Realidad y Fantasía sobre un reconocimiento legal

La FSSPX es aceptada por el Estado Argentino como parte de la Iglesia Católica

Se ha sabido ahora oficialmente, aunque la noticia ya era conocida en los pasillos de la Secretaría de Culto, de donde nos llegó tiempo atrás. La gestión iniciada por el entonces Superior de Distrito de América del Sur, P. Bouchacourt, llegó a buen puerto. Por Resolución 25/15 de fecha 17 de marzo de 2015, la FSSPX queda reconocida como un Instituto de Vida Consagrada de la Iglesia Católica en la Argentina, encuadrada en la ley vigente.

Creo un deber de justicia reconocer que nunca tuve confianza en el éxito de esa petición.

  1. Porque no confiamos en la sinceridad del entonces Cardenal Arzobispo de Buenos Aires cuando afirmó que iba a apoyar la gestión y de hecho la inició hace varios años.
  2. Porque se sabía de muy buena fuente que el encargado de dar impulso a este trámite lo cajoneó ostentosamente. Habrá que ampliar más adelante sobre el lobby ecumenista que está enquistado en la Secretaría de Culto, conformado por muchos católicos, que ha dominado el área desde hace muchos años, solo interrumpido por el breve interregno del Secretario de Culto, Juan José Laprovitta.
  3. Porque este lobby, que busca modificar la Ley de Culto para dar a todas las confesiones religiosas el carácter de personas jurídicas públicas ante el Estado Nacional en equivalencia a la Iglesia Católica, ha fracasado hasta ahora en al menos tres intentos por vía parlamentaria. En buena medida por la acción diligente de católicos laicos apoyados por algunos pocos obispos, hoy retirados.

Pero los hechos matan a las palabras y a las sospechas. La gestión llegó a realizarse con el aval del Card. Poli que presentó la solicitud en febrero de este año y parece indudable que el promotor ha sido el Papa Francisco, puesto que, se sabe, no se mueve una mosca en la Argentina eclesiástica, menos en la Archidiócesis de Buenos Aires, sin que él lo sepa y lo apruebe.

Vaya pues la debida justicia a quien confió en que el trámite era posible y a quienes los continuaron. En la Secretaría de Culto no simpatizan en absoluto con lo que ha sucedido, al menos la mayoría de los funcionarios de rango.

Dos cosas importantes han ocurrido entonces: primero, en la Argentina, de donde procede el papa actual, y a instancias suyas, se dio a la FSSPX, como es conocida generalmente, o más popularmente a los “lefebvristas”, es decir, a sus personas e instituciones establecidas en el territorio nacional, el tratamiento legal ante el Estado de “persona jurídica pública” que goza la Iglesia Católica por el artículo 2º de la Constitución Nacional, nunca modificado en toda la historia de la Carta Magna nacional. Lo cual tiene su correlato en la Ley de Culto que regula su ejercicio, la 24.483. 

El problema legal (civil, no canónico) de la FSSPX en todos los años que lleva establecida en la Argentina ha sido siempre la naturaleza de su relación con el Estado Nacional. Puesto que la Argentina, por los antecedentes legales citados y otros, como el concordato con la Santa Sede tiene a la religión Católica Apostólica Romana como religión oficial (en los hechos ese es el tratamiento) aunque los sectores más liberales, y en especial los evangélicos sostengan una interpretación minimalista del artículo 2º de la C.N., y entiendan que el “sostenimiento” se limita a una ayuda económica.  En la realidad solo hay dos modos de tener existencia religiosa legal en la Argentina: como Iglesia Católica o como “culto” acatólico.

Para lo primero se necesita un reconocimiento que puede partir desde la Santa Sede o instancias intermedias hasta el simple aval de un obispo titular con jurisdicción en el territorio nacional. En este caso, Mons. Poli, Arzobispo de Buenos Aires.  Lo otro supone reconocer legalmente (no hay reserva mental posible y el escándalo sería mayúsculo si así se hubiera hecho) que la FSSPX es un “culto acatólico”. No merece mayor análisis.

El vacío legal que produjo esta situación tuvo en jaque a la FSSPX durante varias décadas en distintos aspectos de la vida práctica, pero nunca se sintió tanto como cuando el escándalo internacional que afectó a Mons. Williamson, entonces miembro de la institución y residente en la Argentina. Las formas civiles de asociación que suplían esta falta de marco jurídico religioso resultaron endebles ante un ataque ideológico tan fuerte. No estaba en juego solo su persona, sino todas las obras, que son ya muchas y muy importantes: seminario, prioratos (equivalente a parroquias en la práctica) escuelas, conventos, actualmente una casa de retiros espirituales en construcción, etc.

La conveniencia práctica de que se haya acordado este estatus, estrictamente justo y conforme a la verdad de los hechos, es evidente.

Efectos espirituales

Que este reconocimiento legal nada tiene que ver con el estatus canónico de la FSSPX es no solo evidente, sino evidentísimo, si pudiera existir tal categoría. ¿De dónde el Estado Argentino tendría autoridad para hacer tal cosa? Por otro lado,  quien recomienda aprobar el trámite, es decir, el Arzobispo de Buenos Aires, expresamente señala que la FSSPX no tienen un estado canónico regular. Y que los efectos plenos de esta medida podrán ocurrir solo cuando tenga dicho estado canónico regular… o sea, sabe Dios cuando. Pero al Estado argentino ese detalle no le interesa, es una cuestión interna de la Iglesia Católica, y tiene razón en apartarse.

Otro análisis merecen los motivos de esta benevolencia de la Iglesia oficial. El tema puede ser complejo y hasta misterioso. Puede haber en la intención un movimiento de ajedrez político o un acto de justicia debida. Los seres humanos, y Francisco lo es, aparentemente, tienen un alma compleja, él más que muchos otros de la especie.

Si fue obra del cálculo, puede haber sido también motivada por uno erróneo (recordemos que Francisco es falible, aunque sus enemigos por momentos le atribuyan cierta infalilbilidad para obrar el mal). Es decir, si busca un quid pro quo inaceptable, con toda certeza no habrá calculado bien. Tal vez lo hizo porque le dio la gana, aunque lo más probable sea, como causa única o concurrente, que quiera tener a raya a su izquierda, para que no lo presionen demasiado… Si ha decidido ir a los confines, quiere ir por cuenta propia y no que lo lleven a empujones. Tal vez sea el modo de decirle a Kasper, Marx y otros: “ojo, aquí mando yo”.

Pero, ¿quién puede saber qué pasa en la cabeza de un jesuita a la enésima potencia como es Bergoglio-Francisco?

Ampliaremos, porque el tema da mucha tela para cortar.

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Tales afirmaciones se oponen al dogma que afirma que la religión católica es la única religión verdadera (cf. Syllabus, proposición 21). Se trata de un dogma, y lo que se le opone se llama herejía. Dios no puede contradecirse a sí mismo.

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Editor y Responsable

Y 335º aniversario de la liberación de Viena del asedio turco: recordando la liberación de Viena.

Sofía González Calvo

la Peregrinación pone en lugar principal el conocimiento y amor a la misa tradicional. La misa se convierte en el centro de los tres días de peregrinación. Misa de campaña, rezada bajo la lluvia y el frío, sobre el suelo de barro. Acompañada de cánticos en latín y castellano que ayudan a la devoción. La devoción era otro elemento patente entre los caminantes.