Rusia y la Madre de Dios

Interesantísima reflexión sobre el papel de Rusia en la historia de la Iglesia

La aparición de la Madre de Dios en La Salette, Francia fue sucedida por dos grandes mariofanías. En Lourdes, en 1858, se identificó a sí misma ante la pequeña Bernardette Soubirous como la Inmaculada Concepción y pidió el rezo del Santo Rosario. En Fátima, en 1917, mientras la Primera Guerra Mundial rugía en el continente europeo, anunció que deseaba establecer en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado, insistiendo una vez más en el rezo del Rosario, al cual prometió darle una “nueva eficacia” para la salvación de las almas. También le dijo a la pequeña Lucía dos Santos que en una cierta fecha futura “vendré a pedir la consagración de Rusia”. Ese día resultó ser el jueves 13 de junio de 1929

Tras una visión de la Santísima Trinidad que le fue concedida en Tuy, España, Nuestra Señora le dijo a Lucía, en ese momento monja Dorotea, “Ha llegado el momento en el que Dios pide al Santo Padre hacer, y ordenar hacer junto con él al mismo tiempo a todos los obispos del mundo, la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado”, prometiendo su conversión a causa de ese día de oración y reparación mundial. (1) Como sabemos, este pedido no ha sido cumplido aún tal como se lo ha especificado. En una carta al P. Gonçalves Lucía escribió el 13 de mayo de 1936: “he hablado al Señor en la intimidad sobre este tema, y no hace mucho Le pregunté ¿por qué no convertir a Rusia sin la consagración del Santo Padre”? Relata Lucía que Nuestro Señor respondió: “Porque yo deseo que Mi Iglesia toda reconozca la consagración como el triunfo del Corazón Inmaculado de María, para que se extienda su culto luego, y se ponga su devoción a la pare de la devoción a Mi Sagrado Corazón.”

En Fátima Nuestra Señora nunca mencionó la palabra Comunismo en relación con Rusia, sino solo sus “errores”. De hecho, el Comunismo no puede ser incluido en el catálogo de los errores propios de esa nación, porque, como señala el Hno. Michel de la Sainte Trinité en Toda la Verdad sobre Fátima, “Una de las primeras verdades importantes que debemos establecer, bajo pena de engañarnos peligrosamente a nosotros mismos en lo concerniente a Rusia y al Comunismo y consecuentemente a las palabras de Nuestra Señora de Fátima también, es que la Revolución Bolchevique no es rusa, es esencialmente antirusa, como Solyenitsyn nunca se ha cansado de demostrar al Occidente, que voluntariamente ha querido cerrar los ojos en este punto.” El superior del Hno. Michel, el Abbe de Nantes, también señaló “Ni la religión ortodoxa ni la tradición eslava tienen la menor afinidad con esta dialéctica inhumana. Si el Comunismo tomó posesión del este país, no en en virtud de una ilusoria “dialéctica de la historia”, sino simplemente porque este gran cuerpo con una cabeza enferma era más fácil de dominar e indudablemente no tuvo otra minoría de agitación más que el clan judío bolchevique”. (2)

En otras palabras, cualesquiera sean los errores, no pueden ser adscriptos al Comunismo. Si ese gran cuerpo sufre por causa de una “cabeza enferma”, la causa es el cisma, la separación del Vicario de Cristo que se ha manifestado como causa de separaciones subsecuentes que sufrió la Cristiandad como consecuencia. La caída de Bizancio desencadenó el Renacimiento, que con el tiempo forjó la Revolución que ahora está devorando al mundo. La primera grieta que debilitó su unidad, que muchos santos –y algunos zares esclarecidos- han deseado en vano cerrar, afectó no solo a millones de ortodoxos, sino a la Iglesia entera, que puede decirse conservó su cabeza, pero perdió su corazón. Como un hombre abandonado por su esposa, la Iglesia conservó la autoridad conferida por Dios, pero al precio de la fecundidad.

Hasta que el Oriente errado regrese, ¿qué esperanza cierta hay de recristianizar al resto del mundo? Cuando Nuestra Señora pidió al papa la consagración de Rusia en unión con “todos los obispos del mundo” ¿no sugirió acaso motivos para  sospechar que Ella hubiese estado incluyendo a los obispos ortodoxos que, a pesar de su ilegitimidad, lo son válidamente? ¿No sería su participación voluntaria en tal Consagración, en conjunción con el papa de Roma, la cura del cisma? A pesar de la “cabeza enferma” y de la larga desobediencia, Rusia tiene aún un corazón al que se puede apelar, y esencialmente ese corazón es el Corazón Inmaculado de María, la Señora que tan espectacularmente se apareció intercediendo por esa nación en Fátima.

Quizás porque ella aparece de un modo tan prominente en su liturgia, su devoción ha sobrevivido cada horror de la historia de Rusia, desde los turcos a los comunistas, y permítasenos esperar, a la democracia socialista. El ordinario de la misa en el rito bizantino es rico en referencias a María, cuyo rol es central en la acción sacrificial salvífica de los hombres. El celebrante comienza incensando y besando su ícono junto con el de Cristo, rogándole que “Abras el portal de Tu profunda misericordia hacia nosotros que ponemos nuestra confianza en Ti, de modo que no seamos confundidos, sino librados de toda adversidad por Tu intercesión, porque ¡Tú eres la salvación del pueblo cristiano”! La primera antífona recibe la repetida respuesta: “Por medio de las oraciones de la Madre de Dios, ¡O Salvador, sálvanos”!, concluyendo “Recordemos a la Santísima, Inmaculada, a la por siempre Bendita y Gloriosa Señora, la Madre de Dios y siempre Virgen María con todos los santos”.

Durante las Conmemoraciones después de la Consagración, los fieles elevan sus voces en un venerable himno, “Es justo y correcto llamarte bienaventurada, O Teotokos: Tú eres por siempre bendita e Inmaculada y la Madre de nuestro Dios, más alta en honor que los querubines, y sin comparación más gloriosa que los serafines, has dado a luz a Dios, el Verbo, en virginidad. Tú eres verdaderamente la Madre de Dios, ¡A Ti te exaltamos!

Y la conclusión del Sacrificio, la bendición final es pedida no solo a Dios “por medio de las oraciones de Su Inmaculada y Purísima Madre”, y de todos los santos, pero específicamente por medio de Sus padres, “los santos y justos ancestros de Cristo, Joaquín y Ana.”.

La liturgia melquita del Corpus Christi se basa especialmente en el rol integral de María como fuente de la Eucaristía, recordando que “el Espíritu Santo formó el Divino Pan para nosotros de Su sangre… ¡Ave, O Virgen, que nos trajo el Trigo de la Vida, O Banquete Místico del cual recibimos la santa Comida! ¡O Sagrada Madre, por el fruto de cuyo seno todos los fieles son nutridos”, de modo que recibir la Eucaristía es recibir a María junto con Cristo.

La liturgia latina occidental, más sobria, también es consciente de la dignidad de la Virgen María, dándole el lugar de honor en el Communicantes, comenzando su intercesión en el Libera nos, e incluso confesando también a Ella en el Confiteor, pero no puede compararse con la exuberancia y la agudeza teológica de los bizantinos.

Un reciente converso del protestantismo a la Fe comentó: “Los Católicos de rito latino dan culto verbal a María, pero ¿son tan devotos de María como los orientales?” ¿Es por eso que tantas apariciones marianas ocurren en Occidente? La devoción mariana está ciertamente en toda la Iglesia Romana a la vista de cualquiera que la busque, pero sus manifestaciones en conjunto son por mucho periféricas de lo que podría ser descripto como su vida “oficial”. ¡Qué signo más claro de una apostasía terrible que la tibieza hacia aquella que es la “destructora de todas las herejías!”

Que Nuestro Señor desee “Que toda Mi Iglesia reconozca” el acto de consagración puede ser extraordinariamente significativo, y nos lleva a sospechar que la consagración de Rusia puede ser deseada tanto para el beneficio del Occidente como para Rusia. ¿Es algo profundamente necesario a la piedad occidental y a la devoción mariana en particular? Es un hecho que todas las grandes apariciones de la Madre de Dios en los tiempos modernos han tenido lugar en Occidente, primero en América y luego en Europa, presumiblemente siempre donde la devoción mariana estaba más en necesidad de estímulo. Después de todo, fue en Occidente y no en Oriente donde Dios suscitó a sus grandes apóstoles marianos: San Juan Eudes, y San Luis María Grignion de Montfort. El mismo descreimiento radical que tuvo que enfrentar Melanie Calvat de La Salette impidió la revelación del Secreto confiado a Sor Lucía setenta años más tarde en Fátima, que permanece secreto hasta el presente. Si el descreimiento no fuese la causa principal, ¿por qué no se ha realizado la consagración de Rusia? Igualmente, ¿por qué no son una prioridad urgente de la agenda de la jerarquía los cinco primeros sábados de reparación al Corazón Inmaculado de María pedidos a Sor Lucía en Pontevedra? ¿Es acaso posible, mejor dicho, probable que la Consagración de Rusia, de la que pende la liberación de los pueblos eslavos largamente castigados, sea a la vez una manera concreta de demandar desde el cielo la largamente debida reafirmación de la fe en la intercesión de María de parte de toda la Iglesia, bajo el papa y los obispos?

Protestando con Nuestro Señor contra la prevaleciente indiferencia hacia Sus deseos como centro de la cuestión, Sor Lucía dijo a Dios: “Pero, mi Dios, el Santo Padre probablemente no me vaya a creer, a menos que Tú mismo lo muevas por una especial inspiración”. A lo cual, dice ella, que Nuestro Señor le replicó: “El Santo Padre. Rezad mucho por el Santo Padre. El lo hará, pero será tarde. No obstante lo cual, el corazón inmaculado de María salvará a Rusia. Le ha sido confiada a Ella.” Cuando ese momento llegue, Santa Madre de Dios, ¡ruega por nosotros!

(1) Relación al P. Gonçalves fechada el 6 de noviembre de 1929.

(2) El Error de Occidente, Livre de Poche, 1980

Fuente: ]]>The Remnant Newspaper]]>

Nota: La autora del artículo es Solange Hertz, una reconocida escritora católica norteamericana.

Traducción: Panorama Católico

 

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Marcelo González

Sin la pretensión de ser literal en las citas, quisiera resumir algunas de las palabras y conceptos que Mons. Bernard Fellay expresó en su extendida conferencia el domingo 8 de octubre, como culminación de una jornada celebratoria de los 40 años del viaje de Mons. Lefebvre a la Argentina.

Marcelo González

Hace algunos meses, en preparación de este año del Centenario de Fátima escribí un texto titulado “Francisco a Vuelo de Pluma”. Quisiera ahora reflejar en éste las impresiones que me ha causado una larga lectura de textos y trabajos dedicados a la mayor y más longeva de los videntes de la Cova da Iría en 1917.

El mensaje de Fátima es, sí, un mensaje de amor, pero a la vez y por lo mismo es un mensaje de rigor, de severidad, de seriedad. Después de la aparición, los pastorcitos de Fátima dejaron de jugar. Dejemos entonces de jugar.

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¿A quién se le ocurre convocar una jornada de oración a lo largo de toda su frontera, apenas 3000 kms.? ¿A quién se le ocurre anunciar que un millón de personas va a responder a ese llamado? 

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Marcelo González

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La Correctio filialis no es sino la punta de un inmenso iceberg de descontento por la desorientación que impera actualmente en la Iglesia.