Nicholas Nickleby

Es un clásico llevar al cine las novelas de Dickens. Con ellas se ha hecho todo tipo de estropicio, a veces por las dificultades naturales de adaptación, otras por la fastidiosa búsqueda de “originalidad” de los directores. Esta versión cumple con los patrones usuales de mediocridad, sin ser despreciable ni tener grandes pretensiones.

Dirigida por Douglas McGrath (2002)

Convengamos: la novela es novela y el cine es cine. La transformación de lo primero a lo segundo es una tarea que exige gran talento y muy buena formación en ambas, literatura y cinematografía.

El cine es el arte del rompecabezas y la palabra más frecuente en su elaboración es “corten”. Esto, a su vez se vuelve indispensable para realizar una versión en imágenes de narraciones largas y complejas que resulte tolerable. Por fuerza hay que cortar y elegir lo esencial de toda la compleja riqueza de caracteres, descripciones, situaciones dramáticas, etc. que la novela puede contener sin mayor dificultad.

 

De ellas el cine tiene la ventaja en las recreaciones de época, vestuario y en cierta concentración de la tensión dramática que se puede lograr con arte. Pero pierde en capacidad abarcativa, en la confrontación de los personajes que actúan con los personajes que nos habíamos formado en la lectura...

En fin, para no abundar en proemios, es una reconstrucción de algo distinto. Cuando el director / guionista es un artista talentoso nos brinda una obra de arte –de otro arte- inspirada en la primera, a la que evoca con acierto.

Cuando el director / guionista busca meramente hacer uso de un argumento y explotar la popularidad del novelista o del personaje, el resultado puede ser discreto, como en este caso, o penoso como en tantos otros.

 

Se pierden aquí la profunda ternura y la descarnada ironía de Dickens que tantas veces parece dar la razón a las más espantosas monstruosidades cuando en realidad las está aborreciendo. Su modo de reclamar justicia bajo forma de “descripción casual” de las más horrendas injusticias a las que quedaban sometidos los pobres, en especial los niños, en esa espantosa Inglaterra de la industrialización desaparece, dejando solo el fantasma de la “protesta”. Sus profunda comprensión del alma humana, vista con un realismo lleno de matices, sin anteojeras clasistas: su capacidad para pintar con rasgos casi caricaturescos los vicios, sin quitarles la dimensión personal a los que encarnan esos vicios. Otro tanto para las virtudes, aunque sea más efectivo en lo primero. En fin, todo esto se pierde o se mantiene en boceto grueso.

Si buscan una obra de arte... no la encontrarán allí, a pesar de todo lo que el gran Dickens haya podido aportar.

Pero si quieren ver una buena reconstrucción de época, la presencia de un par de actores de renombre, conocer vagamente la historia de Nicholas Nickelby, -caballero andante sui generis- o hacerla conocer a sus hijos a fin de que luego la lean... y sobre todo, si quieren entretenerse un rato sin riesgo moral, vale la pena ver el filme.

Calificación: todo público. Más adecuado para niños mayores, adolescentes y adultos. Discreta alusión –condenatoria- a situaciones morales viciosas. Escenas de crueldad para con niños.

Guión: Douglas McGrath Basado en la novela de Charles Dickens

Elenco:
Stella Gonet  ....     Mrs. Nickleby
Andrew Havill ....     Mr. Nickleby
Henry McGrath ....     Nicholas Nickleby niño
Hugh Mitchell ....     Nicholas Nickleby adolescente
Poppy Rogers  ....     Kate Nickleby niña
Jessie Lou Roberts ....     Kate Nickleby joven
Charlie Hunnam     ....     Nicholas Nickleby
Romola Garai  ....     Kate Nickleby
Tom Courtenay ....     Newman Noggs
Christopher Plummer     ....     Ralph Nickleby
Anne Hathaway ....     Madeline Bray
Jim Broadbent ....     Mr. Wackford Squeers
Angela Curran ....     Madre
Jamie Bell    ....     Smike
Juliet Stevenson   ....     Mrs. Squeers

Tiempo: 132 min
Países: EE.UU. / Reino Unido / Alemania / Países Bajos
Idioma: Ingés
Color: Color

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