Roma, Ciudad Eterna III

La Catacumbas de San Calixto

Nuestro peregrinaje continuó el tercer día conociendo la historia católica de Roma. Distingo en esta ciudad tres grandes épocas o períodos: la Roma pagana, la Roma cristiana y la Roma moderna. Monumentos arquitectónicos del imperio de entremezclan con iglesias, basílicas y edificios de gobierno. Todos juntos hacen un contraste muy pintoresco.

Como decía anteriormente, este día fue también dedicado a visitar lugares religiosos, dentro de los cuales no podía faltar las catacumbas de San Calixto. Se encuentran fuera de la muralla de Trajano (uno de los tantos límites que tuvo la ciudad) a pocos metros de la Vía Apia.

En épocas de persecución los cristianos solían ser enterrados en cementerios comunes. Sin embargo, a partir del siglo III, cuando arreciaron los ataques (recordemos que hubo nueve persecuciones, de las cuales las peores fueron las de Nerón, Trajano y Dioclesiano) los Papas vieron la necesidad de construir lugares secretos para la celebración de la misa y también como lugar de entierro de los mártires.

Fue entonces cuando se le encomendó al diácono Calixto (futuro Papa) la excavación secreta de esta catacumba. Tiene una extensión aproximada de 20 km distribuidos en cuatro niveles. El público puede visitar sólo los dos primeros niveles (10-15 metros bajo tierra).

Los cristianos eran traídos a los nichos que aún hoy se observan en las paredes y enterrados en cal viva para evitar la propagación de enfermedades. Los nichos del medio se reservaban para los niños y neonatos, ya que la mortandad de menores en la época era muy elevada.

Por ser lugares de refugio, las catacumbas son oscuras y estrechas. Se camina en grupo por numerosos pasillos que se bifurcan unos de otros. En medio de los miles de nichos se encuentran recintos donde se celebraba la misa. Es muy común ver pinturas de Cristo sobre la piedra, como Pantocrator, Buen Pastor. etc. Otros símbolos repetidos son el pez y la paloma con el olivo. El ambiente no inspira tristeza sino suma esperanza. Esperanza en la resurreción eterna.

La catacumba más imortante es la de Santa Cecilia, patrona de la música. Cuenta con una magnífica estatua en mármol representando a la mártir yacente, quine murió defendiendo la fe en Dios Uno y Trino, verdad hoy por demás olvidada entre los católicos. Además de ella en este lugar estuvieron enterrados nueve papas de la Iglesia primitiva y San Tarsicio.

La misa se celebró en la Iglesia de San Sebastián, pretoriano romano que murió flechado al confesar la fe cristiana. Su iglesia guarda parte la columna donde fue atado para el martirio y dos de las flechas entre otras reliquias de primera clase. Pero la gran reliquia de este lugar es el llamado Quo Vadis.

San Pedro al comenzar la persecución de Nerón, por razones de seguridad fue instado por sus discípulos a huir de Roma. Al salir por la vía Apia, ya fuera de las murallas de la ciudad, vio venir a Cristo, quien había ascendido al cielo treinta años antes. Quo vadis Domine? (¿A dónde vas Señor?), le pregunta el papa. Voy a Roma a ser crucificado nuevamente. Al oír esto San Pedro comprendió que debía volver, y seis años después sufrió el martirio. La huellas de Cristo quedaron grabadas en la roca y se conservan en esta hermosa Iglesia. También se puede admirar un busto de Cristo de Bernini, una bellísima imagen del famoso escultor.

La tarde del sábado conocimos dos de las llamadas basilicas mayores, San Juan de Letran y Santa María la mayor. Junto a la Basílica de San Pedro y la de San Pablo extramuros forman el conjunto de las llamadas basilicas mayores.

San Juan de Letran cuenta con el honor de ser la basilica cuya titularidad corresponde al mismo papa. Su título honorífico es «Omnium urbis et orbis ecclesiarum mater et caput» (madre y cabeza de todas las iglesias de la ciudad de Roma y de toda la tierra). Y al conocerla uno se da cuenta de que la grandeza de semejante título le cabe.

La Basílica era originalmente un Palacio (el Palacio de Letran) el cual fue donado por el emperador Constantino para que fuese la residencia oficial del Papa. Así lo fue durante siglos hasta el traslado a la Basílica de San Pedro en el siglo XIV. En el mismo atrio se puede apreciar una hermosa estatura del emperador Constantino, quien proclamó el Edicto de Milán dando libertad de culto a la religión católica.

En el atrio nos encontramos con la puerta Santa del jubileo, la cual se abre solamente en los años del jubileo junto a otras tres santas puertas de la ciudad. Esta puerta fue abierta en el año 2000 y permanecerá cerrada desde entonces hasta el 2025.

No hay palabras para describir la nave central de la Basílica. Simplemente corta la respiración por la maravilla arquitectónica y escultórica. La nave cuenta con quince estatuas mármol esculpidas por Borromini y sus discipulos. Cada estatua mide siete metros y representa a Cristo, sus Apóstoles y Santos del Antiguo testamento. El efecto que logran sobre la inmensa nave de la Basílica es asombroso.

Al final de la nave, sobre un baldaquino de oro de encuentran los cráneos de San Pedro y San Pablo, cuyos cuerpos están en el Vaticano. Detrás del altar se encuentra el trono del Pontífice, el cual tradicionalmente debía ser ocupado dentro de los trienta días posteriores a la elección de un Papa, tradición que actualmente no se practica.

A pocos metros del altar mayor nos encontramos con el sepulcro de León XIII, el autor de la encíclica Rerum Novarun, la cual alivió las condiciones de vida de millares de obreros en Europa y en el mundo.

En uno de los altares laterales encontramos el de la Última Cena, que contiene en su interior la mesa original donde Cristo instituyó la Eucaristía.

San Juan es una maravilla de la que podríamos escribir horas y horas. Si tienen oportunidad de conocerla es necesario hacerlo.

Santa María la Mayor, no es tan imponente como su antecesora, pero es magnífica, delicada. Un digno templo para la Virgen. Allí vimos otras de las puertas del Jubileo.

El techo interior fue donado por los Reyes Católicos bajo el Pontificado de Alejandro VI, Papa de origen español. Está todo recubierto de oro extraído en América, de 24 quilates, imposible de reutilizar. Tengamos en cuenta que el oro común es de 18 quilates.

La mayor reliquia de esta Basílica de la cuna del Niño Jesús encerrada en un relicario de oro. Frente al relicario vemos una estatura de mármol que representa al Papa Pio IX en oración. Este papa hubo de sufrir la unificación italiana y la invasión de los Estados Pontificios por parte de francmasón Garibaldi. Fue Pío IX quien proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción y la Infalibilidad Pontificia. Al costado del altar se encuentra enterrado el escultor Bernini, gran devoto de la Virgen.

La Virgen es muy querida por los romanos quienes las consideran su salvación, Salus Populi Romani.

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