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Medianoche en París: una discusión familiar

Después de haber visto el último filme de Woody Allen, tuve la eterna discusión con mis hijos: -“¿Se puede ver?” Humm, digo yo. No sé. No vale la pena. Qué sí, que no. Los mayores reclamaron sus fueros de madurez crítica. La vieron. -“¡Está buena!”. -¿Sí? ¿Por qué?

Les relato la discusión y de paso las impresiones sobre esta película curiosa, interesante, pero tal vez no tanto que merezca la pena verse.

Después de que los mayores la vieron, la discusión se volvió más acalorada.

- Pero está buenísima. La idea es muy original.

- No tanto, pero reconozco que está bien hecha.

Resumamos. Un exitoso escritor holliwoodense de scripts fílmicos quiere hacer literatura en serio. Una novela en la que planteará el vacío de la vida y su añoranza del pasado. Por arte de magia inexplicada, se abre una brecha del tiempo (¿se acuerdan de Kate and Leopold?) desde un lugar de París donde está de vacaciones con su amigovia y sus suegrovios. A la medianoche, cuando suenan las campanas, está solo porque no se lleva bien con su futura familia. Pasa un viejo automóvil que lo invita a ir… a los años ‘20. Allí conoce a los grandes escritores y artistas que forman la sociedad glamorosa de aquellos tiempos.

- La idea de hacerlo encontrarse con Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, Gertrude Stein, Cole Porter… tiene gracia. Los actores que los representan están bien elegidos. Los diálogos y las situaciones tienen cierto encanto, digo yo concediendo en honor a la verdad.

- Hemingway sé quien es, pero los otros... Me gusta más cuando aparece Picasso y Dalí.  Y por supuesto, T.S. Elliot, dicen mis hijas (en resumidas cuentas) que tienen una sana anglofilia literaria.

- Claro, digo yo. Elliot es el único católico que Woody Allen deja pasar, excepción hecha de Dalí, un católico “sui generis”. El resto es un hatajo de marxistas, liberales, y sobre todo personajes de vida bastante amoral.

- Bueno, pero no muestran nada…

- Si, claro, digo yo. Si “mostraran algo” ustedes no habrían visto la película con mi consentimiento. Yo puedo advertirles sobre las malas ideas, pero o puedo prevenir los efectos de las malas imágenes.

- Bueno, pa, ¡ya somos grandes!

- Nadie es grande para lo malo. Lo malo contra natura.

- ¿Cómo contra natura? Alguno de esos era…rarito.

- No sé, pero no es lo que quiero decir. La obscenidad es contraria a la moral. Es contra natura. Por eso los griegos la sacaban de la escena en sus obras de teatro. No solo lo que hoy entendemos por obsceno, que era impensable mostrar en público, en la época clásica, al menos. También la violencia y los crímenes eran “obscenos”, es decir, cosas no aptas para ser puestas en escena. Los griegos creían, a pesar de su paganismo, que los espectáculos públicos son ejemplares. Y el público tiende a imitar lo que ve. Y si se lo pone en contacto con lo malo es para que produzca una “catarsis” y lo rechace. Por eso se muestra lo bueno y se refiere lo malo, condenándolo.

- Pero en esta no ve nada malo.

- Reconozco que no se “ve” nada impropio de la decencia, pero se dicen muchas cosas inmorales aunque con palabras suaves. Y se dan por supuestas muchas otras. El contacto con la amoralidad moderna, aun bajo forma de expresión artística, no deja de tener influencia sobre nosotros. Al menos nos acostumbra y nos hace bajar la guardia moral.

- Bueno, eso ya lo sabemos.

- Si lo saben, además conviene practicarlo. ¿Y qué opinan de la “tesis” de la película?

- ¿Cómo la “tesis”?

- Sí, lo que el director quiere demostrar.

- Eso está bien, no hay que vivir en el pasado.

Repasemos en beneficio del lector que no vio el filme. El novelista contemporáneo protagonista (Gill por nombre) está escribiendo una novela inspirada en su convicción de que ha nacido fuera de época. De que pertenece a un mundo que ya pasó, y que es para él el mundo ideal. Su “paraíso terrenal” es el París de los años ’20, en medio de los “monstruos” de la literatura y el arte.

Obviamente es un mundo mágico, nostálgico que hace gracia a Woody Allen, quien sistemáticamente excluye de ese lugar tan perfecto a un montón de autores, pensadores y artistas que nosotros no descartaríamos. El mundo del arte, el pensamiento y la literatura parisinos de los ‘20s que Allen imagina no incluye a Maritain, ni a las cabezas brillantes de L’Action Francaise, ni a Péguy, ni a Gabriel Marcel. Ni a Louis Veuillot, León Blois, Hillaire Belloc (que no dejaba de frecuentar su patria de nacimiento) ni por supuesto a Paul Claudel. Y así…

- Para empezar, no hay que vivir en un pasado “trucho”, digo yo. O un pasado minuciosamente seleccionado con exclusión de lo que no me gusta, presentado como si fuera todo el pasado. He ahí el primer acto de deshonestidad intelectual del director.

- Está bien, pero eso ya lo sabemos y no le vamos a creer que ese era todo el mundo. Además nos enteramos de quienes eran un montón de tipos que no conocíamos.

- Eso no está mal. Digamos que aparece cierta información cultural que puede mover la imaginación a profundizar sobre esos manchones oscuros de la historia que todos tenemos en abundancia.

- ¿No puede haber escritores buenos que no piensen como nosotros? (Como nosotros quiere decir católicos).

- Buenos secundum quid. Dios no priva de genio a los malos, aunque a veces más les valdría que los privara.

- Pero el arte que ellos producen es valioso.

- Si considerás el “arte por el arte”… pero no si considerás que la belleza es la plenitud de la verdad, como lo definió Maritain en su Arte y Escolástica…

- ¿Maritain no era un progre?

- Maritain fue de todo: la cabeza tomista más brillante del siglo, luego un progre que puso los fundamentos de la nueva teología modernista y luego, ya viejo, medio se arrepintió.

- ¿Qué significa que la belleza es el esplendor de la verdad?

- No sé si lo puedo explicar muy bien, pero significa más o menos que no hay belleza escindida del bien y la verdad. Y que estos, que son los trascendentales del ser, solo pueden ser auténticos y no meramente apariencias si no se vinculan con Dios, sumo bien, belleza y verdad. Por lo tanto, no hay belleza donde se contraviene la ley de Dios.

- Pero pa, hay cosas lindas y malas. Puede haber cosas lindas y malas…¿O no?

- ¿Por ejemplo?

- Por ejemplo, no sé, “Imagine” de John Lennon, o la música de Verdi, que era masón. O la de Mozart, que también era masón o anticlerical.

- Comparaciones impropias. Pero salvando la diferencia de genio de cada uno, yo creo que hay que considerar la materialidad de ciertos aspectos que podríamos considerar bellos. Por ejemplo, Mozart era masón y hasta compuso La Flauta Mágica (tal vez por eso lo hayan matado) recreando los símbolos masónicos en el contexto de una belleza rara vez conocida. En él la belleza sobrepuja los aspectos materiales del homenaje (o la imprudente revelación de símbolos secretos) que pertenecen a una sociedad cuyo fin es destruir a la Iglesia. Digamos que Dios lo bendice con un genio que pone en segundo plano su desdichada intención. Hoy ya no tiene importancia lo masónico en la música de Mozart, es la belleza, la grandeza que como un turíbulo ofrece incienso a Dios exaltando lo más excelso de lo que ha dotado a la criatura, su chispa divina. No es el tema sino el tratamiento de la materia artística lo que se sobrepone a todo lo demás. Lo mismo vale para Verdi, pero un escalón más abajo (y uds. saben cuanto me gusta Verdi). Verdi ya no es la armonía clásica, sino la melodía pasional con sus apelaciones a los sensual, a lo sentimental, como buen romántico. El esplendor de la verdad está opacado por las formas menos puras. Sí, era carbonario y anticlerical… es probable que esto haya sido un impedimento para subir a alturas más sublimes.

- ¿Y John  Lennon?

- John Lennon, es autor de una musiquita pegajosa, sin vuelo. Una baratija. Pero encima le carga todas sus ideas globalistas y masónicas. Nos hace tararear el ideario de las logias…

- Bueno, pero podemos escuchar esa música sabiendo los peligros que tiene.

- También pueden caminar por una cornisa sabiendo los peligros que tiene. ¿Es necesario? Lo mismo les digo sobre Medianoche en París. Hay cierto “arte”. Allen se ha dedicado toda su vida a hacer cine y no es tonto. Diríamos que tiene un cierto talento, no exento de vulgaridad neoyorkina. Hasta donde el contacto con estas obras menores y llenas de aspectos malos no nos hace bien, salvo que debamos conocerlas por razones de estado, como en mi desgraciado caso…

- Pero a vos te gustó.

- ¡Falso! La toleré como quien tolera una comida grasosa con un digestivo. El digestivo era la obligación de verla para comentarla.

- Bueno, pero a veces nuestros amigos dicen: ¿Qué buena está … cualquiera, viste una película, y no sabemos qué decir porque no la vimos…

- Bueno, esta la vieron.

- Pero no vemos todas…

- Ni falta que hace. Donde sea prudente y saquen un provecho razonable vale la pena caminar por la cornisa, siempre que la caída no sea un precipicio, a lo sumo un zanjón. Y hay cosas que NO se pueden ver bajo ninguna circunstancia, salvo que uno fuera censor cinematográfico… y aún así bastaría con correr algunos minutos para ponerle el sello de RECHAZADO.

- ¿Podemos recomendarla a nuestros amigos?

- ¡No! Apenas si salir al encuentro de los que se vean engañados y alertarlos.

- Pero la vimos. No vamos a mentir.

- Callar no es mentir. Uds. la vieron bajo condiciones controladas. ¿Podrían asegurar que todos los que la vean van a estar debidamente precavidos?, pregunto retóricamente yo.

- Hummm. Bueno, pero el director tiene razón. La tesis es correcta. Uno debe vivir en el mundo que le ha tocado y no estar con fantasías de que tendría que haber nacido en otra época…

- Esa no es la tesis. La tesis del director es que la gente siempre quiere vivir en otra época porque la considera mejor, pero que todas las épocas son iguales. Y eso es falso. El juicio que merece cada época está estrechamente vinculado a la vigencia de las virtudes personales y sociales en esa época. Woody Allen dice que aunque esta nos parezca una época de porquería, en realidad es una época macanuda, porque nosotros vivimos en ella.

- Pero nosotros vivimos en ella…

- Claro y estamos aquí y ahora porque Dios lo quiso, de modo que debemos vivir nuestra época con alegría de vivir, sabiendo que tenemos una misión. Pero no podemos asumir lo malo por bueno, porque sea nuestro o mejor dicho, contemporáneo. Si yo tengo un cáncer, puedo vivir alegre y resignado a la enfermedad porque Dios me la ha mandado seguramente para mi bien, pero no por eso el cáncer el bueno.

- Con ese criterio no se puede ver casi nada.

- Es cierto, con este criterio es bien poco lo que se puede ver, aunque hay que saber buscar. Y ustedes saben buscar. Es el precio de la integridad moral. ¿O van a cambiar la limpieza de su alma por una película de Woody Allen…?

Medianoche en Paris (Midnight in Paris) - (2011)

Director:  Woody Allen
Guionista:  Woody Allen
Idiomas:
Inglés, francés, español.

Duración:
100 minutos (versión argentina, aunque parece más larga)
Protagonistas: Owen Wilson, Rachel McAdams y Kathy Bates

Personajes

Owen Wilson … Gil Rachel McAdams … Inez Kurt Fuller John

Mimi Kennedy … Helen

Michael Sheen … Paul

Carla Bruni … Guía del museo

Nina Arianda … Carol

Comentarios

qué lindo diálogo

qué lindo diálogo de discernimiento con sus hijos, lo felicito. Ojalá tuviera yo ese diálogo con mi hija...pero claro va a un colegio católico y estoy haciendo lo imposible para remediar la situación. Saludos,Cova.

Lindo diálogo

También hubiese estado bueno ver a otros "personajes" del París de los años 1920, personajes que ahora no son políticamente correctos pero que en ese tiempo eran bastante leídos y escuchados (hoy parecería increíble que un Maurras fuese admitido en una Academia).

Pero me parece que la precisión no le va al padre ése: 

Péguy, Veuillot, Bloy estaban muertos ya. Veuillot murió antes del fin del siglo anterior. Péguy y Bloy murieron durante la Primera Guerra Mundial (1914-18).

T.S. Eliot nunca fue católico romano y recién a fines de esa década se convirtió al anglicanismo.

Seguramente es un padre poco preciso (fue una charla de sobremes

Seguramente es un padre poco preciso (fue una charla de sobremesa). Pero no tanto que se deban tomar las cosas con tanta exigencia cronológica. De hecho hay dos niveles de "pasado" en el pasado de la ficción del filme.. Uno es "los años veinte" y otro es "la Belle Epoque". Para no hacer más compleja la narración se omite esta distinción.. Muchas aclaraciones van bien para el género académico, pero son cargosas para este que se practica aquí..

Sobre T.S.Elliot, se convirtió al anglo-catolicismo en 1927. Sus ideas monárquicas y tradicionales (bebidas en Maurrás) eran católicas como era católico (con una reserva más que atendible) esencialmente en sus convicciones religiosas, aunque él creyó posible practicar el catolicismo dentro del anglicanismo más tradicional. El credo apostólico, la liturgia tradicional (sarún) el rosario y la devoción mariana... Los sacramentos... Era el paso previo a adherir a Roma, como tantos otros. Y de hecho muchos de sus discípulos se hicieron católicos romanos. 

Acepto su precisión, pero es una precisión que requiere más precisiones.

Pregunta

Apreciado Marcelo:

¿Se puede saber por qué tenés como obligatoria la desdicha de tener que soportar ciertas cosas (me reservo mi comentario para luego) como esta nueva obra de Allen?

Alejandro Bayer

Apreciado Alejandro:

Veo que estas películas donde no hay indecencias explícitas y se presentan con un cierto ingenio y hasta una pátina culturosa engañan a mucha gente. Creo que conviene advertir.

Atte.

Pregunta repetida

Marcelo:

No me refiero a la bondad de la advertencia. Si releés mi pregunta comprenderás que pregunto otra cosa: ¿por qué te sentís obligado a ver ciertas cosas? Dices a tus hijos que debes hacerlo. Yo quiero saber por qué crees que debes hacerlo: lo de ver cosas (no sabés, por otro lado, si tiene o no "cosas" indecentes mientras no la ves, luego asumes cierto riesgo) "recién horneadas", etc. Aún no emito mi opinión (salvo lo del riesgo, pero voy más allá). Gracias.

Alejandro Bayer

El diablo no entra de una

El diablo no entra de una vez, sino por un resquicio(Ef. 4,27). Así que mejor prevenir que curar, lo que pasa que igualmente es difícil porque nuestra naturaleza está muy herida por el pecado original y se podría decir que el pecado de nuestros primeros padres fue de curiosidad......"probar el fruto prohibido", ya que antes no se había probado. La serpiente sabe engañar, lleva años en esto, hijos de la luz.

Creo que hay que enseñar a los hijos no sólo no pecar, sino el peligro de "ponerse en ocasión de pecado" que si uno consciente libremente, con las condiciones, puede ser mortal, y llevar a pecados peores.

Nicole de Jesús.

Riesgos

Estimado, 

El riesgo está en relación con el deber de estado. Cuando uno hace las cosas por deber de estado tiene gracias especiales. Además, no falta un cierto entrenamiento que consiste en ver venir ciertas cosas y correrlas. Rara vez voy al cine (no podría pagarlo si fuera con frecuencia). De modo que encuentro el cine en Internet.Cine y series, viejas, y algunas nuevas bastante interesantes (generalmente europeas). 

No recomiendo a nadie correr ningún riesgo que no esté vinculado con su deber de estado, es decir, un riesgo innecesario.

Sobre riesgos y mensajes

El que no quiera correr riesgos que se meta en la heladera. Vi la película y como siempre con las de este director, con una sonrisa amarga y un alto grado de prevención. Mis hijos me preguntaron si valía la pena, mi contestación fué que la vieran cuando hayan leído mucho más y tengan una experiencia de vida más extensa, de lo contrario no entenderían nada. El mensaje postmoderno es que los tiempos y las épocas no pueden ser sometidas a juicio, vive tu tiempo y tómalo como viene y con respecto a los otros tiempos, fueron lo que fueron. No es así. Cada época merece su juicio y la nuestra también, tenemos el derecho y la obligación de ser críticos y poner en juicio al tiempo en que vivimos, como así también, determinar que hubo tiempos mejores o peores, no cayendo en un historicismo que acepta la historia como un asunto dado que hay que asimilar porque el "espíritu" se expresa en ella de manera misteriosa. Vivimos hoy una época de mierda, descreída, corrupta, imbécil y degradada y más allá que la providencia nos haya puesto en ella para pasar nuestra prueba, parte de esa prueba es nuestro juicio sobre ella. Parecido mensaje al de Allen, es el de Escribá de Balaguer en su famoso sermón de la Univ de Navarra (Hay que amar al mundo...), pareciera que estamos en nuestra época para vivirla y a partir de ello dar nuestro testimonio... no y no, la mayor parte de nuestro testimonio es el juicio que hacemos de la época. En los dos, el error es el historicismo, verdadera idea que campa en el fondo y que constituye una de las patas fundamentales de la herejía liberal. La misma idea que nutre al cuento de Allen, está en el cuento de Rubén Calderón Bouchet "El Sr de Geronce" (anterior a la película) y en clave cristiana. Los católicos tenemos la obligación de encontrarnos incómodos en nuestro tiempo, y más allá de tener la necesidad de vivirlo, tenemos el derecho de añorar otros tiempos y buscar en ellos la fuerza ejemplar. La historia es ejemplar y no anecdótica. DARDO CALDERÓN    

CON RESPECTO A LA PELÍCULA DE WOODY ALLEN

Querida amiga:

Creo que no es conveniente prohibir o negar. Negarnos a la esta cruda realidad no es la mejor idea.

Creo que lo que debemos crear en nuestros hijos es el "juicio crítico". No sé que edad tendrán tus hijitos pero esa ha sido una buena receta para la crianza de mis hijos.

Desde muy chicos, me tomaba el trabajo de sentarme junto a ellos para ver TV o una película y remarcaba los puntos donde aparecía lo que se ve por todos lados hoy en día.

Hacía pequeños juicios, por ej.: Uhh qué cochina esa chica, muestra la cola para tomar un yogur.

Cuando fueron más grandes, en el mismo caso: Es necesario mostrar una cola para ofrecer un yogur'??

Negándonos a la realidad no es una buena idea, hay que ser más pícaros que el demonio, desgraciadamente, haciéndoles "nosotros padres" saber y ver remarcando lo que no es bueno a los ojos de Dios. Porque siempre tienen amigos que tienen otra formación e información, revistas que muestran de todo sin necesidad de comprarlas, programas de televisión donde poco falta que tengan relaciones sexuales en vivo y en directo, etc.

Un abrazo.

Unidos en la Oración, pidiéndole a la Virgen que nos ayude a ser buenas madres y padres. Grace

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