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Ministros Extraordinarios de la Eucaristía

"En virtud de la reverencia debida a este sacramento nada lo toca sino las cosas consagradas; por eso, para tocar este Sacramento, se consagran el corporal y el cáliz así como las manos del sacerdote" (III, q. 82, a. 3).

por Michael Davies

Lo que debería ser extraordinario se ha convertido en norma, y lo que debería ser norma se ha convertido en extraordinario

La introducción de la comunión en la mano fue invariablemente seguida por la introducción de ministros extraordinarios de la Eucaristía. Pero contrariamente a la comunión en la mano, que fue aceptada en los primeros tiempos de la Iglesia, el uso de ministros extraordinarios durante la Misa no tiene precedente histórico. Ni la más mínima evidencia puede ser invocada para probar que la Sagrada Comunión haya sido jamás administrada durante la liturgia sino por un obispo, sacerdote o diácono.
En los primeros siglos hay evidencia de casos, pero siempre fuera de la liturgia.
Para el siglo trece era ya una tradición establecida que sólo aquello que había sido específicamente consagrado para ese propósito podía entrar en contacto con el Santísimo Sacramento hasta que Éste hubiera sido colocado en la boca del comulgante. Santo Tomás de Aquino (1225-1274) escribió a este respecto (III, q. 82, a. 3):

“La distribución del Cuerpo de Cristo pertenece al sacerdote por tres razones. Primero, porque él consagra in persona Christi. Pero así como Cristo consagró Su Cuerpo en la Cena, también Él lo dio a los otros para que participaran de él. Consecuentemente, así como la consagración del Cuerpo de Cristo pertenece al sacerdote, del mismo modo su distribución también le corresponde a él. En segundo lugar, porque el sacerdote es el intermediario establecido entre Dios y el pueblo, por lo cual, así como le pertenece ofrecer los dones del pueblo a Dios, también le pertenece a él dispensar al pueblo los dones consagrados. Tercero, porque en virtud de la reverencia debida a este sacramento, nada lo toca sino las cosas consagradas; por eso, para tocar este sacramento, se consagran el corporal y el cáliz, así como las manos del sacerdote. En consecuencia, a nadie le es lícito tocarlo, excepto caso de necesidad, por ejemplo, si estuviera por caer al suelo o en otro caso de urgencia”.

El documento que autoriza la introducción de ministros extraordinarios de la Eucaristía es una Instrucción de la Sagrada Congregación para el Culto Divino, del 29 de enero de 1973, titulada Immensae caritatis. Ella autoriza el uso de ministros extraordinarios en “casos de genuina necesidad”. Esta es la enumeración de los casos, pero siempre y cuando:

a) no haya sacerdote o diácono;
b) éstos se vean impedidos de administrar la Sagrada Comunión por motivo de otro ministerio pastoral, razones de salud o avanzada edad;
c) el número de fieles por recibir la Sagrada Comunión sea tal que la celebración de la Misa o la distribución de la Eucaristía fuera de la Misa pueda verse indebidamente prolongada.

La Instrucción estipula que:

“Dado que estas facultades son concedidas sólo por el bien espiritual de los fieles y para casos de genuina necesidad, se recuerda a los sacerdotes que no por esto ellos están excusados de la tarea de distribuir la Eucaristía a los fieles que legítimamente la piden, y especialmente darla a los enfermos”.

Es difícil imaginar la existencia de circunstancias que justifiquen el uso de ministros extraordinarios no tratándose de tierras de misión. Aunque también es posible que estas circunstancias se den cuando a un sacerdote a cargo de vastas áreas le resulte físicamente imposible administrar la Sagrada Comunión a todos los enfermos y moribundos que lo requieran. Por supuesto, el bien de las almas debe tener toda prioridad, de manera que si se presenta la alternativa entre alguien que muera sin recibir este sacramento o recibirlo de un laico, indudablemente esta última es la preferible, siempre suponiendo que al sacerdote le haya resultado físicamente imposible concurrir. Obviamente, en tales circunstancias sería deseable que el moribundo pudiera acceder al sacramento de la penitencia pero, una vez más, cuando esto es físicamente imposible un acto de contrición perfecta será suficiente, aun en caso de pecado mortal.

Pero no hay comparación entre estas circunstancias verdaderamente extraordinarias y la práctica, hoy demasiado común en muchos países, de encomendar a cientos de laicos en cada diócesis el desempeño de una tarea que, como lo ha destacado Juan Pablo II, debería ser normalmente “un privilegio de los ordenados”. Y con no poca frecuencia se ve a sacerdotes sentados en sus sillas presidenciales, dirigiendo cantos o aun actuando como directores de las filas de comulgantes mientras miembros de élite de la parroquia administran a aquéllos la Santa Comunión, tal vez abreviando la duración de la Misa cinco minutos o menos.

El hecho de que una persona sea seleccionada como ministro extraordinario puede ciertamente contribuir a la autoestima de quienes estén deseosos de obtener oficios que los coloquen aparte (y por encima) de sus coparroquianos. Este fenómeno se manifestó no bien se comenzó a permitir a los laicos leer la Epístola o a tomar parte en las procesiones del Ofertorio. Sacerdotes que no han admitido estas prácticas han sido frecuentemente objeto de quejas al obispo por parte de laicos deseosos de alcanzar el status que estos oficios les traen.

Los fieles que han visto la admisión de estos ministros extraordinarios en sus parroquias habrán notado que el correcto término “extraordinario” es raramente usado. Sin embargo, éste es el término oficial usado en Immensae caritatis y en el nuevo Código de derecho Canónico. Los términos “laicos” o “especiales” se aplican preferentemente para referirse a estos ministros porque ello permite camuflar el hecho de que el uso de tales ministros debería constituir un evento extraordinario, algo que sólo raramente –si alguna vez se diera el caso– se podría dar fuera de tierras de misión. Es difícil imaginar algún sacerdote, digamos, en los Estados Unidos, con tantas apremiantes obligaciones que no tenga tiempo de llevar la Santa Comunión a los enfermos. Si el peso de sus tareas administrativas se le tornara tan pesado, esa sí que es un área donde puede obtener ayuda de los laicos. La presente situación, en la que los sacerdotes se ven superados por actividades que pueden desempeñar los laicos, mientras que éstos asumen la tarea propia de los sacerdotes de llevar la Santa Comunión a los enfermos, es positivamente exótica, una perfecta epitomización del ethos de la Iglesia Occidental en nuestros días.

En cuanto a la indebida prolongación de la Misa en las parroquias con feligresía numerosa, habitualmente hay otro sacerdote para ayudar. Y aun cuando no hubiera otros sacerdotes, y la administración de la Eucaristía fuera prolongada, es difícil imaginar que sea indebidamente prolongada. El sacerdote podría estimular a los fieles para hacer, en esos minutos, una más perfecta preparación y acción de gracias por el privilegio de recibir a su Salvador. ¿Podría cualquier tiempo empleado en tal acción de gracias ser indebidamente prolongado? Raramente se extendería más allá de diez o quince minutos. Si se considera cuanto tiempo emplea el católico medio en mirar T. V. cada día, ¿puede una acción de gracias de quince minutos considerarse indebidamente prolongada?

Lamentablemente, la directiva vaticana fue expresada en términos poco precisos. La frase “indebidamente prolongada” puede significar cinco o cincuenta minutos, según quién la interprete. A través de esas interpretaciones, pues, Immensae caritatis abrió la puerta a la proliferación de ministros extraordinarios. Vinculada con la introducción de la Comunión bajo las dos especies en las misas de los domingos, esta explosión de ministros extraordina-rios ha alcanzado proporciones de epidemia, lo cual ha sido posible, si bien no estrictamente autorizado, por Immensae caritatis. Muy pocos obispos prestan el mínimo acatamiento a la admonición del papa Juan Pablo II en su carta Dominicae Coenae, del 24 de febrero de 1980:

“Tocar las sagradas especies y distribuirlas con sus propias manos es un privilegio de los ordenados”.

“Cuando ministros ordinarios (obispos, sacerdotes o diáconos) se encuentran presentes en la celebración eucarística, estén o no celebrando, en número suficiente, y no estén impedidos de hacerlo en virtud de otros ministerios, los ministros extraordinarios de la eucaristía no están autorizados para distribuir la comunión a sí mismos o a los fieles”.

Por lo contrario, algunos obispos, o los burócratas litúrgicos que los manipulan, muestran gran entusiasmo por la Comunión bajo las dos especies, principalmente por la excusa que ello les da de incrementar la epidemia de los ministros extraordinarios hasta convertirla en una verdadera plaga. En 1987, en una carta que se incluye al final de este trabajo, la Santa Sede intentó restringir la expansión de esta plaga, pero con poco éxito.

Ningún observador imparcial podrá negar que se ha expandido una amplia declinación en la reverencia al Santo Sacramento desde el Concilio Vaticano II. En "Dominicae Coenae" el papa Juan Pablo II deplora estos casos:

"Hemos tomado conocimiento de casos de deplorable falta de respeto hacia las especies Eucarísticas, casos que son imputables no sólo a los individuos culpables de tal conducta, sino también a los pastores de la Iglesia que no han sido suficientemente vigilantes respecto a la actitud de los fieles hacia la Eucaristía".

El Santo Padre concluyó esta carta con su famoso pedido de perdón a los fieles por el escándalo y las perturbaciones a los que se han vistos sometidos respecto a la veneración debida al Santísimo Sacramento:

"Y yo ruego al Señor Jesús que en lo futuro podamos evitar en nuestra manera de conducirnos con este misterio sagrado todo lo que pueda debilitar o desorientar de cualquier modo el sentido de reverencia y amor que existe en nuestro pueblo fiel".

El sentido de reverencia y amor del pueblo fiel por el Santísimo Sacramento se verá inevitablemente debilitado en cualquier diócesis donde el obispo, por convicción o debilidad, haya permitido el uso de ministros extraordinarios de la Eucaristía cuando no existen circunstancias extraordinarias, lo cierto es que tales circunstancias no existen en el noventa y nueve por ciento de las parroquias donde se emplean tales ministros. Lo que debería ser extraordinario se ha convertido en norma, y lo que debería ser la norma se ha convertido en extraordinario. Tal es el estado del catolicismo en el rito romano en nuestros días.

Estamos presenciando no simplemente una disminución en el respeto por el Santísimo Sacramento –allí donde ese respecto existe todavía– sino una disminución en el respeto y valoración del carácter sagrado del sacerdocio, donde ese respeto y esa valoración existen todavía. Muy pocos jóvenes católicos consideran a sus sacerdotes como otro Cristo, alter Christi, un hombre que se diferencia no simplemente en grado sino en esencia del resto de los fieles, un hombre cuya misión primaria es entrar en el santuario y llevar a cabo los ritos sagrados que sólo él puede realizar. En Dominicae Coenae el papa Juan Pablo II recuerda a los católicos que:

"No se debe olvidar el oficio primario de los sacerdotes, que han sido consagrados por su ordenación para representar a Cristo Sacerdote: por esta razón sus manos, así como sus palabras y su voluntad, se han convertido en instrumentos directos de Cristo. A través de este hecho, esto es, como ministros de la Sagrada Eucaristía, ellos tienen una responsabili dad primaria por las Sagradas Especies, porque es una responsabilidad total. Ellos ofrecen el pan y el vino, ellos lo consagran, y luego distribuyen las sagradas especies a los participantes de la asamblea que desean recibirlas ... ¡Qué elocuente, en consecuencia, aun cuando no sea costumbre antigua, el rito de ungimiento de las manos en nuestra ordenación Latina, como que para estas manos es necesaria precisamente una gracia especial y el poder del Espíritu Santo!"

LA SANTA SEDE INTERVIENE

En septiembre de 1987 la Santa Sede mandó cartas a los presidentes de numerosas Conferencias Episcopales sobre el tema de los ministros extraordinarios, urgiéndolos a impedir el abuso de hacer la norma de aquello que debería ser extraordinario. Incluimos aquí el texto completo de la carta enviada al Arzobispo John L. May, presidente de la Conferencia Nacional de Obispos Católicos de los EEUU.
Como es de imaginar, el documento fue totalmente inefectivo, pero por lo menos brinda evidencia de que la Santa Sede está al tanto de la extensión de los abusos sobre los ministros extraordinarios (se han recibido “numerosas informaciones de tales abusos”), aun cuando no haya podido hacer nada para impedirlos.

Septiembre 21 de 1987.

Muy Reverendo John L. May
Presidente CNOC
1312, Massachusetts Avenue, N. W.
Washington D.C. 20005

Estimado Arzobispo May:

El Cardenal Prefecto de la Congregación de Sacramentos, en una Carta Circular a todos los representantes papales, ha emitido la siguiente clarificación respecto a los ministros extraordinarios de la Eucaristía.
La facultad concedida a los laicos habilitándolos para distribuir la Sagrada Comunión como ministros extraordinarios de la Eucaristía (Cánones 23O, 3; 9IO, 2) representa sin duda una de las más adecuadas formas de participación en la acción litúrgica de la Iglesia. Por un lado, este privilegio ha provisto una real ayuda tanto para el celebrante como para la congregación en ocasiones donde se presenta un gran número de personas para recibir la Santa Comunión. Pero, por otro lado, en ciertas instancias, han tenido lugar significativos abusos de este privilegio. Tales abusos han conducido a situaciones donde el carácter extraordinario de este ministerio se ha perdido. A veces parece, inclusive, como si la designación de ministros extraordinarios se convirtiera en una especie de premio para recompensar a aquellos que han trabajado para la Iglesia.

El Cardenal Mayer advierte que los abusos de los cuales habla suceden cuando:
– los ministros extraordinarios de la Eucaristía ordinariamente distribuyen la comunión junto con el celebrante, tanto cuando el número de comulgantes no requiere su ayuda, como cuando hay otros concelebrantes presentes u o-tros ministros ordinarios disponibles, aunque no estén celebrando;
– los ministros extraordinarios se administran la Sagrada Comunión a ellos mismos y a los fieles mientras el celebrante y los concelebrantes –si los hubiera– permanecen inactivos.

Después de haber recibido numerosos informes de tales abusos, la Congregación decidió solicitar una interpretación auténtica de los Cánones pertinentes a la Pontificia Comisión para la interpretación auténtica del Código de Derecho Canónico. Se formuló la siguiente duda:

“Utrum minister extraordinarius Sacrae Communionis, ad norman cann. 9IO, par. 2 et 23O, par. 3, deputatus suum munus suppletorium exercere possit etiam cum praesentes sint in ecclesia, etsi ad celebrationem eucharisticam non participantes, ministri ordinarii qui non sint quoque modo impediti”?.

La Comisión Pontificia trató la cuestión en su sesión Plenaria del 20 de febrero de 1987 y respondió: NEGATIVO.

Esta interpretación auténtica fue aprobada por el Santo Padre el 15 de junio de 1987, quien en consecuencia dio instrucción a la Congregación para los Sacramentos de comunicar la decisión a las Conferencias Episcopales.

La respuesta de la Comisión Pontificia indica claramente que cuando ministros ordinarios (obispos, sacerdotes o diáconos) se encuentran presentes en la celebración eucarística, estén o no celebrando, y se encuentren en número suficiente y no estén impedidos de hacerlo en virtud de otros ministerios, los ministros extraordinarios de la eucaristía no están autorizados para distribuir la comunión a sí mismos o a los fieles.

Finalmente, el Cardenal Mayer le solicita que haga llegar estas directivas a los miembros de la Conferencia Episcopal.

Con mis expresiones de estima y buenos deseos, quedo suyo en Cristo,

Pio Laghi
Pro-Nuncio Apostólico

INSTRUCCIÓN
SOBRE ALGUNAS CUESTIONES
ACERCA DE LA COLABORACIÓN DE LOS FIELES LAICOS EN EL SAGRADO MINISTERIO DE LOS SACERDOTES

Artículo 8
El ministro extraordinario de la Sagrada
Comunión

Los fieles no ordenados, ya desde hace tiempo, colaboran en diversos ambientes de la pastoral con los sagrados ministros a fin que «el don inefable de la Eucaristía sea siempre más profundamente conocido y se participe a su eficacia salvífica con siempre mayor intensidad».(95)
Se trata de un servicio litúrgico que responde a objetivas necesidades de los fieles, destinado, sobre todo, a los enfermos y a las asambleas litúrgicas en las cuales son particularmente numerosos los fieles que desean recibir la sagrada Comunión.
§ 1. La disciplina canónica sobre el ministro extraordinario de la sagrada Comunión debe ser, sin embargo, rectamente aplicada para no generar confusión. La misma establece que el ministro ordinario de la sagrada Comunión es el Obispo, el presbítero y el diácono (96) mientras son ministros extraordinarios sea el acólito instituido, sea el fiel a ello delegado a norma del can. 230, § 3. (97).

Un fiel no ordenado, si lo sugieren motivos de verdadera necesidad, puede ser delegado por el Obispo diocesano, en calidad de ministro extraordinario, para distribuir la sagrada Comunión también fuera de la celebración eucarística, ad actum vel ad tempus, o en modo estable, utilizando para esto la apropiada forma litúrgica de bendición. En casos excepcionales e imprevistos la autorización puede ser concedida ad actum por el sacerdote que preside la celebración eucarística (98).

§ 2. Para que el ministro extraordinario, durante la celebración eucarística, pueda distribuir la sagrada Comunión, es necesario que no se encuentren presentes ministros ordinarios o que, éstos, aunque presentes, se encuentren verdaderamente impedidos (99). Pueden desarrollar este mismo encargo también cuando, a causa de la numerosa participación de fieles que desean recibir la sagrada Comunión, la celebración eucarística se prolongaría excesivamente por insuficiencia de ministros ordinarios. (100)
Tal encargo es de suplencia y extraordinario (101) y debe ser ejercitado a norma de derecho. A tal fin es oportuno que el Obispo diocesano emane normas particulares que, en estrecha armonía con la legislación universal de la Iglesia, regulen el ejercicio de tal encargo. Se debe proveer, entre otras cosas, a que el fiel delegado a tal encargo sea debidamente instruido sobre la doctrina eucarística, sobre la índole de su servicio, sobre las rúbricas que se deben observar para la debida reverencia a tan augusto Sacramento y sobre la disciplina acerca de la admisión para la Comunión.
Para no provocar confusiones han de ser evitadas y suprimidas algunas prácticas que se han venido creando desde hace algún tiempo en algunas Iglesias particulares, como por ejemplo:
— la comunión de los ministros extraordinarios como si fueran concelebrantes;
— asociar, a la renovación de las promesas de los sacerdotes en la S. Misa crismal del Jueves Santo, otras categorías de fieles que renuevan los votos religiosos o reciben el mandato de ministros extraordinarios de la Comunión.
— el uso habitual de los ministros extraordinarios en las SS. Misas, extendiendo arbitrariamente el concepto de «numerosa participación».

Notas:

(95) Sagrada Congregación para la Disciplina de los Sacramentos, Instrucción Immensae caritatis (29 enero 1973), proemio: AAS 65 (1973), p. 264.
(96) Cfr. C.I.C., can. 910, § 1; cfr. también Juan Pablo II, Carta Dominicae Coenae (24 febrero 1980), n. 11: AAS 72 (1980), p. 142.
(97) Cfr. C.I.C., can. 910, § 2.
(98) Cfr. Sagrada Congregación para la Disciplina de los Sacramentos, Instrucción Immensae caritatis, n. 1: l.c., p. 264; Missale Romanum, Appedix:
Ritus ad deputandum ministrum S. Communionis ad actum distribuendae; Pontificale Romanum: De institutione lectorum et acolythorum.
(99) Pontificia Comisión para la Interpretación auténtica del Código de Derecho Canónico, Respuesta (1 junio 1988): AAS 80 (1988), p. 1373.
(100) Sagrada Congregación para las Disciplina de los Sacramentos, Instrucción Immensae caritatis, n. 1: l.c., p. 264; Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, Instrucción Inaestimabile donum, n. 10: l.c., p. 336.
(101) El can. 230, § 2 y § 3 del C.I.C. afirma que los servicios litúrgicos allí mencionados pueden ser asumidos por los fieles no ordenados sólo «ex temporanea deputatione» o en suplencia.
.......
Quedan revocadas las leyes particulares y las costumbres vigentes que sean contrarias a estas normas, como asimismo eventuales facultades concedidas ad experimentum por la Santa Sede o por cualquier otra autoridad a ella subordinada.

El Sumo Pontífice, en fecha del 13 Agosto 1997, ha aprobado de forma específica el presente decreto general ordenando su promulgación.

Del Vaticano, 15 Agosto 1997. Solemnidad de la Asunción de la B.V. María.

Congregación para el Clero
Darío Castrillón Hoyos
Pro-Prefecto

Pontificio Consejo para los Laicos
James Francis Stafford
Presidente

Congregación para la Doctrina de la Fe
Joseph Card. Ratzinger
Prefecto

Congregación para los Obispos
Bernardin Card. Gantin
Prefecto

Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida
Apostólica
Eduardo Card. Martínez Somalo
Prefecto

Congregación para la Evangelización de los Pueblos
Jozef Card. Tomko
Prefecto

Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos
Julián Herranz
Presidente

Congregación para el Culto Divino y la
Disciplina de los Sacramentos
Jorge Arturo Medina Estévez
Pro-Prefecto

 

Comentarios

Ministros extraordinarios para la distribución de la s. Comunión

Sólo añado la siguiente observación: 

no existe ningún ministro "extraordinario" de la EUCARISTÍA, ya que el ministro de este sacramento es el SACERDOTE (Obispo ó Presbítero), 

el termino más conveniente sería:

Ministros extraordinarios para la distribución de la Sagrada Comunión. 

GRACIAS.

En comunión de oraciones. Víctor I.

No se olvide

de los diáconos ordinarios (no los extraordinarios). Claro que estos están en camino de ser sacerdotes... a pocos meses, de hecho...

Ministros de Eucaristía

Este tema me trae el recuerdo de un hecho que nos ocurrió en diciembre de 2008: Un par de días antes de noche buena, fuimos con mi familia a ver el pesebre de la Iglesia San Francisco, en Corrientes; al llegar vimos que salían muchas personas, a lo que supusimos que la misa había terminado, pero no, era la clausura de un evento llamado Adviento de María.- Minutos mas tarde, pasadas las 21 hs., mientras estabamos admirando el pesebre, dos mujeres se dirigieron al Sagrario; una de ellas lo abre con la llave (cuan si fuera un botiquín), saca el cáliz y le da la comunión, en la mano, a la otra mujer, por lo cual me quedé molesto y perturbado.- Días despúes del hecho, he dado cuenta de lo sucedido al Obispado, por medio del Email publicado para contactarse en su página, pero hasta hoy no he tenido respuesta alguna.- Si bien en su momento pensé que se trató de un abuso, hoy quisiera pensar que estas dos personas lo hicieron de buena fe, en el convencimiento de servir a Dios de una forma muy particular e independiente.- Paz y Bien Gabriel

Ya no tienen nada de

Ya no tienen nada de "Extraordinarios", en cualquier parroquia es común verlos administrar la comunión en todas las misas a donde asisten estos ministros, aún cuando se encuentre presente incluso más de un sacerdote. Como en tantas cosas previstas en el ruinoso Novus Ordo Missae, la excepción terminó siendo regla, y es que el Novus Ordo Missae trajo la completa destrucción de la liturgia católica y hoy en día la norma es el anarquismo litúrgico. La pérdida de respeto hacia la presencia real de Nuestro Señor Jesucristo en la sagrada forma es absoluta, ya muchas personas ni siquiera observan la única genuflexión prevista para los fieles en el Novus Ordo: la de la consagración, muchos se quedan de pie, porque simplemente no comprenden en absoluto el misterio de la transubstanciación que se está verificando.  ¨Y al fin y al cabo esto es natural, porque el Misal de Pablo VI, -una y otra vez hay que repetirlo- convirtió a la Santa Misa en una simple"ASAMBLEA" (SINAXIS), el centro de la misa pasó del sacrificio eucarístico a la "asamblea". Para quien no haya leído todavia las premonitorias advertencias de S.E.R el Cardenal Ottaviani, en las cercanías de la promulgación hace 40 años del Novus Ordo Missae, les digo recomiendo que las lea, no tienen desperdicio, se consigue en: ]]>http://www.statveritas.com.ar/Liturgia/Liturgia.htm]]>  

Término

"ministros extraordinarios de la Eucaristía" este término está mal aplicado porque no existe tal. en todo caso, será: ministros extraordinarios para la distribución de la sagrada Comunión.   Saludos atte, Isaí

Ana Maria

No quiero que tome a mal el comentario que yo hago a continuacion. No tengo por que dudar de su personal buenisima disposicion y puedo percibir su humildde percepcion de lo que implica llevar la sagrada comunion. No juzgo su disposicion personal al decir lo que voy a decir. Al contrario, ustede parece tener una actitud muy pia (a veces mas que ciertos clerigos). Primero: Por que el sacerdote no puede ir personalmente a llear la communion? Que es lo que se lo impide?  Veamos, alguno dira: "Esta muy opcupado". Yo pregunto, ocupado con que? organizando la escuela parroquial? ocupado en las interminables "reuniones de consejo pastoral"?  Atareado con las finanzas? (y conste que no traigo a colacion otras ocupaciones como la siesta, el futbol, reunion de curas, dia de descanso, etc). Segundo: Es que acaso no se sabe que la Comunion esta ligada a un tema muy importante que es la Confesion? Y si de enfermos se trata, tambien esta potencialmente ligada a la Extrema Uncion / Viatico (bueno, al menos para los Catolicos....). Entonces, cuales son los tremendos peligros que entraña que un ministro laico vaya con la comunion a los enfermos, a excepcion de extremadisimos casos de necesidad?  Que va a pasar si le esta por dar la comunion a un enfermo y le dice a usted que cree tener algun pecado mortal? Que le va a recomendar? (comulgue ahora y confiese despues??). Que pasaria si usted percibe que el enfermo esta mas grave de lo que le dijeron (algo posible) y la persona realmente necesita la Estrema Uncion? Tercero: Cuando el Parroco decidio elegir a sus mninistros extraordinarios, que formacion les dio? Son ellos concientes de estos temas? Es acaso el Parroco conciente de estos temas? Cuarto: Se han agotado todas las posibilidades disponibles en la parroquia / diocesis para maximizar la visita a los enfermos? Por ejemplo, se busaron recursos con congregaciones religiosas de la jurisdiccion? se agotaron los recursos con clerigos de otras jurisdicciones vecinas? En otras palabras, antes de llamar a laicos mujeres (piadosisimas, no tengo por que cuestionarlo) se han agotado todas las otras posibilidades? Esta es otra alternativa pastoral (de la que yo mismo participe): Un grupo de laicos, muchas veces mujeres como usted, muy piadosas, fueron capacitadas para visitar los enfermos y "preparar" la visita del sacerdote. Ellos/ellas hablaban con la gente, les daban basica instruccion, les oian y consolaban (esto lleva generalmente mas tiempo). Como resultado de esa visita o visitas, luego venian con una especie de informe. A partir de alli el sacerdote tenia un mejor panorama de que se necesitaria (probablemente): confesion? comunion? uncion?  Este modelo propone poner al laico en su lugar de laico, pero aportando al sacerdote una valisisima contribcion sin con ello cruzar los limites de sus posibilidades laicales. Luego el cura hacia lo que tenia que hacer. Atte. Daniel

El Ministro se prepara para

El Ministro se prepara para tan grande responsabilidad  no solo lo hace por hacer, respeto tu punto de vista pero solo un consejo hay que conocer mejor de lo que estamos hablando por que no es cualquier cosa para tomarlo a la ligera. Que DIOS los bendiga e ilumine cada uno de sus pensamientos. 

 Atte: Beatriz una sierva de JESUS.

Este articulo me sorprendio y

Este articulo me sorprendio y me instruyo....Tengo poco de haber sido enviada por mi parroco para administrar la Santisima Eucaristia a un hospital catolico cercano, comprometiendome a un dia de la semana.....Por supuesto en ningun momento me siento digna de tocar al Santisimo Sacramento con mis manos y solo en ocasiones especiales me eh atrevido hacerlo .......y... hoy que fue mi primer dia procure que mis pensamientos estuvieran siempre concientes de El (De El Santisimo) y de estar alabandolo en silencio ya que acompañe a un ministro extraordinario que muy amablemente me introdujo en mi tarea de llevarle la comunion, visita , y oraciones a los enfermos........ me siento verdaderamente indigna de esto y a la misma ves privilegiada de poder servir al señor en una mision tan especial...... Esta lectura me inquieta hacerca de lo que debo hacer y como es que el Señor prefiera que lo sirva....Acudire a mi parroco para platicar con el mis dudas..... Gracias Ana Maria    

Son...

una cosa absolutamente innecesaria. La Iglesia ha vivido por siglos sin "ministros extraordinarios". Claro, habia curas. Ahora hay "agentes pastorales" que es otra cosa. Porfa, dejen de joder con esta estupidez y que los laicos encuentren su lugar en el mundo del trabajo, la familia, el apostolado, la patria. Ah.. y que los curas encuentren su lugar tambien (aunque la comunion tome un par de minutos extra). En vez de promover esta bobada (lo digo por los modernistas), porque no promover serias y santas vocaciones a las sagradas ordenes? Quizas porque hoy en dia hay cada vez menos que saben que es una seria y santa vocacion al sacerdocio.... Atte. Daniel  

RESPONDER A LOS COMENTARIOS

Desafortunadamente y lo considero el peor error que he cometido en la vida, fuí " enviada " como Ministra Extraordinaria de la Comunión....

Asistí un año a un curso, bastante malo y por haber asistido a este curso me dieron un DIPLOMA. El " honor" de ser enviada como "Ministra" es tan grande que se atreven a tratarlo a uno ce cualquier manera los instructores..

Cuando empecé a ejercerlo, con sorpresa me dí cuenta que teniamos que conseguir nuestros ancianos y enfermos, seguramente tocando de casa en casa, y toqué a una.

Otra sorpresa que tuve fué que cada uno de los" Ministros" tenía 8 o 100...enfermos.A veces el Ministro
los ponía a hacer gimasia...todos se preciaban
de tener muchos enfermos, que llamaban pacientes.

Pero lo más importante, como se siente uno al distribuir la Comuníon: como si faltara algo. cono si uno no fuera suficientemente fuerte, y en esa debilidad tiene que entregar la comunión....Me volví una mujer demasiado débil: enfermedades que nunca había tenido ni volvi a tener, mal genios...como si algo de mi misma se estuviera yendo.

Por Dios, la consagraciónn de las manos es importantísima..
por favor que todas las parroquias lo entiendan, que todos los institutos que peparan Ministros extraodinarios lo tengan en cuenta y no saquen Ministros a montón, poniéndolos en el deber y la competencia de llevar comunión a los enfermos, y forzaándolos a distribuir Comunión en las iglesia, y a revovar el Ministerio, con algunos requisitos. para seguir siendo una " Estrella" de la Comunión..

Cada día el Sacramento de la Comunión tiene menos devoción, yo pienso que si al recibir la comunión pasa un tiempo mientras los otros comulgan, podremos orar mejor.

Un enfermo poco peca, el mismo sufrimiento purifica. no tiene que comulgar diariamente, puede recibir la Comunion de manos del sacedote, quien sabe muy bien, por sus Dones, cuando debe confesarlo, llevarlee la unción de los enfermos y el último viático..

Nunca paso a recibir la Comunión de manos de una Ministra, comulgo todos los dias y quiero recibir la comunión de manos
de un sacerdote, representante de Cristo, y ordenado para esos fines.
Que Dios los Bendiga .
Gloria

Los enfermos que necesiten

Los enfermos que necesiten por decisión propia comulgar a diario deben tener oportunidad de hacerlo. Tal vez usted no estaba preparada para tratar con enfermos, eso no es para todos, y de allí pueden haber provenido sus enfermedades o su mal genio. No es fácil tratar con enfermos, se necesita mucha "oreja", mucho amor, empatía y paciencia. Más de una vez vi como un ministro de la comunión daba a Cristo a un enfermo. Lo hacía casi con asco, con desgano y apurado, eso no sirve ni para él ni para quien sufre. El echo de sufrir no debe ser considerado para negarle la comunión. ¿Manos consagradas? Sí pero no hay suficientes, consagren su vida entonces a servir al que sufre con amor y empatía. Ministro débil no sirve independiente de su santidad ya que nadie es digno de tocar el cuerpo de Cristo, NADIE, pero Él se ofrece y debemos llevarlo a quien lo pide y esté en gracia.

Tal vez lo que se necesita es

la "gracia de estado", que es sacerdotal. Lo mismo que para predicar, oficio eminentemente clerical, no basta ser buen orador. Si Ud. tiene esas virtudes que describe, acompañe a los enfermos. Deje que el sacramento se lo administre un sacerdote, que hay, pero son en su mayoría unos vagos.

¿O acaso no ha visto nunca al sacerdote "sentado" mientras los ministros extraordinarios dan la comunión en la misa. ¿O acaso no ha ido Ud. a pedir los sacramentos para un enfermo y se los han negado con cualquier excusa, si es que logró que lo atiendan fuera del horario de oficina...

Hace un tiempo, un familiar mío vio en una parroquia de España este cartel: "Ultimos sacramentos: solicitar con siete días de anticipación". No es chiste de gallegos, es verdad, y resulta un modo de poner en blanco y negro la actitud de una enorme mayoría de los sacerdotes respecto a la cura de almas de enfermos, desvalidos, impedidos, etc. En el mejor de los casos, en horario de oficina. El lunes tenemos franco y el resto se lo cargamos a los "ministros extraordinarios" o a cualquiera. Conozco otro caso: mi madre charlaba con una conocida y en el diálogo ésta le dice: "aquí llevo una hostia que me dio el padre para mi marido, que no pudo venir a misa porque está enfermo..." La llevaba en su cartera, envuelta en un pañuelo...

Si así tratamos el Sacratísimo cuerpo de Nuestro Señor ¿por que íbamos a ser más caritativos con los enfermos?

No hay sacerdotes para cubrir

No hay sacerdotes para cubrir la confesiones, Misas, Bautismos, visitas a los enfermos y casamientos. No los hay y por eso hay que rezar por las vocaciones. Lo de la hostia en un pañuelo es una aberración, ahora me pregunto ¿estaría consagrada? Porque tal vez se la entregó a esa preocupada mujer para calmar su ansiedad y después, con tiempo lo visitó. Eso no lo sabemos.
Los problemas son muchos, las necesidades también y las vocaciones faltan, salvo aunque parezca mentira, en los Legionarios de Cristo, la congregación con mayor número de vocaciones. ¿Porqué será? Tal vez el Señor quiere sacerdotes nuevos que renueven algunas cosas y limpien del recuerdo viejas faltas. Éso sólo Él lo sabe, pero está llamando allí.

No hay sacerdotes

Tiene razón. Faltan 1000 y sobran 5000. Los que están no hacen lo que deben hacer, y además faltan muchísimos que hagan lo que deben hacer.

Imagine la situación: darle a una fiel una forma no consagrada "para calmar su ansiedad". No solo la engaña, además la educa en la irreverencia al Santísimo.

Y por si fuera poco, no va a asistir al enfermo... Sin duda es uno de los 5000 que sobran.

Nada sabemos, lo único que se

Nada sabemos, lo único que se vio fue la forma en un pañiuelo. No sabemos si el sacerdote fue, si le explicó a la mujer dónde ocurrió, cuando. Todo es "suponer".
Faltan sacerdotes pero usted ¿cuántos hijos sacerdotes tiene? ¿y hermanos? De todos los que hay aquí opinando, ¿Cuántos educaron a sus hijos para buscar un llamado al sacerdocio? Porque si bien es cierto que el Señor llama, también es cierto que la tierra debe ser fértil ¿y?

Ninguno en edad de serlo

Dios dirá el resto.

Lo que cuento le sucedió a mi madre, y su testimonio es veraz y directo. Tampoco es el primer caso que conozco, solo que traje a mentas uno del cual puedo dar testimonio de primera mano.

Sí, se que le sucedió a su

Sí, se que le sucedió a su madre, ello lo vió y se lo contó, está claro.
Yo no conozco ningún caso, tal vez los sacerdotes que trato son algo diferentes. Eludo con discreción los de ideas de avanzada.

Los que faltan y los que sobran

Faltan 1000 sacerdotes... pero sobran 5000... !Excelente y genial comentario! Y es muy cierto.

El problema de la falta de atención a los fieles (hay que precisar: fieles pobres, pues los ricos reciben oportuna atención) y mala educación religiosa (doctrinal, moral y disciplinar; ahí por igual para ricos y pobres) no es a causa de los sacerdotes "que faltan" (por escases de vocaciones) si no de los "que sobran" (por escases de doctrina católica tradicional y falta de fe).

Dios nos traiga los que faltan y nos libre de los que sobran (...incluso de los morados)

Luis Alberto Salvatierra

Esos que sobran

Esos que sobran es seguramente porque no tienen vocación.

No es verdad que los fieles

No es verdad que los fieles ricos reciban oportuna atención, los fieles pobres también y hasta me atrevo a decirle que mucha más. La mala educación en cuestiones de Fe se debe a muchos sacerdotes QUE NO SOBRAN, y usted debería saberlo, en el Reino cada cual ocupa su lugar y lo que deben hacer es ocuparlo bien.
Su actitud en contra de los cardenales me parece resentimiento.
Nadie es echado del sacerdocio por amar la tradición, más bien por desobediencia y falta de otros valores.
Noto un dejo amargo en sus palabras, no olvide que como dice el Padre Pío "El demonio es como un perro rabioso atado a la cadena; no puede herir a nadie más allá de lo que le permite la cadena. Manténte, pues, lejos. Si te acercas demasiado, te atrapará."
Usted se está acercando demasiado, amigo. ¿O ya se acercó?
Ningún sacerdote santo faltó a la obediencia, más bien la sufrió y triunfó en la vida llegando por otro camino al que siempre señaló como voluntad de Dios. El Santo cura de Ars es otro ejemplo a imitar.

Es una observación genial...

... del P. Castellani, actualizada.

Muy buena respuesta,

Muy buena respuesta, sacerdotes hay pero si no se preocupan por preparar las homilias menos pra ir a visitar a enfermos, eso si cuando hay joda ern la parroquia o se juntan para armar las "dinamicas" o cartelitos para colgar en el templo para eso sí hay tiempo. Es parte del laburo de los curas administrar los sacramentos y tienen que estar a full con eso y no delegar a los laicos, si los laicos en nuestros trabajos llegamos a trabajar hasta 12 horas más un sacerdote tendría que hacerse tiempo para ir a las casas de los enfermos, dos ejemplos de los buenos: mi director espiritual viaja mas de 100km todas las semanas para visitar a un enfermo y hace mas de un mes una amiga por chat me pidio si no le conseguía a un sacerdote y esto era a las 3 de la madrugada, llamé a un sacerdote jovencito y este se levanto de la cama tomo su auto y se fue a darle la extrema unción a las pocas horas la persona falleció en gracia por este buen sacerdote. O sea el problema no es el numerod e sacerdote sino su interés en ejercer su ministerio como se debe.
in Christo
Darius

Orar, Orar y orar.

Para que hayan más sacerdotes como este debemos orar mucho por las vocaciones y por cada sacerdote de nuestra parroquia. Sinceramente me siento muy preocupada por que son muchas las personas que se quejan del hecho de que ahora son los ministros de la comunión los que entregan la comunión, pero esto no para ahí, en mi parroquia los ministros ëxtraordinarios¨ actualmente estan haciendo la lectura del evangelio y preparan el altar previo el rito de consagración. Algunos hemos hablado con los sacerdotes de la parroquia y lo que recibimos por respuesta es que nos quedamos en las épocas antiguas y que eso, como recibir la comunión en la mano no tiene nada de pecado, sin embargo los consagrados y llamados a cumplir esta misión pastoral y sacerdotal con el mayor respeto estan delegando sus funciones bajo el argumento de la misión laical dada en el Concilio Vaticano II pero lo único que se está produciendo es que muchas ovejas pierdan el sentido al Misterio Eucaristico y quieran abandonar el redil de la Iglesia Católica. Debemos orar mucho.

ADMIRACION

DIOS LA PROTEJA Y CUIDE SU CORAJE LLENO DE VERDAD.
POR DIOS, LA CONSAGRACION DE LAS MANOS ES IMPORTANTISIMA.
..y en esa debilidad tiene que entregar la Comunión...Me volví una mujer demasiado débil...

¡GLORIA!

Atanasio desde el exilio

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