Para que no nos aborten el pensamiento

¡Qué bueno sería que Aguer fuera a la marcha en lugar de dejarla en manos de unos idiotas que cantan la "cumbia por la vida" mientras saltan como monos”!

La Argentina, que creó, con el concurso de la Santa Sede de entonces e impulsado desde la Secretaría de Culto, en 1998, ]]>el “Día del Niño por Nacer”,]]> se prepara para celebrarlo este año con una esperada gran marcha “por la vida”. Al respecto opinamos en un artículo reciente (La Comedia de la Vida). No parece necesario repetir lo dicho. Pero sí conveniente recordar un concepto central.

Marcha por “la vida” el 25 de Marzo

Ayer mismo enviamos una respuesta al tuit de Luis Pérez Bustamante que en ]]>Infocatólica]]> daba relevancia a la convocatoria de Mons. Aguer, Arzobispo de La Plata, a apoyar y movilizar la presencia de los fieles en la jornada del 25 de marzo. Dicha respuesta dice así: “¡Qué bueno sería que Aguer fuera a la marcha en lugar de dejarla en manos de unos idiotas que cantan la "cumbia por la vida" mientras saltan como monos”!

Presumo que esta observación no habrá sido recibida con simpatía por muchos. Algunos la considerarán ofensiva. Otros imprudente. Pensarán, tal vez, que puede producir el efecto de “dividir” al movimiento “pro vida”. Es necesario asumir las malas noticias: el movimiento “pro vida” está profundamente dividido. No me refiero aquí a las miserias humanas que a veces empuercan las buenas causas, sino a una cuestión conceptual. Aunque marchen juntos, no marchan por lo mismo.

¿De qué sirve invitar a un acto con un propósito tan difuso que cada uno interpretará a su modo, si quienes tienen la autoridad moral para darle la orientación correcta no están presentes y a la cabeza? ¿Qué impacto político y social tendría, por ejemplo, que Mons. Aguer o cualquier otro obispo, o más de uno, marcharan en procesión, con el Santísimo Sacramento y los fieles rezando el rosario? ¡Sería enorme! Ejemplar. Volvería a aparecer la Iglesia. Y no solo ante los hombres, pero principalmente ante Dios.

Claro que esto no agradaría a los “pro vida” protestantes, agnósticos y hasta ateos, si acaso alguno se sumara. Mucho menos a la Conferencia Episcopal Argentina, que se ha expresado de un modo tal que los abortistas elogian por su democrática moderación… Ni a los medios. Simplemente agradaría a Dios.

Por otro lado, la gente esforzada y de buena voluntad que llega hasta el lugar, sacrificando tiempo, descanso, dinero, etc. merece que los aleccione desde el estrado un pastor, un miembro de la jerarquía, con conceptos magisteriales claros. Se sentirían amparados, iluminados y sin duda fortalecidos.

Lo que sucede hasta ahora es que algunos personajes del elenco estable (Yunque o no Yunque) realizan unas comparsas patéticas, saltan al ritmo de cantos de tribuna de fútbol, y en el mejor de los casos, alguien, tal vez un sacerdote bien intencionado, improvisa una arenga sentimental. Y por cierto, se da la palabra a los acatólicos, como para confundir más los fundamentos reales de esta demanda. La errada fórmula de hace décadas: “hay que argumentar dejando de lado los principios religiosos. Solo los de orden natural”. “Lo que nos une y no lo que nos separa”. Y por cierto no meter otros temas polémicos, como la pureza de costumbres, la contracepción o los fines del matrimonio. Porque esto divide…

Cualquier lector que aplique las leyes del pensamiento racional notará la contradicción. Buscamos que se respeten las leyes de Dios pero escondemos a Dios. Defendemos los mandamientos con argumentos científicos: que el embrión, que el Dr. Jerome Lejeune y sus descubrimientos… Que el arrepentido Nathanson… Todo bien. ¿Y las buenas costumbres que proceden de hacer lo que Dios nos manda? ¿Y el pecado de fornicación, aceptado por muchos, muchísimos de los que “marchan por la vida”, así como los anticonceptivos para impedir las consecuencias no deseadas, no siempre como una debilidad de la carne sino más bien como algo con lo que la Iglesia ya ha fastidiado por demasiado tiempo? ¿Y la “paternidad responsable” promovida por los mismos que deben predicar la generosidad de los esposos católicos y la familia numerosa y cristiana?

Claro que esto no es políticamente astuto. Aunque la astucia no sea una virtud sino un vicio, algo que sería bueno considerar.

Tenemos la impresión de que los que marchen el 25 contra el aborto, la mayoría de ellos, han sufrido en los hechos el aborto de los principios y fundamentos de toda ley moral. O sea, Dios. Y si Dios no interviene, ni se molesten en marchar.

No los acuso de mala fe ni menosprecio los esfuerzos. Digo que son voluntaristas con más la rémora de la falta de formación. Ciegos que guían a otros ciegos.

Ni tampoco quito mérito a lo que hace Mons. Aguer. Sino que reclamo lo que no hace. Porque si el gobierno nacional carece de principios y Macri ni siquiera sabe hacerse la señal de la cruz, ¿qué decir de los obispos y clero en general? ¿Tienen principios? ¿Conocen y aplican la doctrina moral de la Iglesia en sus diócesis y parroquias? En algunos casos, ¿saben hacerse la señal de la cruz..?

No sé lo que dirá Mons. Aguer, pero sí se lo que piensa sobre estos temas. Y su juicio no está muy lejos del que ha manifestado sobre Macri.

Ahora falta que haga.

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