Según Magister, cae otro bastión del gregoriano en Roma

Ante el misterioso silencio del Papa
ROMA, 30 de marzo de 2012 – El último baluarte en Roma de la gran música litúrgica de la Iglesia latina, edificado sobre las columnas del canto gregoriano y de la polifonía de Giovanni Pierluigi da Palestrina, corre el riesgo de capitular de un momento a otro.
 
  Este baluarte es el Pontificio Instituto de Música Sacra, el conservatorio de música de la Santa Sede, instituido por Pio X hace un siglo para orientar hacia la justa tendencia la música sacra en las iglesias de todo el mundo.
 
  Lo preside monseñor Valentín Miserachs Grau, 69 años, catalán, director también de la Capilla Liberiana, el coro de la basílica papal de Santa María la Mayor. Allí tuvo como predecesor y maestro a Domenico Bartolucci, el más insigne compositor e intérprete de la música litúrgica que la Iglesia romana haya tenido en el último siglo, anteriormente director del coro pontificio de la Capilla Sixtina, cargo del cual fue bruscamente expulsado en 1996, y hecho cardenal por Benedicto XVI en 2010.
 
  Hay una profunda identificación en las ideas, en materia de música litúrgica, entre el papa Joseph Ratzinger y la actual dirección del PIMS. Pero como ya ocurrió en 2010 para el cambio de director del coro de la Capilla Sixtina, también para la renovación de la presidencia del Pontificio Instituto de Música Sacra todo está por decidirse – no por el PIMS, sino contra él – sin la participación personal del  papa.
 
  Los motivos de este distanciamiento por parte de Benedicto XVI – voluntario por su parte y con el regocijo de muchos – de decisiones operativas en una materia tan congenial para él, y por él considerada esencial para la misión de la Iglesia, siguen sin descifrarse todavía.
 
  Pero es un hecho que este distanciamiento del papa da vía libre en la Iglesia, también a los niveles más altos, a hombres y tendencias musicales que están muy lejos de ese "espíritu de la liturgia" que anima su visión completa de teólogo y de pastor.
 
  El caso de la Capilla Sixtina es emblemático. El nombramiento del actual director, monseñor Massimo Palombella, se maduró dentro de las oficinas de la secretaría de Estado vaticana, con seguridad entre las personas menos competentes en materia, lo cual no ha conseguido que el coro que acompaña a las liturgias pontificias haya renacido del degrado en el cual había caído.
 
  De hecho, no basta que la elección de los autores y de los cantos esté hoy más en línea con los deseos del papa. No son menos importantes la calidad de las ejecuciones y la visión que las inspira.
 
  Más abajo, en esta página, se incluye una recensión crítica firmada por un musicólogo y músico de gran valía, Alessandro Taverna. Sus juicios sobre el coro de la Capilla Sixtina dirigido por Palombella son, naturalmente, opinables. Pero cuando observa, por ejemplo, que al final de un canto a voz libre "los cantantes han bajado tres tonos" cuenta un hecho, no da una opinión.
 
  Pues bien, para el cargo de presidente del Pontificio Instituto de Música Sacra se perfila hoy un cambio que anuncia más desastres.
 
  El nombre que la secretaría de Estado quiere que apruebe Benedicto XVI es el de don Vincenzo De Gregorio, el actual consultor musical de la oficina litúrgica de la conferencia episcopal italiana.
 
  ¿Quién es De Gregorio? Pero, antes de esto, ¿cómo se ha llegado a su casi nombramiento?
 
  El Pontificio Instituto de Música Sacra depende de la congregación vaticana para la educación católica cuyo prefecto, el cardenal Zenon Grocholewski, es también el Gran Canciller del Instituto.
 
  El actual presidente del PIMS, Miserachs Grau, terminó su mandato en 2011. Y ese mismo año el cardenal Grocholewski, según los estatutos, de acuerdo con la presidencia del PIMS, eligió al sucesor en la persona del abad Stephane Quessard, reconociendo en él el hombre adecuado para asegurar la continuidad de las tendencias del instituto, en plena sintonía con la visión de Benedicto XVI.
 
  El abad Quessard ocupa cargos importantes en la archidiócesis de Bourges, entre los cuales el de vicario episcopal y el de presidente de la comisión litúrgica. Por ello, el arzobispo de Bourges, Armand Maillard, inicialmente se resistió a privarse de un sacerdote de comprobada valía como el abad Quessard. Pero al final aceptó – convencido sobre todo por el amigo Jean-Louis Bruguès, arzobispo secretario de la congregación para la educación católica –  "ofrecerlo" a Roma como presidente del PIMS, con la única condición que el cargo tuviese inicio en otoño de 2012 y no antes.
 
  Por dicho motivo el presidente saliente, Miserachs Grau, permaneció en el cargo, en prorroga, hasta la llegada del sucesor.
 
  Por consiguiente, a principios del pasado otoño la congregación para la educación católica transmitió a la secretaría de Estado la indicación del abad Quessard como nuevo presidente del PIMS, para obtener la ratificación.
 
  Pero pasan los meses y el visto bueno no llega. Más bien llegan señales opuestas. En diciembre la congregación tiene noticias de un primer rechazo de la secretaría de Estado. El cardenal Grocholewski vuelve a proponer a su candidato. Y, otra vez, a finales de febrero, salta el rechazo. La secretaría de Estado informa que han encontrado "un candidato italiano más adecuado".
 
  La congregación informa a la archidiócesis de Bourges del doble bofetón recibido por ambas. Y mientras tanto se filtra la noticia que para la secretaría de Estado la suerte está echada: el nuevo presidente del PIMS será don Francesco De Gregorio.
 
  Napolitano, organista de la Catedral de su ciudad, anteriormente director del conservatorio estatal de San Pedro en Majella, De Gregorio es desde 2010 el experto número uno de la CEI para la música sacra.
 
  Ocupó el puesto de quien fue su mentor, don Antonio Parisi, de Bari, el cual durante treinta años fue el factótum de los obispos italianos en un campo, el de la música litúrgica, en el que la mediocridad y la confusión continúan reinando soberanas, tal como demuestra el repertorio nacional de cantos sacros creado por Parisi mismo, el último de los cuales es de 2008.
 
  Junto a monseñor Marco Frisina, don Parisi es uno de los compositores de cantos sacros en uso más seguido en las iglesias italianas. Con un estilo ligero, de "cancioncilla", que siempre ha horrorizado no sólo a Bartolucci, sino también, en campo profano, a un sumo maestro como Riccardo Muti.
 
  Tanto Parisi como Frisina están unidos inseparablemente al director de la Capilla Sixtina, Palombella. Prueba de ello es que en febrero pasado, en el último consistorio, Palombella llamó a Roma a un coro creado en Bari por un discípulo de Parisi, don Maurizio Lieggi, para que hiciese de coro-guía a los fieles en San Pedro. Y el próximo 1 de abril, para la misa del domingo de Ramos, como en otras numerosas ocasiones, Palombella tendrá a su lado el coro dirigido por monseñor Frisina.
 
  Los tres gozan del apoyo también de altos cargos de la curia vaticana. El líder, Palombella, está entre los predilectos del cardenal Tarcisio Bertone el cual, tras haberlo instalado en la dirección de la Capilla Sixtina, sigue sus indicaciones en materia musical como si fuera un oráculo. Y también el cardenal Gianfranco Ravasi, prefecto del consejo pontificio de la cultura, tiene debilidad tanto por Palombella como por Frisina.
 
  Con De Gregorio a la cabeza del Pontificio Instituto de Música Sacra, al terceto se añadiría un cuarto hombre, en un cargo además de gran influencia para la suerte de la música sacra en las iglesias de todo el mundo.
 
  "Fue una sana apertura, y era de calidad", dijo De Gregorio el verano pasado al periódico "la Repubblica" en referencia a la "Misa beat", la celebre composición puesta en música en 1966 por Marcello Giombini, la cual ha dejado una huella duradera en muchos cantos que han entrado en uso en las parroquias, que tienen motivos pop, rock, jazz, spirituals, etno.
 
  Si esta es la opinión del nuevo presidente del PIMS, el futuro del conservatorio vaticano está señalado: un futuro de abandono, como presagia la falta de audiencia del papa al instituto en el centenario de su fundación, en marzo de 2011: una audiencia antes prometida por escrito por la secretaría de Estado y luego cancelada de forma inesperada.
 
  El verdadero enigma es como todo esto puede suceder bajo el pontificado de Benedicto XVI, en un campo como el de la música litúrgica en el cual su visión es cada vez contradicha por los hechos.

Fuente: ]]>Chiesa]]>

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