Los polacos están locos

Un imposible rosario a lo largo de la frontera

 

¿A quién se le ocurre convocar una jornada de oración a lo largo de toda su frontera, apenas 3000 kms.? ¿A quién se le ocurre anunciar que un millón de personas va a responder a ese llamado? ¿A quien se le podría ocurrir invitar a la gente a las capillas de los aeropuertos a rezar el rosario el 7 de octubre, porque estos lugares son parte de las fronteras del país, y atestarlos de gente? ¿O formar cadenas de embarcaciones sobre los ríos mientras rezan el rosario? ¿O de barcos en los mares? ¿Y los soldados polacos estacionados en Afganistan rezando el rosario unidos a toda la Nación polaca?

Locos, realmente.

Antes del rosario se rezaron 300 misas en diversos lugares del país para invocar las gracias del Cielo. Este acto demencial fue organizado por seglares, con el apoyo de 22 diócesis del país. El Arzobispo de Cracovia, Marek Jedraszewski dijo en la homilía de su misa del sábado: “Oremos por las otras naciones de Europa y del mundo para que entiendan que necesitamos volver a las raíces cristianas de la cultura europea si Europa quiere seguir siendo Europa”.

Tiene que ser algún tipo de complejo colectivo de inferioridad, porque Polonia fue borrada del mapa más de una vez, desmembrada, su ejército ejecutado en masa, sus habitantes deportados. Y ahora pretenden defender su ultranacionalismo rezando el Rosario “en contra de los musulmanes”. Por eso eligieron el aniversario de la batalla de Lepanto. Esto lo dicen los sensatos liberales.

Tan locos están, que anuncian un millón de asistentes a esta manifestación colectiva. Y, adivinen qué. ¿Cuántos participaron? Casi dos millones.

Siempre estuve convencido de que los polacos están un poco locos. Como cuando hacían cargas de caballería sable en mano contra los tanques alemanes.

Ellos argumentan que el Rosario es el arma más poderosa contra los enemigos de Dios. “Dios ha dotado al Rosario de una particular eficacia en estos tiempos”, nos dice Fátima.

Tal vez los polacos estén un poco locos, pero definitivamente quienes padecen insania son los que no lo rezan, ni siquiera cómodamente en casa, en su iglesia, o donde sea. Víctimas de una locura ciega y suicida tan propia de estos tiempos.

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