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¡Oh, Jesús mío!

¡Oh, Jesús mío!
Perdónanos nuestras culpas,
Líbranos del fuego del infierno.
Lleva al cielo a todas las almas,
Socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.


Esta breve oración, casi una jaculatoria, fue enseñada por Nuestra Señora de Fátima a los tres pastorcitos en una de sus apariciones en 1917. Les pidió que la recen al final de cada decena del Santo Rosario.

Todos los trece de cada mes, de mayo a octubre se cumple un nuevo aniversario de cada una de la apariciones de la Santísima Virgen sobre la carrasca, en Cova da Iría.

En cada una de ellas nos ha ido revelando la misericordia que Nuestro Señor tiene para con esta humanidad pecadora, misericordia que ejercita por medio de su Santísima Madre, la cual nos advierte: penitencia, penitencia, penitencia.

Recemos diariamente el santo rosario. O al menos con cierta regularidad. Repitamos muchas veces al días esta extraordinaria oración para alcanzar la misericordia para nosotros y para todos los pecadores.

Tan fácil, tan simple el remedio. Tan reacios a tomarlo…