y Novus Ordo

Muchas personas han intervenido en la discución sobre la Misa Tradicional y el Novus Ordo que se publicó hace algunos días. Entre los que sostienen la posición de "igualdad" de ambos ritos (o formas del rito, según Benedicto XVI) consideran inconsistente la referencia a Abel y Caín y la diversa suerte que sus sacrificios corrieron ante Dios. Dios aceptó el de Abel, rechazó el de Caín. ¿Por qué? El relato bíblico dice que uno le fue grato y el otro no. 

En la liturgia tradicional hay una referencia a Abel (lo mismo que a otros personajes que representan la continuidad del sacerdocio), como Abraham y Melquisedec. 

(Unde et memores...) Por tanto, Señor, nosotros, tus siervos, y tu pueblo santo, en memoria de la sagrada Pasión del mismo Cristo, tu Hijo, Señor nuestro, como de su  Resurrección de entre los muertos, y también de su gloriosa Ascensión a los cielos, ofrecemos a tu excelsa Majestad de tus propios dones y dádivas, la  Hostia pura, la Hostia santa, la Hostia inmaculada, el Pan santo de vida eterna, y el Cáliz de perpetua salud.

Sobre los cuales dígnate mirar con rostro propicio y sereno, y aceptar como te dignaste aceptar los dones de tu siervo, el justo Abel, y el sacrificio de nuestro patriarca Abraham, y el que te ofreció tu sumo sacerdote Melquisedec: sacrificio santo, Hostia inmaculada.

Olvido del sentido de la liturgia y de su origen divino

La "cultura" (o más bien, incultura) del Novus Ordo tiende a olvidar -cuando no despreciar- los fines de la Misa, que es la alabanza a Dios en primer lugar, la cual se debe tributar no solo desde una posición de humildad y súplica, sino, consecuentemente, siguiendo lo mandado por el Señor mismo, Quien enseñó a sus elegidos en el Antiguo Testamento primero y a sus Apóstoles luego los ritos del Culto o Sagrada Liturgia (Divina liturgia dicen los orientales).

Magisterio de Pío XII

"Así, si consideramos a Dios como autor de la antigua Ley, vemos que también proclama preceptos rituales y determina cuidadosamente las normas que el pueblo debe observar al tributarle el legítimo culto. Por eso estableció diversos sacrificios y designó las ceremonias con que se debían ejecutar; determinó claramente lo que se refería al Arca de la Alianza, al Templo y a los días festivos; señaló la tribu sacerdotal y al sumo sacerdote; indicó y describió las vestiduras que habían de usar por los ministros sagrados y todo lo demás relacionado con el culto divino". S.S. Pío XII, Encíclica Mediator Dei, nº 9.

De allí estos ritos fueron transmitidos de generación en generación según la Ley de Moisés, hasta que por la muerte y resurrección de Cristo se inauguró el Único y perpetuo sacrificio verdaderamente grato a Dios hasta el fin de los tiempos.

Los textos bíblicos que parece "condenan" los ritos ofrecidos por los israelistas siguiendo la tradición de sus patriarcas, no se dirigen a contrariar lo mandado por Dios para ese tiempo de espera del Salvador, lo que supondría una contradicción, sino a la carnalidad de los oferentes, por un lado, y a la imposibilidad de que tales ritos, sacrificios de animales, pudieran satisfacer la deuda debida a Dios. Por eso el profeta Amós dice palabras que suenan desconcertantes:

"Yo aborrezco y desecho vuestras fiestas,

y no me agradan vuestras asambleas solemnes

Cuando me presentéis holocaustos y oblaciones

no los gustaré ni miraré vuestros sacrificios de animales cebados.

¡Aparta de Mí el ruido de tus cantos!

no quiero escuchar las melodías de tu salterio". (Cap 5, 21 a 23).

Y un eco de la carnalidad de estos sacrificios se lee en Jeremías:

"Añadid vuestros holocaustos a vuestros sacrificios para comer carne". (Cap 7, 21)

Pero el Santo Sacrificio fue instituido por Cristo mismo y por El enseñado a sus Apóstoles para que se repita según sus enseñanzas, atesoradas por la Iglesia en la Sagrada Tradición apostólica. Lo recuerda en el mismo documento magisterial Pío XII: 

"Por eso la sociedad fundada por el Divino Redentor no tiene otro fin, ni con su doctrina y su gobierno, ni con el Sacrificio y los Sacramentos instituidos por Él, ni finalmente con el ministerio que le ha confiado, con sus oraciones y su sangre, sino crecer y dilatarse cada vez más; y esto sucede cuando Cristo está edificado y dilatado en las almas de los mortales, y cuando, a su vez, las almas de los mortales están edificadas y dilatadas en Cristo; de manera que en este destierro terrenal se amplíe el templo donde la Divina Majestad recibe el culto grato y legítimo". Idem nº 12. Y también:

"La acción litúrgica tiene principio con la misma fundación de la Iglesia. En efecto, los primeros cristianos perseveraban todos en oír las instrucciones de los Apóstoles y en la comunicación de la fracción del pan y en la oración. Dondequiera que los Pastores pueden reunir un núcleo de fieles, erigen un altar, sobre el que ofrecen el Sacrificio; y en torno a él se disponen otros ritos acomodados a la salvación de los hombres y a la glorificación de Dios". Idem, nº 14.

Los fines de la Misa, centro del Culto Divino

Parece prudente recordar  fines de la Misa. Y el contraste que hay entre las oraciones y gestos que realiza el sacerdote en uno y otro caso, a saber, en el Ordo Missae tradicional y en el Novus Ordo. Tomamos este breve pasaje del Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missae, de los Cardenales Bacci y Ottaviani presentado a Paulo VI advirtiéndole sobre láas omisiones y ambigüedades del rito reformado.

"1) FIN ÚLTIMO. El fin último del sacrificio de la Misa es la alabanza que debe tributarse a la Santísima Trinidad, según la explícita intención de Jesucristo en el mismo misterio de su Encarnación: "Al entrar al mundo dice: 'No quisiste hostia ni ofrenda: en cambio a mí me preparaste un cuerpo' " (Heb. 10, 5; cfr. Ps. 39, 7-9). 

Por cierto, este fin buscado ha desaparecido completamente en el Novus Ordo: desapareció ciertamente del Ofertorio (1), pues la plegaria "Recibe, oh Trinidad Santa" ha sido eliminada; desapareció de la conclusión de la Misa, ya no se dirá más "Seate agradable, oh Trinidad Santa"; también fue suprimida del Prefacio, ya que el Prefacio de la Santísima Trinidad, que hasta ahora se recitaba oportunísimamente todos los domingos, ahora en el Novus Ordo sólo se dirá en la fiesta de la Santísima Trinidad, y por lo tanto solamente una vez al año. 

2) FIN ORDINARIO. El fin ordinario del Sacrificio es el propiciatorio. En cambio, en el Novus Ordo, este fin se aparta de su verdadera senda, pues ya no se pone más el acento en la remisión de los pecados, sea de los vivos, sea de los difuntos, sino en la nutrición y santificación de los presentes (nº 54). Por cierto, Cristo instituyó el sacramento de la Eucaristía en la última Cena y se puso a Sí mismo en estado de víctima para unirnos a Él, a ese estado victimal; pero este fin antecede a la misma manducación y tiene un pleno valor redentor antecedente, que se deriva de la inmolación cruenta de Cristo; de allí que el pueblo asistente a Misa no esté obligado de suyo a recibir la comunión sacramental. 

3) FIN INMANENTE. Cualquiera sea la naturaleza del sacrificio, pertenece a la esencia de la finalidad de la Misa el que sea agradable a Dios, aceptable y aceptado por Él. Por lo tanto, en la condición de los hombres que estaban inficionados por la mancha original, ningún sacrificio hubiera sido aceptable a Dios; el único sacrificio aceptado ahora con derecho por Dios es el Sacrificio de Cristo. Por el contrario, en el Novus Ordo la naturaleza misma de la oblación es deformada en un mero intercambio de dones entre Dios y el hombre: el hombre ofrece el pan que Dios transmuta en "pan de vida"; el hombre lleva el vino que Dios transmuta en "bebida espiritual": "Bendito eres, Señor Dios del universo, porque de tu largueza recibimos el pan (o: el vino) que te ofrecemos, fruto de la tierra (o: de la vid) y de la obra de las manos de los hombres, del cual se hará para nosotros el pan de vida (o: la bebida espiritual)". 

Superfluo es advertir cuán totalmente vagas e indefinidas son estas dos fórmulas "pan de vida" y "bebida espiritual", que, de por sí, pueden significar cualquier cosa. Hallamos aquí el mismo equívoco capital que examinamos en la definición de la Misa: allí Cristo se hace presente entre los suyos únicamente de un modo espiritual; aquí se dan el pan y el vino, que son cambiados "espiritualmente" (pero no substancialmente!).

Igualmente, en la preparación de las ofrendas se descubre idéntico juego de equívocos, pues se suprimen las dos maravillosas plegarias de la antigua Misa. La oración: "Oh, Dios, que admirablemente formaste la dignidad de la naturaleza humana y que más admirablemente aún la reformaste" recordaba a la vez la primitiva condición de inocencia del hombre y su presente condición de restauración, en la que fue redimido por la Sangre de Cristo. Era, por lo tanto, una verdadera, sabia y rápida recapitulación de toda la Economía del Sacrificio, desde Adán hasta la historia presente. En la otra plegaria, la oblación propiciatoria del cáliz para que subiera "con olor de suavidad" a la vista de la Divina Majestad, cuya clemencia se imploraba, repetía con suma sabiduría esta Economía de la salvación. Mientras que suprimida esta continua elevación hacia Dios por medio de la plegaria eucarística, no queda ya ninguna distinción entre sacrificio divino y humano

Eliminado el eje cardinal, se inventan vacilantes estructuras; echados a pique los verdaderos fines de la Misa, se mendigan fines ficticios. De aquí que aparecen los gestos que en la nueva Misa deberían expresar la unión entre el sacerdote y los fieles, o entre los mismos fieles; aparecen las oblaciones por los pobres y por la Iglesia que ocupan el lugar de la Hostia que debe ser inmolada. Todo esto pronto caerá en el ridículo, hasta que el sentido primigenio de la oblación de la Única Hostia caiga poco a poco completamente en el olvido; así también las reuniones que se hacen para celebrar la inmolación de la Hostia se convertirán en conventículos de filántropos y en banquetes de beneficencia".

Bacci-Ottaviani: Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missae

Conclusión

Para ser grato a Dios, el Sacrificio debe realizarse con arreglo a lo instituido por El esencialmente y transmitido por los Apóstoles. Los aspectos accidentales del rito pueden estar sujetos a cambio, normalmente a perfeccionamiento, pero en esencia no es posible contravenir el sentido último, el fin último del culto, convietiéndolo en una suerte de asamblea fraternal librada a la espontaneidad del celebrante o de los asistentes. Y esto es lo que queda flotando en el Novus Ordo, incluso en su versión más arreglada a lo que promulgó el papa Paulo VI, sin contar con la tolerancia de toda clase de invenciones producto de la dinámica del cambio que esta reforma introdujo. 

Para no extender solo mencionamos aquí la anormalidad de que el Ordo Missae Tradicional haya sido en la práctica prohibido y quienes desean celebrarlo, perseguidos. Así como la falacia sobre la accidentalidad del uso de una lengua sagrada. Ningún culto tradicional se realiza en una lengua que no sea sagrada, apartada del uso coloquial, para mantener la univocidad de los conceptos. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, en todos los ritos católicos, por más confusiones que en la materia se siembran para borrar de los fieles el sentido sobrenatural de las ceremonias sagradas.

Nota: textos de la Misa tradicional suprimidos en el Novus Ordo
(La oración que se llama Ofertorio. Esta oración recuerda las disposiciones que deben animar a los fieles, unidos al sacerdote, en el oblación del Santo Sacrificio).
(Suscipe Sancte Pater): Recibe, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, esta hostia inmaculada, que yo, indigno siervo tuyo, te ofrezco a Ti, Dios mío, vivo y verdadero, por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias; y por todos los circunstantes; y también por todos los fieles cristianos, vivos y difuntos; a fin de que a mí y a ellos aproveche para la salvación y vida eterna. Amén.
Deus qui: ¡Oh Dios, que maravillosamente creaste en dignidad la naturaleza humana y con mayores maravillas la reformaste! Concédenos, por el misterio de esta agua y vino, que participemos de la divinidad de Aquel, que se dignó participar de nuestra humanidad, Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro: El cual vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.

(El sacerdote ofrece el cáliz, diciendo):
Offerimus Tibi: Ofrecémoste, Señor, el cáliz de salvación, implorando tu clemencia, para que con suave fragancia suba ante el acatamiento de tu divina Majestad por nuestra salvación y la de todo el mundo. Amén.
El sacerdote se inclina profundamente:

Con espíritu de humildad y corazón contrito seamos recibidos por Ti, Señor; y de tal manera sea ofrecido hoy nuestro sacrificio en tu presencia, que Te sea grato, Señor Dios.

Ven, Dios santificador, omnipotente y eterno, y bendice este sacrificio preparado a tu santo nombre.

 

Comentarios

¿que mire nuestra ofrenda con

¿"Que mire nuestra ofrenda con amor dice el Novus Ordo"?

Pero si nuestra ofrenda no sirve de nada, lo que sirve es el sacrificio sin mancha de su HIJO!!

Si la misa hubiese sido cambiada por personas que no entendían nada vaya y pase, pero lo hicieron quienes si entendían la diferencia....¿como es posible que Pablo VI haya inducido y permitido ese cambio?

¿ Todavía no entienden...?

¿ Cómo es posible que Pablo VI haya inducido y permitido ese cambio ?

   Tal parece que algunas personas todavía no entienden que todo lo que está pasando en la Iglesia es un ataque frontal, cruel y despiadado de inspiración diabólica y tiene como fin hacer desaparecer a Cristo EN PERSONA de la faz de la tierra.

¿Cómo? Destruyendo la Misa Tradicional, corazón, base y fundamento de la Iglesia, ya que en la Misa Tradicional al hacerse presente Cristo en Cuerpo, Alma y Divinidad en la Consagración, la Iglesia obtiene todas las gracias sacramentales que le dan la Santidad y la Fuerza. 

Intervengo...

...sólo para decir que las oraciones:

- Concédenos, por el misterio de esta agua y vino, que participemos de la divinidad de Aquel, que se dignó participar de nuestra humanidad, Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro

-Con espíritu de humildad y corazón contrito seamos recibidos por Ti, Señor; y de tal manera sea ofrecido hoy nuestro sacrificio en tu presencia, que Te sea grato, Señor Dios

Están en el Novus Ordo.

Asdfg

¿Se refiere al Canon I ?

¿Se refiere al Canon I ?

Sr. Moderador, mandé dos

Sr. Moderador, mandé dos respuestas y seguramente me equivoqué al enviarlas. Allí transcribía los textos del ofertorio del Novus Ordo donde están las oraciones que mencioné en mi comentario. Por lo tanto, respondiendo, no están en el Canon I.

Además, ese comentario fue el único mío. El segundo -ese de las catequesis del Papa y etc.- no es de mi autoría.

Muchas gracias de nuevo,

Asdfg

Están...

... en el ofertorio. Una mientras se pone el agua en el vino, la otra, después del ofertorio del vino y antes del lavado de las manos.

No tengo idea de si esto pertenece a la tercera edición típica y no estaba antes, apenas puedo decir que en este momento se encuentran de este modo.

Gracias,

Asdfg

PS: Copio y pego el texto del misal, primero de la traducción argentina según circula en internet, y después del texto latino. Perdón por el formato, no entiendo cómo modificar el texto para destacar lo que importa en esta conversación.

1. Traducción argentina (tomado de ]]>http://www.curas.com.ar/Misal3/Misas3/Mordinario3.htm]]>):

]]>Liturgia Eucarística

21. Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz y el misal.
 
22. Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, bien presentando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres.
 
23. El sacerdote, de pie junto al altar, toma la patena con el pan y, teniéndola con ambas manos un poco elevada sobre el altar, dice en voz baja: 
Bendito seas, Señor, Dios del Universo,
por este pan,
fruto de la tierra y del trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos;
él será para nosotros pan de vida.
 
Después, deja sobre el corporal la patena con el pan.
 
Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar:
Bendito seas por siempre, Señor.
 
24. El diácono, o el sacerdote, echa vino y un poco de agua en el cáliz, diciendo en secreto:
Por el misterio de esta agua y este vino,
haz que compartamos la divinidad
de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.
 
25. Después, el sacerdote toma el cáliz y, teniéndolo con ambas manos un poco elevado sobre el altar, dice en voz baja:
Bendito seas, Señor, Dios del universo,
por este vino
fruto de la vid y del trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos;
él será para nosotros bebida de salvación.
 
Después deja sobre el corporal el cáliz.
 
Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar:
Bendito seas por siempre, Señor.
 
26. Luego, el sacerdote, inclinado profundamente, dice en secreto:
Acepta, Señor, nuestro corazón contrito
y nuestro espíritu humilde;
que éste sea hoy nuestro sacrificio
y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.
 
27. Y, si es oportuno, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después el diácono, u otro ministro, inciensa al sacerdote y al pueblo.
 
28. Luego el sacerdote, de pie a un lado del altar, se lava las manos, diciendo en secreto:
Lava del todo mi delito, Señor,
y limpia mi pecado.
 
29. Después, de pie en el centro del altar, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice:
Oremos, hermanos,
para que este sacrificio, mío y de ustedes,
sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
 

En latín (tomado de http://www.maranatha.it/novusordo/02page.htm]]>):

Il celebrante presenta le oblata (il pane non lievitato ed il vino)

 

Nelle concelebrazioni il sacerdote celebrante compie la preparazione dei doni. Gli altri sacerdoti rimangono al loro posto.

 

Tenendo leggermente innalzata la Patena con il pane, il Celebrante dice a sommessa voce:

 

Benedíctus es, Dómine, Deus univérsi, quia de tua largitáte accépimus panem, quem tibi offérimus, fructum terræ et óperis mánuum hóminum: ex quo nobis fiet panis vitæ.

 

Il Celebrante depone la patena con l’ostia sul corporale che lui o il Diacono avrà steso sull’Altare. Se non si eseguono canti d’Offertorio il Celebrante può dire ad alta voce la preghiera Benedictus es, Domine.

 

R. Benedíctus Deus in sæcula.

 

Il Celebrante unisce l’acqua al vino nel calice

 

Il ministro porge al Celebrante o al Diacono  prima il vino e poi l’acqua; quando il Diacono o il Celebrante mette qualche goccia di acqua nel vino posto nel calice dice:

 

Per huius aquæ et vini mystérium eius efficiámur divinitátis consórtes, qui humanitátis nostræ fíeri dignátus est párticeps.

 

Il Celebrante tenendo con ambedue le mani il calice lo eleva un po’ sull’altare e dice a sommessa voce:

 

Il Celebrante offre il calice con il vino

Benedíctus es, Dómine, Deus univérsi, quia de tua largitáte accépimus vinum, quod tibi offérimus, fructum vitis et óperis mánuum hóminum, ex quo nobis fiet potus spiritális.

 

R. Benedíctus Deus in sæcula.
 

Quindi, poggia il calice sul corporale e lo copre con la palla; poi, congiunte le mani, un po' inchinato, dice sottovoce:

 

Il Celebrante s’inchina umilmente

 

In spíritu humilitátis, et in ánimo contríto suscipiámur a te, Dómine: et sic fiat sacrifícium nostrum in conspéctu tuo hódie, ut pláceat tibi, Dómine Deus. 

___________________________________________________

 

Incensatio

 

Ora il Celebrante, se utilizza l’incenso, può incensare i doni posti sull'altare, quindi la croce e lo stesso altare. Il Celebrante incensa le offerte prima dell'incensazione della croce e dell'altare con due colpi di turibolo per tre volte.

 

Il Celebrante quando mette l'incenso nel turibolo lo benedice tracciando un segno di croce, senza nulla dire.

 

Il Celebrante quando incensa le offerte non dice nulla.

 

Il Celebrante finito incensare le offerte incensa l’altare senza dire niente.

 

Il Celebrante riceve l’incensazione

 

Dopo l'incensazione dei doni e dell'altare, il Celebrante restituisce il turibolo al Diacono - o al ministro. Il Diacono - o il ministro - incensa il Celebrante,poi i Sacerdoti Concelebranti, quindi i fedeli. All'atto di essere incensati, i fedeli si alzano. Prima dell’incensazione il Diacono o il ministro fanno un inchino alla persona. Chi è incensato risponde con la riverenza in segno di risposta al saluto e di rispetto.

_____________________________________________________________________

 

Lavabo

 

Il Celebrante si lava le mani

 

Ponendosi poi al lato dell’altare si lava le mani dicendo sottovoce:

 

Lava me, Dómine, ab iniquitáte mea, et a peccáto meo munda me.

 

Entiendo el error de envío,

Entiendo el error de envío, no se preocupe.

Sin embargo, no veo que los textos que transcribe contengan lo que ud. dice haber visto. Me parece que se ha confundido. 

De todos modos,  el sentido de oblación ofrecida a Dios se diluye en una especie de ofrecimiento de las primicias del trabajo del hombre, que tienen una fuerte resonancia con oraciones de acción de gracias que utilizan los judíos actualmente para ciertos ritos. 

Le sugiero que lea La Nueva Misa, de P Louis Salleron y El Canon Romano del P.Roger Thomas Calmel, OP. Son dos obras iluminadoras sobre este problema.

 

Gracias por la

Gracias por la respuesta.

Según mi parecer, las dos oraciones que señalo son las que están en el número 24 y en el número 26 de la traducción castellana que transcribí. Puse el texto latino también para que se vea el original, donde, seguramente, es más evidente la semejanza textual con el Vetus Ordo. Sin embargo, soy conciente de que el formato de mi respuesta no es el mejor para ver las traducciones y los originales.

De todas maneras, no me extiendo más sobre el asunto por una razón: conozco muy poco la Forma Extraordinaria. Apenas si participé dos veces y jamás me he tomado el trabajo de comparar los dos misales -aunque los tengo. No me he tomado el tiempo, quizás porque estoy medio agobiado por algunas tareas que (aparentemente) se imponen.

Agradezco las apreciaciones sobre el sentido de los textos. Tengo presente las sugerencias bibliográficas que me hace. Ya en otra oportunidad leí algunos textos que Ud. me recomendó.

Gracias de nuevo,

Asdfg

PS: Repito los textos en latín. El que corresponde al número 24 es:

Per huius aquæ et vini mystérium eius efficiámur divinitátis consórtes, qui humanitátis nostræ fíeri dignátus est párticeps.

El que corresponde al número 26 es:

In spíritu humilitátis, et in ánimo contríto suscipiámur a te, Dómine: et sic fiat sacrifícium nostrum in conspéctu tuo hódie, ut pláceat tibi, Dómine Deus.

Los cuales me parece que corresponden, asimismo, a los textos castellanos señalados en mi primer comentario y copiados del final del post.

 

 

 

Si, claro, tiene razón, ya lo

Si, claro, tiene razón, ya lo aclaré más abajo, y me vuelvo a disculpar.

Gracias, Sr. Moderador, por

Gracias, Sr. Moderador, por la atención, y lamento las confusiones intermedias.

Asdfg

Sorprendente

Nunca deja uno de sorprenderse. Ni siquiera echa ud. una mirada a las rúbricas y al texto del ordinario. Su generoso posteador no puede imaginar semejante desidia. Quizá fue muy exigente citar el ordinario latino, a pesar de que aquí todos son expertos in lingua petri.

Sí, evidentemente los textos

Sí, evidentemente los textos están y me discuplo por la confusión. Todo el intercambio vino un poco enredado.

Esas dos preces que el lector señala están en el neo-ofertorio. Quedan como reliquias del Ofertorio tradicional que fue sustituido básicamente por dos oraciones inspiradas en el rito de la pascua judía, Pessah, las famosas "Bendito seas, Señor, Dios del Universo..."

Los argumentos sobre la pérdida del sentido oblativo del Ofertorio siguen intactos: se ha transformado en una suerte de "bendición" de ofrendas humanas. 

Creo que las cosas así quedan claras. 

¿Canon I?

Qué ignorancia, y después pontifican sin siquiera leer los ordinarios. Dios bendito. Apostillo: no he visto por estas páginas ni una sola referencia a la catequesis del Papa sobre el sacrificio de la misa y la necesidad de concurrir dominicalmente.

El Novus Ordo fue promulgado

El Novus Ordo fue promulgado con 4 cánones o plegarias eucarísticas. La primera, Canon I, es una modificación del Canon Romano, que es el único que utiliza la liturgia tradicional. A eso me refiero al hablar del Canon I del Novus Ordo, versión original, después ya no me hago responsable por la cantidad de "plegarias -¿plagarias?- eucarísticas" incorporadas o simplemente inventadas por los curas. 

¿En que consiste mi ignorancia en la pregunta?

Item. ¿Qué tiene que ver con el tema que Ud. planteó si hablamos o no hablamos de la catequesis sobre la misa de Francisco? 

Le rogaría que responda a la pregunta.

Gracias.

Ni sabe

Que ni sabe dónde están el Per huis aquae y el In spiritu humilitatis, y las mete en el canon. Muestra de que pontifica sobre lo que no conoce ni ha leído, y ni siquiera se toma la molestia de consultar. Y lo de la catequesis es bien pertinente para responderle a sus postulados. Y ni menciono las muestras de confusión respecto del vídeo del Padre Beveratti.

Sí, claro, son del Ofertorio,

Sí, claro, son del Ofertorio, no del Canon.

Preceden al Canon, donde, en el caso del Canon I o pseudo-romano, se han alterado las preces, cambiando el sentido no solo de las oraciones que lo preceden (que es el tema de este intercambio),  sino de aquello que es la "regla" invariable de la Fe en la celebración de la misa..

La supresión de las oraciones antes aludidas del Ofertorio y la deformación del neo Canon Romano están estrechamente unidas. Van en el mismo sentido. Cito a continuación brevemente un párrafo del P. Roger-Thomas Calmel en su libro El Canon Romano: 

"Antes de proseguir, podría demostrar largamente que el Canon Romano “traducido” es en realidad un canon falsificado. Si por ejemplo se sigue suplicando al Padre, ese Padre ya no es más clementísimo, sino sólo infinitamente bueno; ya no se recuerda que Él manifiesta su bondad infinita por el don supremo de su clemencia y de su misericordia: la inmolación por nosotros de su propio Hijo. Ese padre ya no tiene que ser apaciguado por el sacrificio de Nuestro Señor: basta con que acepte nuestra ofrenda con benevolencia. Ya no se le pide que considere con una mirada favorable una hostia de propiciación, sin mancha e inmaculada, sino solamente que mire nuestra ofrenda con amor. Como era de temer, silencio absoluto sobre la eternidad de la condenación".

La "catequesis del papa" sobre la misa debería comenzar por la celebración correcta del Rito Romano. Francisco ni siquiera hace una genuflexión, para decir lo más evidente. Poco puede defenderse de eso, realmente no sé con qué argumentos podría hacerlo.

Y si va a responder, ahórrese la retahíla de invectivas contra mí y mi ignorancia. La admito. Dese por contento. Ahora argumente.

 

 

 

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