Otra Pústula que Revienta

El "Caso Maccarone" no es una excepción. Lamentablemente la Iglesia padece estas lacras morales extensamente, como se ha visto ya en el clero estadounidense y europeo. Pero en el argentino hay bastante más de lo que los fieles creen, y desde hace mucho tiempo.

Escribe Marcelo González

En su libro "El Ultimo Papa" (o, La Casa Azotada por el Viento, según su título en inglés) Malachi Martin describe dos terribles males insertados en la estructura esclesiástica. Uno, la Masonería, que ha alcanzado los más altos niveles eclesiásticos. El otro, el satanismo. Ambos estás fuertemente ligados por un nexo común.

Parece una fantasía. Al menos una exageración. Quizás lo sea en alguna medida. Pero lo curioso de esta novela es que la mayoría de los clérigos que describe como pertenecientes a uno u otro grupo, lo mismo que sus entornos laicos, todos aquellos que se inician y progresan en una u otra desviación tienen contacto con clérigos que practican la homosexualidad y la pedofilia. Se trata de una red de sacerdotes, prelados y laicos, una red de homosexuales, a la que algunos de ellos pertenecen plenamente, otros se valen de ella para sus propósitos non sanctos y finalmente unos terceros están atrapados por la complicidad y el silencio de alguna componenda o por el temor a las represalias.

Otro detalle interesante que describe el autor irlandés, que puede ser la clave a la hora de entender algunas muertes inexplicables: muchos de estos clérigos terminan espiritual y psicológicamente destrozados, y hay entre ellos un elevado número de suicidios.

Esta obra de eclesia-ficción que Martin nos propone puede darnos algunos indicios de lo que está pasando en la realidad cotidiana.

¡No se olviden de Borgione...!

No nos olvidemos del P. Borgione, (Diócesis de Morón) -asesinado en 1998 presuntamente por otro sacerdote, al que se le secuestró material pornográfico de carácter homosexual durante su detención. Recordamos aún al entonces ordinario del lugar, Mons. Laguna, llorando en televisión, balbuceando explicaciones con la ayuda de la prensa, que tanto lo ha favorecido siempre.

El asesinado habría sido víctima, en realidad, de un "taxiboy", del que se valía como compañero ocasional de sus perversiones. Estos desdichados suelen ser objeto de extorsión en cuanto sus "sexual partners" averiguan su condición de clérigos.

Siempre han sido notorias y vox populi las acusaciones con sordina sobre el propio titular del obispado. Su abordaje de seminaristas y jóvenes clérigos, al parecer, era un hecho rutinario y por ello muchos no querían entrevistarse con él a solas. La fulminante aceptación de su renuncia por razones de edad fue un claro síntoma del profundo malestar que hay en la Santa Sede con este personaje, que sin embargo goza de la protección de al menos un cardenal argentino, residente en Roma, retirado actualmente, cuyo secretario "Lucho" -sacerdote- mantiene una amistad demasiado íntima con él.

Sin embargo, a excepción de la grosera imitación de sus modos y dichos por parte de un humorista procaz, los medios nunca lo han hecho objeto de crítica alguna, salvo rarísimas ocasiones. Por el contrario, ha sido este obispo con mandato cumplido una de las figuras más llamadas a opinar en radio, TV y revistas, compitiendo quizás solo con el P. Farinello en frecuencia de apariciones y con el ocasionalmente consultado Quito Mariano.

Un rápido relevamiento

No olvidemos, tampoco, el caso del Obispo de Santa Fe con quien ya en 1994 se solidarizó Mons. Maccaronne a causa del proceso canónico abierto por sus presuntas malas costumbres. Siendo Mons. Storni un prelado de doctrina conservadora, fue fuertemente denostado por la prensa, que lo destrozó sin piedad, no sin recordar a cada línea su trayectoria apegada al pensamiento tradicional de la Iglesia. Lamentablemente las acusaciones tenían serios fundamentos y la falta gravísima y al parecer reiterada.

También el antecesor del actual obispo castrense fue famoso entre el clero no ya solo por sus inclinaciones sodomíticas, sino por su hábito de rodearse de un clero afín. En todo el entorno del Club de San Isidro, estos vicios son moneda corriente. Y tampoco hemos de olvidar al por cierto inolvidable Quito Mariani, que no solo hizo públicos sus vicios, sino que los escribió en un libro y los proclama a los cuatro vientos, sin que hasta el momento haya recibido otra sanción que la de "guardar silencio", la cual ha sido rigurosamente incumplida.

Finalmente, un reciente apologista de la masonería, durante una misa en la Catedral Metropolitana, es conocidamente benévolo con estas "opciones" sexuales.

Hay más, bastante más. Pero no es el momento de seguir revolviendo tantas miserias,

Sobre pecados, verdades y preferencias

La homosexualidad es un pecado nefando. Si es practicada por un sacerdote, clérigo o religioso, suma pecado sobre pecado: al horror de la inclinación contranatura, agrega la violación sacrílega de sus votos y con frecuencia el abuso de su autoridad espiritual para seducir o someter a sus víctimas. Y aún cuando contratase los "servicios" de personas prostituidas, el escándalo suma -para coronar una de las lacras más vergonzosas- un nuevo esputo sobre el buen nombre del clero.

El tratamiento que la prensa da a estos casos es, sin embargo, bien diferente según los casos. Por un lado no condena el pecado, salvo cuando el pecador no es "amigo". De allí que Mons. Storni y el P. Grassi (este último bastante farandulero, por cierto, pero víctima de poderosos intereses económicos intraeclesiásticos) hayan sido crucificados sin piedad. Pero Quito Mariano, o en su momento Mons. Laguna -cuando el caso Borgione- y en la actualidad Mons. Maccaronne (que tiene dos procesos penales anteriores "dormidos" por causas de abusos sexuales, ya desde su fugaz paso por la Diócesis de Chascomús) son tratados con comprensión, benvolencia y poniendo énfasis en la desaprobación de los métodos por los cuales se han obtenido las pruebas de sus inconductas, y dejando el pecado y el escándalo librado al orden de "las acciones privadas de los hombres".

¿Será la expresión de algún constitucionalista? se preguntará el lector. No. El "padre obispo" de Lomas de Zamora, Mons. Radrizzani, argumenta con absoluta claridad: "Puesto que estamos convencidos que las acciones privadas de los hombres competen al juicio divino, lo encomendamos a su misericordia, al mismo tiempo que valoramos su persona". (Comunicado del obispado de Lomas de Zamora, 22 de agosto de 2005).

El inefable P. Marcó, Vocero Primado, aporta lo suyo, que normalmente está en consonancia con el tono que su mandante quiere hacer trascender: "Nadie objeta ni puede objetar su trabajo pastoral,[el de Maccarone] que ha sido del lado de los más pobres, muy comprometido con la gente y con una realidad en una provincia", donde "existió durante mucho tiempo un gobierno con una impunidad y con un nivel de corrupción para mantener a la gente con un aparato político en la pobreza más extrema", sostuvo. (Declaraciones a Radio Continental, reproducidas por Urgente 24). Curiosa militancia por los pobres de estos individuos habituados a la mentira, el fraude, la malversación y el acomodamiento político, características bien propias de los homosexuales que se ven obligados a ocultar su condición y forzados a disponer recursos para pagar sus vicios y las extorsiones de las que son víctimas voluntarias.

La Madre de Todas las Declaraciones

Pero la madre de todas la declaraciones ha sido la del propio Episcopado (sin duda no con el beneplácito de todos sus miembros) a través de su Comisión Ejecutiva:

"La Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina se dirige al Pueblo de Dios con motivo de la renuncia de monseñor Juan Carlos Maccarone al obispado de Santiago del Estero.

"La Iglesia, en la debilidad de sus hijos, es en el mundo signo de la misericordia de Dios Padre en Jesucristo. Esto nos exige día a día una constante conversión y penitencia sin temer a la verdad ni pretender ocultarla.

"Sentimos en esta hora el dolor y el desconcierto de nuestro pueblo. Es el momento de renovar nuestra confianza en el poder de la gracia de Dios.

"Nos solidarizamos con el presbiterio y el pueblo de Santiago del Estero y con ellos "queremos expresar nuestro agradecimiento a la labor de seis largos años de monseñor Juan Carlos Maccarone al servicio de los pobres y de quienes tienen la vida y la fe amenazadas". Acompañamos a nuestro hermano con afecto, comprensión y oración.

"Que María, Reina de los Apóstoles, nos proteja y consuele en este momento de prueba.
Buenos Aires, 22 de agosto, Fiesta de María Reina.

Mons. Eduardo Mirás, Presidente
Cardenal Jorge Mario Bergoglio, vicepresidente 1 º
Mons. Domingo Castagna, vicepresidente 2 º
Mons. Sergio Fenoy, secretario general

(Aica, 22 de agosto de 2005)

De tono profundamente clerical, en el peor sentido del término, la declaración sugiere un respaldo claro y neto. Aunque dice en palabras ciertas vaguedades que pueden ser defendidas ante las autoridades romanas. Y hasta usa el artilugio de citar una declaración de apoyo surgida del entorno de Maccarone (sin declarar la fuente), cerrando con un mensaje de aliento espiritual que podríamos considerar por analogía -intelectualmente hablando- bisexual. "Acompañamos a nuestro hermano con afecto, comprensión y oración" (porque es pecador y necesita de nuestra misericordia o bien porque en realidad no condenamos lo que ha hecho sino el que lo hayan atrapado in fraganti). Elija Ud. la "opción" interpretativa que desee.

Las causas de tanta solidaridad para con Mons. Maccaronne se sitúan lejos de la caridad cristiana. Son un entramado de intereses y compromisos políticos, económicos y coersitivos. No olvidemos que Mons. Maccarone tiene un teléfono desde el cual puede pedir apoyo a cambio de no soltar la lengua a confesiones propias del particular estado emocional en el que se encuentra y de las que pudiera arrepentirse luego, cuando ya fuese demasiado tarde... para muchos.

Finalmente, una prueba fáctica y concluyente de la hipócrita farsa de la unidad del Episcopado argentino. Cuando Mons. Baseotto fue escarnecido por la prensa del modo más grotesco por defender la doctrina moral de la Iglesia, sin importar sus treinta años de labor apostólica por los pobres en Añatuya, apenas si un par de obispos, tímidamente, ensayaron una cierta "justificiación". No salieron en su apoyo ni siquiera cuando la justicia lo sobreseyó del cargo absurdo de "apología del delito".

¿A qué tanta solidaridad con un sodomita convicto y confeso?

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